Visigodos

Tradicionalmente se ha establecido la fecha del 409 para determinar la entrada de estas gentes. Sin embargo, si profundizamos en el estudio del siglo V, comprobaremos que durante toda esta centuria Hispania sigue siendo una provincia romana y la presencia visigoda es casi inexistente. Su reino, en este momento, se centra en el sur de las Galias, con capital en Toulouse, y no se asentarán en la península hasta su derrota en Vouillé, en el año 507, frente a los francos. Por ello estudiaremos su paso por nuestras tierras durante el poderío romano.

ruta de las invasiones germánicas durante el siglo v

Los visigodos, al servicio de Roma

En el año 409 la península conoce la llegada de nuevos pueblos: suevos, vándalos asdingos y silingos y alanos. Mediante un pacto se reparten el territorio español y cada uno se asienta en una zona: los vándalos asdingos y los suevos se establecen en Gallaecia; la Lusitania y la parte oeste de la Cartaginense pasan a manos de los alanos y los vándalos silingos se quedan en la Bética. Roma, ante estas invasiones, tiene las manos atadas por sus propias luchas internas.

En este preciso momento aparece en el norte un nuevo pueblo, el visigodo, que atraviesa la península hacia el sur con objeto de pasar al norte de Africa. Esta circunstancia es aprovechada por los romanos que pactan con los visigodos: éstos debían ayudarles a echar del sur a vándalos silingos y alanos, a cambio de trigo. Con ello se consiguió liberar la Bética y la Lusitania. Terminado el pacto, los visigodos se retiraron al sur de la Galia, a Tolosa. De este modo, sólo quedan en Hispania suevos y vándalos asdingos, quienes, en su lucha por la conquista de Gallaecia, se extienden hacia la Bética, creando un clima de inestabilidad. Más tarde, los vándalos asdingos pasan a Africa. Los suevos, dado su escaso número y su posición geográfica, no representaban un peligro para el poder romano. Sin embargo, comenzarán un proceso de expansión por todas las provincias, excepto la Tarraconense. Ello llevó a Roma a buscar un nuevo pacto con los visigodos, quienes al mando de Teodorico II, en el año 456, atajan el problema suevo, reduciéndolos de nuevo a Gallaecia. Pero en ésta segunda venida a la península no se retiran sin más, sino que dejan un asentamiento visigodo en Mérida.

A mediados del siglo V los visigodos alcanzan el apogeo de poder, lo que hace que aparezcan ante la población hispanoromana como el gobierno que les permitiría mantener su actual situación, ya que Roma está demasiado ocupada en sus propios asuntos. Ante este vacío de poder, los mismos visigodos se ven como los continuadores de Roma. A finales del siglo V hay ya una entrada masiva de visigodos en la península, y en el año 507, el de su derrota en Vouillé ante la presión franca, se asientan definitivamente en España. Su rey Alarico II muere en la batalla y queda como sucesor su hijo Amalarico, menor de edad. Ante las luchas nobiliarias por el poder, se hace necesaria la intervención de Teodorico el Grande, rey ostrogodo de Italia, que acude en ayuda de su nieto Amalarico. El período que ocupa la regencia de Teodorico es el llamado intermedio ostrogodo, hasta el año 526, en que comienza la auténtica historia visigoda.

mapa de la españa visigoda

Auge y gobierno visigodo en España

Durante la etapa de regencia de Teodorico el Grande, éste intenta implantar el mismo sistema organizativo que existía en Italia, e incluso el jefe del poder militar era un ostrogodo. Por ello este período estuvo muy ligado a Italia y a sus problemas con la Galia. Su muerte supuso la vuelta a aquélla de las tropas ostrogodas y su independencia definitiva. Sube al poder Amalarico, que es asesinado por los francos y es sucedido por Teudis.

En este momento los bizantinos, que desde el 334 ocupan Africa, se apoderan de Ceuta, mientras que los visigodos se mantienen en la Tarraconense y en algunos enclaves de la Cartaginense y la Lusitania.

La fase siguiente es una etapa de caos en sus intentos por desplazarse hacia el interior peninsular. La región bética, más independiente, mantendrá continuas luchas para su adaptación al poder visigodo. Éstos piden ayuda a Bizancio para doblegar la provincia, quien, tras solventar el problema, no se marcha de la península, sino que va estableciéndose en las zonas costeras -desde la desembocadura del Guadalete hasta Cartagena-. Al no encontrar obstáculos para su asentamiento, por parte de los habitan tes de estas zonas, logran constituir en el sur una provincia bizantina, lo que supondrá un serio peligro para el poder visigodo. Estos, tras recuperar algunas plazas en manos de los bizantinos, pero desplazados hacia el norte, fijan su residencia definitiva en Toledo.

Dado que los visigodos tenían puesta su atención en el sur, con el problema bizantino, los suevos comenzarán, de nuevo, una expansión por el nordeste. Ante este nuevo ataque la autoridad goda se ve amenazada, ya que Gallaecia, Cantabria y el sur, la provincia bizantina, se mantenían independientes.

Religión y monarquía visigoda

Por los problemas anteriormente expuestos, el rey Leovigildo se propone fortalecer la unidad del reino visigodo frente a los demás pueblos. En este sentido, los reinados de Leovigildo, Recaredo y Liuva III, desde el año 569 al 603, constituyen un serio intento de reorganización interna y de solucionar las relaciones con la población hispanorromana.

El principal obstáculo que se interpone entre el poder visigodo y sus gobernados es la religión. Los visigodos practicaban la religión arriana y los hispanos, la católica. Leovigildo pretende incorporar a los hispanos al arrianismo, por lo que surgen conflictos.

En el año 579 Leovigildo cede la Bética a su hijo Hermenegildo, quien, convertido al catolicismo, se asienta en Sevilla y toma el título de rey de la provincia, lo que le supone la independización y enemistad con Toledo. Mientras tanto, los suevos pierden su fortaleza con la muerte del rey Miro, y Leovigildo invade Gallaecia y la anexiona. Hermenegildo pide ayuda a los bizantinos y suevos, pero éstos son ya incapaces de socorrerle. Leovigildo pone sitio a Sevilla y la aísla; sólo queda en la península la provincia bizantina.

En época de Leovigildo encontramos la primera moneda acuñada con inscripción real, muestra del creciente fortalecimiento de la monarquía. A su muerte le sucede su hijo Recaredo, quien, con gran sentido político, en el año 587 se convierte al catolicismo haciendo desaparecer las disensiones internas. Este proceso culmina con la convocatoria del III Concilio de Toledo, en el año 589, devolviendo a la Iglesia los bienes confiscados por Leovigildo, con el fin de encontrar apoyo en la jerarquía eclesiástica. Su política será una continuación de la iniciada por su padre, Leovigildo.

El único reducto no dominado es la provincia bizantina del sur, que resistirá hasta el reinado de Suintila, ya en el siglo VII. El III Concilio de Toledo se convoca con un marcado sentido politico para combatir la inestabilidad del poder real que aún persiste. Esta inestabilidad hay que achacarla a la feudalización de la sociedad. El reinado de Recaredo, desde el 586 hasta la toma del poder por Chindasvinto, supone un dominio de la nobleza sobre la autoridad real, quien busca apoyo en la Iglesia a través de los concilios. Un intento de atajar el problema lo lleva a cabo Chindasvinto (entre el 642 y el 653) y el del 653 al 672, Recesvinto, con la publicación del Liber ludicum en el año 654, único texto legal ante los tribunales o Fuero Juzgo que ponía fin a las barreras jurídicas entre visigodos e hispanorromanos.

Fin de la monarquía

La monarquía visigoda empezó a debilitarse por su depeniencia de las altas clases sociales, tanto laicas como eclesiásticas. Su carácter electivo no pudo imponerse a las demás fuerzas sociales. Los últimos años del reino visigodo fueron una constante lucha nobiliaria por el poder.

Recesvinto fue sucedido por Wamba en el año 672, quien tiene que aplacar el levantamiento nobiliario de la Galia Narboense. Le sucede Ervigio en el año 680, que desde un primer momento busca apoyo en las jerarquías eclesiásticas. En el año 687 abdica en su yerno Egica, quien practicará una dura política antinobiliaria.

La subida al poder de su hijo Witiza en el año 702 supondrá un suavizamiento de la política anterior contra el estamento nobiliario. Su reinado coincide con una creciente expansión del Islam. En la lucha por la sucesión real Witiza tiene enfrentamientos con Rodrigo y sus familiares. Nombrado rey Rodrigo, es vencido en Guadalete por los musulmanes, que, favorecidos por lasluchas internas visigodas, avanzan hasta Toledo.

Sociedad y economía

En la España visigoda se acentuarán los rasgos económicos y sociales, considerados prefeudales, que se habían perfilado durante el Bajo Imperio romano. El crecimiento del ruralismo, el colo nato, el incremento de poder de las clases aristocráticas determinan que la España visigoda sea un paso intermedio hacia el feudalismo.

La gran aportación visigoda es la sustitución del trabajo de esclavos -propio de la época romana- por colonos, y el reparto de la tierra en villas o grandes explotaciones.

Administración y Cultura

Al frente del Estado visigodo se hallaba el rey. La monarquía era de carácter electivo, y contaba con el apoyo del Aula Regia, integrada por nobles aristócratas. Los Concilios eclesiásticos, con sede en Toledo, son convocados por el monarca y jugarán un papel muy importante en el desarrollo político. La figura más destacada de la España visigoda es San Isidoro de Sevilla (siglo VII). Su teoría política se caracteriza por la unión entre el poder político y el espiritual. Su obra más importante son Las Etimologias, de carácter pedagógico y enciclopédico. Otros personajes visigodos de renombre son: Juan de Biclaro, Braulio de Zaragoza y Julián de Toledo.