Gengis Khan. El terror mongol

Allí estaba extendida la fabulosa ciudad de Samarcanda en la llanura turcmena: las paredes de los edificios recubiertas de azulejos multicolores, las cúpulas doradas, las filigranas de sus minaretes y sus sombreados patios interiores plantados de palmeras en los grandes caravanserrallos -un abigarrado mundo de palacios, talleres, casas urbanas, fuentes cantarinas y mercados ruidosos bajo la protección de sus altas torres y poderosas murallas. En la lejanía azulaban las siluetas erguidas al cielo de la cordillera, las estribaciones de Hindukush y Karakorum. La antiquísima ruta de la Seda era la cinta en la que se enristraban como peras las ricas y florecientes ciudades de Kokand, Samarcanda, Bujará, Merv y otros mercados. A este país situado entre la estepa, la cordillera nevada y los lejanos ríos de Oxo y Yaxartes (Amu y Sir Darya) habían llegado los griegos en tiempos de Alejandro; más tarde les siguieron los conquistadores árabes. Ambos habían llevado a Bujará y Samarcanda el florecimiento de muy antiguas culturas.

Mas ahora –en el año del terror de 1219– aparecen los mongoles, sitian Kokand, la asaltan y después, tras un breve sitio, invaden a través de sus puertas la aterrorizada Samarcanda. Habían llegado en una campaña increíble, como las hormigas, por encima de los puertos de montaña nevados a más de 4.000 metros de altura y habían arrastrado por encima del Hindukush y del Karakorum camellos, yaks, caballitos de la estepa, incluso sus carros de yurtas y todo su aprovisionamiento. Ahora, con las primeras tormentas de primavera, caían sobre la llanura como una plaga de langostas. Su caudillo -el terror del mundo- se llamaba Gengis Khan.

Monumental estatua dedicada a Gengis Kan en Zonjin Boldog, cerca de Ulan Bator
Monumental estatua dedicada a Gengis Kan en Zonjin Boldog, cerca de Ulan Bator

Hasta ahora se había sabido poco de los pueblos mongoles, porque habían vivido lejos del mundo culto en los desiertos, estepas y cordilleras de Asia Central. Incluso los inteligentes chinos apenas escribieron sobre ellos, en una crónica de la época Sung, más que esto: «Sus viviendas, dicen, eran carromatos negros o tiendas blancas. Vivían de la caza y de sus rebaños. Se vestían con pieles de animales y se alimentaban sobre todo de carne y leche. Tenían incontables mujeres…«

Esas tribus no habían significado nunca más que un peligro local hasta que surgió de su medio -nacido hacia 1155 junto al río Orjon al sur del lago Baikal- un demonio que merced a su increíble dureza logró unir en pocos años todos los mongoles y hacerse a sí mismo gran Khan. Ese «lobo pálido», Gengis Khan, destruyó en breve el floreciente reino ligur en el extremo de China, borró a continuación tres ejércitos chin de tal modo que sus hordas de caballistas salvajes anegaron las provincias del norte de China hasta el Pacífico.

A continuación se habían puesto en marcha hacia el sudoeste contra las grandes culturas islámicas. Había caído en sus manos Samarcanda, la joya de Transoxania.

Gengis Khan había cabalgado, rodeado de sus jefes tártaros y oficiales, hacia la mezquita principal, se había dirigido, montado en su caballejo estepario, hacia la alquibla y subió al púlpito del recitador del Corán. Desde allí gritó a la horda de sus jinetes, embriagados por la victoria, que llenaban las naves de la mezquita: «El heno está cortado, alimentad pues vuestros caballos!»

Eso era una llamada al saqueo, a la violación y al asesinato. El salvaje ejército atendió al grito y se extendió por las calles de la moribunda ciudad. Pocas semanas más tarde, cuando los mongoles se fueron de Samarcanda, dejaban atrás una pirámide levantada con los cráneos de 300.000 muertos, un campo de ruinas y un cementerio apestado sobre el que rondaban los cuervos. Corrieron hacia Bujará, hacia Merv, a lo largo de la ruta de la Seda, hacia el dorado oeste. Una de las órdenes de Gengis Khan decía: «Es mejor no dejar detrás del ejército ningún sometido, ningún vivo en absoluto; porque el vencido siempre pensará en deshacerse del yugo. Por eso, ¡matadlos, matadlos a todos…!«

Los mongoles arrasaron Harat, Nishapur y otras ciudades, alcanzaron el mar Caspio y el mar Negro. En Kiev vencieron a los rusos, desertizaron Gran-Bulgaria –y se volvieron repentinamente atrás. En 1223, Gengis Jan marchó de nuevo contra China, donde murió en 1227, alcanzado por una flecha perdida.

Su hijo Yagatai, sus nietos Qubily y Mangu hicieron correr sus ejércitos China adentro, hacia el norte de la India, Persia e incluso al pleno corazón de Europa. En 1223, los mongol es habían vencido a los rusos junto al Kalka, lo que significó una dominación extranjera tártara sobre Rusia hasta 1480; en 1241 sus ejércitos estaban en Dalmacia, ante Budapest y en Silesia. Un ejército alemán de caballeros sucumbió en la batalla de Wahlstatt junto a Liegnitz; el centro de Occidente estaba seriamente amenazado. Mas la muerte del gran Khan hizo que el ejército se volviera atrás.

En 1258, Hulagu Jan estaba en Mesopotamia y redujo a cenizas la maravillosa Bagdad. Los turcos y los seljúcidas huyeron ante los mongoles hasta Asia Menor, los mamelucos hasta Egipto. Mientras tanto, Mangu Khan había caído ante la pequeña ciudad china de Chou; le sucedió como gran Khan su hermano Qubilay Khan. Este hombre culto e ilustrado (el contacto con la altamente civilizada China nunca ha dejado de imprimir su huella en ningún conquistador) trasladó su capital a Pekín, que llamó Tatu (gran capital). Al mismo tiempo dio a su imperio chino el nombre de «Yuan” , que significa grandeza. Bajo Qubilay Jan, el protector de Marco Polo, se extendió la conquista mongol a hasta Corea, China Meridional, Indochina, Birmania e incluso hasta Indonesia. Sólo se detuvo ante las costas de Japón porque un tifón destruyó la flota mongola. Se había erigido el mayor imperio de la historia. Mas no sería un imperio de mucha duración; la dinastía mongola en China cayó al cabo de noventa años, en 1368, cuando Chou Yuan-chang echó a los usurpadores extranjeros y fundó la dinastía Ming; como protección ante nuevos ataques desde el interior de Asia hizo construir la Muralla China en su forma actual: un gigantesco muro protegido por torreones que se extiende a través de llanuras y cordilleras sobre una distancia de 2.500 km. Hacia la misma época, en 1360, Timar Lenk (es decir, el tullido; en Occidente se le conocía también por Tamerlán), que pretendía ser un sucesor de Gengis Khan, erigía el segundo imperio mongol con capital en Samarcanda. Condujo 35 campañas guerreras increíblemente crueles; llegó en ellas por el norte hasta Moscú, por el este hasta Delhi en India y por el oeste hasta Ankara. Finalmente planeaba una «guerra santa» contra China, pero murió antes de poder iniciarla (1405).

También su imperio se deshizo bastante rápidamente a consecuencia de las luchas familiares tras de su muerte.

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