El proceso de restitución de estas inmensas riquezas a sus dueños legítimos comenzó poco después de la rendición de Alemania en 1945 y aún continúa en la actualidad. Por ejemplo, a principios de los años ochenta se encontraron cuadros pertenecientes al botín de los nazis en casa de un antiguo oficial de las SS que había pasado inadvertido durante muchos años con nombre falso. Según cálculos oficiales, se ha recuperado aproximadamente el 80 por 100 de las riquezas arrebatadas por los nazis y sus secuaces. Aun aceptando esta cifra, el valor de lo que queda por descubrir se elevaría a una suma astronómica, pero estos cálculos son muy optimistas, pues sólo pueden aplicarse a los objetos de los que se sabe que fueron robados, es decir de los que existe algún testimonio. Sin embargo, aún no han aparecido ciertos objetos que representan millones de dólares.
El grueso de las piezas que se han dado por desaparecidas oficialmente está escondido o en manos de particulares. En el caos que siguió a la caída del Tercer Reich, muchos hogares fueron saqueados por miembros de las tropas alemanas y de ocupación. Algunos militares se quedaron con el botín y otros lo vendieron en el mercado negro. Por ejemplo, cuando las potencias aliadas entraron en Berlín, fueron retirados de la banca estatal obligaciones y títulos por valor de unos cuatrocientos millones de dólares y sólo se sabe dónde fue a parar una pequeña parte de los mismos.

El nido del águila o Kehlsteinhaus.
También desaparecieron sin dejar rastro lingotes y monedas de oro y plata y joyas valorados en doscientos millones de dólares. La explicación comúnmente aceptada es que se produjo un golpe conjunto de soldados estadounidenses y alemanes, pero nadie ha sido acusado de delito.
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