Resumen de El mensajero de los astros de Galileo Galilei

Esta obra muy breve, con apenas 24 páginas, se publicó en 1610 con el título latino de Sidereus Nuncius. Galileo, quien pagó la impresión de su propio bolsillo, la inicia con una dedicatoria a Cosme de Medici, Gran Duque de Toscana, de quien esperaba obtener protección y apoyo económico.

En la introducción menciona cómo, con ayuda de su telescopio, había podido ver por primera vez detalles de Júpiter, Marte, Mercurio y varias otras estrellas, y termina informando al duque sobre su decisión de bautizar a los satélites de Júpiter, que acababa de ver por primera vez en la historia, con el nombre de planetas mediceos. Termina la dedicatoria con la nota de que envía una copia al duque acompañada por el mismo telescopio en que realizó todas las observaciones que describe.

En este libro, Galileo explica cómo, gracias a su telescopio, había podido observar detalles nunca antes vistos de la superficie lunar, la Vía Láctea, diversas estrellas y cuatro satélites de Júpiter desconocidos hasta ese momento. Empieza por describir su telescopio y las leyes ópticas que permiten amplificar los objetos con dos lentes separadas, el ocular y la lente de afocamiento, ambas colocadas en los extremos de un tubo.

Hablar de sus observaciones sobre la Luna, con una ampliación de 30 veces, la cual se encuentra cubierta con una superficie áspera e irregular, a la que Galileo compara con la superficie terrestre, llena de montañas, abismos y sinuosidades. Calcula las dimensiones del satélite y su distancia del Sol y la Tierra, y hace diversas observaciones y dibujos sobre las fases de la Luna.

Galileo

Galileo

Describe después de varias constelaciones: Orion, las Pléyades y la nebulosa del Príncipe, en las cuales observa muchas más estrellas de las que habían sido descritas por cualquier otro astrónomo. Continúa hablando sobre la Vía Láctea, demostrando concluyentemente que no es una masa sólida, sino un conjunto de innumerables estrellas, y pasa luego a describir cómo descubrió un grupo de cuatro astros cercanos a Júpiter (al cual en todo momento llama «la estrella»), a los cuales bautiza como planetas mediceos, describiendo con detalle el proceso de observación que lo llevó a concluir que estos astros son satélites que giran en torno al planeta, del mismo modo que la Luna gira en torno a la Tierra.

Termina su libro con una reflexión en torno a la teoría heliocéntrica de Copérnico. Afirma contar con un argumento notable para hacer desaparecer los escrúpulos de aquellos que dudan que la Tierra y los otros planetas giran en torno al Sol. Al parecer, antes de Galileo, la aparente discrepancia del movimiento de la Luna, hacía dudar si los otros planetas en verdad giraban en torno al Sol, o lo hacían todos en torno a la Tierra. Para Galileo, la evidencia de los satélites de Júpiter comprueba que, aunque algunos cuerpos celestes pueden girar en torno a otros, eso no impide que todos giren en torno al Sol, como el propio Júpiter lo hace en una órbita de 12 años de duración.

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