Guerra de Restauración

Las batallas entre los reinos de España y Portugal, que fueron llevadas a cabo entre los años 1640 y 1668, fueron conocidas como la Guerra de la Restauración. Por el lado de España, solamente la región de Cataluña no participó en los enfrentamientos. Estos conflictos tienen su origen a través de un golpe de Estado a la Restauración de la Independencia, que acabó con la monarquía de la Dinastía Filipina (1580). Las guerras terminaron a partir del acuerdo entre Carlos II de Castilla y Alfonso VI de España, el llamado Tratado de Lisboa. De esta forma, Portugal tuvo su independencia reconocida por España.

El inicio de la Guerra de la Restauración remite a la crisis de sucesión al trono, que se produjo después de la muerte de Don Sebastián de Portugal, entonces rey. Así, Felipe II de España, que se convirtió en Felipe I de Portugal, pasó a gobernar el reino. Sus sucesores fueron Felipe II de España y Felipe III de España, respectivamente, su hijo y su nieto, que han configurado la Dinastía Filipina. La nobleza de España era fuerte opositora de esta monarquía y comenzó a proponer la figura de Prior de Castro, quien no podía ser un sucesor del trono por ser el hijo bastardo.

Tras el aumento de la insatisfacción con la Dinastía Filipina, los hombres de la nobleza de España, encabezados por el Dr. Juan Pinto Ribeiro, D. Miguel Almeida y D. Antonio de Almada; planearon un complot en contra de Felipe III de España en el año de 1640. Este grupo fue responsable de la muerte de Miguel de Vasconcelos, que era Secretario de Estado, y por el encarcelamiento de la prima del rey Felipe III de Portugal, posicionando a la Duquesa de Mantua, a la que le fue confiado el gobierno. Otro factor que colaboró con la conspiración fue que España contaba con gran parte de sus fuerzas armadas involucradas en la Guerra de los 30 Años, en la que intentaba acabar con la sublevación de Cataluña. Era el inicio de la Guerra de la Restauración.

Después de restaurada la independencia, D. Juan IV, se convirtió en el nuevo rey portugués y, junto a sus partidarios, se centraron en la consolidación de la autonomía alcanzada en la Guerra de la Restauración. Primero, D. Juan IV necesitaba de reconocimiento internacional como auténtico rey de Portugal. Dentro del reino español, este estado fue alcanzado en 1641, tras el juramento ante las Cortes de Lisboa. Para difundir la idea por el resto del continente, el rey envió embajadores a fin de obtener apoyo de otras monarquías y tuvo éxito.

Proclamación del rey Joao IV

Proclamación del rey Joao IV

Obviamente, se esperaba que España rechazase la acción portuguesa con ataques militares para lograr la plena soberanía sobre el territorio de nuevo. Como el ataque de España no fue inmediato, D. Juan IV logró organizar sus fuerzas armadas para proteger el territorio conquistado en la Guerra de la Restauración.

Tras el fin de la Guerra de los 30 Años, España organizó algunos ataques esporádicos contra Portugal, que fueron fácilmente manejados por el ejército de D. Juan IV. Sólo en 1663 España hizo un ataque considerable, época en la que el trono de Portugal ya estaba siendo dirigido por D. Alfonso VI.; en ese enfrentamiento, los portugueses perdieron dos territorios: las plazas de Alcácer do Sal y de Évora. Entre estas batallas, las principales fueron: la Batalla de Montes Claros, la Batalla de Castelo Rodrigo y la Batalla del Ameixal.

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