La Guerra Fría

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el mundo estaba dominado por dos grandes potencias: Estados Unidos y la Unión Soviética que, en poco tiempo, pasaron de ser aliados contra las potencias del Eje a enfrentarse de una forma indirecta en una política de bloques que llevó al alineamiento de numerosos países del mundo en el ámbito capitalista norteamericano (de propiedad privada) o el comunista soviético (de colectivismo estatal) en una nueva confrontación que denominamos guerra fría.

Los Estados Unidos, líder del mundo capitalista

El afianzamiento de la potencia estadounidense americana.

El predominio de EEUU descansaba sobre tres pilares: la superioridad tecnológica y económica, el prestigio político y la potencia militar. Su actuación se centró en dos objetivos: mantener la supremacía sobre el mundo capitalista y frenar la expansión comunista.

La evolución política

A partir de 1960, la superioridad de los Estados Unidos en el mundo comenzó a erosionarse. En el ámbito económico, tuvo que afrontar la competencia de Europa y de Japón. A escala social, se evidenció la existencia de un sector amplio de pobres y marginados, así como un problema de discriminación racial respecto a la población negra. En el plano político, aumentó el temor a la URSS, poseedora de misiles capaces de alcanzar el territorio estadounidense.

El “American Way of Life”.

La hegemonía norteamericana se sostenía también en la creencia sobre la superioridad de su modo de vida, basada en la abundancia y el consumo. Pero la sociedad de la abundancia tenía su lado oscuro: sectores sociales amplios quedaban excluidos de la opulencia. En los años sesenta este modelo social fue contestado, las organizaciones de población negra se radicalizaron y la juventud se sublevó contra los valores imperantes, mente EEUU también vieron contestada su hegemonía en el ámbito internacional.

La Europa occidental (1945-1973)

La reconstrucción de Europa.

Después de la Segunda Guerra Mundial, los países europeos estaban arruinados. En Europa occidental se tomaron medidas y se crearon organismos para garantizar la reconstrucción posbélica. Un paso para la reorganización económica europea fue la creación de una entidad económica de colaboración supranacional. Así, el 25 de marzo de 1957, varios países firmaron el Tratado de Roma, que dio origen a la Comunidad Económica Europea (CEE).

Conferencia de Yalta

Conferencia de Yalta

Los años del crecimiento económico.

En los años cincuenta, la Europa occidental inició un período de crecimiento económico. En general, se vivió una mejora de la renta por habitante, una subida de los salarios y unos índices bajos de desempleo. Muchos países iniciaron una modernización de su aparato productivo y los sectores tradicionales dieron paso a las nuevas industrias. El desarrollo se vio acompañado por la intervención del Estado en materia económica y se produjo la incorporación de la mujer al trabajo.

La democracia en Europa: el Estado del bienestar.

El crecimiento económico fue acompañado en la Europa occidental para la consolidación de sistemas políticos democráticos. Las fuerzas políticas más representativas se agrupaban en dos tendencias: los conservadores y los socialdemócratas. El modelo europeo se caracteriza por una mayor protección social del Estado (Estado del bienestar). A finales de los años sesenta surgieron en Europa movimientos alternativos que plantearon nuevas reivindicaciones: antibelicismo, ecología, feminismo, etc.

Japón, una potencia asiática

El empleo americana.

Tras la rendición en la Segunda Guerra Mundial, Japón fue ocupado por las fuerzas norteamericanas, que establecieron un sistema político inspirado en las democracias occidentales. Ante el temor de una expansión comunista en la zona del Pacífico, Estados Unidos vieron en Japón su mejor aliado asiático. Por este motivo, los norteamericanos fomentaron su rápida recuperación económica y le devolvieron la soberanía perdida.

El milagro económico.

A finales del conflicto bélico, Japón estaba destrozado económicamente y moralmente. Pero, en menos de veinte años, se convirtió en la segunda potencia económica mundial. Este “milagro japonés” se explica por varios factores: la ayuda de los Estados Unidos, la no existencia de gastos militares, la coexistencia de grandes grupos industriales y financieros que controlaban los sectores básicos de la economía, una elevada inversión, mucha innovación tecnológica, la superabundancia de mano de obra y, por último, la poca cobertura social.

Las particularidades del modelo japonés.

El crecimiento rápido de la industrialización en un país sin materias primas ha supuesto que el modelo japonés tenga unas particularidades diferentes de otros países capitalistas. En primer lugar, Japón presenta una de las densidades urbanas más altas del mundo. En segundo lugar, la tradición japonesa exige una disciplina de trabajo muy rigurosa, que conlleva una alta productividad. En tercer lugar, los trabajadores de las grandes empresas disponen de un trabajo asegurado para toda la vida, lo que favorece la lealtad a la empresa.

La Unión Soviética, una gran potencia

La reconstrucción económica.

En los cuatro años siguientes al final del conflicto bélico, la URSS reconstruyó su economía y alcanzó el nivel de producción anterior a la guerra. Se dio prioridad a la industria pesada, la de armamento y en las comunicaciones. En la agricultura, continuaron con las colectivizaciones, al tiempo que se desarrollaba la mecanización. El crecimiento económico fue innegable, pero originó un modelo muy desequilibrado.

La sociedad soviética.

La sociedad soviética presentaba dos grupos sociales: el formado por asalariados y campesinos cooperativistas, y el de los trabajadores intelectuales y profesionales con algún privilegio… La verdadera clase dominante la formaban aquellos grupos que tenían el poder político, especialmente los vinculados al Partido Comunista. El conjunto de la población asistió paulatinamente a una mejora del nivel de vida, sobre todo a partir de 1956.

La desestalinización de la URSS.

La muerte de Stalin, en 1953, abrió un periodo de cambios en la URSS. En el XX Congreso del PCUS, en 1956, se reconocieron los graves errores del periodo anterior. La llegada de Jruschov al poder impuso un programa nuevo de reformas. En la política exterior, se abrió el camino a la coexistencia pacífica entre los bloques y se planteó la aceptación de diversas vías para la construcción del socialismo. Las reformas iniciadas por Jruschev se paralizaron en 1964 y él fue sustituido. Se hizo secretario general del partido comunista en Breixnev. Se volvió a imponer un control ideológico estricto.

La expansión del comunismo


Las “democracias populares” de Europa del Este
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Los estados de Europa oriental conformaron, a partir de 1945, regímenes políticos llamados con el eufemismo de “democracia popular” que desarrollaron programas de reconstrucción y, durante la guerra fría, no pudieron disimular su alineamiento con la Unión Soviética transformado en un dominio absoluto con la intervención del ejército de la URSS (revueltas en Hungría en 1956 y primavera de Praga en 1968). A partir de 1947, la presión de EEUU, ejercida en Europa con el Plan Marshall, inquietó a los soviéticos. La URSS forzó a los comunistas de las democracias populares a alinearse con la política exterior soviética. Como consecuencia, los países controlados por la URSS se integraron al COMECON, una especie de “mercado común” del área soviética que nunca acabó de funcionar y el Pacto de Varsovia (para la colaboración militar bajo control soviético y la RDA devino el estado de las tres mentiras: ni república, ni democrática, ni alemana, porque era un satélite de los soviéticos como el resto de países del Este).

La influencia del modelo soviético.

El modelo soviético resultó atractivo para los países sin tradición democrática y con problemas económicos y sociales. En América Latina, el triunfo de la Revolución cubana, en 1959, se convirtió en el modelo de los movimientos revolucionarios. En Asia, la influencia comunista se extendió a Corea, en Indochina y China. En África, algunos estados del Magreb adoptaron regímenes socializantes mientras la influencia soviética se extendía en Etiopía.

Crisis económica y política en los países industrializados

El fin del crecimiento: la crisis del 1973.

La economía de los países occidentales industrializados tuvo una grave crisis en el período 1973-74. Los orígenes de esta crisis son muy complejos ya que en 1973 se produjo la crisis del petróleo por la subida de precios de los países de la OPEP y únicamente las empresas más fuertes pudieron sobrevivir, dando lugar a una mayor concentración del poder económico. Además, para rebajar los costes fiscales y salariales, algunas empresas se trasladaron a países del Tercer Mundo, iniciándose así el proceso de deslocalización industrial que ha llegado hasta la actualidad.

Europa frente a la crisis.

En Europa occidental, la crisis desestabilizó las políticas sociales y económicas de años anteriores. Los primeros años de la crisis, los gobiernos socialistas o socialdemócratas se apoyaron en una fuerte intervención del Estado para generar empleo y reactivar la economía con la consecuencia del incremento de la inflación y del paro. El fracaso de esta política llevó al poder a los gobiernos conservadores. Finalmente, se optó por el proyecto de unidad europea con la entrada de nuevos países.

Crisis y reorientación de la política exterior de Estados Unidos (1973-1988)

La crisis económica favoreció el agravamiento de la tensión internacional y el papel hegemónico de Estados Unidos comenzó a resquebrajarse. En 1973, los estadounidenses tuvieron que retirarse de Vietnam, y en 1979, la guerrilla sandinista tomó el poder en Nicaragua. En 1981, el nuevo presidente norteamericano, Ronald Reagan, anunció el rearme y reafirmó su política exterior intervencionista, abandonando la política de distensión, mientras la URSS apostó por apoyar a los sectores disidentes de los países comunistas.

Crisis y hundimiento del comunismo


Los problemas del modelo soviético
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Durante décadas, la URSS fue la segunda potencia militar del mundo y el referente para muchos países, pero su economía tenía problemas muy graves y el nivel de vida de su población era bajo. Así la imposición del modelo soviético en toda la Europa del Este se llevó a cabo con muchos problemas porque se quería aparentar unanimidad.

Las reformas de Gorbachov.

En 1985, Gorbachov fue elegido secretario general del Partido Comunista de la URSS e inició un proceso reformista para hacer frente a los problemas: en el ámbito económico propuso la reestructuración o perestroika (o plan para revitalizar la economía y aumentar la producción de bienes de consumo) y, en el terreno político, la transparencia o glasnost (suprimiendo la censura e introduciendo ciertas libertades que anunciaban la futura democratización). Se suprimió el monopolio político del Partido Comunista y en 1990 se convocaron las primeras elecciones libres.

Otan y Pacto de Varsovia

Otan y Pacto de Varsovia

La desaparición del bloque del Este.

El movimiento reformista se inició en Polonia, donde unas elecciones fueron ganadas por el sindicato católico Solidaridad, enfrentado al Partido Comunista. El movimiento reformista acabaría con los regímenes comunistas en Europa del Este, ya que el ejemplo polaco fue seguido por la caída de los regímenes comunistas de Hungría, Checoslovaquia y Bulgaria, aunque los acontecimientos más importantes tuvieron lugar en Alemania Oriental (la RDA) donde en noviembre de 1989 se logró la apertura del Muro de Berlín.

La disolución de la URSS.

Las reformas de Gorbachov suscitaron la oposición de los sectores más inmovilistas del PCUS, que no querían perder el monopolio del poder y sus antiguos privilegios. En agosto de 1991 estos sectores protagonizaron un golpe de Estado militar en Moscú, que fue vencido por la resistencia de la población rusa cuando Boris Yeltsin decretó la supresión del régimen comunista y disolvió el PCUS, reconoció la independencia de las repúblicas bálticas, de Ucrania y Bielorrusia, mientras desaparecía la URSS al quedar dividida en 15 repúblicas independientes. Gorbachov, desprestigiado dentro de la URSS por ser el último presidente comunista y valorado en el exterior para posibilitar el fin de la guerra fría, dimitió de su cargo en 1991.

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