La población española

La población es el conjunto de seres humanos que vive en un determinado territorio. Para estudiar la población española hay que considerar tres variables: la dinámica (natalidad, mortalidad y fecundidad), la estructura (por edad y sexo) y la distribución por el territorio (densidad). España siempre ha sido un territorio poco poblado, con una densidad media bastante baja y repartida muy desigualmente por el territorio, es decir, concentrada en la periferia con un interior despoblado a excepción de Madrid.

La dinámica de la población española

La población de un lugar depende de unos factores sociales, económicos y políticos que cambian a lo largo del tiempo, lo que lleva a estudiar de manera dinámica, es decir, desde la evolución histórica hasta la prospectiva (proyecciones de cara al futuro). Hasta el siglo XIX, los recuentos se habían hecho a partir de los libros de bautizos y defunciones de las parroquias y de los fuegos o fogajes (usados para recaudar impuestos y para las levas militares); además, los recuentos de población de los antiguos reinos se habían hecho por separado hasta la llegada de los Borbones (Guerra de Sucesión), cuando ya empiezan a hacerse de toda la población española. Las fuentes para los estudios demográficos, actualmente son el INE y los Registros Civiles, pero también se pueden recoger datos fiables por Internet (tanto a Eurostat de la UE, como de la ONU a nivel global).

Crecimiento de la población española

Crecimiento de la población española

Censos y padrones municipales

El Censo es el recuento de la población de un Estado, con información sobre el volumen total, la composición por sexos y edades, estado civil, estudios, profesión, renta, etc. Los primero Censo oficial de España es de 1857, fecha desde la que son fiables.

La transición demográfica

El modelo de transición demográfica se aplica a la dinámica de la población de muchos países europeos desarrollados para establecer comparaciones ya que ofrece un marco general bastante útil, aunque cada espacio tiene sus características particulares. De este estudio se puede constatar la rapidez con que la población española cubrió las cuatro etapas del modelo de transición demográfica durante el siglo XX, es decir, pasar de unas elevadas tasas de natalidad y mortalidad en los inicios del siglo, a unas tasas mínimas cien años después.

• El régimen demográfico antiguo (Fase I): Esta fase se corresponde con una sociedad agrícola preindustrial caracterizada por un crecimiento lento de la población. Las tasas de natalidad y mortalidad eran muy altas, entre el 30 y el 50 por mil. En relación a la natalidad, se calcula que las mujeres tenían, en promedio, más de cinco hijos, pero como la mortalidad infantil era muy alta, muchos no llegaban al primer año de vida. La mortalidad fue muy elevada y se agravaba en épocas de malas cosechas, epidemias o guerras. Estos periodos de sobremortalidad podían reducir fuertemente la población. Las condiciones en que vivían las clases bajas en las grandes ciudades eran propicias para las enfermedades contagiosas, como la tuberculosis. Las tasas de mortalidad presentaban una distribución similar a las tasas de natalidad: norte peninsular y archipiélagos con tasas más bajas que la media y el interior con una tasa mayor.

• El crecimiento demográfico (Fase II): Se suele dividir en dos subfases para explicar el cambio en las tasas. La primera está marcada por el descenso de la mortalidad y un mantenimiento de las tasas de natalidad, lo que provoca un crecimiento progresivo de la población. La introducción de avances sanitarios e higiénicos mejoran las condiciones de vida, incidiendo en un aumento de la esperanza de vida. A finales del siglo XIX se inicia la subetapa del descenso de la natalidad, pero España llega con retraso respecto a otros países más industrializados. A partir de 1914 comenzó un período en que la mortalidad infantil comenzó un descenso continuado. La esperanza de vida aumenta significativamente y la mortalidad sigue su descenso. El ritmo de crecimiento de la población aunque sigue siendo alto, pero tiende a disminuir. La Gripe Española de 1918 (la «cucaracha») provoca una mortalidad catastrófica y partir de entonces, la natalidad se recupera en el período de prosperidad económica de los años veinte XX pero desciende con rapidez a consecuencia de la crisis económica de 1929 y los años de inestabilidad de la guerra civil suponen un periodo de subnatalidad, rompiendo la tendencia iniciada a principios de siglo. En los años posteriores, la natalidad y la mortalidad se verán muy marcadas también por el período de posguerra volviendo a aumentar la natalidad.

• El ajuste demográfico (Fase III): Durante esta etapa el crecimiento natural es moderado o se estanca, tendiendo a un crecimiento cero. La esperanza de vida aumenta desde los 34 años de principios de siglo a 75 en 1989. Al igual que en la primera fase, el crecimiento es mínimo. En este periodo la tasa de natalidad se mantuvo alta, entre el 19 y el 22 por mil. Las políticas natalistas del franquismo provocaron un aumento de la natalidad en los años sesenta (baby boom), mientras que la mortalidad sigue en progresivo descenso en generalizarse el sistema de salud y el rejuvenecimiento de la población española que se produce en esta época . A partir de 1975 la natalidad comienza su descenso imparable. Las causas a que se atribuye este descenso son la reducción del periodo fértil de la mujer por el retraso en la edad de matrimonio, su creciente incorporación al mercado de trabajo, el aumento general del nivel de vida y cierta modernización sociológica.

• El nuevo régimen demográfico (Fase IV): Si bien el modelo original de Transición Demográfica presenta tres fases, aparecen obras que hablan de otra fase adicional llamada de involución demográfica. Se da una situación en que la natalidad sigue estable y la mortalidad llega a superar la natalidad. En estas circunstancias el crecimiento natural puede llegar a ser negativo. En los países desarrollados, esta situación se ha compensado con la inmigración, produciendo un estancamiento de la población. En la actualidad, el número de hijos por mujer ya no garantiza el reemplazo generacional. La edad media española está aumentando rápidamente, la población está envejeciendo y, a pesar de los altos niveles de desempleo, el mercado de trabajo -cuando pase la crisis- deberá rejuvenecer.

Envejecimiento de la población española

Envejecimiento de la población española

Características actuales de la población española

Movimiento natural de la población

Cuando el número de nacimientos es más alto que el de defunciones, la población tiene un crecimiento natural o vegetativo positivo.

Natalidad. Desde el 1901, en España mostró una tendencia a la baja a pesar del baby boom de los 60-70 que, a finales de siglo (1990), la situó en uno de los índices de fecundidad más bajos de Europa (con una TMF de menos de 1,2 hijos por mujer y una natalidad inferior al 10 ‰). A partir del cambio de siglo (debido a la avalancha inmigratoria y la llegada a la edad fértil de las mujeres nacidas en los años de fuerte crecimiento demográfico) ha habido un breve repunte de la natalidad, pero la llegada de la crisis indica una tendencia hacia un crecimiento vegetativo negativo, es decir, que las defunciones comienzan a superar el número de nacimientos.

Mortalitad. Del 28,3 ‰ de 1900 se ha pasado a una tasa del 8 ‰ en 1980, aunque a finales de siglo, debido al aumento de la esperanza de vida y el aumento progresivo de la envejecimiento, se produjo un ligero incremento de las defunciones. Durante la primera década del siglo XXI, la tasa de mortalidad se ha situado en torno al 8,6 ‰ y la tasa de mortalidad infantil ha continuado reduciéndose hasta el 3,5 ‰.

Nupcialidad y fecundidad.- La nupcialidad, actualmente, resulta un dato poco fiable, debido al aumento de parejas de hecho y de familias monoparentales. La tasa media de hijos por mujer parecía haber tocado fondo con el 1,2, pero aunque ha repuntado hasta el 1,5 a los primeros años del siglo XXI, se prevé un menor crecimiento vegetativo porque cada vez habrá menos mujeres en edad fértil y, además, la edad media de la maternidad ha continuado subiendo en las últimas décadas desde los 25 a los 31 años. De todos modos, para garantizar el reemplazo generacional y conseguir una población estable, es necesaria una tasa de fecundidad de 2,1 hijos por mujer que, actualmente, parece una utopía en un contexto de crisis económica y de altas tasas de desempleo. Con más de 47 millones de habitantes, España se sitúa demográficamente como quinto estado de la Unión Europea con una población estancada por la caída de la mortalidad y de la natalidad (con un crecimiento vegetativo que tiende a cero), pero también del crecimiento migratorio (actualmente negativo, debido al retorno de algunos inmigrantes a sus países de origen, pero también de jóvenes estudiantes que buscan mejor fortuna en otros estados europeos), lo que significa que ya no volverán a producirse los incrementos de población los últimos años (más de 7 millones de personas entre 2000 y 2010) mientras el aumento de la esperanza de vida continuará produciendo el envejecimiento de la población mientras se mantenga el Estado del Bienestar de los últimos años, sobre todo por el en cuanto a sanidad y pensiones.

La estructura de la población española

La pirámide de edades de España

Es una pirámide contractiva, típica de una población envejecida, con una base muy estrecha que acusa a la disminución de la población joven y un tronco ensanchado debido a una población adulta más numerosa y una cúspide cada vez más elevada debido al envejecimiento. En los últimos escalones puede observarse, mínimamente, el vacío demográfico producido por los no-nacidos durante la guerra civil (1936 y posteriores, que ahora tendrían más de 70 años). La distribución por sexos es similar: 50,6% de mujeres frente a 49,4% hombres, aunque nacen 106 niños por cada 100 niñas (la mortalidad masculina se incrementa a partir de los 16 años, sobre todo durante la incorporación a trabajos de riesgo de que, hasta ahora, han sido típicamente masculinos), pero la esperanza de vida femenina siempre ha sido superior (hay más viudas que viudos).

El envejecimiento de la población

Está relacionado indudablemente con la calidad de vida y el Estado del Bienestar: una mejor higiene, alimentación y sanidad han posibilitado el incremento de la esperanza de vida a lo largo de los últimos años. Actualmente, más del 17% de la población española tiene más de 65 años y, por tanto, asistimos al incremento de la población dependiente que no solo cobra pensiones públicas, sino que disfruta de unos merecidos servicios sociales y sanitarios que se debe financiar entre todos. Y aquí se abre el debate de cómo una población activa menguante, puede mantener una población dependiente creciente: fomentando la natalidad y el empleo, aumentando la edad de jubilación, generalizando los planes de pensiones, con el copago sanitario, recortando las pensiones y los medicamentos gratuitos, privatizando los servicios, priorizando las políticas sociales y las instituciones públicas?

La distribución de la población en el territorio

Una distribución desigual de la población

Actualmente, España cuenta con una población en torno a los 47 millones de habitantes, con tendencia a la baja, y una densidad de unos 91 habitantes por kilómetro cuadrado. Las zonas más pobladas son las fachadas marítimas, sobre todo la costa mediterránea, y Madrid, mientras en el centro peninsular sólo destacan algunas ciudades como Zaragoza y Madrid, mientras las dos Castillas y la antigua Vía de la Plata, tan próspera los tiempos de el Imperio Romano, continúa perdiendo población entre Extremadura y Galicia, mientras las Islas presentan una densidad de población superior a la media.

Pirámide de población española

Pirámide de población española

La población activa española

La dinámica de los sectores productivos

En los últimos años hemos asistido a la terciarización de la economía, ya que mientras se han ampliado y reforzado los sectores productivos (primario y secundario), la mecanización y la externalización han supuesto una menor creación de empleo que, poco a poco, ha desplazado la población activa hacia el sector terciario o de servicios que es el que ha experimentado un mayor crecimiento en cuanto a creación de puestos de trabajo: en los países desarrollados, la economía ha multiplicado la demanda de servicios en las empresas, aunque en los últimos años la crisis ha afectado también el tejido productivo y se ha recortado empleo público y privado, mientras el paro se ha disparado hasta superar la tasa del 25% (población activa que busca empleo).

Situación de la población activa en España

Se entiende por población activa que tiene edad de trabajar (mayores de 16 años), aunque esté trabajando, paro o buscando empleo. Desde 2012, cuando ha bajado la población española por primera vez en la historia, también ha disminuido la población activa aunque este factor, de momento, no ha tenido una incidencia directa sobre el paro.

El problema del paro: crisis y globalización

El paro depende del crecimiento económico: cuando hay crisis, las empresas reducen costes suprimiendo mano de obra y / o externalizando la producción a países subdesarrollados donde los costes son menores . En cambio, en una coyuntura económica expansiva, el paro baja. De todos modos, el tejido productivo español se ha mostrado muy vulnerable y la crisis ha deteriorado el mercado laboral donde la economía se había basado en una dependencia excesiva del sector de la construcción y del sector servicios, especialmente del turismo donde, cada vez más, hay que competir en calidad / precio en un mundo globalizado donde los precios de los transportes se han abaratado mucho los últimos años. El paro ha disparado los contratos temporales, por obra, a tiempo parcial e incluso la economía sumergida.

Sin embargo, al vivir en un mundo globalizado, las soluciones ya no son, únicamente, internas de los estados que más sufren la crisis, sino globales, ya que se ha internacionalizado el mercado y los intercambios comerciales antes de equiparar las reglas del juego , es decir, un corpus legislativo global que elimine la competencia desleal de paraísos fiscales, multinacionales especulativas y dictaduras que, en nombre de un falso progreso económico, no respetan ningún tipo de derecho democrático, ni derechos humanos, ni fiscales, ni laborales ni medioambientales…

Evolución del paro en España

Evolución del paro en España

La incorporación de la mujer al mundo laboral

Las mujeres siempre han trabajado, además de llevar el peso de las responsabilidades familiares como criar a los hijos, el mantenimiento del hogar, etc. Pero, desde la implantación del Estado del Bienestar y de una legislación que equipara los derechos de las mujeres con los de los hombres (lo que no ocurría durante el franquismo, por ejemplo), la situación ha cambiado notablemente: la vida rural ha dado paso a ambiente urbanos donde se ha de convivir en espacios más reducidos, la familia extensa ha dado paso a la vida en pareja donde se han generalizado los hábitos de consumo, la demanda de servicios, la planificación familiar y la limitación del número de hijos (prole), así como la formación académica de las mujeres, el acceso a un puesto de trabajo fuera de casa y, incluso, la responsabilidad compartida de las tareas domésticas.

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