Historia de Japón. El período Tokugawa

El tercero de los grandes unificadores tuvo la buena, fortuna »de ‘sobrevivir- a sus rivales y la inquebrantable presencia: de animo necesaria para esperar el momento, oportuno que le. per­mitiese. adueñarse del control del país.’ La carrera de Tokugawa Ieyasu es comparable a las de Nobunaga e Hideyoshi, de quienes había sido aliado, pero se prolongó durante dieciocho años después de la muerte del segundo. Heredo, -pues, la unidad que sus predecesores habían creado, pero fue mucho mas alla, hasta constituir una hegemonía estable, que duraría mas de doscien­tos cincuenta años después de su muerte.

Sin embargo, los historiadores han tratado duramente el régimen de Tokugawa, afirmando que sus sistemas sociales con­servadores habían originado un «retorno al feudalismo», o que sus enérgicas medidas de control político impusieron un tiránico y despreciado estado de guarnición al pueblo japonés. La supresión del cristianismo y la política de aislamiento adoptada por los Tokugawa están consideradas como deliberados intentos de apartar al Japón de la corriente principal de historia del mundo, de modo que, durante doscientos años, el Japón estuvo literalmente estancado en el aislamiento.

Sitio exacto de la batalla de Sekigahara, en la prefectura de Gifu.

Sitio exacto de la batalla de Sekigahara, en la prefectura de Gifu.

Es innegable el carácter conservador y restrictivo del régi­men de los Tokugawa. Y tampoco puede decirse hasta qué punto habría sido distinta la historia japonesa, si los portugueses y los españoles no hubieran sido expulsados del país y si los daimyo del Japón Occidental hubieran continuado siendo libres de enviar sus barcos a través de ¡os mares. Pero debemos tener en cuenta tres puntes importantes. En primer lugar, la des­aparición de los comerciantes occidentales de las aguas japo­nesas, en gran medida, el aislamiento geográfico del Japón respecto a ¡as grandes rucas comerciales del mundo y !a disminución de los intereses occidentales en el límite extremo oriental de Asia después de 1600. En el deseo de los Tokugawa de impedir a los daimyo del Japón Occidental que tomasen ‘parte en negocios comerciales privados revelaba hasta qué pun­to la autoridad central estaba todavía en lucha contra la auto­nomía local de los daimyo. Pero, en tercer lugar —y esto es lo mas importante—, debemos tener en cuenta que la política de aislamiento no estaba rigurosamente predeterminada. El Japón no cayo simplemente en un moHe rígido, «mediados del siglo XVIII, para permanecer estancado en el aislamiento-durante doscientos años.

La época de Tokugawa, en realidad, fue un período de notable desarrollo cultural e institucional.

Bajo el régimen de los Tokugawa continuo una tendencia ha­cia la urbanización,, y 3a economía fue estructurada por primera vez, en una unidad nacional. En el plano del pensamiento, la difusión del Confucionismo influyó en la orientación espiritual de todo e! pueblo Japonés, induciéndole- a adoptar una aproximación mas racional a la vida. El aumento de las facilidades educacionales convirtió a los samurai en una clase culta, y la . instrucción fue accesible incluso a elenentos de las clases inferiores también. En las ciudades, los comerciantes,-cada vez mas opulentos, comenzaron a desarrollar sus propias diversiones ociosas, de modo que por primera vez se agregaba a la cultura japonesa un «elemento burgués». Indudablemente, fue durante este período cuando el Japón comenzó a sobrepasar a China en su capacidad de experimentar una rápida modennización. ,

La familia Tokugawa derivaba su nombre de una pequeña aldea de la provincia de Kozuke, en el Kanto. En una época indeterminada la familia se trasladó a. la provincia de Mikawa. El padre de Ieyasu era un daimyo Sengoku de mediana impor­tancia, que, desde el casrtel general de su castillo de Okazaki, había alcanzado, hacia el 1500, el control de casi la mitad de Mikawa. Se había someatfo a la soberanía de la casa de Imagawa, cuyos territorios lindaban con los suyos. Pero cuando Imagawa Yoshimoto fue derrotado por Oda Nobunaga, en 1560, Ieyasu, que por entonces se había convertido en Jefe de su casa, compartió su suerte con e! vencedor. Hada 1566, las pose­siones de la familia habían absorbido toda la provincia de Mikawa.-Durante los anos de la conquista del Japón Central por Nobunaga, Jeyasn prestaba su atención a. rechazar los ataques dé­los Takeda y de los Hojo, y a apoderarse de Ja mayor exten- . síofl posible de los antiguos territorios Imagawa. En el. momento ^ de la muerte de Nobunaga, había. agregado- Totomi y Suruga a -sus posesiones, y estaba a punto de. conquistar Kai.y Síunano. Había trasladado su cuartel general a Sumpu, la antigua capital . de los Imagawa. .

En 1583, Ieyasu intentó, por breve tiempo, disputar a Hideyoshi la herencia. de Nobunaga, pero tras algunos encuentros de indeciso resultado enero en buenas relaciones con Hideyoshi. En los anos siguientes continuó extendiendo» prudentemente sus territorios, .tratando de evitar su participación en las campanas de Hideyoshi en el Shikoku y en el Kyüshu. Pero contra los Hojo, en Odawara, se vio obligado a prestar una importante. contribución, y, cuando la campana hubo terminado, se le asignaron 2.557.000 kaku de tierras vacantes de los Hojo. Cualesquiera que fuesen los motivos de Hideyoshi para tras­ladar a Ieyasu ai Kanto, este desplazamiento favoreció, sin duda, a Tokugawa. Porque además de colocar a Ieyasu en una posición desde la cual podía evitar mis fácilmente su partici­pación en las campañas coreanas, le daba una sueva base sobre la cual elaboraria una administración de organización mas es­tricta. Conservando bajo su propio y directo control, aproxi­madamente, 1.000.000 de koku, distribuyó las tierras restantes, asignando a los poseedores de feudos de menor importancia la obligación de situarse en torno a su nuevo castillo de Edo, y enviando a sus vasallos mas importantes como castellanos a la mas leJana periferia-de su territorio. Algunos de sus princi­pales vasallos tenían ya una importancia considerable: li reci­bió 120.000 koku en Takasaki, Sakakibara 100.000 en Tate-bayashi, y Honda 100.000 en Otaki. En total, 38 vasallos de Ieyasu eran señores de castillos, y su importancia era análoga a la de los daimyo.

La muerte de Hideyoshi no tardó en poner en peligro la hegemonía de los Toyotomi, tan rápidamente forjada. Casi inme­diatamente, en el seno de los Consejos que Hideyoshi había creado poco antes de su muerte, comenzaron a surgir conflic- tos. Entre los grandes señores, la secreta ambición de suceder a Hideyoshi dio lugar a desconfianzas y fricciones, especialmente entre los Tokugawa, los Maeda, los Mori y los Uesagi. Entre los «vasallos de la casa», Ishida Mitsunari, sospechando de Tokuga­wa Ieyasu, trabajó incansablemente por-organizar-una coalición ‘contra el. Cuando, en 1599, murió Maeda Toshiie, desapareció un importante elemento del equilibrio de poder en que se había–,. apoyado. Hideyoshi. -En aquel: momento, Ieyasu- era, sin .’duda la gran;, potencia en.’el .Japón… Había comenzado; ya a ^recibir promesas .de-obediencia de otros daimyo, y la facción ‘maeda no tardó; en»enviar-‘rehenes’ y formuló ‘.ofertas de’ colaboración.^ En el otoño de 1599,-^Ieyasu. entró en-eli castillo de. Osaka, iy se’. convirtió,, según el – lenguaje de la época,» en ««Señor del Pais» (Tenka’Dono). A’, finales del año, casi la mitad de los daimyo- de la liga Toyotomi le-habían enviado promesas escritas de obe diencia, y muchos-le habían entregado rehenes también.-

En los primeros meses del año 1600; -Tokugawa’ Ieyasu-‘se vio obligado»a ‘trasladar sus fuerzas mas importantes, junta mente con los ‘contingentes’de sus aliados, al Kanto para hacer frente-‘a «una amenaza de ataque de-los Uesugi. Para Ishida, aquella era la gran’oportunidad.-Reuniendo a’su alrededor, en Osaka;’una alianza-de daimyo formada por los Mori,’Ios Ukita los Shimazu, los Nabeshima, los Chosokabe, los Ikoma ^y «otros del Japón Occidental,»se’dispuso»a caer sobre’Ieyasu. Virtual-mente, la «alianza’occidental» capitaneada por-Ishida «‘teniar posibilidades»‘de triunfo, «pero estaba mal dirigida, y dividida eh’ facciones,’y algunos de sus miembros mas importantes’estaban secretamente en contacto con Ieyasu. El décimoquinto día del noveno mes (21 de octubre de 1600), el encuentro decisivo entre aquellas fuerzas..tuvo lugar en el hoy histórico campo de ba­talla de Sekigahara. Al principio, el resultado fue incierto,^pero grandes sectores .de las fuerzas occidentales no. intervinieron en ningún momento, y, en el instante crítico, Kobayakawa, uno de. los parientes de los Mori, llevó a cabo su ya preparada . deserción. La, causa occidental fracasó, en. medio de una gran matanza. Diez días después, Tokugawa Ieyasu entraba en Osaka. convertido en dueño militar del país.

Sekigahara dio origen a una drástica reordenacion del mapa feudal. En torno a Ieyasu, se creó rápidamente una nueva he­gemonía de facto. En total, se habían extinguido 87 casas de daimyo, y cuatro (incluida la casa Toyotomi) vieron reducidas sus posesiones. Se confiscó un total de mas de 7.572.000 konu, lo que permitió a Ieyasu ampliar sus propiedades privadas y recompensar generosamente a sus leales seguidores. Pero el linaje de los Toyotomi no se había extinguido. El recuerdo de Hideyoshi estaba vivo todavía, y su joven heredero, Hideyori, te­nía muchos adeptos. Por consiguiente, se permitió a Hideyori que conservase su castillo de Osaka y un dominio de 650.000 koku sn las provincias circundantes.

Así pues, a pesar de Sekigahara, la hegemonía de los Toku­gawa no estaba completamente segura, ni habla sido legitima­da. Al oeste de Osaka la-influencia de Ieyasu disminuía sen­siblemente. Los-,Tokugawa..no habían podido colocar a-sus «daimyo. de la casa» en las tierras del Japón Occidental, donde la red de juramentos-prestados .a los Toyotomi..era todavía. fuerte. Y: por lo tanto, Ieyasu se -vio obligado ‘ a demostrar publicamente su permanente lealtad a Hideyoshi. Pero, ^ mien­tras aparentemente rendía honores a Hideyori, iba conquistando, poco a poco, el poder > y la legitimidad mediante los cuales podría erigirse, legalmente, en el único jefe supremo del. Japón. En 1603 adopto el título de Shogun. Como tal, aceptó la su­misión de todos los daimyo y comenzó a reunir en el, castillo de Edo una extraordinaria multitud de. rehenes. Cuando colocó una guarnición en el castillo de. Fushimi e instaló a su gober­nador militar en Kyoro, en el castillo de Nijo, de nueva cons­trucción, quedó asegurada también su dominación militar de la zona de la capital. En .1605, Ieyasu cedió el puesto de Shogun a su hijo Hidetada y al se estableció como Ogosho (Shogun retirado) en el cas­tillo familiar de Sumpu. Desde allí trabajó hasta desarraigar totalmente e!, recuerdo de los Toyotomi. Su oportunidad se pre­sentó en 1614, cuando, con (fútil pretexto,.Ieyasu pudo ordenar a las tropas unidas de sus vasallos daimyo que atacasen el cas­tillo de Osaka. La lucha fue más sangrienta todavía que la de Sekigahara. Osaka logró lanzar a la lucha a 90.000 hombres desesperados, contra los 180.000 de la alianza Tokugawa, y una campaña librada en el invierno de 1614 costó a los aliados de Tokugawa 35.000 vidas. Ieyasu, obligado a adoptar medidas extremadas, recurrió al .engaño, y, en*la «campaña de verano» de 1615 logró reducir a Osaka y .exterminar a sus defensores. El recuerdo de los Toyotomi había sido borrado, al fin, y Tokugawa Ieyasu se constituyó en jefe supremo del país. Al año siguiente murió.

Los historiadores han dado el nombre de baku-han al sis­tema político de los Tokugawa, para indicar que se basaba en las dinámicas tensiones existentes entre un shogunato (bakufu) y unos 250 dominios de daimyo (han). El término han, con la significación de dominio de daimyo, ao se utilizó oficialmente hasta el siglo xIx (el término contemporáneo era ryo), pero, en este caso, ha sido aplicado por los historiadores japoneses, con carácter retroactivo. La peculiar forma de gobierno que se desarrolló a partir del

sistema baku-han, fue, desde luego, exclusiva del Japón, pues representaba la definitiva maduración de dos instituciones polí­ticas japonesas: el shogunato como autoridad nacional y los dai­myo como gobernadores regionales. La fuerza de la autoridad subyacente en el seno del sistema era feudal, especialmente en las relaciones entre «el Shogun y los daimyo. Sin embargo,’como veremos en los ‘sectores administrativos,’ dentro de las-juris­dicciones-dilectas del Shogun o de los daimyo, la autoridad «se ‘ ejercía, cada vez en mayor medida, a través de una oficialidad burocrática. Evidentemente, Ieyasu y sus sucesores alcanzaron» en grado de poder y de autoridad a escala nacional-muy supe­rior al de las hegemonías militares anteriores. El equilibrio de poder logrado por la casa Tokugawa se pone bien de manifiesto en. el marco de las posesiones territoriales. Desde la redistribución inicial llevada a cabo después de Seki­gahara, el equilibrio territorial había ido desplazándose, cons­tantemente, en favor del Shogun. La destrucción del partido de Osaka había dejado vacantes, naturalmente, unos 650.000 koku, Pero fue, sobre todo, mediante procedimientos distintos de la acción militar, como se redistribuyeron, enere 1600 y 1651, mas de 10.000.000 de koku: 4.570.000 koku procedentes de daimyo muertos sin herederos, y 6.480.000 koku como resul­tado de confiscaciones por causas disciplinarias. Un total– de 24 casas de daimyo «externas» fue eliminado en aquellos años, mientras el numero de los daimyo de la casa del Shogun aumen­taban proporcionalmente. En el mismo período, los; dominios propios del Shogun (los tenryo) se habían elevado de 2 a 6,8 millones de koku. Estas tierras mantenían a unos 23.000 subalternos directos (¡¡kaan). Estos incluían a unos 17.000 «hombres de la casa» (gokenin), que no tenían el privilegio de audiencia y que, generalmente, eran asalariados, y a unos 5.000 «hombres de la bandera» (halamolo), que gozaban del privilegio de entrar a presencia del Shogun, y que, en la ma­yoría de los casos, eran enfeudados. El Shogun no solamente poseía una enorme superioridad en tierras y hombres sobre sus mas próximos rivales daimyo (el daimyo más. importante era Maeda, con 1.023.000 koku), sino que sus territorios incluían la mayor parte de las grandes ciudades como Osaka, Kyoto, Na-gasaki, Otsu y las minas de Sado, Izu y Ashio. El Shogun administraba, pues, los principales centros económicos del país, y explotaba las fuentes del metal precioso con el que podía ejercer el control financiero del país.

El equilibrio entre el Shogun y los daimyo cenia cambien muchos matices políticos y estratégicos. Ieyasu había comple­tado una elaborada jerarquía de lealtades, basada en las relacines que las casas de los daimyo mantenían con el Shogun. Figuraban, en primer lugar, 23 casas colaterales (shimpan o «han emparentados»), capitaneadas por las llamadas «Tres Casas» (Sanke), que descendían directamente de Ieyasu y llevaban el apellido Tokugawa. Estas tres casas, con dominios en Owari, en Kii y en Mito, tenían el privilegio de dar los sucesores del shogunato, en caso de extinción de la línea Tokugawa principal. Los daimyo colaterales poseían dominios que alcanzaban a un total de 2,6 millones de koku. El grupo mas – numeroso. de daimyo era el formado por los daimyo de la casa del Shogun (fudai), casas que, en otras palabras,’ habían recibido el tí­tulo de daimyo, de Tokugawa Ieyasu o de sus sucesores. En el siglo xvIII ascendían a 145. En su mayor parte eran de pe­queñas dimensiones (la casa I¡, en Hakone, era la mayor, con 250.000 koku). Pero su lealtad era considerada absoluta, y, entre todas, poseían unos 6,7 millones de koku. Por último, estaban los «señores externos» (.tozama), los daimyo que. ha­bían sido creados por Nobunaga o por Hideyoshi. En el si-gio xvIII estas casas sumaban 97 y constituían el grueso de les grandes daimyo. En total poseían 9,8 millones de koku de territorio. Como antiguos enemigos o recientes aliados en Seki-gahara, los componentes de esre grupo eran tratados mucho Esas generosamente y con mayor prudencia que los fudai.. La disposición estratégica…de los shimpan, de los fudai y de los Tozama, con ei. fin de evitar la formación de coaliciones hosü-les o de bloquear las rutas de un ataque militar contra Edo y Kyoto, era un motivo de constante atención de la casa Toku­gawa. Las tierras shogunales dominaban el Kanto y el Japón Central, y ios castillos estratégicos de los Tokugawa se encon­traban fuera de Edo, en Osaka, Nijo (Kyoto) y Sumpu. Las Tees Casas se situaron al este y al oeste de Edo, y al sur de Osaka. Los tozama fueron relegados, hasta donde era posible, a la periferia de las islas, y, para evitar que se confabulasen, se colocaron fudai entre ellos. Pero como los Tokugawa descu­brieron en el siglo xIx, el Japón Occidental seguía siendo pre­cariamente dominado. Al oeste de Osaka, el shogunato tenía poco poder militar directo. Y en la extrema región occidental del Japón, donde los daimyo tozama como los Shimazu de Satsuma y los Mori de Choshü continuaban una tradición de hostilidad, se acentuó el caudillaje anti-Tokugawa, después de 1854.

Con estas fuentes de poder efectivo, el shogunato Tokugawa creó un mecanismo de controles que institucionalizó la supre­macía del Shogun en todas las ateas del gobierno y de la vida nacional. Desarrollado, en lo fundamental, por Ieyasu ‘y por sus dos primeros sucesores, el sistema de control había alcan­zado su madurez en 1651, en el momento de la muerte del tercer Shogun, Iemitsu. En aquella época, el shogunato des­cansaba sobre una base segura de reglamentaciones y de .pre­cedentes que’garantizaban la autoridad, del Shogun sobrc-.el emperador y su corte,’ sobre los daimyo y sobre las órdenes religiosas.’

El movimiento de unificación, había centrado, nuevamente la atención sobre el emperador como fuente primordial de confirmación política, y tanto Nobunaga como Hideyoshi habían trabajado por acrecentar el respeto público rendido al Tenno. La política de los Tokugawa perseguía el. doble objetivo de aumentar el prestigio del soberano, pero tratando de controlar­le y de aislarle de los daimyo. Por eso los Tokugawa trataban al emperador y a su corte con gran respeto exterior, exigiendo que los daimyo hiciesen lo mismo. La corte fue ayudada en la reconstrucción de sus palacios, y a la familia imperial y a otras casas de kuge se les entregaron, para su sostenimiento, tierras que acabaron totalizando 187.000 koku. Pero, en. rea­lidad, el emperador y su corte estaban estrechamente controla­dos y no podían participar libremente en los asuntos del: es­tado. Un gobernador militar shogunal (Kyoto shoshidai), se había establecido en Kyoto, con una gran tuerza de guarnición, en el castillo de Nijo. Este oficial actuaba a través de’ dos funcionarios de la corte (Kuge denso), cuyas misiones consis­tían en transmitir a la corte la noluntad shogunal. Por medio de ellos, el bakufu podía escudriñar codas las cuestiones formu­ladas ante el emperador y controlar los nombramientos o las concesiones de honores cortesanos. El contacto con los daimyo era también cuidadosamente limitado. Ademas, en 1615, Ieyasu impuso a la nobleza de Kyoto un código de 17 clausulas (Kinchu narabini kugesku shohatto) que prescribía rigidamente las acti­vidades del emperador en cuanto a las tradicionales ocupacio­nes literarias y a las funciones ceremoniales, hacía obligatorio el previo consentimiento del bakutu relaciones entre la fa­milia imperial y los grandes templos, e imponía un sistema de monacato obligatorio para algunos de los príncipes imperiales. Por último, utilizando los clasicos medios de influencia sobre la familia imperial, los Tokugawa lograron hacer consorte im­perial, en 1619, a una de las nietas de Ieyasu.

Como todos los daimyo eran vasallos del Shogun. y, en teo­ría, estaban sometidos a su voluntad, el control de los daimyo comenzaba cuando el Shogun les concedía la investidura. Aunque se suponía que los daimyo poseían sus territorios como asignaciones hereditarias, su posesión, en realidad, era precaria. La confiscación o la transferencia eran muy corrientes, sobre iodo al comienzo del régimen, y solo unos pocos de los mas pode­rosos daimyo tozama y shimpan conservaron, permanentemente sus territorios hereditarios a lo largo de todo el período Toku-gawa. Cada daimyo prestaba al ^Shogun un juramento privado (seisbi o kisho), en el que se comprometía a obedecer .los decretos del Shogun, a no tomar parte en confabulaciones con­tra el Shogun, y a servir al Shogun lealmente. A cambio de todo ello, el Shogun investía al daimyo como propietario de su dominio y especificaba sus posesiones catastrales. Se sobreen­tendía, de acuerdo con la costumbre, que los derechos y las responsabilidades de los daimyo, aunque nunca se determinaron de un modo concreto, incluían: 1) la exigencia de servicio militar (y para los fudai, administrativo), 2) el deber de prestar una ayuda especial cuando fuese requerido para’ello, y 3) la necesidad de que e! dominio fuese administrado, pacífica y eficazmente.

Ademas del juramento privado, el daimyo aceptaba un có­digo público de regulaciones, conocido como el buke-shohallo £sie documento, presentado por primera vez a los daimvo, en 1615, por Ieyasu, fue modificado, hacia 1635, para incluir 21 disposiciones. Estaba destinado a regular ia conducta privada, los matrimonios y los trajes de los daimyo, y a impedirles que formasen coaliciones o aumentasen sus efectivos militares. Con­tenía también normas específicas para la asistencia al Shogun en Edo y para la entrega de rehenes, la prohibición de cons­truir barcos que cruzasen el océano y el compromiso contra el cristianismo. Terminaba con la estipulación de que las regula­ciones del Shogun serían aceptadas como ley suprema del país. — De todas las medidas de control, la que sin duda tuvo consecuencias de mayor alcance fue la exigencia de asistencia alternada (sar.kinkñcai). La costumbre de asistencia al propio señor y la entrega de rehenes como garantía de lealtad habían sido corrientes en el período Sengoku y habían sido utilizadas por Hideyoshi. Después de Sekigahara, la costumbre de enviar rehenes a Edo cundió entre los daimyo, al orincioio volunta­riamente, y luego, a partir de 1633, como una exigencia shogu-nal. Todos los daimyo estaban obligados a construir residencias (yashik:) en Edo, donde tenían a sus mujeres y a sus hijos y un séquito adecuado, que incluía a un oficial de enlace con la corte del Shogun. Los propios daimyo alternaban sus residen­cias entre Edo y sus dominios. Los judai de la zona de Kanto alternaban cada seis meses. Los daimyo mas lejanos de Edo alter­naban cada dos años. Este sistema resultó extremadamente eficaz, no sólo como medio de mantener vigilados a los daimyo, sino también como procedimiento para conservar unido al país, 3 pesar del efecto descentralizador del sistema daimyo. El cons­tante ir y venir, así como la constante asistencia a la corte del Shogun, significaban que los daimyo no podían permanecer ignorantes de los decretos del Shogun, ni dejar de transmitirlos. incluso a los dominios mas lejanos.

Como privilegio de la soberanía, el Shogun formulaba mu­chas demandas a los daimyo y les sometía a diversas formas; de vigilancia. Aunque el Shogun no imponía tributos, direc-‘ tamente, a los daimyo, exigía de ellos ciertas contribuciones, a menudo sobre una base claramente regular. La ayuda militar y logística se sobreentendía, naturalmente, y, en caso de emer­gencia, como en Osaka en 1614-1615, el Shogun ordenaba, sin restricción alguna, a sus daimyo que combatiesen por él. De los daimyo vasallos suyos, el Shogun exigía también ayuda económica, especialmente para la construcción de castillos, carre­teras, puentes y palacios. Impuestos de esta clase, llamados «servicio nacional» (kokuyaku) se utilizaban frecuentemente para debilitar a los lozama mas prósperos económicamente. Al propio tiempo, esto hizo posible la construcción de gigantescas fortificaciones, como los castillos shogunales de Edo, Sumpu, Osaka, Nagoya y Nijo que eclipsaban los de sus rivales daimyo. Por último, encontramos que la casa Tokugawa explotaba las fuentes del sentimiento religioso para acrecf.iar la veneración con que debía distinguirse a sus miembros. La protección de los Tokugawa a las instituciones budistas y shintoístas era muy considerable y estaba calculada para dar una nueva orien­tación a las grandes sectas, a fin de que prestasen su apoyo a la casa Tokugawa. Pero el desarrollo del culto de Ieyasu, que se centralizó en el gran santuario de Nikko, fue el mas claro ejemplo de este esfuerzo. A la muerte de Ieyasu su espíritu fue divinizado como Tosho-dai-gongen. El tercer Shogun, entre 1637 y 1645, «estableció el espíritu de Ieyasu» en el Monte Nikko, en e templo-santuario mausoleo de Toshogü. Desde entonces, cada Shogun se esforzó por conducir un peregrinaje de estado hacia Nikko, acompañado del conjunto de los daimyu y de sus séquitos. Ademas, en el transcurso del tiempo, ios daimyo construyeron reproducciones del Toshogü en sus domi­nios, y celebraban ceremonias anuales de veneracionn a Ieyasu. Pero a la vez que utilizaba el poder de la religión para su propio engrandecimiento, el shogunato mantenía un estricto control sobre las tierras y los asuntos de las instituciones reli­giosas. El ooder político y militar de estas instituciones había sido ya destruido por Nobunaga, e Hideyoshi había socavado su existencia económica independiente. Porque a medida que la revisión de la tierra se había extendido por todo el país los templos o santuarios, al igual que los daimyo, habían sido puestos bajo la jurisdicción del sello bermejo ¿el supremo jefe militar. Los Tokugawa mantuvieron esta norma. En total se calcula que las tierras de las instituciones religiosas, durante el período Tokugawa, apenas sobrepasaban los 600.000 koku. una cifra muy pequeña si consideramos el numero de institu­ciones mantenidas por esas tierras. Sólo unos pocos templos recibieron concesiones equivalentes a las de los daimyo menos importantes, y fueron el de Kofukuji (15.030 koku), el de Enryakuji (12.000 koku) y el de Kongobuji (11.600 koku). El Todaiji de Nara, el mas grande de los templos ¿e la antigüedad, sólo recibió 2.137 koku.

El Shogun sometió también las instituciones religiosas a un severo control administrativo. Algunas ordenanzas .dictadas en 1615 sentaban las bases para una directa intervención en las órdenes sacerdotales. Restringían las relaciones de la familia imperial con el clero, obligaban a una completa centralización entre el templo nacional y las ramas provinciales, e imponían rígidas limitaciones a las .actividades sacerdotales. En 1635, todas las cuestiones relativas a la institución religiosa se ha­llaban sometidas al control ds! superintendente shogunal de templos y santuarios (Jisha bugyo).

El sistema baku-han, como forma de gobierno para el con­junto del país, facilitó al Japón un sistema administrativo no­tablemente vigoroso y amplio. En la época de los Tokugawa el gobierno se apoyaba en el simple hecho de que, por encima del nivel de las comunidades de la aldea y de la ciudad, rela­tivamente autónomas, el estamento militar se había adueñado de todos los derechos superiores y la administración estaba totalmente en manos de ia clase samurai. Como comandante en jefe de la clase militar, el Shogun poseía ahora plenos po­deres de gobierno. Por ello, el régimen Tokugawa constituye el caso mas bien insólito de un gobierno civil administrado por una casta militar profesional. Por ser, profesionalmente, una aris­tocracia militar, se suponía que todos los samurai estarían dis­puestos a utilizar sus espadas en cuanto se les requiriese. Pero, en tiempos de paz, cumplían tareas adicionales, como funcio­narios civiles o militares. La facilidad de cambio, en la admi­nistración Tokugawa, de una función civil a una función mi­litar estaba simbolizada por el papel del Shogun como jefe supremo de todo el Japón, y por la responsabilidad de los daimyo de conducir ejércitos al campo de batalla a la orden

del Shogun. Así, el gobierno Tokugawa era, literalmente, la prolongación de la autoridad militar en tiempos de paz.

Como en su origen histórico, el Shogun no «a mas que el mayor de-los daimyo, y como el dominio del daimyo fue el prototipo de la organización administrativa del Shogun, lo mejor será que iniciemos nuestro estudio de la administración Tokugawa por una investigación acerca del carácter de aquellos» territorios locales.’Mientras los han del sistema bakuhan eran descendientes directos de los dominios combatientes del siglo xvi, . bajo el régimen Tokugawa perdieron sus funciones militares’ ‘ fundamentales y se convirtieron, progresivamente, en unidades’ de administración local. A partir, de 1615, a cada daimyo se le permitía solamente una construcción militar —un castillo o un cuartel general para una guarnición—, ‘y, en cuanto al número de hombres armados que podía mantener en activo, se hallaba sujeto a rigurosas restricciones. Los daimyo, naturalmente, se diferenciaban mucho, tamo por su importancia como por las características de sus procedimientos administrativos. Sólo un dominio, el de Koga, gobernado por la casa de los Maeda,’es­taba calculado en mas de un millón de koku. Y sólo 22 es­taban considerados como «grandes daimyo», con mas de 200.000 koku. Mas de la mitad de los ¿aimyo poseía territorios de menos de 50.000 kok-a. Así pues, si suponernos una correlación aproximada entre el amillaramiento de- koku y la población, podemos ver que el pueblo del Japón de los Tokugawa estaba gobernado por jefes jurisdiccionales de gran variedad y, a me­nudo de minúscula dimensión. En realidad, es difícil calcular el número exacto de fas unidades de administración militar que existían. Incluso el número de los daimyo variaba desde 295 a comienzos del siglo xvII, hasta 245 a mitad del período, y hasta 276 al final del régimen. Había, ademas, unos 5.000 feudos menores de los bútamoto, y los muchos millares de jurisdicciones de templos y santuarios, unidas al número aún mayor de subjurisdicciones dentro del tenryo y de los dominios del Shogun. El mapa administrativo del Japón era, pues, extre­madamente complejo. Pero las presiones favorables a la unifor midad eran tales, que estas unidades de administración local alcanzaron un alto grado de similitud. La uniformidad y la imparcialidad de la administración aumentaron, especialmente, cuando los daimyo y sus grupos de adeptos eran trasladados de un dominio a otro. Porque con ello se rompían gradualmente los lazos directos entre la clase samurai y los órdenes infe­riores, y el grupo de adeptos del daimyo iba convirtiéndose, cada vez en mayor medida, en un cuerpo profesional de administradores.

Símbolo del clan Tokugawa, conocido como mitsuba aoi ("tres hojas de malva real").

Símbolo del clan Tokugawa, conocido como mitsuba aoi («tres hojas de malva real»).

-En su territorio, el dairayo ejercía todos Jos derechos de go­bierno prescritos en la concesión shogunal. Estos derechos se hallaban implícitos en el termino han-seki (significando han» registros de !a tierra, y seki, registros del censo), que indicaba que el daimyo tenía jurisdicción sobre «la tierra y el pueblo* de si; dominio. El daimyo administraba su dominio por medio de su grupo de adeptos (kashindan), que habían sido reunidos en su castillo-cuartel general. Estos se organizaban por rangos, según las dimensiones del feudo o el volumen de. su retribu­ción, y todos estaban unidos al daimyo mediante juramento, e inscritos en el registro de fas hombres del dairayo (samurai tho).

Los seguidores de mas alta categoría, generalmente llamados «ancianos» (karo), eran vasallos enfeudados, de importancia independiente. Como grupo formaban un consejo de asesores del daimyo. Individualmente, solían actuar como delegados .del daimyo, o capitaneaban la alta corte del dominio. En tiempo de guerra los karo desempeñaban las funciones de generales en el campo de batalla… En la Jerarquía de los hombres .-de la casa, Tenía a continuación un grupo mas numeroso de adeptos de alto rango, que actuaban como jefes de los sectores mas importantes del gobierno del daimyo. Mandaban las unidades del ejército permanente o la guardia kan, y vigilaban funciones de la administración civil tales como las finanzas, la seguridad y el enlace con el Shogun. Los adeptos de rango medio servían en puestos administrativos .mas específicos, y tenían a su cargo una gran diversidad de fundones civiles, como la administra­ción de la ciudad-castilio, de las zonas rurales, de la recauda­ción .as impuestos, de la policía civil, de los asuntos de la familia del daimyo, del abastecimiento militar, de la ingeniería civil, de la educación y de los asuntos religiosos. Los rangos inferiores de los hombres del daimyo, como los soldados de a pie (xs&iyru), pajes (kosho) y criados, ejecutaban las tareas mas serviles y rutinarias dentro de la administración del do­minio.

La «gente» común (tamií) de la propiedad se consideraba como bajo la tutela del daimyo, cuya responsabilidad consistía en gobernar con misericordia. El superintendente del daimyo para los templos y santuarios inspeccionaba las instituciones bu­distas y shintoístas. Un departamento de administración rural controlaba las aldeas (mura) por medio de una red de inten­dentes (daikan). Lin magistrado de la ciadad-cas tillo ejercía la autoridad sobre los diversos barrios (machi) de la ciudad. En una esala inferior a la de la administración del daimyo, la po­blación campesina y urbana vivía en unidades de autogobierno

(aldeas o barrios), bajo la autoridad de sus propios jefes. Así. si han resultó ser una unidad de administración local regida de un modo notablemente completo y eficaz.

Los órganos de la administración shogunal mostraban todos los signos de haberse desarrollado a parar del sistema-admi­nistrativo ideado por Tokugawa Ieyasu . cuando era todavía daimyo de Mikawa.» La consecuencia mas importante de ello fue que, .como Shogun, contó para su plana mayor adminis trativa no con-la totalidad de los 250 daimyo, sino simplemente-con sus «daimyo de la casa» y con sus directos seguidores. Los tozama, por tanto, permanecieron al margen de la administra­ción, e incluso las casas Tokugawa colaterales intervenían en ella sólo como consejeros.

El castillo de Edo, que servía como cuartel general del sho-gunato, era la mayor y mas inexpugnable fortaleza del. país. Dentro de sus vastos torreones y fosos, los distintos daimyo construyeron sus residencias, y a los adeptos superiores se les asignaron distritos residenciales. La dudad que se formó alre­dedor de aquel amplio conjunto de distritos samurai y de re­sidencias oficiales se convirtió también en la mayor del país, hasta e! punto de que, a finales del siglo xvIII, solamente los distritos comerciales alcanzaban una población superior al me­dio millón’.

Edo se convirtió no sólo en el núcleo de la administración shoguna!, sino también en ei centro de una red nacional de carrereras y de canales navegables que comunicaban con las distantes ciudades-castitio de los daisayo. Cinco grandes carre­teras principales que irradiaban de Edo enlazaban con las ca­rreteras principales del Japón Central.y Occidental, utilizadas ya en las primeras épocas del imperio, creando la base de un sistema de comunicaciones oficiales por las que los daimyo iban y venían en sus turnos de asistencia alternada.

Como la administración característica de los daimyo, el ba-kufu de Edo estaba organizado en sus funciones políticas, civiles, administrativas y militares. Ls política y la capacidad de decisión estaban en manos de un selecto grupo de «daimyo de la casa» que actuaban como «ancianos». Estos se hallafc-r: organizados en dos consejos. Los Consejeros Ancianos (Rojü, literalmente «anciano»), que constituían un consejo administra­tivo supremo, eran, por lo general, cuatro o seis, y se elegían entre las treinta y cinco casas Fudai con dominios de 25.000 koka o mas. El Consejo tenía autoridad ea cuestiones de importancia nacional, como los asuntos del emperador y de los daimyo, los asuntos exteriores y los militares, los impuestos, la circulación monetaria, la distribución de tierras y de honores y la regulación

de las instituciones religiosas. Los miembros del Consejo hacían turnos mensuales como funcionarios de servicio, y con el trans­curso del tiempo llegó a ser habitual nombrar a uno de los rojü jefe del Consejo. Los Consejeros Ancianos tenían el privi­legio de poner el sello del Shogun en los documentos, y por eso, a veces, se les llamaba kahan (literalmente, «el que pone el sello»). El cargo de Gran Consejero (Tairo) se asignó en el periodo 1634-1684, y sólo ocasionalmente después, A finales de la época Tokugawa, el cargo, cuando se asignaba, correspondía hereditariamente al ¡ele de la casa li de Hakone. Una segunda ¡unía ce Consejeros Jóvenes (Wakadoshiyori, literalmente «an­cianos mas jóvenes») estaba formada por cuatro o seis fudai de posición inferior y tenis responsabilidad sobre los «hombres de la casa» y sobre los «hombres de la bandera» del Shogun. En su esfera se encontraban también los diversos grupos de guardia, las unidades militares, los criados privados,del Shogun, los pajes, les médicos y los metsuke, que actuaban como ins­pectores y oficiales disciplinarios.

La mayor parte de los cargos administrativos electivos estaba sometida al control de la Junta de Consejeros Ancianos. Un grupo de seis o siete chambelanes (Sobashu). dirigidos, a vece.s, por un gran chambelán (Sobayonin), cumplía la importante fun­ción de enlace entre el Shogun y los consejos administrativos, preparando audiencias y transmitiendo mensajes. Nominalmente se hallaban bajo la autoridad de los ancianos, aunque a veces actuaban independienteniente, gracias a su habilidad para gran­jearse el favor del Shcgun. Los defensores del castillo de Edo (Rusui) imponían, la disciplina militar en el castillo, especial­mente en ausencia del Shcgun. Los funcionarios de protocolo (Koke y Soshaban) tenían a su cargo las ceremonias y las au­diencias enere el Shogun y la corte de Kyoto y con los daimyo. Los inspectores generales (Ometsuke’) mantenían la disciplina sobre los daimyo. Un gran número de superintendentes (buzyo) estaban encargados de funciones administrativas especificas. Los magistrados de los templos y los santuarios (]isha ougw, gene­ralmente en número de cuatro), de alto rango en la jerarquía bakufu, ademas de supervisar los asuntos religiosos del país, actuaban como funcionarios judiciales en las provincias del Kan-:o. Los magistrados de finanzas (Kanjo buryo, generalmente cuatro) se ocupaban de las finanzas del Shcgun y supervisaban a los cuarenta o cincuenta intendentes locales (Daikan), que administraban los dominios privados del Shogun. La. ciudad de Edo estaba administrada por dos magistrados de la ciudad (Edo machi bugyo), cada uno de los cuales respondía de una mitad de la ciudad-castillo de Edo. Magistrados de este tipo

fueron asignados a todas las ciudades y a todos los centros shogunales importantes, incluyendo a Kycro, a Osal^a, a Naea-saki, a Nara y a Sumpu. Los bugyo de Nagasaki tenían, ade­mas, las funciones de supervisar el comercio exterior, que estaba permitido bajo el monopolio bakutu, con los holandeses y con los chinos. Muchos- otros funcionarios se ocupaban de caestio nes como la construcción, ‘edificios y terrenos, abasteciimentó militar, carreteras, «etc. Los magistrados de templos y santüa rios, de finanzas y de la ciudad de Edo constituían- el núcleo’. de un Alto Tribunal de Justicia (Hiyojosho); en las’sesiones se les unían los representantes de la Junta de Consejeros An cíanos y los inspectores, fuera de Edo, los principales-cargos shogunales, además de los magistrados de ciudad, eran el gobernador general de Kyoto Kyoto shoshidai) y el de inten­dente del castillo de Osaka (Osaka jodai). Estos dos cargos es­taban a las órdenes directas del Shogun y tenían un rango casi equivalente al de Consejero Anciano.

II. INSITUCIONES LEGALES RELIGIOSAS

El sistema baku-hsn se basaba en un cierto número ae im­portantes cambios en la estructura y en el contenido del sis­tema legal japonés. Porque bajo el régimen Tokugawa ‘el país volvió a tener una política nacional unificada, enunciada me­diante leyes públicas y basada en principios generales. Siguiendo -la experiencia de Nara en la codificación legal, el gobierno ja­pones había avanzado incesantemente, durante siete siglos, en la dirección de un sistema patriarcal y feudal. Sólo a finales del siglo xvi llegó a anularse esta corriente con los procedi­mientos administrativos adoptados por el Shogun y por los grandes daimyo. Esto no quiere decir que los gobernantes To­kugawa comenzasen, sistemáticamente, a crear una nueva estruc­tura legal para el estado japonés. Pero la gran cantidad de leyes, ordenanzas y reglamentos que dimanaban del bskufu y del han eran el producto de un esfuerzo consciente, orientado a poner orden en la sociedad y a facilitar principios rectores para una administración bien regulada.

Las leyes del Japón de los Tokugawa han sido calificadas de conminatorias y represivas, e incluso antinaturales y reacciona­rias. Generalmente, se supone que fueron impuestas a «n país renuente, con el fin de salvaguardar un régimen político y social rígido e inalterable. Pero las leyes Tokugawa se bas»ban en’ ciertos principios generales que les daban una universalidad que no se encontraba en el derecho consuetudinario de las epocas anteriores. La legislación Tokugawa se fundaba en la premisa de un orden natural. Suponiendo que la sociedad for­maba por naturaleza una jerarquía de ciases, las leyes estaban dirigidas a unas divisiones sociales básicas en un esfuerzo por gobernar según unos grupos de status. Bajo el régimen de los Tokugawa, el gobierno japonés fue reconociendo, cada vez en mayor medida, la separación funcional de cuatro grandes esta­mentos, y concibió al individuo, primero, como ocupante de un puesto según su rango o status, y, luego, dentro de su grupo o comunidad. «Un gobierno por status» era, pues, una concep­ción legal notablemente lejana del ejercicio de la autoridad personal directa qu; había caracterizado el sistema político del siglo precedente.

Gran parte de la legislación Tokugawa estaba orientada, pues, hacia el esclarecimiento de los límites entre. las. distintas clases, y se esforzaba por definir el comportamiento adecuado a cada una. Es difícil responde; a la pregunta de si el llamado «sis­tema de las cuatro clases» —samurai, agricultores, artesanos y comerciantes— había sido impuesto al Japón artificialmente, en el siglo xvI, por la adopción de un ideal arbitrario de pro­cedencia china. Indudablemente, durante el siglo xvI algunas divisiones sociales de carácter general estaban comenzando a tomar forma, a partir de comunidades hasta aquel momento localizadas. Pero la posición del comerciante había sido mas bien alta en el siglo xvi, y en realidad, en los siglos xvII y xvIII continuó siendo, ‘en la practica, mas alta que el fondo de la escala que le asignaba la legislación Tokugawa.

La sociedad Tokugawa, tal como se refleja en la legislación, ofrecía las siguientes divisiones: los kuge, los samurai (inclui­dos los daimyo), los sacerdotes, los campesinos, los residentes urbanos (chonin, incluidos los artesanos y los comerciantes) y los parias (hinir. y eta). Determinadas leyes básicas se aplicaban a cada clase; por ejemplo, el código por el que se regían el emperador y los cortesanos (kinchu marabini kuyshti sinohat To), el código samurai (buke shohatto) y los códigos relativos a las sectas y a los templos budistas (shoshu ¡iin batto) y a los santuarios y sacerdotes shintoístas (shosha negi kanniushi hatto). Los campesinos no estaban sometidos a ningún conjunto determinado de reglamentos, pero las «instrucciones de Keian» (Keian no furegaki) de 1649 formulaban la mayor parte de las prescripciones fundamentales del sistema de la aldea en los territorios de los Tokugawa, así como el estilo de vida im­puesto a sus habitantes. Los comerciantes, no tenían código es­pecial. En la época de ños Tokugawa, los kuge se habían convertido en un pequeño resto de familias cortesanas totalmente aparta­das en la ciudad de Kyoto. Todavía disfrutaban’ de un gran respeto a causa de su linaje y de su rango, y vivían una vida regida por la tradición cortesana. Los samurai, como jefes ac­tivos de la sociedad, formaban una orgullosa aristocracia gue­rrera, dedicada a la preparación militar y a -la administración civil. Gozaban del privilegio de ostentar un «apellido y de llevar dos espadas, y en teoría tenían el derecho, incluso la obliga­ción, de matar en el acto a cualquier individuo que les faltase. al respeto (kirisute-gomén’). El ingreso en la clase ds los. samurai- se había restringido una vez terminadas las guerras’ de consolidación, y se hicieron todos los esfuerzos posibles por mantener esta clase apartada de las otras. Sólo de cuando en cuando individuos pertenecientes a los mas altos niveles del campesinado o de la clase de los comerciantes alcanzaban los privilegios de «apellido y espada» (myoji-taito), y eso, gene­ralmente, sólo mientras durase su vida. Los campesinos (hyaku-sho), aunque su posición era la inmediatamente siguiente a’ la de los samurai en cuanto a «merecimiento» ante la sociedad, eran tratados con evidente paternalismo y con gran severidad. Se les exigía que permaneciesen en las tierras, que se abstu­viesen de vender los campos cultivados y que viviesen frugal­mente y trabajasen con. gran laboriosidad. No se les dispen­saba de estuerzo alguno para mantener al mas alto grado de productividad el trabajo agrícola, que constituía la. principal fuente de ingresos de los samurai. Los comerciantes eran prote­gidos a causa ds sus servicios, pero estaban limitados a sus barrios especiales, dentro de las ciudades. Allí se encontraban sometidos a las disposiciones de una gran variedad ce leyes que restringían su modo de vida y el carácter de sus activida­des comerciales.

El individuo, en el Japón de los Tokugawa, se encontraba gobernado, en términos generales, por aquellas amplias normas de ciase, pero estaba mucho mas directamente sometido a la autoridad de la unidad administrativa de que formaba parte. Los samurai estaban organizados en grupos de adeptos (kashin-dan) y luego en unidades personales menores (kum;), cada una con su jefe (kumigashira). Los campesinos estaban organizados por aldeas (mura) y luego en grupos de familias mutuamente responsables (gonimgumi), que solían estar formados por diez familias. Se encontraban, pues, en primer lugar, bajo la auto­ridad del jefe de grupo, y, luego, bajo la del jefe de la aldea shoya o nanushi). El espíritu de la ley Tokugawa se reflejaba, ademas, en la forrea en que los individuos eran cuidadosamente registrados por familias, dentro de cada una de las unidades mencionadas, y en el uso de la responsabilidad del gruoo, de modo que una persona podía ser castigada en lugar de Otra en casos de acciones criminales o simplemente delictivas.

En realidad, desde luego, el individuo como tal no existía bajo la ley Tokugawa. La unidad mas pequeña de la sociedad Tokugawa era, mas bien, la-familia (ie), y el individuo existía sólo en cuanto.-miembro de ella: .como cabeza de familia, como hijo y heredero, como segundo-hijo, hija, esposa, etc. La posi­ción social de la familia y. la preservación de la unidad fami­liar, a la que estaban vinculados todos los bienes y todos los privilegios, se convirtió en una cuestión de profundo interés a todos los niveles de la sociedad. Su importancia para la. clase de los samurai se reflejaba en el predominio del suicidio ritual (seppuku), mediante el cual un samurai podía expiar un deliro, preservando, al mismo tiempo, la continuidad de su apellido familiar.

El estricto sistema de clases de los Tokugawa, con sus sub-grupos claramente delimitados, hacía extremadamente difícil la existencia fuera de las ocupaciones aceptadas. Por ejemplo, los ronin, o samurai sin posición ni status, encontraban la vida especialmente difícil. Aquellos samurai sueltos habían sido lan­zados a la deriva, en gran número, durante las guerras civiles y durante la reordenación de dominios que siguió a la instau­ración del régimen Tokugawa. Se mostraron muy turbulentos durante la campaña de .Osaka y también en 1651, cuando en Edo se descubrió un complot ronin contra el Shogun. Desde entonces no se regatearon esfuerzos para absorber a los samurai que no tenían señor en los grupos de dependientes del Shogun o de los daimyo. Pero de cuando en. cuando continuaba deján­dose libres a los ronin. Y eran pocas las posibilidades que la sociedad ofrecía a tales individuos, a excepción del sacerdocio y de ciertas profesiones, como la medicina y la enseñanza.

Tokugawa Ieyasu.

Tokugawa Ieyasu.

Los aspectos legales que acabamos de describir reflejaban un buen número de importantes cambios en las bases intelectuales y religiosas de la sociedad Tokugawa. Los años de la «gran paz» fueron muy positivos para el desarrollo de la educación y para el mejoramiento de la instrucción en general. En el siglo xvIII, la cultura ya no se limitaba a reducidos sectores de la élite o de la clase sacerdotal. Toda la clase samurai había alcanzado ya los rudimentos de la instrucción, al igual que los niveles superiores del campesinado y de los habitantes de las ciudades. La difusión- de la cultura era, en cierto modo, la consecuencia natural de la creciente urbanización. Pero refle­jaba también un cambio importante en la actitud espiritual, desde lo que había sido una posición principalmente budista y ultraterrena, basta una aproximación mas humanística y prac­tica, basada en el confucianismo.

Sin embargo, aunque ,cl desplazamiento hacia el confucianis­mo fue, sin duda, el mas importante cambio intelectual del pe­ríodo Tokugawa, sería erróneo suponer que el budismo o el shintoísmo habían: sido .totalmente apartados. En realidad,, la sociedad Tokugawa’se basaba en la equilibrada utilización ‘de los tres sistemas espirituales en una combinación compleja, pero eminentemente práctica. Para las autoridades, gubernamentales, el budismo continuaba actuando como. un eficaz recurso descon­trol popular. Y la extremada distribución de la sociedad Toku­gawa en aldeas, distritos y familias fortalecía los lazos .espiri­tuales localizados del Shinto.’ Así, para el japonés medio de aquel tiempo, el budismo y el shintoísmo se combinaban . para satisfacer sus necesidades religiosas primordiales, mientras, el shintoísmo y el confucianismo contribuían a formar sus. ideas acerca del orden político, y el confucianismo y el budismo le instruían respecto a los valores del comportamiento social. La decadencia de la religión budista en la época de los Tokugawa es, pues, una cuestión relativa, y se observa, sobre todo, en la medida en que perdió su primacía en. la vida del pensamiento de las ciases cuitas en beneficio del confucianismo.

Una vez destruido, en el siglo xvi, el peder político»y»-eco-nómico del budismo organizado, ios gobernantes del Japón co­menzaron a proteger la religión nuevamente, a !a vez que con­tinuaban su política de control. En Edo, por ejemplo; la casa Tokugawa patrocinaba un buen número de nuevos templos, el mas importante de los cuales era e! Kan’eiji de Ueno, fundado por los monjes Tendal de -Tenkai como templo protector, de la ciudad. Los daimyo también estimularon ia construcción de templos en sus ciudades-castillo. En aquel período, sin embar­go, el principal motivo de tal protección era el deseo de cele­brar los ritos comunes del transito. El ceremonial budista aten­día, sobre todo, a los matrimonios, los entierros y Ies servicios conmemorativos, y el clero budista era honrado, principalmen­te, como guardián de las tablillas conmemorativas y de las tumbas.

El budismo recibió su mas amplio apoyo del régimen Toku­gawa como consecuencia de la política anticristiana del gobier­no. Al obligar a rodas las personas que se encontraban en el país a adoptar un templo en el que inscribirse (dannaji) como medio de demostrar que no se habían contaminado’ espiritual­mente, automáticamente se aseguraba el apoyo a decenas de millares de templos en todo el Japón. En 1640, el shogunato exigió de todos los japoneses que pasasen por el registro del templo y se sometiesen después a un examen anual de sus creencias religiosas shumon arstame). Así, por mandato oficial, la población japonesa paso a ser espirirualmente tutelada por la institución budista (a unas pocas familias se les permitió que se registrasen en santuarios shintoístas). Ademas, como la mayor parte de los templos de registro se convirtieron en luga­res de enterramiento para sos parroquianos, la dependencia formal del pueblo japones respecto a los .ritos budistas llegó a ser casi completa.

.El papel, del Shicto era un tanto diferente, pero no menos importante. Como espiritual apoyo al orden político y como importante lazo de unión entre el individuo y su comunidad, el Shinto continuaba sirviendo al pueblo-japones por medio de una vasta red de santuarios. Naturalmente, el propio empe­rador conservaba su papel de sumo sacerdote del Shinto, cele­brando ceremonias de importancia nacional en el .gran santuario de Ise. La mayor parte de las familias samurai mantenían lazos con los santuarios ancestrales como muestra de consagración al honor del linaje de la familia. En los esca-lones inferiores de la sociedad, los santuarios tutelares servían de custodios a caca aldea y a cada ciudad, constituyendo un elemento de cohesión en el seno de las pequeeñas subdivisiones de la socie­dad Tokugawa.

Fue en esta situación en la «pie el confucianismo se introdujo para convertirse, al paso del tiempo, en el mas importante fun­damento intelectual de la ^sociedad Tokugawa. La difusión de las doctrinas neoconfucianas, a comienzos del sigio xvII, no era consecuencia – de ninguna especial renovación de los con­tactos con China, sino de las necesidades internas de la sociedad japonesa misma. El clero budisca había mantenido vivo durante mucho tiempo el interés por los estudios confucianos. Pero se llevó a cabo un especial esfuerzo por sacar la doctrina confu-ciana de su marco monástico y por hacer de ella una escuela de pensamiento independiente, con sus propios apoyos istitu-ciones y con su independiente corporación de expositores profesionales. El movimiento confuciano del siglo xvII fue canto un producto de generación espontanea como de estimulo oficial. Probablemente es cierta que la sociedad japonesa ea la época de los Tokugawa se había hecho bastante similar a la china, de modo que la oportunidad del confucianismo era in­mediatamente perceptible. Pero también el pensamiento chino, una vez aosorbido en la mentalidad y en las leyes japonesas, produjo algunos de los .caractces que dieron origen al recono­cimiento de su importancia. Por otra parte, el confucianismo en el Japón adoptó muchos apectos que difícilmente habrían

sido aceptados en la China contemporánea,’como, por ejemplo, la insistencia japonesa en seguir considerando las virtudes mili­tares como parte de la condición de caballero. El hombre que liberó el conrucianisroo del control budista’ fue Fujiwara Seika (1561-1619), un monje de Kyoco. Tras aban­donar las ordenes budistas, comenzó a enseñar las doctrinas del confudaniscio .-abiertamente,-como; una–filosofía indepen-» dientes que,-según el se’acomodaba’perfectamente a las necesidades -de hsaempos.’;.Su’:discípuio,Hayashi Razan «(1^83-‘-1657),-entra-al–servido-»de Tokugawa -leyssu en -1605, -‘como ‘ consejero .efl–cuestiones-. legales e históricas.-Se convirtió en el primero del linaje, de estudiosos- expositores de la escuela Shuslii ‘ (o Chu Hsi) de confucianismo, que recibieron un nombramiento hereditario .como consejeros confucianos del shogunato. En 1630 ia familia Hayashi .fue estimulada para que fundase una-es-: cuela confuciana, que» luego se .’convirtió en’ el colegio ofidal Tokugawa, conoado.. como el Shoheiko. Hacia 1691 se había concedido un permiso oficial a los estudiosos confucianos para ,-ivir fuera de las órdenes budistas. Mientras tanto, los daimyo habían tomado también consejeros confucianos y habían comen­zado a: proteger las’escuelas confucianas, a la vez que algunos estudiosos independientes empezaban a establecerse como pro-‘ ‘ íesores privgtios en, Kyoto,’.en. Osaka .y en.Edo.^A mediados^ del siglo xvct,’el coniucianisnwfue plenamente aceptado como filosofía laica dominante, mientras su influencia se hacía sentir’ como un importante impulso orientado hacia la instrucción y la filosofía, política.

Los primeros confucianos y sus. protectores eran, en muchos aspectos, pioneros, creadores de un mundo nuevo para el que se había hedió necesaria una nueva visión del mundo. El signo positivo de hombres como Hideyoshi o Ieyasu procedía-del -hecho de que, realmente, habían logrado un sentimiento de po­der. sobre sus propios destinos superior al de cualquiera de los gobernantes que les habían precedido. Para ellos y para sus contemporáneos,, el mundo podía ser considerado racional­mente, como algo que debía ser controlado y ordenado.-Y en buena parte fue este cambió de actitud el que motivó el ataque intelectual contra la institución budista y contra su místico modo de vida. Como Yamagata Banto expresó tan sucintamen­te: «No hay ¡».cerno, ni cielo, ni alma, sino solamente el hom­bre y el mundo material.» El confucianismo satisfacía la men-wiidad Tokugawa, facilitándole una nueva filosofía de vida y una nueva cosmología. Aseguraba que detras del universo es­taba la razón (ki), que actuaba en el seno de la materia (ri) para producir el mundo del hombre y de las cosas. Detrás de la sociedad estaban también la razón y el orden, siempre que se fuese capaz de comprenderlo, y, mas aun, el orden era un orden moral. La importancia de este mensaje confuciano consistía en que facilitaba a aquella ¿poca una nueva unidad entre pensamiento y acción, entre filosofía y sistema. El estudio de los principios esenciales (gakumon) que conducen al cono­cimiento (bun) podía poner al hombre en contacto con la esencia del orden moral y producir así el hombre moral.-. El gobierno era esencialmente, una función cuya finalidad consistía en facilitar la -realización del orden moral entre los.-hombres.;

La difusión del confucianismo, pues, fue paralela’-a la formacion del baku-han, nuevo orden social y político. Porque el confucianismo, con su. primordial atención a los asuntos políti­cos y sociales, se adecuaba perfectamente a los intereses de.’los gobernantes Tokugawa ,y de la .clase-samurai. Los primeros dirigentes Tokugawa se. enfrentaron con .agudos problemas para crear un orden social tras la agitación militar, ‘y era precisa­mente . para aquellos problemas para los que el confucianismo. se enorgullecía de tener soluciones. El desplazamiento desde una-sociedad predominantemente feudal (o patriarcal) a una sociedad de clases y de grandes grupos .exigía la formulación’.de: prin­cipios legales nuevos y más amplios. Los. primeros cambios desde el poder, del hombre al poder-de’la ley requerían la-elaboración de nuevas leyes y’de nuevas instituciones adminis­trativas. Además, el Shogun y los daimyo de aquel tiempo. comprendieron que ellos eran «gobernantes completos», en mu­cho mayor grado que el Shogun y los shugo de los tiempos-de los Ashikaga, y por ello tenían que ser mucho más amplios en su legislación y más explícitos al formular la razonada expo­sición de la autoridad.

La importancia del confucianismo para el orden político To­kugawa radicó en que facilitaba una nueva teoría sobre la que podía asentarse una sociedad armoniosa. Daba una base racional a la idea de una sociedad formada por una jerarquía natural. de clases en la que todo individuo que ocupase el puesto que le había correspondido llenaría su misión en la vida. Contribuyó así a confirmar la tendencia hacia la separación de las clases y hacia la codificación del comportamiento adecuado a cada status. Pero hizo más aún, porque el confucianismo no era sim­plemente una filosofía para el control del pueblo, sino que enunciaba un orden moral que estaba por encima del gober­nante también. Asignaba al Shogun y a los daimyo la respon­sabilidad de gobernar para beneficio del pueblo —facilitar una administración benévola (jinsei) o un absolutismo responsa­ble— e instruir a los samurai en él camino del caballere-

estudioso-guerrero. En el Japón de los Tokugawa se había hecho costumbre el uso del carácter chino que significa caba­llero (shih) como una designación para los samurai.

El confucianismo ayudó, pues, a dar un respaldo filosófico al nuevo orden legal y etico. Y en una época en que la base del comportamiento-estaba desplazándose desde las costumbres hacia los principios, los principios confudanos llenaban un vacío , que el budismo ¿no había podido colmar. Los conceptos de lealtad al. orden político (chü) y a la familia (ko) uilversali­zaron los requisitos sociales que constituían la base primordial» de aquella época. Conceptos abstractos de status-comportamiento facilitaban los’.modelos. para cada dase y profesión. Cada gru-‘ po tenía su «camino» (do), como, por ejemplo, el bushido (el camino del samurai) o el chonindo (el camino del comerciante). Especialmente el bushido, como nuevo código de una clase mi­litar que en tiempo de. paz se dedicaba a la administración, com­binaba la necesaria importancia concedida al espíritu militar con la concedida al estudio en los libros, a fin de. racionalizar la contradicción en los términos implícita en la denominación «guerrero-administrador».

Si el,.confucianismo dio’un tono positivo y políticamente motivado» a la vida intelectual y cultural- del Japón de los Tokugawa, la política de aislamiento tuvo, en cierto modo, el efecto opuesto, es decir, el .de replegar a la sociedad sobre si misma. El-supuesto de-que los gobernantes Tokugawa estaban’ predispuestos a una política de aislamiento, a causa de ua con­servadurismo fundamental en su visión del mundo, no es real­mente sostenible. Tokugawa Ieyasu tenía grandes deseos de–desarrollar el comercio exterior, y durante algún tiempo se com­portó amistosamente con los, misioneros cristianos. Pero sus esfuerzos para alcanzar el pleno control de los destinos .del-país y para asegurar la completa lealtad a su régimen le lle­varon, poco a poco, a una situación cerrada. La historia de la adopdón de la política de aislamiento presenta, pues, la con­fluencia de tres preocupaciones diferentes: 1) el esfuerzo de los Tokugawa por asegurar la estabilidad política interna, 2) el deseo de los Tokugawa de asegurar un monopolio de comerdo exterior y 3) el temor al cristianismo.

Al principio, Tokugawa Ieyasu tenía un enorme interés en desarrollar relaciones comerciales con los países extranjeros, y negoció pacientemente con chinos, españoles, ingleses y holan­deses. Pero no consiguió hacer de Edo un puerto para el comercio exterior. Los comerciantes europeos preferían los puer­tos del Kyüshü, y China rechazó la oferta de Ieyasu en favor de un comerio oficial mediante la utilización de barcos autorizados. Sin duda. alguna, estos fracasos indinaron a leyasu ya sus sucesores a llevar a cabo un esfuerzo por asegurarse el monopolio del comercio existente a través de puertos con­trolados y de barcos autorizados previamente. Así, se formó, en 1604, la liga de comerciantes en seda, instalada- en Sakai, en Kyoco y en Nagasaki, que obtuvo especiales privilegios de monopolio sobre la importación y la distribución de hilo de seda.
Mientras . tanto, había vuelto ‘a plantearse el problema del cristianismo. Ieyasu, aunque, comportándose amistosamente.- con los misioneros, no había revocado nunca, el-edicto de expulsión . promulgado por Hideyoshi en 1587. Sin embargo, en 1612’ los problemas suscitados por algunos daucyo cristianos» en el. Kyu-shü y. el conocimiento de la existencia de conversos..cristianos entre los fudai del Shogun. indujeron a Hidetada, a promulgar de nuevo los edictos y a ordenar a todos los seguidores de los Tokugawa y a cuantas personas viviesen, en los territorios a que éstos que renunciasen a aquella religión. Un daimyo’ inferior, Takayama Ukon (1553?-1615), fue deportado a Manila en 1614 como resultado- de este -nuevo y más enérgico esfuerzo por limpiar de cristianos el país ., Desde aquel momento ‘el deseo de un monopolio ‘comercial y el temor al cristianismo contribuyeron en. igual medida a: las leyes aislacionistas definitivas. En 161.6 el comercio..exterior se restringió a Nagasaki y a Hiracio. En 1622 una gran eje-cución de cristianos costo la vida a 120 misioneros y conversos. En 1624 los españoles fueron – expulsados del. Japón. (El año interior los ingleses. habían abandonado voluntariamente sus esfuerzos por comerciar con el país.) Mientras tanto se infligían terribles torturas a los japoneses sospechosos de ser cristianos, y muchos miles de ellos se vieron obligados a abandonar .’sus creencias. En 1629, para poner a prueba la. fe de los cristianos, se ideó un nuevo método que consistía en obligar a los indi­viduos a pisar sobre unas planchas de bronce (llamadas fumie o «figuras para ser pisadas») que representaban imágenes cris­tianas, com cristo o María. Lo s que se negaban a pisar aque­llas planchas eran considerados cristianos y sometidos a tortura y ejecutados. La Iglesia Católica declara mas de tres mil mar­tirios en el Japón en aquella época.

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  1. alma

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