El personalismo cristiano

Se define el personalismo cristiano como una actitud filosófica que considera a la persona el principio fundamental para la explicación de la realidad. Esta definicion de personalismo es aplicable a diversos sistemas filosóficos: al de Platón, al de Leibniz, al de Hegel e incluso a la corriente marxista y a la existencialista, especialmente a Kierkegaard.

Ahora bien, el presente post se refiere a la corriente personalista desde el enfoque cristiano, y en este sentido, la persona sigue siendo el centro de la reflexión filosófica pero se proclama su dignidad y su trascendencia en la divinidad.

Además, el personalismo cristiano añade al carácter individual de la persona, una dimensión social y comunitaria. Considera que el hombre es miembro de una comunidad y como tal debe comprometerse con los demás, comunicándose y entregándose a ellos. El hombre sólo se desarrollará como persona en relación solidaria con los otros.

El personalismo cristiano se manifiesta especialmente en Francia en torno al pensamiento de Mounier, Lacroix, Ricoeur y Nédoncelle. Sin embargo se incluyen dentro de esta corriente al neotomista Maritain, a los existencialistas Marcel, Le Senney Lavelle, a Teilhard de Chardin y a Buber. Seguidamente dedicaremos una atención especial a Mounier por ser la figura más destacada y conocida de esta corriente.

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Mounier

Emmanuel Mounier (1905-1950) fundó y dirigió la revista Esprit en torno a la que se aglutinó la corriente personalista cristiana. Entre sus numerosas obras cabe destacar el Manifiesto al servicio del personalismo, Revolución personalista y comunitaria y El personalismo.

La persona
La filosofía de Mounier se fundamenta en el tema de la persona. Mounier establece una distinción entre el individuo y la persona. El individuo representa la dimensión material del hombre que no tiene consistencia interna y que está sometida a las necesidades biológicas, por el contrario, la persona constituye la dimensión espiritual del mismo que va conquistando mismidad consistente a lo largo de un proceso.

Mounier caracteriza a la persona como un ser espiritual constituido como tal por una forma de subsistencia y de independencia en su ser; mantiene esa subsistencia mediante su adhesión a una jerarquia de valores libremente adoptados, asimilados y vividos en un compromiso responsable y en una constante conversión, unifica así toda su actividad en la libertad y desarrolla, por añadidura, a impulsos de actos creadores, la singularidad de su vocación.

En esta caracterización de la persona, los rasgos más destacados son la espiritualidad, la libertad y la acción creadora. La espiritualidad no es una propiedad poseída por el ser pasivamen te sino que la tiene que ir adquiriendo, imitando al Verbo Divino.

La libertad consiste en el cumplimiento de la vocación que cada persona tiene asignada. Mounier afirma que para llevar a cabo la vocación y, por tanto, para que la persona se desarrolle en plenitud, tiene que estar en comunión con las otras personas que constituyen la comunidad. La persona es un yo que forma parte de un nosotros y sólo así puede ser entendida.

Referente a la acción creadora, Mounier expresa que es propio de la persona el hecho de que desarrolle una actividad que, produciendo cosas materiales, cree cultura y riqueza espiritual.

Revolución personalista

Mounier considera que para que la persona se realice plenamente es necesario una revolución que no engendre tiranía y que conlleve una reforma de las estructuras económicas, sociales y políticas.

Esta revolución no debe ser violenta, sino una revolución de espíritu, una revolución cristiana, una revolución de sacrificio y de entrega a los miembros de la comunidad, etc.

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