¿Quienes fueron los moros?

Los moros son considerados como los pueblos instalados en la región de la Península Ibérica durante la Edad Media. Los más conocidos eran los árabes y los bereberes, pero había otros. Este término ha sido empleado de manera especial en lo que se refiere a los que se encontraban en zonas cristianas por motivo de la cautividad de guerra o de representación de los territorios. En principio, los moros eran aniquilados por los pueblos que los conquistaban. Sin embargo, después del siglo IX, pasaron a ser afectados de otras formas, algunos, para ser utilizados en el trabajo esclavo, con mayor concentración en España.

No obstante, en algunas regiones de la Península Ibérica, los moros vivían bajo la protección de la monarquía, siendo beneficiados con diversas medidas a su favor. De esta forma, con el pasar de los años, comienza a establecerse una convivencia entre los moros y los cristianos. Sin embargo, los moros tenían una vivienda separada del resto de la población. En ese momento, comenzaron a ser llamados como mudéjares y formaron una región de gran importancia en la sociedad española en el fin de la Edad Media. Los moros que no aceptaron el bautismo fueron expulsados tanto de España como de Portugal; mientras que, los que se quedaron, después de ser bautizados, obtuvieron el nombre de moriscos, y pese a su conversión, no contaban con los mismos derechos que los españoles cristianos.

A pesar de que, aparentemente, decidieron seguir el cristianismo, los moriscos, ocultos, mantuvieron muchos de sus hábitos y rituales tradicionales como la celebración del Ramadán, los baños y la circuncisión. Pero, estas manifestaciones acababan siendo percibidas por los españoles. Así, en el año de 1609, hubo una expulsión masiva de los moriscos que continuaban con las prácticas prohibidas.

Una vez que los moriscos fueron expulsados del territorio español, la economía del país demostró una gran caída. Esto ocurrió, puesto que los moriscos, a pesar de mantener diversas diferencias religiosas con los españoles, representaban una porción de la población con habilidades para la artesanía y eran excelentes agricultores, pues aplicaban técnicas aprendidas en varias generaciones anteriores.

Al sentir el peso de la expulsión de los moriscos en sus bolsillos, varias parcelas nobles de España iniciaron un proceso para evitar la salida de más moriscos de la Península Ibérica. Sólo que eso no fue suficiente para combatir a los monarcas, que veían en los moriscos un peligro para la unidad de la nación; sobre todo, en relación con las ya mencionadas diferencias en orden religioso. Para la monarquía, los moros y moriscos eran considerados como inadaptados al cristianismo, además de traer “malas influencias”, externas, que perjudicaban la convivencia de los españoles cristianos.

El éxodo de los moriscos se produjo hacia varios países, entre ellos, Turquía, Túnez, Argelia, Italia y Francia. Una nación en la que dejaron grandes rasgos culturales e influencias fue, precisamente en Francia (además, claro, de Portugal y España). De hecho, hoy en día, la presencia de este pueblo puede ser observada en diversos sectores de las sociedades de esta región de Europa.

 

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