Templo de Amón en Karnak

Desde que fue construida esta obra hasta nuestros días han pasado milenios y nada hay más pernicioso para una obra de arte que el transcurrir del tiempo si no está bien protegida. Teniendo en cuenta que los edificios están al aire libre, tan sólo aquellos construidos con ingenio y materiales no perecederos han podido ser estudiados y contemplados por las civilizaciones posteriores a las que los edificaron. El Templo de Amón en Karnak merece ser observado como una edificación singular, pues a pesar de cumplir las premisas de todo templo egipcio, el largo periodo en el que fue levantado le confiere una especial identidad. Veamos un poco más sobre este templo construido por la civilización egipcia.

Características del templo de Amón en Karnak

a) Valoración estética de la obra

Estilos
Este ejemplo de arquitectura religiosa egipcia se encuentra ubicado en un eje longitudinal entre el embarcadero del Nilo y el templo de Luxor, del que está a tan sólo cuatro kilómetros, y ocupa veintiuna hectáreas y media. El edificio es un templo egipcio que sufrió toda una serie de modificaciones durante más de mil años. Cada faraón que subía al trono remodelaba o añadía alguna parte. El material constructivo por excelencia es la piedra, que se utiliza en forma de sillares que se hallan sobrepuestos sin argamasa. Sin embargo, los muros exteriores que rodean el perímetro del templo son de adobe cóncavos y convexos. El hecho de que Egipto es un país con una gran parte del territorio formado por desiertos motiva que la solución constructiva de los techos no sea la bóveda (que habría que construir sobre vigas de madera) sino los techos planos soportados por columnas.

Templo de Amón en Karnak

La estructura alargada longitudinal es similar a la de otros templos egipcios del Imperio Nuevo: una larga avenida (dromos) delimitada longitudinalmente por dos filas, una a cada lado, de animales sagrados (avenida de las esfinges con cabeza de carnero símbolo del dios Amón) que termina en una plaza frente al pilono, que no es más que una alta pared maciza dispuesta en talud y en la que se colocaban dos grandes estandartes. En el Templo de Amón este pilono tiene cuarenta y dos metros y sesenta centímetros de altura, y hacía las veces de pórtico del templo propiamente dicho. Antes del pilono se ubican los obeliscos cubiertos con grabados en escritura jeroglífica que tenían como fin alabar al faraón. El pilono actuaba como puerta de entrada a un patio abierto en el que había una gran cantidad de columnas y que era llamado sala hípetra. En esta sala del Templo de Amón se encuentra el templete o pabellón de Taharka, que hacía de límite para el acceso del público general.

En la entrada de cada sala hay un pilono diferente. En la parte norte del segundo pilono del templo se encuentra una representación de la barca sagrada de Amón. Siguiendo hacia delante había una puerta camufl hipóstilaada por la que sólo la familia real y los sacerdotes podían entrar, esta puerta daba acceso a la sala hipóstila, que tiene ciento dos metros de largo por cincuenta y tres de ancho. Esta habitación era aún más oscura que la sala hípetra gracias al techo plano soportado por ciento veintidós columnas y a la existencia de unos bloques de piedra calcárea en forma de celosía que cerraban los espacios entre columnas bajas y filtraban la luz del sol. Las doce columnas que delimitan el pasillo central tienen una altura de veintitrés metros y un diámetro de tres metros y sesenta centímetros. A los dos lados hay siete filas de nueve columnas cada una.

Adentrándonos más en el templo encontramos el santuario o náos, donde sólo el faraón y el gran sacerdote podían permanecer. En esta sala, prácticamente a oscuras, se encontraba la estatua del dios Amón, a la que se bañaba y perfumaba periódicamente. Además, en este templo se produjeron ampliaciones laterales para construir más salas en las que realizar otros rituales. Hay varias capillas-nicho y los patios laterales están ocupados por santuarios dedicados a otros dioses.

Como curiosidad podemos citar que el primer pilono no está terminado, y se puede ver la rampa por la que se subían los bloques en la parte posterior derecha del mismo.

Iconografía. La historia de las imágenes del Templo de Amón
En el Templo de Amón, como en el arte egipcio en general, las imágenes están cargadas de simbolismo. Desde antes de entrar al templo ya se nos está indicando a quién está dedicado éste, pues las efigies de carnero son el símbolo del dios Amón. Además, los obeliscos están tallados con alabanzas al faraón en escritura jeroglífica. En el centro del pilono exterior encontramos una abertura que se convierte en puerta y simboliza la unión entre el Alto y el Bajo Egipto, las montañas por las que sale el sol y la fortaleza que protege al dios contra las fuerzas maléficas.

Si seguimos adentrándonos en el templo podremos ver en la parte norte de segundo pilono un altorrelieve que representa la barca sagrada en la que Amón va en procesión hasta Luxor en la festividad de año nuevo, mientras en la parte sur hay un bajorrelieve de la misma barca haciendo el camino de regreso. Los matices en la intensidad de la luz de las diferentes salas son también dignos de mención en este punto, pues también contribuyen al simbolismo del templo, pero por considerarlas más culturales vamos a centrarnos en ello en el punto Iconología.

Tanto las columnas (con capiteles en forma de papiro y de loto cerrado o abierto) como los muros de la sala hipóstila están decorados con relieves en los que podemos ver escenas de la vida cotidiana, recordatorios de victorias de las distintas dinastías y de ceremonias religiosas.

Obelisco de Amón en Karnak

Iconología. Historia de las ideas representadas en el Templo de Amón
En el Templo de Amón, como en casi todos los templos egipcios, la iluminación natural era utilizada a conveniencia en las distintas salas del edificio para simbolizar el diferente grado de acercamiento al dios de los sacerdotes y el faraón con respecto al pueblo llano. Por eso la sala hípetra, una especie de patio al aire libre, era un primer acercamiento a la divinidad con acceso permitido a todos los fieles, a los que se supone un bajo conocimiento de los misterios del dios, lo que conlleva un nivel de comunión con él prácticamente nulo.

En la sala hipóstila tenemos una semipenumbra creada a partir de celosías con bloques de piedra calcárea apoyados sobre columnas bajas que, junto al techo plano, hacen que la luz del sol penetre difícilmente. Esta sala estaba restringida a la familia del faraón y los sacerdotes, a los que se les presupone una mayor intimidad con el dios Amón.

Siguiendo esta idea, en el náos sólo podía penetrar el faraón y el sumo sacerdote, pues en esta sala se veneraba la estatua del dios Amón y se entendía que la comunión con él era total, por tanto, la iluminación no era necesaria porque el propio dios facultaba al faraón (mediador entre el dios y los hombres) y al sumo sacerdote para poder estar en su presencia sin necesitar luz, ni natural ni artificial. Por tanto, cuanto más cerca se estaba del dios, menos luz se requería y menos personas eran las llamadas a acercarse.

La barca sagrada de Amón tallada en el segundo pilono del templo representa la peregrinación que realizaba éste a Luxor cada vez que se celebraba la festividad de año nuevo para asegurar las crecidas del Nilo y la abundancia de las cosechas y los animales y, de esta manera, propiciar un buen año.

Las escenas de la vida diaria y las celebraciones religiosas están en consonancia con la idea de asimilar el templo al mundo, por eso la recreación de este tipo de situaciones en los relieves podría aumentar la sensación de estar en una miniatura del mundo real. Los muros exteriores de adobe son cóncavos y convexos para simbolizar las aguas del Nun, donde los egipcios consideraban que había nacido la vida.

b) Valoración histórica de la obra
Historia
Parece ser que el faraón Seti I ordenó construir la zona norte del templo, mientras su hijo y sucesor, Ramsés II, hizo lo propio con la zona sur. Aún así, como ya hemos comentado anteriormente, la construcción y remodelación del templo no terminó hasta 1200 años después, por lo que se calcula que unos treinta faraones tuvieron algo que decir en este edificio. Gracias a la inmutabilidad del arte egipcio se pudo llevar a cabo esta empresa durante tantos años sin apreciar variaciones excesivas en la arquitectura del templo.

Documentos y fuentes
Diodoro de Sicilia (o Sículo), historiador griego del siglo I ane hace referencia en su obra al Templo de Amón en Tebas. Lo había visitado cuando estuvo en Egipto, entre el año 60 y el 56 a.C.

Relaciones de semejanza y diferencia

El Templo de Amón es un ejemplo de la arquitectura religiosa egipcia del Imperio Nuevo, por lo tanto, tiene gran semejanza con la mayoría de los templos erigidos en este período.
En contrapartida, al haber estado en construcción tanto siglos posee una distribución y una estructura general bastante diferente a la de otros templos más pequeños, lo que contribuye a añadirle un carácter único.

Factores históricos
El templo es la morada del dios Amón, que significa el oculto, y como tal simboliza el lugar desde el que el dios ejerce su acción creadora y es una representación simbólica del mundo: techos planos como el cielo, columnas con forma de plantas de papiro y loto, etc.; pero también es el lugar en el que el faraón realiza las ofrendas y los rituales destinados a obtener el favor del dios, pues hemos de tener en cuenta que el faraón es el intermediario entre dioses y hombres.

Como para los egipcios sus dioses crean y regulan la vida de los hombres, el templo se convierte en una especie de centro de poder: hace falta dinero y manos de obra para construir y modificarlo, pero también para llevar a cabo las ofrendas y los rituales.

Factores ideológicos
Para los egipcios el faraón era el hijo directo de los dioses, puesto que estos eran los responsables de fecundar a sus esposas. Como hijo de dioses era considerado otra divinidad más y, así, se esperaba de él que intercediera por los hombres ante sus iguales, los dioses.
Tenían también la creencia de que los dioses eran creadores y reguladores del mundo, por lo que había que buscar su favor para conseguir buenas cosechas, animales fecundos, etc. De esto se encargaban los sacerdotes y, en última instancia y en ocasiones señaladas, el faraón, cuya intimidad con los dioses era extrema.

Por otra parte, es de destacar que no se conocen los nombres de los artistas que realizaron ni monumentos ni obras de arte, pues son los faraones que encargaban a los artistas las obras los que han quedado en el recuerdo.

Nota aclaratoria: este post es un trabajo realizado por mí como parte de la PEC1 de Historia del Arte Universal para la UOC en octubre del 2010.

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