Segunda república española

El día 14 de abril de 1931, dos días después de las elecciones municipales que dieron la mayoría a la coalición contraria a la monarquía, España inauguró su Segunda República. La primera duraría sólo tres años y desembocaría, años más tarde, en una espantosa guerra civil.

En el año anterior, el general Miguel Primo de Rivera, abandonado por los altos mandos militares y por el rey, renuncia y abandona el país. Sin un líder político, España vive una crisis política en cuanto a los efectos que se originen a partir del quiebre económico de Wall Street.

El 17 de agosto de 1930, los anti-realistas de todos los tipos – sindicalistas, autonomistas catalanes, socialistas y comunistas – firman el Pacto de San Sebastián, que tenía por objeto la constitución de una república. Esta alianza gana las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 en 41 de las 50 capitales de provincia.

Las elecciones se producen en medio de un ambiente de gran violencia. En el campo, el alboroto popular hace numerosas víctimas, en su mayoría miembros del clero católico. El rey Alfonso XIII entra en pánico con las masas sublevadas y anti-clericales. Días después, sería considerado como una persona desautorizada por el resultado de las urnas y, ese mismo ao abandonaría el país.

El comandante de la Guardia Civil, el general José Sanjurjo, invita a los dirigentes republicanos a proclamar la República. De forma un tanto incongruente, se puso fin a la Constitución de 1876.

Con el surgimiento de la Segunda República, los odios y rivalidades se intensificaron. A la derecha estaban los monárquicos, carlistas, católicos tradicionalistas y los nostálgicos amantes de la dictadura de Primo de Rivera. A la izquierda figuraban los republicanos, socialistas, comunistas y anarquistas.

Las elecciones legislativas de junio de 1931, confirmaron el éxito de los republicanos, que alcanzaron una mayoría de izquierda en la Asamblea Nacional de las Cortes.

Un profesor universitario de izquierda, Manuel Azaña, se convirtió en el jefe de gobierno. Reformó el ejército y preparó la separación entre la Iglesia y el Estado; llegando a suprimir precipitadamente la enseñanza católico sin tener personal para reemplazarlo. Nacionalizando, así mismo, iglesias y edificios religiosos.

El pueblo trajo la segunda república española

El pueblo trajo la segunda república española

Para caracterizar su política, Azaña propuso un lema imprudente, propio para desatar pasiones: “España ha dejado de ser católica”. Pronto, sus medidas fueron acompañadas en muchas regiones, especialmente en Cataluña, provocando enfrentamientos sangrientos, donde los padres católicos eran asesinados, y los conventos e iglesias eran incendiados. Estos dramas, que dividieron el país, no se presentaron aislados. En la misma época, en México, fieles y sacerdotes fueron perseguidos por el gobierno y, en la Unión Soviética, Stalin lanzó la consigna “Década sin Dios”.

Decididamente la izquierda revolucionaria extendió el sufragio universal a los soldados y a las mujeres. Firma del estatuto de autonomía de Cataluña, que constituye la concreción de los fueros (privilegios) concedidos a los catalanes y a los vascos en el siglo XIX, se lanzó, también, una gran reforma agraria el 15 de septiembre de 1932, expropriando inmensas propiedades mal cultivadas de Andalucía.

Sin embargo, las reformas tardaron en aplicarse por falta de medios y de la oposición de una parte creciente de la población.

El general Sanjurjo, tomó partido contra el gobierno socialista; por lo que intentó sublevar a la guarnición de Sevilla el 10 de agosto de 1932, aunque fracasando estrepitosamente. Condenado a muerte, pero indultado posteriormente, se refugió en Portugal.

La derecha parlamentaria organizó una coalición electoral, la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), bajo la égida de José María Gil Robles. En 1933, el hijo del ex-dictador Primo de Rivera crea un partido nacionalista, basado en el modelo fascista italiano, la Falange española. Otro movimiento de tipo fascista – anticapitalista, antimarxista, antiliberal se desarrolla en paralelo bajo el nombre de JONS (Juntas de la Oposición Nacional-Sindicalista).

El gobierno de Azaña, tímido en las reformas, llegó a masacrar a los trabajadores agrícolas de Andalucía en la revuelta contra los grandes propietarios. Con la victoria de la coalición de centro-derecha, liderada por la CEDA en las elecciones legislativas de noviembre de 1933, cae el gobierno. Sin embargo, el presidente de la República se niega a conducir al líder de la CEDA, Gil Robles, a la jefatura del gobierno.

Lo que sigue es una sucesión de gobiernos dirigidos por Alejandro Lerroux García, que pone fin a la ola de reformas, pero quien termina destruyendo su imagen por la corrupción.

En las elecciones legislativas llevadas a cabo el 16 de febrero de 1936, la izquierda retoma el poder con la victoria del Frente Popular, una coalición de partidos de izquierda. Lo que ocurre es que, con el 49,5% de los sufragios, el Frente Popular conquista 5/6 de las sillas parlamentaria; hecho que desembocaría, finalmente, en la Guerra Civil Española.

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