Neoplatonismo: características y evolución

El neoplatonismo, cuyo fundador fue Plotino (204-270 d. C.), resume elementos platónicos, aristotélicos y estoicos en una concepción panteísta emanantista de la naturaleza. Panteísta porque todas las cosas se identifican con Dios y emanantista porque también todas proceden de Dios.

Al igual que Platón, Plotino sostiene la existencia de dos mundos: el mundo inteligible y el mundo sensible. El mundo inteligible se identifica con la divinidad que está compuesto por tres sustancias de igual naturaleza divina, tres hipóstasis: el Uno, la Inteligencia y el Alma del Mundo.

El mundo sensible se identifica con la naturaleza en el neoplatonismo, formada por seres corpóreos. La naturaleza procede indirectamente del Uno: del Uno emana la Inteligencia; de ésta, el Alma del mundo, y del Alma, los seres. De esta manera, el Uno es el principio de todo ser, aún cuando no se puede conocer, sólo intuir.

El universo, al proceder del Uno, es una unidad viviente en la que se da la simpatía universal de todas las cosas, es decir, la armonía entre todas ellas. Los seres corpóreos están compuestos de materia y forma en el neoplatonismo. La forma es imperfecta puesto que es la última en la emanación a partir del Uno. Más imperfecta aún es la materia, que es el no ser, el fundamento del mal.

Información sobre cómo se pasa de Platón al neoplatonismo
Información sobre cómo se pasa de Platón al neoplatonismo

Características y evolución del neoplatonismo

Uno de los movimientos filosóficos más significativos de la antigüedad fue el neoplatonismo, así llamado por beber en la fuente de la teoría platónica.

En realidad, sólo en los días actuales los investigadores añadieron el prefijo neo, para marcar una diferencia con las dos cadenas, que, a pesar de las apariencias, eran muy distintas una de la otra. Es decir, neoplatonismo es un término relativamente nuevo.

El filósofo más importante de esta escuela fue Plotino, que se formó en Alejandría – centro urbano que era entonces el escenario de la convergencia entre el pensamiento griego y el oriental – y después se trasladó a Roma. Los textos producidos por él fueron luego compilados por su discípulo Porfirio en una obra conocida como las seis Eneas.

A diferencia de Platón, Plotino creía en una especie de monismo idealista. Para él sólo existía Dios o Uno, de donde emana la fuente divina que irradia por toda la creación. Según este filósofo, las sombras no eran más que la carencia de luz, que no podía alcanzarlas; pero no se podía decir que tenían una verdadera existencia.

De esta forma, los neoplásicos rechazaban el concepto del mal, y sólo creían en grados de imperfección, en la carencia de la práctica del bien. Contrariamente a las enseñanzas cristianas, no era necesario cruzar las fronteras de la muerte, avanzar hacia etapas de una vida en la espiritualidad, para conquistar un alma perfecta y feliz. Estas virtudes podían obtenerse mediante el ejercicio constante de la meditación filosófica.

Plotino tenía plena convicción de que la esfera material estaba sumergida en las sombras, pero aún así creía que las formas naturales reflejaban un poco de la Luz del Uno. Junto a Dios están posicionadas las ideas eternas, las formas primitivas de todos los seres. El alma del hombre es uno de los rayos de esta llama que emana de Dios.

Todo, por lo tanto, es permeado por la fuente divina. En los rincones más lejanos del Creador están localizados la tierra, el agua y las piedras. Por otro lado, el interior del alma humana es la esfera más cercana a Dios. Sólo entonces el hombre puede reconectarse con lo Divino e incluso sentirse parte de él.

El monismo del neoplatonismo contrasta con el dualismo de Platón, que distingue entre el universo de las ideas y el de los sentidos. La fusión completa del alma humana con Dios, que puede ser experimentada por algunas personas en ciertos momentos de la existencia, da lugar a lo que se llama experiencia mística, experimentada incluso por Plotino. Esta vivencia reafirma, por tanto, que todo existe en Dios, todo es Dios, la plenitud.

Otros neoplatónicos se destacan, junto a Plotino, entre ellos Porfirio, Proclo, Jámblico, Hipatia de Alejandría, e incluso Agustín de Hipona, antes de su rendición al Catolicismo, religión en la que posteriormente es sagrado como San Agustín. Aunque esta teoría se considera un pilar del paganismo, varios cristianos fueron inspirados por ella, que dejó profundas marcas en la propia teología cristiana. Es en el cristianismo que el Uno es considerado sinónimo de Dios.

En la era medieval, los conceptos desarrollados por los neoplatónicos se insinuaron dentro de la mentalidad de los judíos adeptos de la cábala, que modelaron esta doctrina según sus inclinaciones al monoteísmo. Estas ideas se han infiltrado también entre los filósofos islámicos y sufis en esta misma época. El neoplatonismo encontró refugio en Oriente y luego fue rescatado en la esfera occidental por Plethon y resucitado durante el Renacimiento.

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