La reestructuración de los espacios industriales

La producción industrial es un proceso complejo y dinámico que cambia cuando evolucionan la tecnología o las preferencias del mercado. El desarrollo de la industria en España presenta una serie de etapas que lo han convertido en un territorio industrial importante, a pesar de contar con escasas empresas multinacionales y un desarrollo tecnológico y científico todavía insuficiente.

Las etapas de la industrialización

España se ha integrado en el mundo industrializado o desarrollado, pero no alcanzó un nivel industrial notable hasta la segunda mitad del siglo XX y, aún hoy en día, perviven rasgos del pasado que influyen en las problemáticas actuales que se han agravado por contexto europeo y global de crisis.

Mapa regiones industriales en España

Mapa regiones industriales en España

Inicio de la industrialización en España

La primera industrialización comenzó en Gran Bretaña a finales del siglo XVIII. España se incorpora tarde y parcialmente debido a los conflictos sociales, políticos y económicos.

Contexto de la primera industrialización.
La clase dominante era la nobleza terrateniente centrada en las rentas agrarias, mientras la artesanía aún era influida por los gremios. El nivel cultural bajo de la población, junto con los escasos recursos económicos, suponían una demanda nula de productos industriales. A todo ello se añadía una situación política convulsa (Guerra de la Independencia, independencia de las colonias americanas, la larga guerra civil carlista, etc.).

El desarrollo de la industria hasta el 1900.
Comienza tímidamente a partir del 1830, gracias a unos pocos empresarios emprendedores ya las inversiones extranjeras (en ferrocarril y minería), así como a los capitales repatriados de las colonias americanas (sobre todo de Cuba y Filipinas). Se trataba de una industria incipiente basada en la energía hidráulica, después en el vapor, al amparo de un proteccionismo muy alto que grababa fuertemente las importaciones. El proceso se localizó en el norte, con dos grandes motores: por un lado, la explotación y el comercio del hierro en Vizcaya y del carbón en Asturias que desarrollaron la industria siderúrgica y la mecánica y, por otro, el éxito de la industria textil catalana, es decir, la del algodón en Barcelona y la de la lana en Sabadell y Terrassa. El capital extranjero ocupaba mano de obra en explotaciones mineras en Sierra Morena, Ciudad Real o Huelva pero no creaba industrias de transformación de mineral, mientras la industria agroalimentaria (molinería, vino, aceite y azúcar de remolacha) estaba atomizada en pequeñas empresas (Andalucía, Castilla y León, Castilla-La-Mancha).

La industria española hasta el 1939

El desarrollo se aceleró durante el primer tercio del siglo XX, gracias al aumento demográfico que proporcionaba mano de obra barata para abundante. Durante la Primera Guerra Mundial los productos textiles y siderúrgicos encontraron un buen mercado entre los países beligerantes, pero, al terminar la gran guerra, la industria entró en recesión coincidiendo con la Gran Depresión que hundió las exportaciones españolas. La guerra civil, por si faltaba algo, supuso un fuerte retroceso por la destrucción de los medios de producción, de industrias y de infraestructuras.

El estancamiento de la industria española (1939-1959)

Después de la Segunda Guerra Mundial, España fue sometida por los vencedores a un aislamiento político y económico que fue contestado, por el régimen dictatorial, con la imposición de una política de autarquía, es decir, de autoabastecimiento y reducción al mínimo los intercambios con el exterior, lo que impidió la modernización tecnológica con la creación de pequeñas industrias para un mercado muy limitado. Durante esta época es produjo la intervención política directa del Estado en el sector industrial, con la creación del INI (Instituto Nacional de Industria) que adquirió licencias y patentes extranjeras para la instalación de grandes industrias de base: energía (ENDESA), siderurgia (ENSIDESA), aeronáutica (CASA), transportes (IBERIA) y de vehículos como la propia SEAT (que dependía de la FIAT, ya que los italianos no renunciaron a cobrarse las deudas de Franco, a pesar de la caída de Mussolini).

España se convierte en un país industrial (1959-1974)

El 1959 fue un año clave, con el Plan de Estabilización se puso fin a la política autárquica y comenzó la liberalización de la economía española que recibió ayudas del gobierno de Estados Unidos (enfrentado al bloque comunista).

El cambio de la política industrial.
Se vivió un gran crecimiento económico e industrial para la eliminación de barreras arancelarias que, además, permitió comprar bienes de equipo, aumentando la productividad industrial y la exportación de industrias de bienes de consumo (calcado, cuero, corcho, mueble, papelera y editorial) y de industrias básicas (caucho para hacer neumáticos, maquinaria, minería y naval). Esta liberalización coincidió con un periodo de gran expansión económica mundial, cuando gran número de multinacionales se instalaron en territorio español aprovechando la mano de obra barata, la escasa especialización y la nula conflictividad laboral debido al control de la dictadura sobre los trabajadores (ni huelgas, ni sindicatos) y la permisividad ante la patronal (sindicatos verticales dominados por el caciquismo). Se hicieron inversiones con capital extranjero estadounidense (40%), de países de la CEE (30%) y suizo (20%) en las industrias principales del momento que fueron las electromagnéticas, químicas, de automóviles, refinerías de petróleo y de diversos productos químicos y farmacéuticos.

La localización industrial hasta el 1975

Las industrias siempre suelen situarse en zonas donde encuentran factores favorables como los sociales (clase empresarial organizada, mano de obra adecuada, barata y poco conflictiva, así como la proximidad a los centros de decisión y de crédito) y los espaciales (proximidad de materias primas y de los mercados, disponibilidad de energía, buenas comunicaciones terrestres, marítimas y aéreas, infraestructuras e industrias complementarias) ya los 70 España lo tenía todo, salvo las autopistas que comenzaron a construirse (AP-7).

Distribución territorial de la industria española.

El modelo tradicional se basó en núcleos poco conectados con fuertes desequilibrios:

• Cataluña: contaba con una clase burguesa capitalista gracias a la agricultura, las manufacturas y el comercio, que invirtió en la producción de hilados y tejidos de lana y algodón para abastecer todo el mercado español. Había que importar, sin embargo, las materias primas, así como el carbón, de otros países, por eso solían concentrarse cerca de los puertos. Posteriormente también fabricaron maquinaria, productos químicos, material ferroviario y automóviles.

• País Vasco: se había formado una clase empresarial industrial gracias a la extracción del hierro que iba a Inglaterra y que, de vuelta, transportaba carbón de coque de gran calidad en barco, factores fundamentales en el desarrollo de la industria siderúrgica en la ría del Nervión, cerca de Bilbao, que dio origen a una importante industria mecánica.

• Asturias: Industria de base de extracción de mineral, sin transformación posterior, por eso en Mieres y La Felguera se desarrolló una siderurgia de capital francés, pero la mala calidad de la hulla asturiana, limitó el crecimiento.

• Madrid: La capital se ha visto siempre favorecida por la proximidad de lugares de decisión, como factor de localización industrial, donde se concentra mano de obra barata y un mercado urbano importante.

• Polvo de desarrollo (1959): Después de la autarquía se fomentó la creación de otros núcleos industriales como Zaragoza, Burgos, Vigo, A Coruña, Sevilla, Granada, aunque no se logró atraer la industria hacia el lugar que no tenían salvo algunas excepciones, como Valladolid (donde se instaló la RENAULT). Se implantó un modelo fordista, con grandes cadenas de montaje, pero el objetivo de acabar con los fuertes desequilibrios territoriales ha fracasado hasta ahora.

La industria española de 1975 a 1985

En 1973 tuvo lugar la crisis del petróleo, cuando la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) acordó reducir la producción y aumentar notablemente el precio del barril, precisamente cuando comenzaba una crisis mundial por la disminución de los beneficios que trajo una alta inflación y un desempleo cada vez más elevado. La necesidad de mano de obra de la industria provocó el aumento de salarios, mientras comenzaba la competencia de los nuevos países industrializados o emergentes y, como la producción se basaba en un gran consumo de energía barata, todo ello conllevó la encarecimiento de los productos industriales y, por tanto, la disminución de ventas.

La crisis industrial en España.
Esta crisis coincidió con otros factores como la deficiente situación industrial y la crisis política del final de la dictadura franquista y la transición democrática en una situación de retraso tecnológico (con consumos excesivos de energía), una estructura poco competitiva y la dependencia económica del exterior. La crisis en España presentó una inflación galopante, una caída de la demanda interior y, por tanto, el cierre de industrias y el paro más elevado de Europa occidental: de 1975 a 1980 se perdió más de 800.000 puestos de trabajo.

La reestructuración de la industria española.
Los primeros años de la década de los ochenta se creó el Instituto de la Pequeña y Mediana Empresa (IMPI), se facilitaron créditos a nuevas empresas y se publicó un decreto de reconversión industrial (1981 ) y una ley de reconversión y reindustrialización (1984). La reconversión de los sectores menos productivos afectó la siderurgia (Altos Hornos de Sagunto) y las industrias derivadas, como los astilleros (Bilbao, Vigo Ferrol) o los automóviles (reconversión de la SEAT).

También se eliminaron las empresas con demanda insuficiente como las de electrodomésticos de marca blanca (General Eléctrica Española) o muchas textiles (en Cataluña) y de calzado (Segarra en La Vall d’Uixó y muchas de Elda, el gran centro productivo de calzado en Alicante) por la competencia de los NPI (nuevos países industrializados). También se ensayaron nuevas fuentes de energía, para reducir el gasto en petróleo, como el fomento de la explotación del carbón, aumentando la capacidad de hidroeléctricas y térmicas. En el aspecto social, desde los pactos de la Moncloa del gobierno Suárez (UCD) se había suavizado la presión sindical para llevar a buen término la transición hacia la democracia, pero la reconversión industrial fue fuertemente contestada (incluso con la primera huelga general de la democracia, en tiempos del PSOE de Felipe González), a pesar de algunos aspectos positivos como las jubilaciones anticipadas que se pactaron o la creación de las ZUR (zonas de urgente reindustrialización) en Sagunto, por ejemplo, y sobre todo en Galicia, Asturias, País Vasco, Cataluña, Andalucía, Madrid. También se concedieron ventajas fiscales a las empresas que se trasladaban, con el objetivo de potenciar el sector industriales más competitivos. No obstante, estas medidas acabaron de consolidar las áreas industriales ya existentes y, por tanto, los desequilibrios territoriales.

Densidad industrial en España

Densidad industrial en España

El modelo actual de desarrollo industrial

La crisis de los setenta también coincidió con la revolución tecnológica e informática, entrando en una nueva etapa llamada postindustrial, informacional y, incluso, tercera revolución industrial, ya que ha generado nuevos modelos de empresas con una importancia creciente de las NNTT (nuevas tecnologías ) y de las TIC (tecnologías de la información y la comunicación), así como de la investigación, el desarrollo y la innovación (I + D + i).

La dimensión y la localización de las empresas

Las empresas internacionales tienen unos objetivos claros: aumento del índice de producción, mantenimiento de la competitividad en un mundo de intercambios globalizados y ofrecer productos de última generación. Para conseguirlo, se forman redes de empresas medianas atentas a los cambios en tecnología punta (I + D) donde se requiere mucho inversión. Con la globalización, por tanto, han surgido nuevos factores de localización: proximidad a los centros de alta tecnología, existencia de comunicaciones eficientes e infraestructuras de telecomunicaciones, priorizando el bajo coste laboral que, muchas veces, conlleva la deslocalización o traslado de las fábricas en países menos desarrollados donde disponen de mano de obra muy barata y poco conflictiva (como la España de 1960!).

El cambio tecnológico y científico

Los primeros cambios vinieron después de la Segunda Guerra Mundial, como el transistor, los circuitos integrados (chips) y los microprocesadores o computadoras de primera generación miniaturizadas. Pero hasta la década de los setenta no tuvieron mucha difusión. Las NNTT y la telemática han supuesto el nacimiento un nuevo sector industrial, con la introducción de materiales novedosos como la fibra óptica que han desarrollado la microelectrónica y las TIC, provocando una auténtica revolución en los sistemas de producción industrial: automatización de procesos (robots), control de la empresa desde cualquier lugar del mundo, detección instantánea de la demanda para reajustar la producción, fragmentación de los procesos productivos y dispersión geográfica, comunicación en tiempo real entre los establecimientos, las factorías y la sede central de la empresa, etc.

La empresa industrial y la Planificación

Las NNTT permiten los flujos materiales (de mercancías y personas) y los inmateriales (de capital e información) para las redes densas y complejas que abarcan prácticamente todo el mundo. Se dispone de infinidad de datos para poder planificar y tomar decisiones (donde hay que invertir, cómo) y centros de estudio que reúnen investigadores y empresas de tecnología avanzada en parques tecnológicos (en polígonos industriales en el borde de las universidades) donde crean procesos innovadores y nuevos productos.

Los cambios en la contratación laboral

La industria que necesita mano de obra poco especializada y abundante se deslocaliza hacia los países emergentes o en vías de desarrollo donde consiguen ventajas fiscales porque casi no hay derechos laborales y los salarios son muy bajos: esto pone en peligro las conquistas sociales del Estado del Bienestar. Al disminuir los costes laborales se invierte en tecnología avanzada consolidando la tendencia de las actividades industriales a terciarizarse.

La organización de la empresa y de la producción

El capital se internacionaliza y se concentra por medio de la fusión que aporta densos entramados de grandes empresas que tienen la primacía del beneficio privado como motor del funcionamiento empresarial. Fruto de esta globalización es la adaptación de los sistemas de producción y diversificación de productos.

La fragmentación y la dispersión de la producción.
El proceso de producción se fragmenta: reducción de las dimensiones del establecimiento para evitar la concentración de la producción y de los obreros, empresas multiplanta, producción globalizada, deslocalización, externalización de parte de la producción, subcontratación, flexibilidad empresarial y, por tanto, de los contratos de trabajo.

La diversificación de los productos.
Hay grandes empresas que venden productos estandarizados, fabricados en serie para consumo masivo mediante fuertes campañas publicitarias, mientras otros practique la Producción flexible, es decir, teniendo en cuenta los flujos de la demanda, ya que disponen de un centro de maquinaria que puede cambiar el producto a fabricar, sólo reprogramando el ordenador, para evitar los stocks invendibles y el almacenamiento.

La industria española y la Unión Europea

La entrada en la Comunidad Económica Europea, en 1986, representa el fin del proteccionismo y la apertura del mercado a la competencia exterior mediante una dolorosa reconversión industrial y el cierre de industrias no competitivas.

Áreas industriales desarrolladas en España

Áreas industriales desarrolladas en España

La integración de España en la CEE

Al tiempo de la entrada en la CEE, las regiones industrializadas de España presentaban una falta de modernización muy notable, un bajo nivel de innovación, deficiencias serias en las infraestructuras y problemas medioambientales graves. Europa fue un elemento dinamizador de la economía española, gracias a los recursos comunitarios que integraron España en los proyectos de investigación para mejorar las cuotas de mercado interno y externo. El liberalismo económico impuesto por las instituciones europeas significó la privatización progresiva de las empresas públicas creadas por el INI (desapareció en 1995), mientras las empresas estatales invendibles pasaron a formar parte de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI).

Las políticas medioambientales y la actividad industrial.
La Unión Europea exige a los Estados miembros el control de la contaminación y de las emisiones de CO2, promueve la evaluación de impactos medioambientales, las tecnologías limpias (industria verde) y propone auditorías y operaciones de rehabilitación del medio ambiente. La industria española sigue siendo muy contaminante, con altas emisiones de CO2 debido a la combustión del carbón (siderúrgicas y termoeléctricas).

Las directrices industriales de la Unión Europea en el actualitad

La industria europea tiene problemas preocupantes, mientras se deslocalizan tanto empresas tradicionales como las de alta tecnología. Para revertir esta situación y volver al dinamismo industrial europeo se debe aumentar la productividad de forma continuada y sostenible, se deben conseguir profesionales (tanto trabajadores como empresarios) mucho mejor preparados, se debe invertir más en I + D para conseguir más patentes europeas, más industrias de alta tecnología en territorio europeo, facilitar la deslocalización interna hacia los nuevos países de la UE para la desindustrialización europea, etc. por ello sería recomendable simplificar la reglamentación y la disparidad de tratamientos fiscales, concediendo más ventajas de financiación a nuevas empresas y fomentar la cooperación tecnológica.

Industria y contaminación

Industria y contaminación

El tejido industrial español

De un modelo nuclear en un tejido industrial más difuso e interconectado

El modelo industrial español se caracteriza por la importancia del tejido industrial previo, basado en núcleos aislados entre sí, que poco a poco ha creado ejes industriales que se unen y creciendo formando áreas metropolitanas industriales (Madrid y Barcelona) que garantizan la existencia de infraestructuras básicas. Las sedes sociales y de gestión de las empresas se ubican en las áreas centrales de las ciudades, con servicios estratégicos. También es importante que las áreas industrial tengan cerca industrias auxiliares y complementarias que constituyen un espacio urbano difuso (polígonos industriales, naves de almacenamiento y de redistribución) que, a la larga, provoca el proceso contrario, es decir, el de dispersión (por el aumento del precio del suelo y la aglomeración) cuando algunas industrias abandonan el espacio urbano y se instalan a lo largo de ejes de comunicación para estar mejor comunicadas con los mercados y mantener el acceso a la ciudad central.

La localización industrial y los desequilibrios Territoriales

El crecimiento industrial densifica los ejes de desarrollo junto a autopistas y autovías, destacando el Eje Mediterráneo y el Valle del Ebro que trazan sobre el territorio la famosa Y (griega) que concentra más del 50% del volumen total del negocio industrial, además del área de Madrid:

• Eje del Mediterráneo: Región de Murcia, Comunidad Valenciana y Cataluña que se prolonga hacia Franca y se conecta con el Eje Mediterráneo que llega hasta los Norte de Italia y, por el valle del Ródano, enlaza con la gran dorsal europea, resultando el eje con mayor densidad en el tráfico de mercancías y pasajeros de todo el Estado -a pesar de las deficiencias de todo tipo que aún presentaban tanto por carretera, ferrocarril, como por mar, ya que es la puerta natural que nos enlaza con Europa.

• Eje del valle del Ebro: Itinerario donde se sitúan los industrias que conectan el área catalana con la vasca, mediante los núcleos o nodos de Zaragoza y Logroño, aunque también tiende a vincularse, por Guadalajara, con el área industrial de Madrid.

• Área industrial de Madrid: Aporta un 10% del total y se encuentra muy desarrollada, ya que por su centralidad atrae sectores de alta tecnología (aeronáutica) y capital extranjero.

El resto de España presenta una industrialización notablemente inferior: en Andalucía: las empresas se concentran en la zona occidental (Sevilla, Cádiz, Huelva), la cornisa cantábrica y Galicia aporta la siderurgia y productos metálicos, sectores actualmente en crisis, la zona central (Valladolid, Burgos) se encuentra poco industrializada, mientras las Islas Baleares y Canarias se han industrializado muy poco y sólo encontramos industria extractiva y de la energía (petróleo), así como del agua por razones de abastecimiento.

Los sectores industriales en España

La producción industrial presenta diferencias notables según los sectores:

Los sectores industriales maduros.
Son los de intensidad tecnológica baja y escasa demanda como la metalurgia, los productos minerales no metálicos y los metálicos tienen un peso decisivo en el País Vasco y Asturias. También la rama alimenticia (comidas precocinadas, bebida y tabaco) ha reducido su peso en los últimos años, con empresas en Castilla – León, Extremadura, Castilla – La Mancha y también en Cataluña y Valencia. Así como las textiles, confección, cuero y calzado que han pegado un retroceso en casi todas las autonomías, tanto las marcas blancas como las de prestigio (el calzado de Elda en Alicante, por ejemplo) para la competencia de los países emergentes (China, sobre todo).

Los sectores dinámicos.
Son aquellos de una intensidad tecnológica media, pero con buenas perspectivas de mercado, tales como el sector químico (Cataluña), el refinado de petróleo (BP Oil en el Grao de Castellón), plástico, pasta de madera, fibras sintéticas, productos farmacéuticos. También destaca el sector del automóvil que, por la crisis, pasa por una fase de recesión.

Los sectores punteros.
Se trata de un sector muy localizado en Madrid, Cataluña, Valencia, Andalucía y el País Vasco que incluye tecnologías de la información, la automatización, y la biotecnología, con una fuerte dependencia del exterior (inversiones) por un nivel insuficiente de inversiones del Estado en I + D que la crisis ha situado en los niveles más bajos desde la entrada en la UE A pesar de tratarse de un sector de alta tecnología y demanda creciente, el peso en España sigue siendo muy inferior al de otros estados europeos.

Situación actual de la industria española

Con la entrada en la CEE, se inició la modernización productiva hasta 1990 – 1993, siendo el sector más productivo (moderación salarial, flexibilidad contratación) ya que la economía crecía por encima de la media europea. Más adelante, como ocurre en todos los países desarrollados cuando llegan a un nivel de renta suficiente, la industria fue perdiendo protagonismo debido a la terciarización. Actualmente, debido a la desaceleración producida a partir de 2007 por la crisis financiera de los Estados Unidos que contamina la economía europea, y debido al estallido interno de la burbuja inmobiliaria donde había un número excesivo de trabajadores dedicados a la construcción, España ha quedado sin suficiente tejido productivo y las empresas que se mantienen han visto como bajaban los pedidos y aumentaban los stocks almacenados y, por tanto, tenían que disminuir el número de trabajadores: en los últimos 6 años, España ha rompiendo todos los récord de paro.

Retos de la industria española.
Aparte de la crisis económica, la industria española presenta varios problemas estructurales que son los siguientes: escaso número de grandes empresas con predominio de las medianas y pequeñas que no permiten hacer economías de escala, ni grandes gastos en NNTT, productividad industrial baja, nivel bajo de intensidad tecnológica con un porcentaje insuficiente en I + D (que se ha reducido últimamente), balanza tecnológica deficitaria y costes elevados en el transporte de mercancías por una red ferroviaria obsoleta (radial, de ancho ibérico y con muchos tramos sin desdoblar). También se propone la mejora de la formación profesional, tanto de los trabajadores como de los empresarios.

Consecuencias de la incorporación de los nuevos Estados en la UE.
Afecta a la industria española por diversos motivos, ya que se trata de países muy próximos al gran eje industrial europeo, con una estructura productiva similar, mano de obra más barata y productividad y tecnología más grandes. También disponen de mayores inversiones de capital extranjero porque ven más margen de beneficios, lo que puede afectar a la industria del automóvil, dominada por empresas de capital extranjero que deslocalizando factorías y desplazan España de su segmento dentro del mercado de la exportación.

Los espacios industriales españoles en un mundo global

España se encuentra inmersa en la red de producción a nivel mundial, caracterizada por la concentración del capital en empresas multinacionales que toman las decisiones fuera de España, lo que explica por qué, a pesar de ser una potencia industrial, no tiene un papel relevante en la economía mundial.

Globalización y deslocalización.
Las empresas españolas también buscan ser competitivas y para ello priman los costes laborales, las mejoras técnicas y las deslocalizaciones flexibles, dejando en España los procesos de mayor valor añadido, tales como el diseño, mientras aumenta la tasa de desempleo y la pérdida de puestos de trabajo, aunque los gobiernos intentan frenar este proceso ayudando a las empresas que se quedan.

El sector de la construcción

El sector de la construcción se suele clasificar dentro de las actividades industriales dado que transforma una serie de materiales en una edificación.

La importancia del sector de la construcción en la economía española

Ha tenido un crecimiento rápido y, incluso, desenfrenado de 1998 a 2007 hasta llegar a representar el 18% del PIB y, si tenemos en cuenta los sectores asociados indirectamente, podríamos llegar al 30%. Pero con el aumento de la oferta y las facilidades crediticias los precios subieron también muy rápidamente y entre 1999 y 2008 se multiplicaron por 2,8, con una población activa de 2,9 millones de personas cuando, en el resto de sectores, sólo había 3,4 millones de personas trabajando en el sector secundario. Las causas del crecimiento inmobiliario se dieron en las expectativas irreales de una subida continuada de los precios que proporcionaban ganancias a corto plazo con la práctica de la especulación y los subsidios públicos destinados a la compra de vivienda. Todos estos excesos han sido el pan de ayer y el hambre de ahora mismo, dado que la mayoría de trabajadores del sector han ido al paro, además de los daños medioambientales irreparables que se han causado, sobre todo, en la costa y en las zonas turísticas.

Gráfico de la crisis de la construcción

Gráfico de la crisis de la construcción

La crisis de la construcción

Con el estallido de la burbuja inmobiliaria, es decir, la desaceleración de la compra por los precios abusivos y el exceso de oferta, ha habido un considerable aumento del paro en este y de otros sectores relacionados, con un fuerte descenso del consumo y de los créditos, lo que sitúa a España ante una profunda recesión económica en un contexto de crisis mundial del que no será fácil salir dado el grave endeudamiento público y privado, de las instituciones, de la banca y sobre todo de las familias más modestas que, en muchos casos, han sido desahuciados por no poder pagar los préstamos hipotecarios.

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