Expansión romana

Roma fue, inicialmente, una ciudad-estado, entre las varias que poblaron la península itálica. De la misma forma que las polis griegas, estas ciudades guerreaban constantemente entre sí. En 395 a. C., durante uno de esos conflictos, el ejército romano conquistó la ciudad etrusca de Veyes y anexó a su territorio una parte de la Etruria. A partir de entonces, los líderes de Roma han adoptado una política cada vez más agresiva de conquistas territoriales que permitió la rápida expansión romana.

En el inicio del siglo III a. C., los romanos dominaban todo el centro de la península Itálica y se volvieron a las ciudades de la Magna Grecia, conquistando Tarento en 271 a. C., Seis años después, en 265 a. C., anexaron la parte de Etruria que aún no estaba bajo su poder. Roma dejó de ser una simple ciudad-Estado. Sus dominios se extendían ahora por toda la península Itálica. Antes de tomar una ciudad, los romanos daban a sus habitantes la posibilidad de rendirse. Si eso sucediera, ellos mantenían los gobiernos locales, que compartían el poder con mandatarios romanos, llamados de procónsules. En cuanto a los habitantes de las ciudades dominadas, habían de someterse a las leyes romanas, pagar impuestos y rendir culto a los dioses romanos. Si optaban por luchar y perdían, eran transformados en esclavos y su ciudad era destruida.

Las guerras púnicas

El general cartaginés Anibal ordena a su ejército en un combate contra los romanos en la cordillera de los Alpes

El general cartaginés Anibal ordena a su ejército en un combate contra los romanos en la cordillera de los Alpes

Hasta mediados del siglo III a. C., el comercio del Mediterráneo occidental, era controlado por Cartago, ciudad-estado, fundada por los fenicios en el norte de África. Además de este control, los cartagineses tenían colonias en la península Ibérica y en las islas de Córcega, Cerdeña y Sicilia, muy cerca de la península Itálica. Al expandir sus dominios por toda la península Itálica, los romanos se convirtieron en un serio rival de los cartagineses, con los cuales pasaron a disputar la hegemonía (el poder) de la región.

La rivalidad entre las dos potencias, Roma y Cartago, se transformó en un conflicto armado en 264 a. C. Había empezado la Primera Guerra Púnica, palabra derivada de poeni, nombre que los romanos llamaban a los fenicios. El conflicto terminó en 241 a. C. con la derrota de los cartagineses, que tuvieron que ceder a los romanos sus dominios en Córcega, Sicilia y Cerdeña, además de pagar una indemnización a los ganadores.

En el 218 a. C., un ejército cartaginés de 60 mil hombres comandados por el general Aníbal Barca, cruzó la península Ibérica y la Francia actual y atacó a los romanos por el norte de la península Itálica, a los que derrotó en la batalla de Cannas, en 216 a. C. Era el comienzo de la Segunda Guerra Púnica. Después de varios años de combates, las fuerzas de Roma lograron reaccionar y obligar a Anibal a volver a Cartago, donde el general romano Escipión el Africano, lo derrotó en la batalla de Zama (202 a. C.).

La Tercera Guerra Púnica, que se extendió entre 149 a. C y 146 a. C, consistió en una expedición romana para destruir Cartago, que en ese momento ya estaba debilitada militarmente. La ciudad fue saqueada y destruida por los romanos, que esclavizaron a lo que quedaba de su población.

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