¿A quién no le gusta el sabor intenso, dulce y ligeramente anisado de una pastilla de regaliz? Es un clásico en las tiendas de chucherías, aparentemente inofensivo y con un toque «natural» por proceder de una raíz. Sin embargo, detrás de ese sabor característico se esconde una realidad que pocos consumidores conocen: el consumo excesivo o inadecuado de regaliz puede ser malo para la salud, especialmente para el corazón y la presión arterial. No se trata de demonizar un dulce ocasional, sino de informar sobre los riesgos reales asociados a un consumo despreocupado. En este material, vamos a desentrañar los componentes activos del regaliz, cómo afectan a nuestro organismo, qué cantidades se consideran peligrosas y qué alternativas más seguras existen.
La raíz del problema: Ácido glicirrícico, el componente activo
Para entender por qué el regaliz es malo en exceso, hay que ir a la química de la planta Glycyrrhiza glabra, de cuya raíz se extrae el extracto de regaliz. El principal responsable de sus efectos fisiológicos (y de sus riesgos) es el ácido glicirrícico (o glicirricina).
Este compuesto tiene una propiedad crucial: inhibe una enzima llamada 11-beta-hidroxiesteroide deshidrogenasa tipo 2 (11β-HSD2). Esta enzima, presente en los riñones, tiene la función de inactivar la hormona cortisol, convirtiéndolo en cortisona (una forma inactiva). Cuando el ácido glicirrícico bloquea esta enzima, se produce una acumulación de cortisol a nivel renal.
¿Y por qué es esto un problema? Porque el cortisol, en altas concentraciones, puede mimetizar la acción de la hormona aldosterona, una hormona clave en la regulación de los minerales y la presión arterial. La aldosterona hace que los riñones retengan sodio y excreten potasio. Este desequilibrio iónico es la puerta de entrada a una cascada de efectos adversos.
Efectos fisiológicos y riesgos: Por qué el regaliz es malo para el corazón y más
El mecanismo descrito desencadena una serie de consecuencias en cadena que explican por qué el consumo excesivo de regaliz es una amenaza cardiovascular y sistémica.
| Efecto Fisiológico | Proceso Desencadenado | Consecuencias para la Salud (Riesgos) |
|---|---|---|
| Retención de Sodio (Na⁺) y Agua | Exceso de actividad mineralocorticoide (similar a la aldosterona) en el riñón. | Aumento del volumen sanguíneo (hipervolemia), lo que lleva directamente a hipertensión arterial (presión alta). Es el efecto más inmediato y peligroso. |
| Pérdida de Potasio (K⁺) | Los riñones excretan demasiado potasio en un intento de compensar la retención de sodio. | Hipokalemia (niveles bajos de potasio en sangre). Esto puede causar debilidad muscular extrema, calambres, fatiga, arritmias cardíacas (latidos irregulares) e incluso parálisis en casos graves. |
| Alcalosis Metabólica | La pérdida de potasio y de iones hidrógeno altera el equilibrio ácido-base de la sangre. | Empeora la hipokalemia y puede provocar tetania (espasmos musculares) y mayor predisposición a arritmias. |
| Sobrecarga para el Corazón | La combinación de hipertensión, hipokalemia y posible edema (hinchazón). | Aumenta el riesgo de insuficiencia cardíaca (el corazón no puede bombear eficazmente) y de eventos cardiovasculares graves como infartos, especialmente en personas con patologías previas. |
| Efectos Endocrinos | Interferencia con el sistema renina-angiotensina-aldosterona (SRAA). | Puede causar edemas (hinchazón por acumulación de líquido) y, en mujeres, alteraciones del ciclo menstrual. |
| Interacciones con Medicamentos | Puede potenciar o interferir con fármacos. | Especialmente peligroso con diuréticos, digoxina (para el corazón) y corticosteroides, aumentando el riesgo de toxicidad y efectos secundarios. |
¿Cuánto es «demasiado»? Dosis, tipos de regaliz y poblaciones de riesgo
No toda persona que come un trozo de regaliz sufrirá estos efectos. El riesgo depende críticamente de tres factores: la dosis, el tipo de regaliz y el estado de salud del consumidor.
- Dosis: Las agencias de seguridad alimentaria, como la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria), establecen que un consumo seguro de ácido glicirrícico es de hasta 100 mg por día. El problema es que es muy fácil superar esta dosis sin darnos cuenta:
- Una barra de regaliz puro (tipo salmiakki o algunos regalices holandeses) de 50 gramos puede contener fácilmente entre 300 y 600 mg de ácido glicirrícico.
- Un consumo continuado de tan solo 50 gramos diarios de regaliz puro durante dos semanas puede ser suficiente para elevar la presión arterial en personas sanas.
- Tipo de regaliz: No todo lo que sabe a regaliz es igual de peligroso.
- Regaliz «puro» o de alta concentración: Chicles, pastillas negras, palos de regaliz, salmiakki. Son los más peligrosos por su alto contenido en extracto de regaliz.
- Caramelos con «sabor a regaliz»: Muchos caramelos de color rojo o multicolor usan anetol (esencia de anís) o aromatizantes artificiales para imitar el sabor, pero no contienen extracto real de regaliz. Estos no presentan los riesgos cardiovasculares descritos. Es crucial leer la lista de ingredientes.
- Poblaciones de mayor riesgo: Para algunos grupos, incluso pequeñas cantidades pueden ser peligrosas:
- Personas con hipertensión arterial diagnosticada.
- Personas con enfermedades cardíacas, renales o hepáticas.
- Personas con bajos niveles de potasio (hipokalemia).
- Mujeres embarazadas (puede aumentar el riesgo de parto prematuro y afectar al desarrollo del feto).
- Personas mayores, que son más sensibles a los desequilibrios electrolíticos.
- Personas que toman medicamentos como diuréticos, digoxina, anticoagulantes o corticoides.
Alternativas y consumo responsable
El mensaje no es «nunca comas regaliz», sino «consúmelo con conocimiento y moderación extrema». Para quienes adoran el sabor pero quieren evitar riesgos, existen alternativas:
- Regaliz deglicirrizado o DGL: Se trata de regaliz al que se le ha extraído la mayor parte del ácido glicirrícico. Se utiliza en algunos suplementos digestivos y es seguro a nivel cardiovascular, aunque no sabe exactamente igual.
- Caramelos con saborizantes (anís, anetol): Como se ha mencionado, son una opción segura si lo que se busca es el sabor, no los efectos del regaliz real.
- Consumo muy ocasional y en pequeña cantidad: Disfrutar de una o dos pastillas de regaliz puro de forma muy esporádica (no diaria) y asegurándose de no tener contraindicaciones.
Takeaways clave y reflexión final:
- El riesgo está en el ácido glicirrícico: Esta sustancia, propia del regaliz verdadero, altera el equilibrio hormonal renal, provocando retención de sodio y pérdida de potasio.
- Consecuencias principales: Hipertensión e hipokalemia: Esto lo convierte en un dulce potencialmente peligroso para la salud cardiovascular, pudiendo causar hipertensión, arritmias y debilidad muscular.
- La dosis hace el veneno: Superar los 100 mg diarios de ácido glicirrícico (fácil con 50g de regaliz puro) de forma continuada es arriesgado.
- No todo el «sabor a regaliz» es igual: Los caramelos con aromas artificiales no contienen el componente dañino y son seguros.
- Grupos de alto riesgo: Hipertensos, cardíacos, embarazadas y personas con enfermedades renales o hepáticas deben evitarlo por completo.
El caso del regaliz es un ejemplo perfecto de que lo «natural» no es sinónimo de «inocuo». Nos enseña la importancia de ser consumidores informados, de leer las etiquetas y de entender que incluso las chucherías más comunes pueden tener efectos fisiológicos profundos. Disfrutar de la vida incluye disfrutar de los sabores, pero con responsabilidad. Conocer por qué el regaliz es malo en exceso es el primer paso para tomar decisiones conscientes que protejan tu salud a largo plazo, especialmente la de tu corazón.