El suero para supersoldados que realmente existió

En la película Capitán America: El Primer Vengador, al frágil Steve Rogers en 1941 lo inyectan un suero que lo convierte en súper soldado, aumentando su fuerza física y resistencia más allá de las capacidades del ser humano medio. ¿Ciencia ficción? No del todo, los soldados alemanes y los aliados iban «hasta el culo» de anfetaminas durante la Segunda Guerra Mundial.

La primeras aventuras del Capitán América se publicaron en 1941. Creado por el genial dibujante Jack Kirby y por el guionista Joe Simon, el personaje de Steve Rogers ve su cuerpo transformado profundamente tras la absorción de «suero de súper soldado«, en conjunción con la exposición a una radiación, cuya naturaleza es tan misteriosa como la composición química del suero.

El que tiene la clave de este revolucionario tratamiento que convierte a un débil joven en un atleta con cuerpo perfecto haciendo que el hombre débil joven a un atleta con un cuerpo perfecto, superando mediante sus capacidades físicas y mentales todos los deportes y pruebas que te puedas imaginar (de corredor de maratón a decathlón), es presentado como un médico de Alemania, uno de esos que huyeron del régimen nazi, Abraham Erskine.

Un tráiler de Captain America: The First Avenger. © Marvel Studios Paramount Pictures

Aunque el súper suero ha sido siempre una utopía de la ciencia ficción, es un hecho que los químicos alemanes de la década de los treinta se interesaron en las propiedades dopantes de las anfetaminas y sobre todo de una metanfetamina que la mayoría de los soldados de la Wehrmacht consumía masivamente en forma de pastillas durante la Segunda Guerra Mundial: el pervitín, que algunos en nuestro país conocerán como «checo«.

El pervitín es una droga psicoestimulante que invierte el umbral de agotamiento, aumenta la agudeza mental y la concentración y da una sensación de euforia y aumento de la confianza. Al principio era recetada para luchar contra la fatiga y era producida por la compañía farmacéutica alemana Temmler para su uso individual por los soldados alemanes durante las primeras campañas militares de la Segunda Guerra Mundial; sus ventajas fueron notadas rápidamente por los médicos de la Wehrmacht.

La guerra de los estupefacientes

Producida en masa para los militares, la píldora Göring, que es como algunos la bautizaron, sostendrá los blitzkrieg durante la invasión de Francia y Rusia. Parece que el impresionante éxito del ejército alemán en ese momento no hubiera sido posible sin la droga que facilitó que los soldados permanecieran mucho más tiempo en combate. Entre abril y junio de 1940, la Wehrmacht y la Luftwaffe utilizaron más de 35 millones de tabletas de pervitín.

Los aliados no tienen otra opción y así es como los pilotos de la RAF durante la batalla de Inglaterra también empiezan a consumir una metanfetamina conocida como la metedrina. Tanto es así que al final de la guerra el Times, titulará en primera página: «La metedrina ha ganado la batalla de Inglaterra. «.

Un cartel de Captain America: The First Avenger. © Paramount Pictures

Como ocurre con todas las drogas psicoestimulantes, los beneficios de las metanfetaminas son a corto plazo y la dependencia se instala rápidamente. Después de un «subidón» el inevitable «bajón» se presenta acompañado de múltiples trastornos fisiológicos y psicológicos como la depresión, paranoia, trastornos del sueño, y alteraciones en la circulación sanguínea. Las horas de sueño ganado deben ser compensadas durmiendo durante períodos prolongados. Algunos médicos intentaron limitar el uso del pervitín, por miedo de transformar a la joven población que formaba las tropas en drogodependientes, pero el consejo no será tenido en cuenta por el ejército, que prefirió jugar con la salud de sus hombres para aumentar sus posibilidades de supervivencia en combate.

Hoy en día, la metanfetamina está clasificada como un estupefaciente, pero después de la Segunda Guerra Mundial, las existencias de pastillas disponibles siguieron causando estragos en la población, especialmente en Japón, donde los militares y todos los que trabajaron en la industria armamentística eran alentados a consumir una metanfetamina conocida como «Philoponus» que en griego significa «amor al trabajo«.