Flujos migratorios

Las migraciones

Los movimientos migratorios son desplazamientos poblacionales que configuran la actual situación demográfica y social del mundo. Son cualquier tipo de desplazamiento de la población, desde su lugar de residencia, hasta otro de manera permanente. Quien se va es un emigrante, quien llega es un inmigrante.

Causes y consecuencias de los movimientos migratorios

Las causas de las migraciones son muy diversas, aunque destacan las demográficas y económicas, las relacionadas con catástrofes naturales, las políticas, socioculturales, etc.

Consecuencias de los movimientos migratorios:
Para el país de origen provoca envejecimiento de la población y despoblación. Para el país de destino, disminución de salarios, degradación de las viviendas, diversidad cultural y desarrollo económico. Para la persona emigrante, en principio problemas de adaptación y de identidad y, a la larga, mejoras en la calidad de vida.

Los movimientos migratorios en España

Hasta mediados del siglo XX se produjeron las migraciones transoceánicas históricas (fundamentalmente hacia Argentina y Venezuela) y, desde finales de la década de los 50, el éxodo rural del campo a la ciudad, es decir, las migraciones interiores hacia la periferia más industrializada y hacia Madrid, así como las exteriores hacia los países europeos desarrollados (Francia, Alemania y Suiza, fundamentalmente).

Las migraciones interiores

La migraciones interiores campo-ciudad

Lugares de origen de la migración interior: entre 1950 y 1960 cambiaron de provincia 5,4 millones de personas, pero si se contabilizan también las migraciones interprovinciales (entre el interior de Castellón y la costa, por ejemplo), esta cantidad sería el doble. En 2001, 11 provincias españolas registraban menos población que en los inicios del siglo XX (1901): Teruel, Soria, Lugo, Orense, Zamora, Ávila, Palencia, Segovia, Cuenca, Guadalajara y Huesca. Pero otros, como Burgos o Cáceres apenas si aumentaron el número de habitantes.

Lugares de destino de la migración interior: Los mayor crecimiento demográfico debido a la inmigración interior se produjo en las provincias de Barcelona y Madrid, por este orden, con más de medio millón cada una, seguidas de Valencia, Vizcaya y Alicante con incrementos entre 100.000 y 200.000 personas y, finalmente, Baleares, Guipúzcoa, Tarragona, Álava y Girona, pero también, aunque más moderadamente, Castellón, Navarra, Canarias y Valladolid. La mayoría de emigrantes andaluces, extremeños y gallegos eligieron Barcelona, mientras que los castellanos emigraron a Madrid. A partir de 1973, la crisis del petróleo encareció los precios, hizo subir el paro, mientras hacía desaparecer las migraciones.

Mapa flujos migratorios en España

Mapa flujos migratorios en España

Las migraciones exteriores

Las migraciones exteriores del siglo XX

La emigración tradicional del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX fue fundamentalmente ultramarina, hacia América Latina. Los destinos tradicionales de los emigrantes fueron Argentina (2 millones entre los años 1857 y 1935), Brasil, Cuba, Venezuela y México. El origen de los emigrantes era Galicia, la cornisa cantábrica y Canarias. A principios del siglo XX se añadieron otros destinos: Argelia y Francia (donde en 1930 había unos 300.000 emigrantes españoles procedentes del litoral mediterráneo). En 1960, las características de la emigración española cambiaron completamente: ahora el destino era Europa occidental protagonizada por hombres en edad laboral, de escasa cualificación profesional, motivados por fines económicos. Las altas tasas de crecimiento vegetativo, la industrialización escasa y la crisis de la agricultura tradicional generaron amplios excedentes de mano de obra que, por otra parte, era reclamada por los europeos en la reconstrucción posbélica al amparo del Plan Marshall. Estos movimientos tuvieron lugar entre 1960 y 1974, llegando a afectar a unos 2 millones de personas. El 36% de los emigrantes se estableció en Alemania, una proporción similar en Suiza, Francia acogió el 21% y el resto entre Holanda, Bélgica y Reino Unido. El origen de los emigrantes era: Andalucía (29%), Galicia (27%), Castilla y León (10%), la Comunidad Valenciana (7%) y Extremadura (7%). La crisis estructural y energética hizo bajar drásticamente, a partir del 1974, las contrataciones de trabajadores españoles en el exterior y animó el retorno de algunos emigrantes.

Consecuencias de las migraciones exteriores

Para España supuso la disminución de la población (siempre ha contado con una densidad de población baja), pero también de la presión social y económica que representaba tan gran porcentaje de gente sin trabajo. Desde el punto de vista económico, representó también una nueva fuente de entrada de divisas que, hasta entonces, era protagonizada casi exclusivamente por las exportaciones agrarias (la naranja fue, entre la década de los treinta y los sesenta, la primera fuente de divisas del Estado), por las remesas de dinero que enviaban los trabajadores emigrados. Y desde el punto de vista social, el desarraigo de miles de personas de sus lugares de origen.

De un país de emigrantes a un país de inmigrantes hasta la crisis actual

España, un país de inmigrantes

Desde el inicio de los años ochenta del siglo XX, España pasó de ser una sociedad de emigrantes a ser un país que recibe inmigración. La inmigración era, en principio, moderada, pero se fue incrementando desde finales del siglo XX. Estos inmigrantes se dividen en dos grupos: uno formado por personas que ejercen tareas cualificadas o disfrutan de su jubilación que, en su mayoría, son de origen europeo (Alemania, Francia o Reino Unido) y, el otro, de los trabajadores poco cualificados que suelen venir del Magreb, de Portugal o de países latinoamericanos (un 40% son mujeres dedicadas al servicio doméstico) y, por último, los procedentes de la Europa del Este. Hasta la crisis iniciada entre 2007 y 2008, también había un gran número de inmigrantes no registrados (ilegales) que siempre es difícil de calcular. De todas formas, la incorporación a la Unión Europea de Rumanía y otros países del Este, así como la crisis global de la economía occidental y las altas tasas de paro españolas, han sido un punto de inflexión tras dos décadas de incrementos del saldo migratorio.

Población extranjera en España

Desde el año 2000, España ha sido el segundo país del mundo, después de EEUU, al recibir mayor número de inmigrantes, superando los cinco millones y llegando a un porcentaje aproximado al 12% de la población total. Normalmente los inmigrantes son jóvenes con porcentajes similares de mujeres y hombres, aunque éstos suelen llegar primero: por países de origen destacan en cantidad los rumanos y búlgaros, también los marroquíes y los venido de América Latina, como ecuatorianos, colombianos y bolivianos, así como también los europeos de los estados vecinos que presentan una media de edad más elevada.

Inmigrantes extranjeros

Inmigrantes extranjeros

Los caminos de la immigración

Según un estudio del INE, sólo el 1,1% de los inmigrantes llegados a España puso en peligro su vida en manos de las redes clandestinas: es verdad que una minoría llega con patera como vemos reiteradamente a los informativos, pero hay que tener claro que siempre es noticia lo que interesa al poder y sobre todo lo que es poco usual o común (si un perro muerde a un periodista, esto no es noticia, en cambio sí lo es cuando un periodista muerde un perro, por tratarse de algo poco habitual). Hay flujos migratorios de inmigrantes irregulares procedentes de los países subsaharianos con los que España trata de firmar acuerdos (más vigilancia de las costas a cambio de ayudas económicas), pero es necesaria una vigilancia extrema por la ubicación geográfica peninsular que conlleva, muchas veces , ciertas polémicas como sobre la peligrosidad de la valla de Ceuta o sobre el tratamiento de los ilegales de las que no están exentos otros estados mediterráneos como la propia Italia.

Crisis y fuga de cerebros: la dinámica demográfica actual

Como consecuencia directa de la crisis económica, la población española, después de muchas décadas de crecimiento, está disminuyendo poco a poco desde 2011, ya que el número de inmigrantes se ha reducido drásticamente y, en cambio, vuelve a subir los de emigrantes: desde aquellos que retornan a sus países de origen donde ha mejorado la situación económica (Ecuador), hasta los jóvenes universitarios parados que prueban fortuna en otros estados europeos. Los estudios de prospectiva no apuntan hacia un descenso generalizado sino, más bien, hacia un estancamiento de la población que continuará el proceso de envejecimiento, con tasas de natalidad muy bajas y una esperanza de que seguirá creciendo mientras los recortes sociales (en pensiones, sanidad y enseñanza) no afectan al mantenimiento de un mínimo Estado del Bienestar que no existe en los países de origen de los inmigrantes.

El debate sobre la inmigración

España necesita inmigrantes

La inmigración es necesaria en todos los estados europeos envejecidos, porque es un hecho positivo desde el punto de vista económico (revitalización del consumo), demográfico (rejuvenecimiento de la población activa) y cultural (fomenta la interculturalidad). El único problema que ha supuesto la inmigración en España ha sido la falta de consenso, ante la regulación de los recién llegados, durante el alud inmigratorio de los años del cambio de siglo (entre 1998 y 2008) cuando la construcción empezaba a ser el sector económico de mayor crecimiento y los bancos daban créditos a todos, porque el paro estructural continuaba elevado y, finalmente, ha acabado disparándose cuando la construcción ha frenado en seco, ya que el tejido productivo español es muy débil ante una economía globalizada en la que no podemos competir, solamente, con el aumento de la producción y la reducción de los salarios.

La interculturalidad: dificultades y dilemas

El racismo en España no ha representado nunca un problema grave, pero es verdad que han crecido las situaciones de rechazo hacia el inmigrante y los forasteros a medida que se ha agravado la crisis . Y son precisamente las clases más bajas, las que comparten barrio con los inmigrantes que sufren exclusión social, las que suelen manifestar estas actitudes xenófobas, y no solamente por prejuicios culturales, sino porque los consideran competidores a la hora de conseguir un puesto de trabajo mal remunerado. De todos modos, durante los próximos años continuaremos recibiendo inmigrantes porque, a pesar de las restricciones de la Unión Europea, hay dos derechos básicos que hay que respetar siempre: el derecho a la reagrupación familiar y el derecho de asilo.

Inmigrantes en el mercado

Inmigrantes en el mercado

La reagrupación familiar

Muchos hijos de inmigrantes menores de 16 años que residen en sus países de origen, donde el nivel de vida es muy precario, podrían llegar a España en los próximos años, según datos del Instituto Nacional de Estadística, acogiéndose a su derecho.

El derecho de asilo

Este derecho, reconocido por la ONU, obliga a admitir las personas extranjeras que sufren persecución en su país de origen, y conlleva la no devolución, no expulsión y no extradición de la persona que disfruta de este estatuto.

La política de la Unión Europea y la inmigración

El Pacto Europeo de la Inmigración (2008) se hizo para frenar la entrada ilegal de muchas personas que, en principio, afecta sobre todo a los estados fronterizos como España o Italia. Plantea una inmigración legal y ordenada que incluye el control de acceso, la regulación de la permanencia y el desarrollo de políticas de acogida y retorno, también regula y restringe el derecho de asilo. No obstante, la presión migratoria sobre la Unión Europea sólo se puede frenar con el desarrollo de los países pobres.

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