Navaja de Occam: ¿qué es? Breve resumen

La navaja de Occam fue formulada por el filósofo medieval Guillermo de Occam, la lex parsimoniae (ley de parsimonia) es un principio, solucionador de problemas, filosófico reduccionista, que permite distinguir entre teorías equivalentes y puede utilizarse como técnica para la formulación de modelos teóricos.

En su formulación más simple, la navaja de Occam dirá que, entre dos teorías con los mismos resultados, que explican o predicen los mismos fenómenos, siempre debemos elegir la teoría más simple.

La navaja de Occam se utiliza a menudo para evitar inflaciones ontológicas innecesarias, cuando se postula una entidad o sustancia, sin que haya pruebas de su existencia, simplemente para permitir la aplicación o la consistencia de una teoría.

A pesar de que la expresión, normalmente atribuida a Occam, «entia non sunt multiplanda praeter necessitatem» (la entidades no deben multiplicarse más allá de la necesidad) no se encuentra literalmente en su obra, otras afirmaciones similares lo son y sirven de base para atribuirle la fundación del concepto, aunque aparece en autores anteriores, entre ellos Juan Duns Scoto, Maimónides e incluso en Aristóteles, en sus análisis posteriores, cuando éste afirma que debemos asumir la superioridad de la explicación que se utiliza de un número menor de postulados o hipótesis, cuando todos los demás elementos son equivalentes (ceteris paribus – otras cosas son iguales).

Antes del siglo XX, se partía de la suposición de que la naturaleza era simple y así la explicación más simple tendría más probabilidades de ser cierta.

Tomás de Aquino sostuvo, en el siglo XIII, que si algo puede hacerse mediante un elemento, sería superfluo hacerlo por medio de varios elementos, ya que la naturaleza sólo emplea los elementos necesarios, nunca más que esto.

Evolución de la navaja de Occam en el siglo XX

Representación de Guillermo de Occam, padre de la navaja de Occam
Representación de Guillermo de Occam, padre de la navaja de Occam. Imagen: from a manuscipt of Ockham’s Summa Logicae, MS Gonville and Caius College, Cambridge, 464/571, fol. 69r}

Con el desarrollo de la ciencia, especialmente a partir del siglo XX, sin embargo, gana popularidad la idea de que los acontecimientos pueden ser más complejos que nuestras mejores teorías suponen y la defensa de la navaja de Occam basada en la suposición de simplicidad de la naturaleza pierde fuerza.

En términos pragmáticos, se entiende que las teorías simples son más fáciles de entender. De este modo, la navaja de Occam simplifica la presentación de teorías y los debates son más prácticos.

Elliot Sober sostuvo que, en términos estrictos, incluso la razón misma puede justificarse rigurosamente y, para establecer un diálogo prometedor, hay que aceptar algunos elementos de antemano, la navaja de Occam es, según él, un buen candidato para realizar la tarea de elegir los elementos a partir de los cuales se iniciará la discusión.

Otra justificación para la navaja de Occam viene de las matemáticas, más específicamente de la ley de probabilidades. Se entiende que cada elemento introducido aumenta la posibilidad de error. Así, si un elemento no aumenta la precisión de una teoría, su único efecto es aumentar la posibilidad de que la teoría sea errónea.

El filósofo Karl Popper, sostuvo que nuestra preferencia por simplicidad puede estar justificada por el criterio de falseabilidad, ya que una teoría más simple sería aplicable a una mayor cantidad de casos, sería más fácil probarla y falsearla que una teoría más compleja.

Por otra parte, Walter Chatton, contemporáneo de Occam, consideró excesivamente minimalista el proceder de Occam y sostuvo que, si las entidades o elementos propuestos no son suficientes para verificar una proposición afirmativa sobre algo, otros elementos deben proponerse hasta que se pueda comprobar.

Entre los filósofos que formularon anti-navajas encontramos todavía a Gottfried Wilhelm Leibniz, Karl Menger e Immanuel Kant.

Con variaciones propias de cada autor, la posición frente a la navaja de Occam es generalmente una defensa de que la variedad de seres no debe reducirse precipitadamente, atribuyendo así una posición precipitada y extremada a Guillermo de Occam.

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