Tartesos y Turdetania

Tartesos era el nombre con el que los griegos conocían a la primera civilización de Occidente. Heredera de la cultura megalítica andaluza, que se desarrolló en el triángulo formado por las actuales provincias de Huelva, Sevilla y San Fernando (Cádiz), en la costa suroeste de la Península Ibérica, y que tuvo por eje el río Tartessos, que los romanos llamaron luego Betis y los árabes Guadalquivir. Los tartesos pueden haber desarrollado una lengua y escritura distinta a la de los pueblos vecinos, con influencias culturales de egipcios y fenicios.

No es cierto que haya existido una ciudad con este nombre, dado que aún no se ha encontrado su ubicación, aunque estén perfectamente documentados otros poblados a lo largo del valle del Guadalquivir, el territorio de la expansión de la civilización de Tartessos. Su probable capital tal vez fuera Turpa, en el lugar que hoy ocupa el puerto de Santa María, en la desembocadura del Guadalete, de cuya raíz “tr” saldrían todas las formas de Tartessos. Probablemente, la ciudad y la civilización ya existían antes de 1000 a. C., dedicadas al comercio, la metalurgia y la pesca. La posterior llegada de los fenicios y su establecimiento en Gadir (actual Cádiz), tal vez haya estimulado el imperialismo sobre las tierras y ciudades a su alrededor, intensificando la exportación de las minas de cobre y plata, así como la navegación hasta las islas Casitérides (Islas Británicas o más concretamente en las islas de Sicilia), de donde se importaba el estaño necesario para la producción de bronce.

Su forma de gobierno era la monarquía, y tenían leyes escritas en tablas de bronce. En el siglo VI a. C., Tartessos desaparece abruptamente de la historia, seguramente barrida por Cartago que, después de la batalla de Alalia, le hizo pagar así su alianza con los griegos. Otros dicen que fue refundada, en condiciones poco claras, con el nombre de Carpia. Los romanos llamaron a la amplia Bahía de Cádiz Tartessius Sinus, pero el reino ya no existía más.

Cuando el viajero Pausanias visitó Grecia en el siglo II a. C. vio dos cámaras en un santuario de Olimpia, que la gente de Elis afirmaba, estaban realizadas con bronce tartesio.

“Dicen que Tartessos es un río en la tierra de los Iberos, al llegar al mar por dos desembocaduras y que entre estos dos lugares se encuentra una ciudad de ese mismo nombre. El río, que es el más largo de la Iberia, en días más recientes es conocido como Betis, y hay algunos que piensan que Tartessos fue el nombre antiguo de Carpia, una ciudad de los Iberos”.

El nombre de Carpia sobrevive en un lugar en uno de los meandros del Guadalquivir. De todas formas, el nombre fue asociado a su monumento más característico, una torre morisca construida en 1325 por el constructor responsable del Alcázar de Sevilla.

Los Turdetanos fueron un pueblo ibero de la Hispania bética, que habitaba la Turdetania, región al este del río Guadiana y junto al curso medio e inferior del río Guadalquivir, del Algarve, en Portugal; hasta las Sierra Morena, coincidiendo con los territorios de la antigua civilización de Tartessos.

Tos tartesos había tenido una gran influencia griega, que supuestamente condujo a la desaparición de su monarquía a manos de los feno-púnicos, como venganza por su apoyo a los focenses tras la Batalla de Alalia en el siglo VI a. C. De esta desaparición surgió una nueva civilización que, descendiente de los tartesos, se adaptó a las nuevas condiciones geo-políticas de su época.

Perdida la conexión comercial y cultural que Tartessos mantenía con los griegos, la Turdetania quedó bajo la influencia cartaginesa, aunque desarrolló una evolución propia de la cultura anterior, de modo que la población turdetana se sabía descendiente de los antiguos tartesios, y a la llegada de los romanos, aún mantenía señas de identidad propias.

Descendientes históricos de los tartesos, tenían una personalidad propia dentro de la cultura de los íberos. Esta se caracterizaba por un tipo de cerámica, pintada y con decoración geométrica y escultura animalística que en la época romana se continuó con figuración humana.

A la caída de Tartessos, el poder monárquico se disgregó y surgieron pequeños reyes. Es difícil seguir a esta monarquía hasta la llegada de Roma, pero se sabe que hubo diferentes alianzas entre ciudades.

Parece ser que existía una vida urbana importante en este pueblo, viendo la gran cantidad de ciudades que contenía, más que en ningún otro pueblo prerromano de la península.

Hay evidencias de la existencia no de esclavos, sino de una servidumbre comunitaria, explotados por una clase dominante. Es posible que estos siervos se dedicaran a las tareas agrícolas y mineras. El poder político estaba basado en el poder militar, en ejércitos de mercenarios, según algunas referencias.

 

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