Haciendas en la América Hispana

Además del sistema de explotación de los metales, que caracterizó el inicio del montaje de la colonización española en América, cuyos modelos principales fueron los repartimientos y las encomiendas, hubo también el montaje del esquema de la plantación, esto es, el monocultivo agrícola en grandes extensiones de tierra que fue conocida como “hacienda”. Esto, teniendo en cuenta que la economía de las colonias se basaba en la explotación agrícola y minera.

Estos monocultivos generalmente se centraban en productos tropicales y semitropicales, como el maíz y el azúcar. Las principales características de las haciendas en las regiones de la América hispana fueron el trabajo de carácter obligatorio, esclavo, y el carácter autoritario del propietario con relación a la administración de su hacienda. Este sistema presentó muchas similitudes con los ingenios brasileños. Tal como estos, las haciendas atendían la demanda por productos agrícolas y alimentaban el comercio dentro y fuera del continente americano. Sin embargo, las haciendas poseían una relación más fuerte con el comercio intercolonial, esto es, entre las propias colonias españolas, que con la metrópoli.

Además, la esclavitud indígena fue empleada en mayor escala que la de África, con la excepción de Cuba, que tuvo una fuerte presencia de esclavos negros. El investigador Eduardo Newman, en el trabajo presentado en la Asociación Nacional de Investigadores y Profesores de Historia de las Américas (ANPHLAC), así discurre sobre la presencia del trabajo obligatorio indígena en las haciendas:

«Las actividades agropecuarias dependían también del trabajo indígena y de los mestizos. Ante la hispanización de los campos, generada por las necesidades agrarias de la colonización, preponderó la hacienda. Una propiedad rural de carácter autosuficiente, pero orientada a abastecer a los centros mineros y a las ciudades cercanas, cuya obtención de mano de obra podría proceder de diferentes sistemas de reclutamiento, pero que se basaba en la incorporación de indígenas. La hacienda atraía, principalmente, a los indígenas alejados de sus comunidades o desprovistos de tierras, los cuales fueron conocidos como peónes residentes o acasillados. Con carácter complementario a las tareas realizadas en alojamientos rurales funcionaban los obrajes, los establecimientos destinados a la fabricación de tejidos.» (Newman, Eduardo. Trabajo en la América española: el salario, la servidumbre y la esclavitud. ANPHLAC)

Además, las relaciones tejidas entre los sistemas de explotación de la minería con los propietarios de tierras que controlaban el proceso de las haciendas produjeron la fundación de las oligarquías regionales en la América española. Una instancia dependía de la otra, debido al intercambio de materia prima, ya sea por cuenta de la oferta de crédito, como bien subraya el investigador Leslie Bethell:

«La fundación de esta oligarquía representó la fusión de la gran propiedad rural con el monopolio del capital ganado en el sector minero y en el comercial. El crédito se ha convertido en disponible para los dueños de grandes propiedades de tierra por medio de sólidas alianzas matrimoniales que unían a sus hijos a los mineros y comerciantes ricos, y por medio de la propia tierra acumulada.»

 

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