Arte precolombino

Establecer paralelismos cronológicos entre los grandes estilos artísticos es siempre una tarea fascinante, puesto que permite obtener una visión amplísima de los fenómenos culturales. Sin embargo, no es habitual empa rejar civilizaciones cuya separación geográfica es muy distante, lo que suele conducir a su estudio en cierto modo intemporal. Esto es lo que ocurre con el arte de Extremo Oriente, el continente africano y sobre todo con las culturas americanas anteriores al
Descubrimiento.

Es curioso, y didáctico a la vez, darse cuenta de ciertas situaciones contrastadas: por ejemplo, mientras en Europa el arte carolingio dominaba el panorama desde su escuela de Aquisgrán, en Oriente el renacimiento bizantino ponía fin a las luchas iconoclastas, y en América el esplendor del arte maya alcanzaba su apogeo. De igual forma, la contemporaneidad existente entre la
consagración de la catedral gótica de Colonia y la fundación por los aztecas de la gran Tenochitlán nos hace comprender la cercania que en el tiempo tuvieron las fabulosas culturas precolombinas, que a menudo se intentan presentar como perdidas en un pasado muy remoto.

El arte precolombino

Aunque continuamente se barajan diversas hipótesis sobre el origen de los pueblos precolombinos, la teoría más aceptada por los historiadores opta por considerar procedentes de Asia a los antiguos pobladores de la América protohistórica. No existen restos que nos hablen de civilizaciones anteriores al Neolítico, ya que se fija el 1500 a. C. como fecha de los hallazgos más antiguos.

Estas culturas, debido al aislamiento geográfico que mantuvieron durante tres mil años hasta la conquista española-, desarrollaron un arte autóctono, libre de influencias extrañas que pudieran turbar el feliz progreso de sus actividades plásticas y arquitectónicas.

Las civilizaciones anteriores al Descubrimiento (1492) se localizan en varias zonas a lo largo del continente americano: el suroeste de los Estados Unidos, Centroamérica, la región ístmica, y la larga franja andina. A continuación estudiaremos las actividades artísticas que se produjeron en las dos regiones más sobresalientes: América central y el occidente sudamericano.

Mapa cultura azteca, inca y maya
Mapa cultura azteca, inca y maya

Las antiguas culturas centroamericanas

Siempre se suele relacionar el arte precolombino de las regiones de México y Centroamérica con las dos grandes civilizaciones que los españoles en su afán de conquista, encontraron esplendorosas en el siglo XVI: la azteca y la maya. Sin embargo, éstas deben considerarse como el punto culminante de un largo proceso evolutivo, que remontaría sus orígenes hasta mediados del segundo milenio antes de Cristo.

En cualquier caso, si comparamos este dato cronológico con el desarrollo de las viejas culturas egipcias y mesopotámicas, hemos de calificar al arte americano de relativamente joven.

La organización social de los antiguos pueblos mexicanos mediante tribus y sus constantes movimientos migratorios permiten clasificar su arte de una forma bastante ajustada. Dos grandes períodos dividen su cultura: la Epoca Preclásica (1500 a.C.200 d. C.) y la Epoca Clásica (200 d. C.-1500 d. C), tres mil años de un arte que, aún en la actualidad, continúa siendo en muchos casos un verdadero enigma.

La Epoca Preclásica

Incluye dos civilizaciones sumamente originales, la que se desarrolla en Tlático y la de los Olmecas.

Tlático

Desde 1947 constituye un importantísimo yacimiento arqueológico. Numerosas estatuillas de arcilla han aparecido en las abundantes tumbas descubiertas. (Estas representaciones no muestran, al parecer, ninguna connotación mitológica.)

Los Olmecas

Localizados en la región del Golfo, presentan una gran continuidad en sus obras. Esculturas monumentales, grandes altares, como el de la Venta, y cabezas de basalto son característicos de esta tribu, en la que ya aparece un lenguaje jeroglífico repleto de símbolos. Se quiere ver en ellas el origen lejano de la cultura de Teotihuacán.

La Epoca Clásica

Este período alcanzaría su máximo esplendor entre los siglos VII y X d. C. En él se constituirán las grandes ciudades precolombinas.

Los Tonotecas

Ya desde el 1200 d. C. existe constancia de su presencia. Creadores de la típica pirámide con nichos, edifican dos grandes ciudades: Tajin y Cempoala. La gran fuerza expresiva que ofrecen sus realizaciones plásticas sobrecoge al espectador, pero son sus máscaras sonrientes, realizadas en material cerámico, las obras más singulares.

Los Huastecas

Emparentados con los Tonotecas por razón de vecindad, tuvieron buenos escultores entre sus miembros.
De esta tribu salió la magnifica escultura en piedra que representa la figura juvenil del dios Quetzalcóatl.

Los Zapotecas

Arquitectos sobre todo, desarrollaron la típica pirámide cuya finalidad no era funeraria sino de soporte del santuario que se alzaba en lo alto del edificio, formado con sucesivas terrazas (7-13 pisos), presentando una larga escalinata que daba acceso al altar. El monte Alaban o ciudad de las pirámides es la máxima realización de la tribu zapoteca.

Los Mixtecas

No se han encontrado obras arquitectónicas de este pueblo, pero destacaron en las artes menores: orfebrería, cerámica y sobre todo pintura, tanto en forma mural como en el miniado de manuscritos.

Los Toltecas

Varias tribus se acogieron a la denominación de Toltecas a partir del siglo VII, siendo sin lugar a dudas los más directos antecedentes de la gran cultura azteca. Una de las tribus construyó Teotihuacán, la ciudad sagrada (600-900 d. C.), creando un complejo tan armónico y espiritual que sin ningún reparo se debe calificar de verdaderamente clásico. Grandiosas pirámides como la del Sol (siglo VIII), excepcionales esculturas y pinturas al fresco y una perfecta cerámica, distinguen a este pueblo que misteriosamente abandonaría la ciudad en el siglo IX.

Otra tribu de Toltecas creó la ciudad de Tula, alrededor del siglo VIII, con una concepción mucho más suntuosa que Teotihuacán. En el año 1064 los Chichimecas destruyen Tula, lo que señala el fin del imperio Tolteca.

Los Mayas

La civilización maya presenta dos focos de actividad bien diferenciados tanto geográfica como cronológicamente: los territorios de Guatemala y Honduras, en donde se esta blece el antiguo imperio que se extendería desde el siglo I d. C. hasta el IX, y la península del Yucatán, albergue del Imperio Nuevo (siglos XIIIXVI).

El máximo florecimiento del arte maya corres ponde a las actividades realizadas entre los siglos VII y VIII.

La arquitectura maya utiliza la pirámide escalonada como edificación religiosa, al igual que el resto de las culturas mexicanas, y los palacios organizados mediante sucesión de cámaras. A veces aparecen también construcciones abovedadas, de planta circular, como en la torre de la gran ciudad Chichén-ltzá (Yucatán). Las ruinas de otras ciudades como Uaxactun, Tikal, Copan y Palenque, del Imperio antiguo, y Mayapan, Uxmal y Tulum del nuevo imperio, nos hablan de la grandiosa cultura que poseían los mayas, en curiosa contradicción con lo cruel y primitivo de sus costumbres sociales y religiosas. Magníficos escultores, realizaron obras de un sorprendente realismo: las estelas de Copán y Quiriguá y los relieves de la Cruz en Palenque y del juego de la Pelota en Chichén-ltzá.
Los Aztecas En 1325 y tras someter a las diferentes tribus que vagaban por los territorios mexicanos fundaron la gran Tenochitlan (hoy ciudad de México), sede del férreo imperio que en sólo ochenta años creó este rudo pueblo, de religión brutal y sanguinaria. Acomodados en la antigua Teotihuacán, que fundaron los Toltecas, allí es donde se encuentran los restos más importantes de su labor arquitectónica y escultórica. Las pirámides aparecían muy ornamentadas con relieves y tallas, siendo la estatua de la diosa Coatlicue de tres metros de altura, la obra cumbre del arte azteca, junto con el famoso Calendario del Sol.

La conquista de México en 1519 por Hernán Cortés y el sometimiento de los mayas en 1546 por Francisco de Montejo transformará el panorama artístico de América central al combinar los ordenes europeos, gótico y renacentista, con las tradiciones precolombinas, resultando ese híbrido estilo conocido como arte colonial.

Poco más de dos siglos separan estas dos edificaciones religiosas americanas. A la izquierda típica pirámide maya con su correspondiente altar para los sacrificios. A la derecha fachada de la catedral Barroca de Mexico
Poco más de dos siglos separan estas dos edificaciones religiosas americanas. A la izquierda típica pirámide maya con su correspondiente altar para los sacrificios. A la derecha fachada de la catedral Barroca de Mexico

El arte de los Andes

En la vasta extensión de terreno, hoy ocupada por Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, se desarrollaron una serie de civilizaciones que ofrecen un gran interés artístico por el alto perfeccionamiento técnico que aplicaron en sus realizaciones.

Al norte del Perú, los cupisquines, mochicas y chimús; en la región central, las culturas de Ancón y Charcay, y al sur, ya en territorio boliviano, en las proximidades del lago Titicaca, la gran civilización de Tiahuanaco (siglo IV d. C.). En el siglo XIII, cuando en Francia se construían las grandes catedrales góticas, los incas asentados en la comarca de Cuzco, dominaron a las tribus vecinas iniciando así el proceso que culminaría en el siglo XV con la gran extensión del Imperio Incaico.

El arte andino es básicamente arquitectónico, aunque debemos destacar la magnífica cerámica, que a través de bellas cabezas de terracota y curiosas vasijas antropomórficas tuvo un gran desarrollo, al igual que el arte textil que produjo riquísimos y variados tejidos aprovechando la calidad que les ofrecía la lana de vicuña o llama, animales tan habituales en aquellas altiplanicles.

Las construcciones incas se caracterizan por el macizo aspecto que presentan sus estructuras cúbicas y trapezoidales. Ausente el uso de la bóveda y el arco, los escasos huecos que apa recen en las fachadas se solucionan de forma adintelada; los muros, fabricados a base de bloques de piedra (sillares) perfectamente ajustados han constituido, para los arqueólogos un verdadero misterio, aún sin descifrar.

Del período preincaico se deben destacar los grandes templos funerarios de Chan-Chan, capital de la tribu chimú (800-1000 d. C.), las edificaciones de Tiahuanaco, en donde sobresale el gran monumento, aparentemente conmemorativo, conocido como La Puerta del Sol. erigido entre los años 600-900, y el conjunto del santuario de Pachacamac, próximo a Lima.

Ya en la época del imperio Inca, aparecen los grandes palacios y templos riquísimamente ornamentados en su interior con planchas de oro, que en Cuzco, con su Santuario del Sol y la gran fortaleza-palacio de Saxahuaman, y en Machu-Pichu, con su sobrecogedor conjunto de grandes patios, alcanza la arquitectura andina una desconcertante perfección.

En 1533 Francisco Pizarro, conquistador de aquellas tierras, funda la ciudad de Lima, con lo que la antigua capitalidad incaica, Cuzco, queda suprimida. Esto, unido a la repetida humillación que los indígenas sufren por parte de la Inquisición, implantada en 1569, daría vía libre a los continuos saqueos que, protegidos por la metrópoli, acabaron con el excelso poderío de las ciudades precolombinas de América del sur.

El arte colonial

Mediante el conocimiento de la historia hemos comprendido que todo acto de conquista lleva implícito el consiguiente intercambio cultural y artístico. Sin embargo, en el caso de la expansión colonial hispánica a lo largo del continente americano, este habitual intercambio no se produjo de una forma equilibrada puesto que la balanza se inclinó a favor del arte cristiano.

El choque de ambas culturas -india y cristiana- se presenta de forma tan antagónica que es muy difícil pensar en su fusión, pero no cabe duda que el arte colonialista, a partir del siglo XVI, empleará algunos exotismos propios de las regiones conquistadas, concluyendo en unas obras que se presentan -si las comparamos con sus modelos de origen, renacentistas o barrocos- con un estilo
especialmente original.

Manifestaciones arquitectónicas

Desde los primeros tiempos que sucedieron al Descubrimiento de las Américas, una de las metas prioritarias era la cristianización de aquellas civilizaciones indígenas, que no podían entender los conceptos teológicos que se les venían a imponer en contra de las grandes epopeyas que alrededor de sus dioses guerreros regían la concepción espiritual del mundo precolombino.

La tarea, por lo tanto, de aquellos pioneros franciscanos debía empezar por la fundación de iglesias que dispusieran de posas (aulas) para organizar catequéticas reuniones a fin de conv encer a los indios del error en que se encontraban.

En este aspecto los primeros edificios coloniales, torpemente inspirados en los templos románicos y góticos, eran construcciones muy simples que disponían de un amplio atrio donde se insta laban las citadas posas. Pocos son de todas formas los que, anteriores al 1600, han resistido el paso de los años y los frecuentes movimientos sísmicos. No obstante, citaremos la Catedral de Santo Domingo consagrada en 1520, probablemente una de las iglesias más antiguas de todo el continente.

Las diferencias regionales son una de las características más significativas del arte colonial, pero, para tener una visión más sintetizada, podemos estudiar dos grandes zonas artísticas: Centroamérica que -como vimos al referirnos a las culturas precolombinas- era el núcleo de influencia de las civilizaciones azteca y maya, y la región andina en la que la cultura inca dominaba antes del Descubrimiento.

En el siglo XVI, es el orden renacentista el que se importa de España, apareciendo sus característicos elementos en las primeras edificaciones. En México destacan en este período los con ventos de Teposcolula, Acolman y Huehotzingo, y como ejemplo fundamental de la arquitectura civil el Palacio de Hernán Cortés en Cuernavaca.

Las catedrales de México y Puebla, en su primitiva estructura, que más tarde recibiría toda la profusión decorativa que el Barroco impondría, son los templos que, entre otras, cubren el panorama arquitectónico centroamericano en este siglo XVI.

En el sur, las construcciones se distinguen por su escasa altura, y por la presencia, en las cubiertas, de alfarjes mudéjares. Las catedrales de Lima y Cuzco son en Perú los edificios más célebres.

El cambio de siglo, se define por la presencia barroca, que en el XVIII alcanzaría su grado más pomposo, con la presencia en México del arquitecto Lorenzo Rodríguez, autor de la Capilla del Sagrario en la catedral. El enrevesado sistema ornamental típico del Barroco encontrará en Puebla, un apoyo muy significativo, ya que esta comarca constituía el más importante centro de producción en
cerámica en aquellos tiempos. Esto fue aprovechado por los constructores coloniales para potenciar el estilo empleando elementos cerámicos en las fachadas de los edificios. La Casa de Alfeñique, es un ejemplo característico de este tipo de ornamentación.

El barroquismo arquitectónico también se prodiga en los territorios del virreinato peruano. Las edificaciones, aunque continúen en los siglos XVII y XVIII presentándose escasas de altura (aspecto este especialmente visible en las torres de los templos), incorporan en las portadas las típicas columnas salomónicas generosamente adornadas con diversos motivos.

En el territorio que nos ocupa, las edificaciones se suceden a través de tres estilos regionales bien diferenciados: el territorio costero, la comarca de Cuzco y la de Arequipa. El arte constructivo en el cono sur se completa con otro foco de gran interes, Quito (actual capital de Ecuador), que con sus conventos de San Francisco y San Agustín nos muestra, una vez más, la intensa expansión que la arquitectura barroca tuvo por aquellas tierras.

La escultura colonial

La escultura colonial alcanza su máximo exponente en el período barroco. Si en España, entendíamos que el arte imaginero era un verdadero instrumento contrarreformista para invitar al pueblo a exagerar su devoción, en América se eleva esta intimidación a grados que, con frecuencia, rayan lo caricaturesco. Numerosas diferencias regionales distinguen el trabajo de los imagineros, normalmente mestizos, que se adaptan a los materiales autóctonos. Así, en Ecuador y sur de México, la ligera madera de balsa será la más utilizada para tallar las figuras, mientras que en el norte de Méjico será la durísima y pesada madera conocida como quebracho la empleada habitualmente por aquellos artistas. Destacan en esta época: Bernardo Legarde, autor de la Mujer del Apocalipsis de Popayan (colombia), el mejor trabajo de toda la imaginera barroca americana, y Manuel Chil (Caspicara), quien talló piezas de pequeño formato

La pintura

Si en el campo escultórico la riqueza y variedad de materias primas favorecio la profusion de trabajos, pictóricamente el panorama fue menos favorable, ya que las materias pigmentarias naturales que se utilizaban en el arte precolombino (cochinilla, índigo…) no podían adaptarse al sistema europeo de pintura al óleo, por lo que los materiales debían importarse con las consiguientes cargas aduaneras que esto implicaba, encareciendo de una forma muy notable los trabajos de pintura. No obstante, algunos pintores con buena voluntad se fueron educando a través de las informaciones que, en forma de libros y grabados o cuadros de más o menos calidad, se importaban mediante constantes viajes intercontinentales.

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