Guerra Hispano-Americana

La Guerra Hispano-Americana fue una guerra de 1898 entre España y los Estados Unidos, resultado de la intervención norteamericana en la Guerra de Independencia de Cuba. Los ataques estadounidenses a las posesiones territoriales de España en el océano Atlántico y en el Pacífico, que llevaron a la implicación de la Revolución Filipina y, finalmente, a la Guerra Filipino-Americana.

Revueltas contra el dominio español habían ocurrido desde hacía algunos años en Cuba. Hubo pequeños conflictos antes, como en el caso de Virginius en 1873. A finales de 1890, la opinión pública estadounidense fue agitada por la propaganda anti-española dirigida por periodistas como Joseph Pulitzer y William Hearst que utilizaron periodismo amarillo para criticar a la administración española de Cuba. Tras el naufragio misterioso del acorazado estadounidense Maine en el puerto de la Habana, las presiones políticas del Partido Demócrata y algunos industriales empujó a la administración del presidente republicano William McKinley a una guerra que él tenía la intención de evitar. Así, los Estados Unidos enviaron un ultimátum a España exigiendo que entregara el control de Cuba. Primero en Madrid, luego en Washington, se declaró formalmente la guerra.

Aunque la cuestión principal era la independencia de Cuba, la guerra de las diez semanas, se desarrolló tanto en el Caribe como en el Pacífico. El poder naval estadounidense resultó decisivo, permitiendo que las fuerzas expedicionarias americanas desembarcaran en Cuba contra una guarnición española ya de rodillas a causa de los ataques de los insurgentes cubanos por todo el país y por la fiebre amarilla. Las fuerzas cubanas, de las Filipinas, y norte-americanas, numéricamente superiores, obtuvieron la rendición de Santiago de Cuba y Manila, a pesar del buen desempeño de algunas unidades de infantería españolas y del combate feroz por posiciones como San Juan Hill. Con dos escuadras españolas obsoletas hundidas en Santiago de Cuba y la bahía de Manila; y una tercera parte más moderna llamada de vuelta a casa para proteger la costa española, Madrid pidió la paz.

El resultado fue el Tratado de París de 1898, negociado en condiciones favorables para los Estados Unidos, que permitió el control temporal sobre territorio cubano, y cedió por tiempo indeterminado, la autoridad colonial sobre Puerto Rico, Guam y las islas de las Filipinas. La derrota y el hundimiento del Imperio Español desencadenó un profundo impacto en la psique nacional de España, y provocó una revalorización filosófica y artística profunda de la sociedad española conocida como la Generación del 98. Con esto, los Estados Unidos ganaron varias posesiones insulares en todo el mundo.

La guerra marcó la entrada de Estados Unidos en los asuntos mundiales. Desde entonces, los Estados Unidos tuvieron un peso significativo en varios conflictos alrededor del mundo.

La guerra hispano-americana redefinió la identidad nacional, sirvió como una especie de solución para las divisiones sociales que aquejaban a la mente americana, y proporcionó un modelo para todo el futuro del periodismo.

Spanish-American War Soldiers pose in a field. Inspired by visions of glory, ideals of freedom for Cuba and vengeance for the mined USS Maine, young men rushed to enlist in such numbers that the Army had to turn thousands away. After they arrived in Cuba, however, reality set in: Poor rations, heat, tropical rains, insects and disease made it a miserable 10 weeks for many Soldiers. Some 4,000 became ill and the Soldiers had to be quarantined upon their return to the States. (Photo courtesy of the U.S. Army Heritage and Education Center)

La guerra también aceleró la caída del Imperio Español. La pérdida de Cuba causó un trauma nacional por causa de la afinidad de los españoles peninsulares de Cuba, que era visto como otra provincia de España y no como una colonia. España mantuvo sólo un puñado de participaciones en el exterior: África Occidental Española (Sahara Español), Guinea Española, protectorado Español de Marruecos y las Islas Canarias.

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