Industrialización y sociedad en la España del siglo XIX

En España se desmantelaron en el siglo XIX las estructuras feudales del Antiguo Régimen y se consolidó un modelo económico basado en la industria y el capitalismo. La sociedad estamental dio paso a una sociedad de clases, definida por la propiedad y la riqueza. Pero la industrialización se realizó con retraso y España continuó siendo un país agrícola, con sólo algunos núcleos industrializados. Esta situación significó el mantenimiento de un gran número de agricultores con unas condiciones de vida miserables.

La población española en el siglo XIX

El crecimiento demográfico.

El siglo XIX, la población española creció. Este crecimiento fue el resultado de la disminución de la mortalidad, acompañada del mantenimiento de la natalidad. Las causas principales del descenso de la mortalidad fueron el incremento de la producción agraria y el mejoramiento de la dieta alimenticia. Las grandes epidemias desaparecieron a lo largo del siglo XIX. Sin embargo, la mortalidad se mantuvo más elevada en España que en otros países industrializados europeos.

Los movimientos migratorios.

La abolición del régimen señorial, la concentración de la propiedad, las duras condiciones de vida del mundo rural y diversas causas animaron muchos agricultores a emigrar. En una primera etapa, a partir del 1860, los emigrantes fueron hacia núcleos urbanos como Madrid, Barcelona y Vizcaya, las zonas más industrializadas de la Península. En una segunda etapa, a finales del siglo XIX, el aumento de población y las escasas oportunidades de empleo obligaron muchos españoles a emigrar, sobre todo en Cuba y en América Latina.

El crecimiento de las ciudades.

El éxodo rural conllevó un aumento de la urbanización, en detrimento de los núcleos rurales. Entre 1850 y 1900, España multiplicó por dos su nivel de población urbana. Pero, a pesar de la urbanización, a comienzos del siglo XX la mayoría de la población española seguía siendo eminentemente rural.

España en el siglo XIX
España en el siglo XIX

Las transformaciones en la agricultura

La reforma agraria liberal.

La reforma agraria liberal es el conjunto de reformas que tenía como objetivo la disolución del Antiguo Régimen en el campo, y la introducción de formas de propiedad y de producción capitalistas. Esta transformación se llevó a cabo en España a lo largo de la primera mitad del siglo XIX, a partir del acceso al poder de los progresistas en 1837. Durante este proceso se abolió el régimen señorial, se desvinculó la propiedad y se desamortizó la mayoría de las tierras que pertenecían a la Iglesia ya los ayuntamientos.

Un desarrollo agrario escaso.

La reforma agraria liberal no permitió a los agricultores acceder a la propiedad y la mayoría continuaron como jornaleros y una minoría emigraron a las ciudades. En la mayor parte de Extremadura, Castilla y Andalucía había grandes latifundios, con unos propietarios absentistas que obtenían beneficios contratando jornaleros con unos salarios muy bajos. En la Submeseta Norte y en Galicia predominaba el minifundio.

El predominio del cereal.

A lo largo del siglo XIX, el cereal fue el producto de cultivo principal de la mayor parte de la Meseta. Como los rendimientos del cereal eran bajos, su precio resultaba elevado en comparación con el de otros países, por lo que se tuvo que recurrir al proteccionismo. En la zona norte se cultivaban patatas y, en Galicia, también maíz; en las regiones mediterráneas abundaban el arroz y los cítricos.

Los inicios de la industrialización

Los problemas de la industrialización española.

A mediados del siglo XVIII, España seguía siendo un país eminentemente agrícola. Los factores que influyeron negativamente en la industrialización fueron los siguientes: La escasa capacidad de compra de la población española. La falta de inversiones y la ausencia de burguesía industrial. Los problemas de transporte. La escasez de fuentes de energía. La posición alejada de España respecto de los núcleos más industrializados de Europa.

La siderurgia.

Los primeros altos hornos se instalar en Andalucía. Asturias fue el otro gran centro siderúrgico. Pero fue en el País Vasco donde se consolidó una industria siderúrgica potente. Las razones de su éxito se encuentran en la creación de un eje comercial por el que se exportaba hierro en Gran Bretaña a cambio de la importación de carbón, que era mejor y más barato. A partir del desarrollo siderúrgico, la industria vasca se diversificó y surgieron nuevas empresas de construcción mecánica y naval.

La industria textil.

A mediados del siglo XVIII, en Cataluña ya existía una importante producción manufacturera de indianas. La prohibición, en el año 1802, de importar algodón hilado estimuló la proliferación de hilaturas y el nacimiento de la industria textil moderna. Hacia 1830 esta industria textil inició un proceso de mecanización, y en 1833 comenzó a funcionar la primera máquina de vapor. A partir de 1860, muchas industrias se establecieron en los márgenes de los ríos para poder sustituir el carbón por energía hidráulica, y constituyeron colonias industriales.

La minería y el ferrocarril

La explotación minera.

El subsuelo español es rico en yacimientos mineros y su explotación masiva comenzó a partir de la legislación de minas de 1868. Fueron importantes los yacimientos de plomo, cobre, mercurio y zinc. Las dos actividades mineras principales de este periodo estaban relacionadas con el carbón y el hierro, debido a la expansión de la siderurgia. Los yacimientos de hulla más importantes eran en Asturias. Las minas de hierro principales eran en Vizcaya.

La construcción del ferrocarril.

A pesar de las iniciativas anteriores, la construcción de una extensa red de ferrocarriles tuvo que esperar hasta la Ley General de ferrocarriles de junio de 1855. Se necesitaba construir con rapidez la red ferroviaria para estimular el comercio interior y, por ello, la mayoría de materiales se importaron, ya que no había suficiente hierro. De este modo, la siderurgia española no aprovechó la ocasión de beneficiarse del aumento de la demanda provocado por la construcción del ferrocarril. Pero, a pesar de estas limitaciones, el ferrocarril tuvo efectos positivos para la economía española, ya que favoreció el traslado de personas y mercancías.

La industria española desde finales del siglo XIX

Nuevas energías y nuevas industrias.

Desde finales del siglo XIX se empezaron a utilizar la electricidad y el petróleo. La electricidad hizo posible una mecanización más amplia de la producción industrial, así como la disminución de los costes de producción y la baja de los precios. La difusión del petróleo como combustible y la invención del motor de explosión abrieron paso a la industria del automóvil. Las necesidades crecientes de maquinaria de todo tipo estimularon la expansión de la industria metal • gicos a finales del siglo XIX.

Expansión industrial y desequilibrio.

Desde finales del siglo XIX, la industria se extendió no sólo en Cataluña y el País Vasco, sino también por otras zonas. Se consolidó un sector industrial en Asturias y la Comunidad Valenciana, y Madrid se convirtió en la tercera región industrial de España. La expansión industrial también se vio favorecida por el fuerte crecimiento demográfico. A pesar de esta expansión de la economía, se continuó habiendo en España desequilibrios profundos en la distribución regional de la riqueza.

La sociedad española del siglo XIX

Las nuevas clases dirigentes.

La nobleza terrateniente continuó teniendo un papel relevante en la sociedad. Sin embargo, a finales de siglo, algunas familias aristocráticas se arruinaron y tuvieron que ir vendiendo su patrimonio. La nueva clase acaudalada era la alta burguesía. Compartía con la nobleza su predominio social y era la propietaria de las nuevas industrias, las grandes compañías y los bancos. La burguesía media era escasa y estaba constituida por pequeños empresarios industriales, comerciantes, etc.

Las clases populares urbanas.

En las ciudades continuó viviendo un número importante de artesanos y de personas dedicadas a los servicios. En el servicio doméstico, más de la mitad eran mujeres y la proporción de mujeres de las clases populares que trabajaba llegaba al 90%. El crecimiento de la industria favoreció que muchos agricultores emigraron a las ciudades en busca de un puesto de trabajo. Los agricultores, entonces, se ocuparon en las nuevas industrias, junto con artesanos sin trabajo, y constituyeron el proletariado industrial.

Los agricultores.

Los agricultores constituían la mayor parte de la población. El 80% no era propietario de las tierras que trabajaba o bien su propiedad era tan pequeña que no le permitía subsistir. Una parte de estos agricultores trabajaba las tierras de los propietarios agrícolas, en régimen de arrendamiento, aparcería … Un grupo más numeroso se ocupaba por un diario, los jornaleros. Las condiciones de vida de esta población, que tenía que alquilar o trabajar las tierras de los propietarios agrarios, resultaban muy precarias. Sus sueldos eran escasos. Esto explica las revueltas de campesinos que se sucedieron.

Sociedad del siglo XIX
Sociedad del siglo XIX

El movimiento obrero: el anarquismo y el marxismo

Los inicios de los movimientos obreros.

El proceso limitado de la industrialización en España supuso que el número de obreros industriales que había en el siglo XIX fuera pequeño. Las primeras formas de protesta tuvieron un carácter luddista, pero pronto los trabajadores crearon los sindicatos. En 1840 se fundó en Barcelona el primer sindicato: la Asociación de Tejedores de Barcelona. En 1855 tuvo lugar en Barcelona la primera huelga general realizada en España. En 1870 se creó la Federación Española de la Asociación Internacional de Trabajadores.

El anarquismo.

El anarquismo arraigó muy fuertemente entre los obreros de Cataluña y los agricultores andaluces. A finales del siglo XIX, el anarquismo defendió la formación de grupos autónomos que atentaron contra la sociedad burguesa y capitalista. Se produjeron muchos atentados anarquistas y la sociedad entró en una gran espiral de violencia. La proliferación de atentados impulsó que grupos de anarquistas contrarios a la violencia fundaron sindicatos obreros.

El socialismo.

El marxismo tuvo más influencia sobre el proletariado y sobre una determinada clase media de Madrid, País Vasco y Asturias. Los marxistas fundaron el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y en 1888 impulsaron la creación de un sindicato socialista, la Unión General de Trabajadores (UGT). Los socialistas defendían la participación en las elecciones. Aunque el sufragio universal (1890) abrió nuevas expectativas electorales, la influencia del socialismo en España creció lentamente.

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