Convocatoria Estados Generales 1789: Resumen y causas

La convocatoria de los Estados Generales en 1789 costituye uno de los acontecimientos más trascendentales de la historia moderna europea. Este evento no fue simplemente una asamblea política más, sino el catalizador que desencadenaría el proceso revolucionario más importante del siglo XVIII, cuyas consecuencias transformarían radicalmente no solo Francia, sino toda Europa.

Para comprender la magnitud de este acontecimiento, debemos trasladarnos a la Francia de finales del siglo XVIII, un país que, a pesar de su apariencia de esplendor y grandeza bajo el reinado de Luis XVI, se encontraba inmerso en una profunda crisis estructural. El absolutismo monárquico, que había alcanzado su máximo esplendor con Luis XIV, comenzaba a mostrar signos evidentes de agotamiento.

¿Qué fueron los Estados Generales de 1789?

Los Estados Generales de 1789 fueron una asamblea representativa convocada por Luis XVI el 5 de mayo en Versalles, que reunió a representantes de los tres estamentos de la sociedad francesa: clero, nobleza y Tercer Estado. Esta convocatoria, la primera desde 1614 (175 años antes), fue una respuesta a la grave crisis financiera, social y política que atravesaba Francia, y se convirtió en el detonante directo de la Revolución Francesa.

Composición:

  • Primer Estado (clero): 291 diputados.
  • Segundo Estado (nobleza): 270 diputados.
  • Tercer Estado (pueblo): 578 diputados.

La duplicación de representantes del Tercer Estado, decretada en diciembre de 1788, fue una decisión clave que generaría conflictos sobre el sistema de votación (por órdenes vs. por cabezas) y precipitaría la formación de la Asamblea Nacional.

La Francia pre-revolucionaria: un polvorín a punto de estallar

Crisis financiera y fiscal

La situación económica de Francia en la década de 1780 era extremadamente precaria. El país arrastraba una deuda pública desorbitada, principalmente derivada de las costosas guerras en las que había participado durante el siglo XVIII, especialmente la Guerra de los Siete Años (1756-1763) y la intervención francesa en la Guerra de Independencia de Estados Unidos (1775-1783). Esta última, aunque supuso una victoria estratégica frente a Inglaterra, agravó considerablemente el deficit del Estado.

Las arcas reales se encontraban prácticamente vacías, y el sistema fiscal, profundamente injusto y anacrónico, era incapaz de generar los recursos necesarios para hacer frente a esta situación. El problema fundamental residía en que, aunque Francia era un país comparativamente rico, su sistema tributario presentaba enormes desequilibrios:

  • La nobleza y el clero, que poseían aproximadamente el 40% de las tierras del país, estaban practicamente exentos de impuestos.
  • El Tercer Estado (burguesía, campesinos y clases populares urbanas), que representaba al 98% de la población, soportaba casi toda la carga fiscal.

Varios controladores generales de finanzas (ministros de Hacienda) intentaron acometer reformas para paliar esta situación. Turgot (1774-1776), Necker (1777-1781), Calonne (1783-1787) y Brienne (1787-1788) propusieron diferentes medidas, pero todos fracasaron ante la resistencia de los estamentos privilegiados.

Este círculo vicioso generaba una paradoja insostenible: Francia, una de las naciones más ricas de Europa con 26 millones de habitantes y una economía agrícola e industrial en expansión, tenía un Estado al borde de la quiebra. Mientras Inglaterra, con menor población y recursos, financiaba guerras mediante un sistema fiscal eficiente y deuda pública bien gestionada, Francia gastaba más del 50% de sus ingresos ordinarios solo en pagar los intereses de la deuda acumulada. La reforma del sistema tributario no era una opción política: era una necesidad existencial para la supervivencia del Estado.

Crisis social y tensiones de clase

La sociedad francesa seguía organizada según el modelo estamental medieval, dividida en tres órdenes o estados:

  1. El Primer Estado: el clero, con unos 130.000 miembros.
  2. El Segundo Estado: la nobleza, que contaba con aproximadamente 350.000 personas.
  3. El Tercer Estado: el resto de la población (aproximadamente 25 millones de personas), que incluía desde ricos burgueses hasta campesinos miserables.

Esta estructura social rígida resultaba cada vez más inaceptable para muchos sectores, especialmente para la burguesía emergente, que a pesar de su creciente poder económico, se veía excluida de los privilegios políticos y sociales. Las ideas de la Ilustración habían penetrado profundamente en estos grupos, que cuestionaban los fundamentos del Antiguo Régimen.

Por otra parte, la situación del campesinado era extremadamente difícil. Además de los impuestos reales, debían hacer frente a los derechos feudales, el diezmo eclesiástico y otras cargas. La crisis agrícola que afectó a Francia en 1788-1789, con malas cosechas y subidas del precio del pan, acentuó el malestar popular y generó motines por todo el país.

Las ideas de la Ilustración habían penetrado profundamente en estos grupos.

Comparativa de los Tres Estados en 1789

CaracterísticaPrimer Estado (Clero)Segundo Estado (Nobleza)Tercer Estado (Pueblo)
Población130.000 (0,5%)400.000 (1,5%)26 millones (98%)
Propiedad territorial10% de las tierras30% de las tierras60% de las tierras
Impuestos directosExentosExentosPagan todos
Diputados en 1789291270578 (duplicados)
PrivilegiosTribunales propios, diezmoAcceso a cargos, pensionesNinguno
Voto tradicional1 voto por estamento1 voto por estamento1 voto por estamento

Crisis política e institucional

El sistema político francés se caracterizaba por un absolutismo monárquico que, a diferencia del inglés, no había evolucionado hacia formas más representativas. Sin embargo, existían determinadas instituciones que, en teoría, podían limitar el poder real, como los Parlamentos (tribunales superiores de justicia).

Los intentos de reforma fiscal chocaron repetidamente con la oposición de estos Parlamentos, especialmente el de París, que se negaron a registrar los edictos reales que pretendían imponer nuevos tributos a la nobleza y el clero. Aunque los Parlamentos actuaban en defensa de sus intereses como clase privilegiada, se presentaban como defensores de las «leyes fundamentales del reino» y comenzaron a exigir la convocatoria de los Estados Generales como único órgano con capacidad para aprobar nuevos impuestos.

Luis XVI de Francia- Convocatoria de Estados Generales
Luis XVI de Francia. Imagen: National Geographic

El camino hacia la convocatoria

Los Estados Generales: una institución dormida

Los Estados Generales eran una asamblea representativa de los tres estamentos que conformaban la sociedad francesa. A diferencia de otros países europeos que habían desarrollado instituciones parlamentarias activas (como Inglaterra), en Francia esta institución había caído en desuso. La última vez que se habían reunido fue en 1614, ¡175 años antes!

Durante el apogeo del absolutismo, los monarcas franceses habían prescindido completamente de esta institución, gobernando sin necesidad de consultar a los representantes de la nación. Sin embargo, la grave crisis que atravesaba el país en la década de 1780 haría inevitable su convocatoria.

El fracaso de las reformas y la Asamblea de Notables

En 1787, ante la imposibilidad de seguir aumentando la presión fiscal sobre el Tercer Estado, el controlador general de finanzas, Charles Alexandre de Calonne, presentó un ambicioso plan de reformas que incluía un impuesto territorial que afectaría a todos los propietarios, sin exenciones por privilegios estamentales.

Consciente de que los Parlamentos se opondrían, Calonne convenció a Luis XVI para convocar una Asamblea de Notables, compuesta por miembros seleccionados de la nobleza, el clero y altos funcionarios. Para sorpresa del ministro, esta asamblea rechazó también sus propuestas y exigió conocer el estado real de las finanzas del reino.

Calonne fue destituido y sustituido por Loménie de Brienne, arzobispo de Toulouse, quien intentó aplicar reformas similares con idéntico resultado. La resistencia de los privilegiados se intensificó, y los Parlamentos, especialmente el de París, se negaron a registrar los edictos reales.

La propuesta de Calonne era revolucionaria para la época: incluía un impuesto territorial universal del 5% sobre todas las propiedades sin excepción, la supresión de aduanas internas que fragmentaban el mercado francés, la libertad de comercio de granos, y la creación de asambleas provinciales que permitirían cierta descentralización administrativa. En teoría, estas medidas modernizarían Francia siguiendo modelos ilustrados. Sin embargo, Calonne cometió un error estratégico fatal: presentó estas reformas a una Asamblea de Notables integrada precisamente por aquellos que más perderían con ellas. Los notables, en lugar de actuar como estadistas preocupados por el bien común, defendieron sus intereses de clase y exigieron ver las cuentas completas del reino, sospechando (con razón) que el ministro exageraba la crisis para imponer reformas inaceptables.

El pulso entre la corona y los Parlamentos alcanzó su punto álgido en 1788. Luis XVI intentó imponer su autoridad mediante un lit de justice (sesión solemne donde el rey imponía su voluntad), pero los Parlamentos se rebelaron abiertamente. El monarca ordenó entonces el arresto de varios magistrados, lo que provocó una crisis constitucional.

La decisión inevitable: convocar los Estados Generales

La situación se volvió insostenible cuando, en agosto de 1788, el gobierno se vio obligado a declarar la bancarrota parcial del Estado y a anunciar la suspensión de pagos. La presión de los Parlamentos, de la opinión pública ilustrada y de las protestas populares confluyeron en una única solución posible: la convocatoria de los Estados Generales.

El 8 de agosto de 1788, Luis XVI anunció oficialmente que los Estados Generales serían convocados para mayo de 1789. Ante la falta de precedentes recientes, se plantearon numerosas cuestiones sobre su organización y funcionamiento:

  • ¿Cómo debían elegirse los representantes?
  • ¿Cuántos diputados correspondería a cada estamento?
  • Y lo más importante: ¿se votaría por estamentos (cada estado un voto) o por cabezas (cada diputado un voto)?

Para resolver estas cuestiones, en septiembre de 1788 se volvió a convocar la Asamblea de Notables, pero no logró alcanzar un acuerdo. Finalmente, el 27 de diciembre de 1788, bajo la influencia de Necker (que había vuelto al gobierno), el Consejo Real tomó una decisión trascendental: duplicar el número de representantes del Tercer Estado, de modo que tendría tantos diputados como el clero y la nobleza juntos.

Esta decisión era fundamental, pero dejaba sin resolver la cuestión crucial del sistema de votación: ¿por órdenes o por cabezas? El gobierno optó por no pronunciarse al respecto, dejando que fuesen los propios Estados Generales quienes lo determinaran una vez reunidos. Esta ambigüedad sería una de las causas directas del posterior conflicto.

Cronología del camino a la convocatoria (1787-1789)

Los acontecimientos que condujeron a la convocatoria de los Estados Generales se sucedieron con rapidez creciente durante este período crucial:

FechaAcontecimientoConsecuencia
Febrero 1787Calonne convoca Asamblea de NotablesRechazo de reformas fiscales
Abril 1787Destitución de CalonneLoménie de Brienne asume el cargo
Mayo-Junio 1787Brienne presenta nuevos edictos fiscalesParlamento de París se niega a registrarlos
Agosto 1787Luis XVI exilia al Parlamento de ParísCrisis constitucional; protestas en provincias
Mayo 1788Nuevos intentos de imponer reformas por la fuerza«Revuelta de los privilegiados»
Agosto 1788Suspensión de pagos del Estado (bancarrota)Gobierno sin opciones; presión extrema
8 agosto 1788Anuncio oficial: convocatoria para mayo 1789Comienza proceso electoral
Septiembre 1788Nueva Asamblea de Notables sobre procedimientoDesacuerdos sobre representación
27 diciembre 1788Decisión real: duplicar diputados del Tercer EstadoAumentan expectativas del pueblo
Enero-abril 1789Elección de diputados y redacción de cuadernos de quejasMovilización política sin precedentes
5 mayo 1789Sesión inaugural en VersallesComienzan los Estados Generales

Este calendario revela cómo la crisis se aceleró de manera exponencial: lo que en 1787 era un conflicto entre el rey y los parlamentos sobre reformas fiscales, en apenas dos años se transformó en un proceso que pondría en cuestión todo el sistema político del Antiguo Régimen.

Los cuadernos de quejas y la elección de diputados

La convocatoria oficial de los Estados Generales se produjo el 24 de enero de 1789, fijando su apertura para el 5 de mayo en Versalles. El proceso electoral que se puso en marcha fue extremadamente complejo y varió según los estamentos.

Una de las características más importantes de este proceso fue la redacción de los cahiers de doléances (cuadernos de quejas), documentos donde las diferentes asambleas electorales recogían sus reivindicaciones y propuestas. Entre los nobles reformistas destacaba el duque de Orleans.

Los cuadernos de quejas: la voz de una nación

La elaboración de los cahiers de doléances constituye uno de los fenómenos políticos más interesantes de este periodo. Miles de comunidades por toda Francia, desde parroquias rurales hasta corporaciones urbanas, redactaron documentos exponiendo sus quejas y demandas. Estos textos nos ofrecen un retrato excepcional de la Francia de 1789.

Aunque existían diferencias según las regiones y los estamentos, podem destacar algunas reclamaciones comunes:

  • Regularlidad en la convocatoria de los Estados Generales
  • Establecimiento de una constitución que limitara el poder real
  • Igualdad fiscal
  • Abolición de los derechos feudales
  • Mejora de la administración de justicia
  • Libertad económica

Es importante señalar que, en general, estos cuadernos no cuestionaban la monarquía como forma de gobierno, sino que buscaban su reforma. La revolución que se avecinaba no estaba, en principio, en la mente de la mayoría de los franceses.

Los cuadernos de quejas y la elección de diputados

La convocatoria de los Estados Generales desencadenó un proceso electoral sin precedentes en la historia de Francia. Entre enero y abril de 1789, todo el reino se vio envuelto en asambleas, debates y la redacción de los famosos cahiers de doléances (cuadernos de quejas), documentos que registraban las peticiones y reclamaciones de cada estamento.

El proceso electoral por estamentos

El procedimiento de elección variaba según el estamento:

  • Clero: Los miembros del clero se reunían en asambleas por diócesis. Aunque los altos dignatarios (obispos, abades) esperaban controlar la elección, la realidad fue que el bajo clero (párrocos rurales) logró elegir a muchos representantes afines a sus intereses, más próximos al pueblo que a los privilegiados.
  • Nobleza: Los nobles se reunían en asambleas de bailía (circunscripción judicial). Aunque predominaron los nobles tradicionales, también fueron elegidos algunos nobles «liberales» influidos por las ideas ilustradas, como el marqués de Lafayette o el duque de Orleans.
  • Tercer Estado: El proceso era más complejo e indirecto. En las ciudades, votaban los cabezas de familia inscritos en los registros fiscales. En el campo, las parroquias elegían representantes que luego participaban en asambleas de bailía, donde finalmente se designaban los diputados. Este sistema indirecto favoreció la elección de burgueses acomodados (abogados, comerciantes, funcionarios) más que de campesinos o artesanos.

Los cuadernos de quejas: un retrato de Francia en 1789

Los cahiers de doléances constituyen una fuente histórica excepcional. Aproximadamente 60.000 cuadernos fueron redactados en toda Francia, desde pequeñas aldeas hasta grandes ciudades. Su contenido revela las aspiraciones y frustraciones de cada grupo social:

Cuadernos del Tercer Estado:

  • Abolición o reducción de los privilegios fiscales.
  • Supresión de derechos feudales y el diezmo.
  • Igualdad ante la ley y el acceso a cargos públicos.
  • Libertad de comercio e industria.
  • Constitución escrita que limite el poder real.
  • Voto por cabezas en los Estados Generales (petición casi unánime).

Cuadernos de la nobleza:

  • Mantenimiento de ciertos privilegios honoríficos.
  • Reformas administrativas y fiscales moderadas.
  • Algunos nobles liberales apoyaban la igualdad fiscal.
  • Limitación del poder absoluto mediante instituciones representativas.

Cuadernos del clero:

  • Defensa del papel de la Iglesia en la sociedad.
  • Mantenimiento del diezmo (con posible reforma).
  • Preocupación por la moralidad pública.
  • División entre alto y bajo clero en cuestiones de privilegios.

Lo sorprendente es que ningún cuaderno cuestionaba la monarquía como forma de gobierno, ni solicitaba una república. La inmensa mayoría de franceses en 1789 seguía siendo monárquica, aunque deseaba una monarquía limitada y reformada. La radicalización vendría después.

La apertura: 5 de mayo de 1789

Finalmente, el 5 de mayo de 1789, los 1.139 diputados elegidos se reunieron en Versalles para la ceremonia de apertura. La ocasión fue solemne pero también reveladora de las tensiones existentes:

  • Los diputados del clero y la nobleza vestían sus trajes ceremoniales tradicionales, llenos de color y distinción.
  • Los diputados del Tercer Estado debían vestir de negro, sin adornos, marcando visualmente su inferioridad social.
  • El rey pronunció un discurso enfocado exclusivamente en la crisis financiera, sin mencionar reformas políticas.
  • Necker, el ministro de finanzas, leyó un informe de tres horas sobre el estado de las cuentas (que aburrió a la audiencia).
  • Lo más significativo: ni el rey ni sus ministros se pronunciaron sobre la cuestión del voto por órdenes o por cabezas.

Esta omisión deliberada sería fatal. Los Estados Generales comenzaron su andadura con el conflicto más importante sin resolver, lo que provocaría el bloqueo inmediato de los trabajos y el estallido de la crisis constitucional que daría lugar a la Revolución.

El proceso electoral: la movilización política de Francia

El proceso electoral para designar a los diputados fue distinto para cada estamento:

  • Para el clero, el proceso fue relativamente simple: cada circunscripción eclesiástica eligió sus representantes en asamblea.
  • Para la nobleza, la elección se realizó en asambleas nobiliarias por bailías y senescalías.
  • Para el Tercer Estado, el sistema fue mucho más complejo y de varios grados: en las ciudades y pueblos se celebraron asambleas primarias que eligieron representantes para asambleas de bailía o senescalía, que a su vez eligieron a los diputados para los Estados Generales.

Este proceso electoral, aunque con limitaciones evidentes desde nuestra perspectiva actual, supuso una movilización política sin precedentes en Francia. Cientos de miles de personas participaron en él, generando un clima de expectación y esperanza en todo el país.

Los diputados: un nuevo tipo de representante político

La elección de los diputados muestra ya algunos cambios significativos respecto a los Estados Generales de 1614. De los 1.201 diputados elegidos (291 del clero, 270 de la nobleza y 640 del Tercer Estado), muchos presentaban un perfil renovador:

  • En el clero, junto a los obispos aristocráticos, abundaban los párrocos rurales (208 de los 291), más cercanos a las preocupaciones populares.
  • En la nobleza, aunque predominaba la aristocracia tradicional, aparecían también representantes de ideas liberales, como el marqués de Lafayette, héroe de la Guerra de Independencia americana.
  • En el Tercer Estado, la mayoría de los diputados eran juristas (abogados, jueces, notarios), mientras que los comerciantes y artesanos tenían escasa presencia. Los campesinos, que representaban el 80% de la población, no contaban con ningún representante directo.

Entre los diputados del Tercer Estado destacarían figuras como Emmanuel Sieyès, autor del influyente panfleto «¿Qué es el Tercer Estado?», o Maximilien Robespierre, un oscuro abogado de Arras que posteriormente se convertiría en uno de los líderes más radicales de la Revolución.

Otra representación de la sesión de apertura de los Estados generales de 1789, el 5 de mayo, en Versalles, según Isidore-Stanislaus Helman (1743-1806) y Charles Monnet (1732-1808).
Otra representación de la sesión de apertura de los Estados generales de 1789, el 5 de mayo, en Versalles, según Isidore-Stanislaus Helman (1743-1806) y Charles Monnet (1732-1808).

La apertura de los Estados Generales: ceremonial y tensiones

La gran procesión: un último resplandor del Antiguo Régimen

El 4 de mayo de 1789, víspera de la apertura oficial, se celebró en Versalles una solemne procesión con todos los diputados. Este ritual, que reproducia el protocolo de 1614, expresaba simbólicamente la jerarquía tradicional: los diputados del Tercer Estado, vestidos de negro, marchaban en último lugar, mientras que la nobleza y el alto clero lucían trajes resplandecientes.

Esta ceremonia, que pretendía impresionar con la grandeza de la monarquía, produjo sensaciones encontradas. Para muchos observadores, supuso el último resplandor del Antiguo Régimen, un mundo que estaba a punto de desaparecer.

La sesión inaugural: discursos y decepciones

El 5 de mayo se celebró la sesión inaugural en la Sala de los Menus Plaisirs del palacio de Versalles. Los 1.201 diputados se reunieron ante el rey Luis XVI, quien pronunció un breve discurso en el que evitó cualquier mención a reformas profundas.

A continuación intervinieron el guardasellos Barentin y el ministro de Hacienda Necker. Este último defraudó las expectativas con un tedioso discurso de tres horas centrado en cuestiones técnicas financieras, sin abordar las cuestiones constitucionales que preocupaban a los representantes del Tercer Estado.

Lo más desalentador para muchos diputados fue comprobar que la cuestión fundamental del sistema de votación (por órdenes o por cabezas) seguía sin resolverse. El gobierno dejaba esta decisión a los propios Estados Generales, lo que equivalía a aplazar el conflicto.

La transformación revolucionaria: de los Estados Generales a la Asamblea Nacional

El bloqueo inicial y la estrategia del Tercer Estado

Tras la sesión inaugural, los tres estamentos se separaron para verificar los poderes de sus diputados, como paso previo a la constitución formal de la asamblea. Lo que debía ser un mero trámite se convirtió en el primer conflicto revolucionario.

Los representantes del Tercer Estado, liderados por figuras como Sieyès y Mirabeau, se negaron a constituirse como cámara separada y exigieron una verificación conjunta de los poderes de todos los diputados. Esta estrategia buscaba forzar la votación por cabezas, que, gracias a la duplicación de sus representantes y al previsible apoyo de algunos miembros liberales del clero y la nobleza, les daría la mayoría.

Durante seis semanas se produjo un completo bloqueo. Mientras la nobleza y parte del clero se constituían como cámaras separadas, el Tercer Estado se mantenía firme en su posición, celebrando sesiones en las que invitaba a los otros dos estamentos a unirse a ellos.

El giro revolucionario: la Asamblea Nacional

El 10 de junio, tras comprobar que las negociacione no progresaban, Sieyès propuso dar un paso decisivo: invitar una última vez a los miembros de los otros estamentos y, en caso de que no acudieran, proceder a verificar los poderes de todos los diputados, presentes o no.

Finalmente, el 17 de junio de 1789, el Tercer Estado, junto con algunos clerigos que se habían sumado a ellos, dio un paso histórico: se autoproclamó Asamblea Nacional y declaró que solo esta asamblea representaba a la nación francesa. Este acto, aparentemente formal, constituía una auténtica revolución política, pues suponía el fin del sistema estamental y el principio de la soberanía nacional.

La reacción de Luis XVI fue ordenar el cierre de la sala donde se reunía el Tercer Estado, con el pretexto de preparar una «sesión real». Al encontrar cerradas las puertas de su sala habitual el 20 de junio, los diputados se trasladaron a una cercana pista de juego de pelota, donde tuvo lugar uno de los episodios más célebres de la Revolución Francesa.

El Juramento del Juego de Pelota: nacimiento de la soberanía nacional

El 20 de junio de 1789, reunidos en la sala del Juego de Pelota, los diputados del Tercer Estado, junto con algunos representantes del clero, realizaron un solemne juramento: no separarse hasta haber dado una constitución a Francia. El Juramento del Juego de Pelota, inmortalizado por el pintor Jacques-Louis David, representa uno de los momentos fundacionales de la política moderna.

Este acto desafiaba directamente la autoridad real y proclamaba un principio revolucionario: la soberanía no residía ya en el monarca, sino en la nación, representada por sus diputados. La convocatoria de los Estados Generales, que Luis XVI había autorizado como último recurso para resolver la crisis financiera, acababa de transformarse en el inicio de una revolución que cambiaría Francia y el mundo.

El juramento del Juego de Pelota
El juramento del Juego de Pelota. Imagen: Versailles Tourisme

Consecuencias inmediatas: el camino hacia la Revolución

El 23 de junio, Luis XVI celebró su anunciada «sesión real», en la que anuló todas las decisiones tomadas por el Tercer Estado e impuso un programa de reformas limitadas. Tras su discurso, ordenó a los diputados que se separaran y deliberaran por estamentos. Su célebre frase «Ustedes han oído, señores, las intenciones que he manifestado; que se retiren», fue respondida por el presidente de la Asamblea, Bailly, con otra no menos histórica: «La Asamblea Nacional solo puede levantarse por la fuerza».

El momento decisivo llegó cuando el marqués de Dreux-Brézé, maestro de ceremonias, insistió en que los diputados abandonaran la sala. Entonces, el conde de Mirabeau pronunció su famosa respuesta: «Vaya a decir a quienes le han enviado que estamos aquí por la voluntad del pueblo y que solo nos sacarán por la fuerza de las bayonetas».

Luis XVI, ante la firmeza de la Asamblea y el creciente descontento popular, rectificó su postura. El 27 de junio, ordenó a la nobleza y al clero que se unieran a la Asamblea Nacional, que pasaría a denominarse Asamblea Nacional Constituyente. La revolución política estaba en marcha, aunque aún faltaba su confirmación por las armas.

Esta llegaría el 14 de julio de 1789, cuando el pueblo de París, temiendo un golpe de fuerza del rey (que había concentrado tropas alrededor de la capital), asaltó la Bastilla, antigua prisión real convertida en símbolo del despotismo. Este acontecimiento marcó el inicio de la fase popular y violenta de la Revolución Francesa.

De Estados Generales a Revolución

La convocatoria de los Estados Generales, concebida por Luis XVI como un mecanismo para resolver la crisis financiera, desató fuerzas que ni la monarquía ni los privilegiados pudieron controlar.

Apenas seis semanas después de la sesión inaugural, el 17 de junio de 1789, los diputados del Tercer Estado, cansados de esperar una resolución sobre el sistema de voto, tomaron una decisión revolucionaria: se proclamaron Asamblea Nacional, declarando que ellos solos representaban a la nación francesa. Este acto unilateral rompía siglos de tradición y negaba legitimidad a la división estamental.

Tres días después, el 20 de junio, tras encontrar cerrada su sala de reuniones, los diputados se trasladaron a un frontón cercano (Jeu de Paume) donde juraron no separarse hasta dotar a Francia de una Constitución: el famoso Juramento del Juego de Pelota. Luis XVI intentó imponer su autoridad mediante una sesión real el 23 de junio, pero los diputados se negaron a disolverse. Cuando el rey envió soldados para desalojarlos, el diputado Mirabeau pronunció su célebre frase: «Estamos aquí por voluntad del pueblo y solo saldremos por la fuerza de las bayonetas».

El 9 de julio, la Asamblea Nacional se proclamó Asamblea Nacional Constituyente, formalizando su propósito de redactar una Constitución. La toma de la Bastilla el 14 de julio y la extensión de la revuelta por todo el país confirmarían que el proceso revolucionario era ya imparable.

Lo que había comenzado como una convocatoria para aprobar impuestos se transformó, en apenas dos meses, en el nacimiento de un nuevo orden político. Los Estados Generales de 1789 no resolvieron la crisis del Antiguo Régimen: la amplificaron hasta convertirla en revolución.

Preguntas frecuentes sobre los Estados Generales de 1789

¿Por qué se convocaron los Estados Generales en 1789?

Se convocaron principalmente por la grave crisis financiera de la monarquía francesa. Tras años de intentos fallidos de reformas fiscales rechazadas por los privilegiados, el Estado francés llegó a la bancarrota en 1788. Los Parlamentos exigían que solo los Estados Generales, como representación de la nación, podían autorizar nuevos impuestos.

¿Cuándo fue la última vez que se habían reunido antes de 1789?

La última convocatoria había sido en 1614, durante la regencia de María de Médicis en la minoría de edad de Luis XIII. Habían pasado 175 años sin que los reyes absolutos sintieran necesidad de convocarlos, lo que demuestra el carácter excepcional de la crisis de 1789.

¿Qué diferencia había entre voto por órdenes y voto por cabezas?

El voto por órdenes significaba que cada estamento (clero, nobleza, Tercer Estado) tenía un voto colectivo, independientemente del número de diputados. Esto permitía a los dos estamentos privilegiados, votando juntos, derrotar siempre al Tercer Estado 2 a 1. El voto por cabezas significaba que cada diputado votaba individualmente, lo que habría dado ventaja al Tercer Estado al tener 578 diputados frente a 561 de los otros dos estados combinados. Este conflicto sin resolver fue el detonante inmediato de la Revolución.

Reflexiones finales: significado histórico de la convocatoria de los Estados Generales

La convocatoria de los Estados Generales de 1789 representa uno de esos momentos cruciales en los que la historia parece acelerar su curso. Lo que comenzó como un intento de resolver una crisis financiera mediante mecanismos institucionales del Antiguo Régimen acabó desencadenando un proceso revolucionario que transformaría los fundamentos políticos, sociales y culturales, no solo de Francia, sino de toda Europa.

Las causas que llevaron a este desenlace son complejas y entrelazadas. La crisis financiera actuó como detonante, pero fue la crisis de legitimidad del sistema absolutista, en un contexto de difusión de las ideas ilustradas, lo que explica la rápida radicalización del proceso.

En apenas dos meses, desde mayo a julio de 1789, se pasó de una monarquía absoluta a una monarquía constitucional, y se sentaron las bases para transformaciones aún más profundas. El sistema estamental, base de la organización social durante siglos, se derrumbó, dando paso a una sociedad basada, al menos teóricamente, en la igualdad de derechos.

Los Estados Generales nunca llegaron a funcionar como tales. Su convocatoria sirvió, paradójicamente, para certificar la muerte del sistema político que pretendían reformar. Sin embargo, su legado es inmenso: la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente el 26 de agosto de 1789, establecería los principios fundamentales de la política moderna.

Quizás el mayor significado histórico de estos acontecimientos resida en la proclamación del principio de soberanía nacional. Por primera vez, un cuerpo representativo se atrevía a afirmar que la legitimidad política no emanaba de la tradición o del derecho divino, sino de la voluntad de la nación. Este principio, revolucionario en 1789, constituye hoy el fundamento de nuestros sistemas democráticos.

Referencias bibliográficas

Doyle, W. (1989). La Revolución Francesa: una nueva historia. Madrid: Alianza Editorial.

Furet, F. & Richet, D. (1988). La Revolución Francesa. Madrid: Rialp.

Lefebvre, G. (1975). El nacimiento de la historiografía moderna. Barcelona: Martínez Roca.

McPhee, P. (2007). La Revolución Francesa, 1789-1799: una nueva historia. Barcelona: Crítica.

Rudé, G. (1989). La multitud en la historia: los disturbios populares en Francia e Inglaterra 1730-1848. Madrid: Siglo XXI.

Soboul, A. (1994). La Revolución Francesa. Barcelona: Crítica.

Tackett, T. (1996). Becoming a Revolutionary: The Deputies of the French National Assembly and the Emergence of a Revolutionary Culture (1789-1790). Princeton: Princeton University Press.

Vovelle, M. (2000). Introducción a la historia de la Revolución Francesa. Barcelona: Crítica.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio