El fenómeno urbano en España

Hasta el siglo XVIII, la gran mayoría de la población española vivía en el medio rural. Analizamos el fenómeno urbano en España.

La ciudad romana

Roma creó la red urbana más densa y jerarquizada, unida por vías de comunicación (calzadas) y destacaban Emerita Augusta (Mérida), Toletum (Toledo), Tarraco (Tarragona) y Caesaraugusta (Zaragoza). Solían tener una estructura ortogonal, con calzadas pavimentadas, conducciones de agua potable y aguas residuales, teatro, templos, palacios, etc. Desde las ciudades de la costa se exportaban productos agrícolas y minerales y esclavos.

La ciudad medieval

En los siglos IX-X, mientras los cristianos del norte peninsular vivían dispersos por el campo, al abrigo de un monasterio o al amparo de un castillo, los árabes fundaron el sur un gran número de ciudades con más de 8 núcleos que superaban los 15.000 habitantes: Toledo, Almería, Granada, Palma, Zaragoza, Málaga y Valencia, además de Córdoba, la ciudad más poblada de Europa hacia el año 1000 (450.000 hab.). En el mundo islámico, la ciudad era el centro de la actividad económica, cultural y artística. A partir del siglo XI comenzaron a recuperar población las ciudades cristianas del norte, mientras convertían centros de intercambio comercial las situadas en los cruces de los caminos, puertos y lugares de contacto entre la llanura y la montaña, destacando Toledo, Burgos , Valladolid, Santiago de Compostela, Zaragoza y Barcelona. Comenzaba una época que anunciaba el posterior esplendor o renacimiento de las ciudades en el siglo XIII. Los gremios y la burguesía medieval (mercaderes y artesanos) gobernaban las ciudades junto con la Nobleza, mientras los reyes otorgaban privilegios para batir moneda, administrar justicia o recaudar impuestos. Algunas ciudades empezaban a especializarse en actividades manufactureras (Segovia o Valencia), comerciales (Burgos, Barcelona), universitarias (Salamanca), etc. pero ninguna ciudad pasaba de los 15.000 habitantes.

La ciudad moderna

Entre los siglos XVI y XVII las ciudades fueron pierden peso político, sobre todo en Castilla donde los municipios contaban con un corregidor impuesto por el monarca, mientras Felipe II trasladó la Corte en Madrid (1561). Andalucía era una de las zonas más urbanizadas para que a la herencia del imperio andalusí sumó el monopolio del comercio con América, desde el puerto de Cádiz y el de Sevilla, pero también el centro peninsular estaba bastante habitado. El crecimiento urbano no llegó a la zona mediterránea hasta el final del siglo XVII (la expulsión de los moriscos en 1609 perjudicó, especialmente, la población y la agricultura valenciana).

La ciudad industrial

La Revolución Industrial guarda una estrecha relación con el hecho urbano, porque señala el inicio de una profunda transformación de las ciudades que se consolida a lo largo del siglo XX, con el aumento de población, así como el cambio en las funciones y la organización social.

Ciudad industrial

Ciudad industrial

La ciudad industrial del siglo XIX

Con la progresiva desaparición del trabajo artesano, la producción industrial se localizó en un tipo de edificio nuevo, la fábrica, donde se concentraban las máquinas y la mano de obra asalariada: las textiles se instalaron en Cataluña, las siderúrgicas en Bilbao y alrededores. Se inició, por tanto, un proceso de urbanización de la población que abandonaba los núcleos rurales para buscar trabajo en las ciudades industriales. A partir del 1833, la implantación de la división provincial (de Javier de Burgos) supuso la concentración de la mayoría de instituciones de la administración pública en las capitales, creándose numerosos puestos de trabajo del sector servicios y alterando el anterior jerarquía urbana.

Expansión y segregación de la ciudad: el derribo de las murallas permitió planificar el crecimiento de la ciudad por medio de los ensanches que le dieron un mayor dinamismo industrial y económico a lo largo de las nuevas avenidas.

Aparecieron las dos clases sociales urbanas: el proletariado obrero y la burguesía industrial que no sólo se diferenciaban socialmente, sino que quedaron aisladas espacialmente por las diferencias en las condiciones de vida de sus barrios respectivos.

La ciudad industrial del siglo XX

Las ciudades, tras el largo paréntesis de la guerra civil y la autarquía de posguerra, reanudaron su expansión a partir del Pacto de Estabilidad (1959) y el fin del aislamiento internacional , con un gran éxodo rural durante la década de los sesenta y los setenta respecto configurar la actual distribución de la población en la costa mediterránea, en los alrededores de Madrid y con bajas densidades de población en las dos submeseta, la norte y la sur.

Crecimiento Descontrolado: se dio hasta 1975, cuando llegaban los primeros síntomas de la crisis del petróleo (1973). El fracaso de la política económica autárquica llevó a la miseria en muchas zonas rurales y las migraciones internas se desbordaron provocando toda clases de desequilibrios espaciales que, además, de densificar las ciudades viejas y los ensanches, hicieron crecer las periferias urbanas de las grandes ciudades de forma anárquica (Vallecas en Madrid o Somorrostro en Barcelona) con la proliferación de la autoconstrucción de barracas (sin electricidad, agua corriente, ni cloacas) en zonas sin ningún tipo de servicios públicos básicos (escuelas, transporte, etc.).

La ciudad en el área metropolitana: otra parte de la población inmigrada se asentó en pueblos cercanos a la gran ciudad. Las metrópolis urbanas crecieron a la manera de una mancha de aceite y rebasaron el municipio central originando conurbaciones, continuos urbanos y, finalmente, áreas metropolitanas al extender los servicios de transporte urbano más allá de los límites de la capital.

Planificación Urbanística y participación ciudadana: generalizaron la especialización funcional, surgiendo ciudades dormitorio, polígonos industriales y zonas comerciales y de ocio en la periferia. Se hacía necesaria una planificación que, en la mayoría de casos, no existió y, por tanto, dio lugar a las protestas ciudadanas ya la formación de asociaciones de vecinos que denunciaban las pésimas condiciones de vida y los déficit en los equipamientos urbanos los nuevos barrios obreros.

Mapa de la jerarquía urbana española

Mapa de la jerarquía urbana española

La ciudad postindustrial

La ciudad postindustrial española

Las áreas metropolitanas (Barcelona y Madrid) pasan por una etapa de estancamiento desde 1975 hasta finales del siglo XX, después se produjo otra densificación del tejido urbano hasta la llegada de la crisis (2008). Veinte áreas metropolitanas (Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Málaga, etc.) acumulan una tercera parte de la población española en una superficie del 1,9% del territorio. Madrid y Barcelona están entre las seis primeras regiones metropolitanas de Europa y son la sede de instituciones administrativas y financieras. También han crecido las conurbaciones: Tarragona – Reus, Málaga – Marbella, Alicante – Elche – Santa Pola.

Las ciudades sostenibles según la Unión Europea

Se iniciaron los Planes Urban I y Urban II, para revitalizar las zonas degradadas de las ciudades, renovar los espacios públicos y fomentar el uso de energías renovables en la ciudad.

-La Carta de Leipzig (2007) sobre ciudades europeas sostenibles presenta los siguientes objetivos:

• Fomentar la prosperidad económica mediante el control del suelo y de la especulación, creando y consolidando espacios públicos de alta calidad y modernizando las redes de infraestructuras de los transportes y otros.
• Favorecer el equilibrio social prestando atención especial a los barrios menos favorecidos con el fortalecimiento del mercado laboral a nivel local y con mejores oportunidades educativas.
• Proteger el desarrollo cultural de las ciudades europeas y mantener la coherencia antro las funciones urbanas: residencial, industrial, cultural y lúdica.

Ciudades en un mundo global

Unas pocas regiones metropolitanas han asumido el rol de ciudades globales, gracias al desarrollo de las redes de comunicaciones (flujos y nodos viales en la red planetaria).

Cooperación: Se tiende a potenciar ciertos factores, tales como la capacidad de innovación tecnológica, la articulación de tejidos de empresas locales, la potenciación de centros universitarios y de investigación, la creatividad cultural, la preocupación medioambiental, el dinamismo social , etc. mediante la creación de redes y lobbies de ciudades y regiones a nivel europeo y mundial.

Competencia: La adaptación a la globalización implica la implantación de ciertas infraestructuras esenciales de transportes y la conexión a la red internacional de telecomunicaciones (la terminal T4 Barajas, la terminal sur de Barcelona – El Prat, las conexiones por AVE, etc. .). También se ha buscado una buena imagen internacional mediante iniciativas dinamizadoras como los Juegos Olímpicos y la Expo de Sevilla y la capitalidad Cultural Europea de Madrid (1992) o la celebración de la exposición Universal de Zaragoza (2008), así como la creación de ciertas infraestructuras culturales y turísticas como el Museo Guggenheim en Bilbao, la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia y la celebración de muchos eventos que, debido a la crisis económica, han recibido valoraciones desiguales (Fórmula 1, Copa América, etc.).

Jerarquía urbana de ciudades en España

Jerarquía urbana de ciudades en España

Jerarquía y redes urbanas

Las actividades económicas y la población han tenido que agruparse sobre ejes territoriales muy definidos.

La jerarquía urbana

Las ciudades del sistema urbano español constituyen una red urbana jerarquizada propia de un país industrializado y ejercen cierta influencia sobre su área circundante a partir de las funciones y los servicios que ofrecen.

El área de influencia de las ciudades: son nudos de comunicaciones, centros de producción y de distribución de bienes y proveedoras de servicios, para que configuran una red de relaciones e influencias en el área circundante: el hinterland o área de influencia (territorio), los sitios centrales (núcleos). La globalización ha transformado las áreas y la intensidad de esta influencia.

El Modelo de la jerarquía urbana en España: las ciudades españolas se pueden clasificar según los roles que la globalización les adjudica, así tenemos:
• Metrópolis globales estatales (Madrid, Barcelona): sede de empresas destacadas y de instituciones públicas principales. Densa red de comunicaciones, gran actividad cultural y política, también tienen muchos problemas derivados de su gran dimensión.
• Metrópolis regionales (Valencia, Sevilla, Zaragoza, Bilbao y Málaga): regiones extensas con buenas comunicaciones y dinamismo notable.
• Metrópolis subregionales o de segundo orden: áreas metropolitanas pequeñas con muchos servicios especializados (universidades, hospitales) con una población inferior al medio millón de habitantes y con un área de influencia reducida (Murcia, Valladolid o Vigo).
• Ciudades medias: Papel administrativo o de capitales provinciales, atracción de servicios y población (Santander, Segovia, Logroño o Ciudad Real) entre 50.000-200.000 hab.
• Ciudades pequeñas: De 10000 a 50000 habitantes con equipamientos e infraestructuras básicas que influyen en su entorno comarcal.

Las redes urbanas: un territorio reticulado integrado

Todo el continente europeo es un espacio urbano y un territorio organizado por las ciudades. Más del 50% de la población europea vive en áreas metropolitanas o grandes urbes. Hay una franja de urbanización muy intensa (con fuertes carencias en infraestructuras viarias que pueden solucionarse los próximos años gracias a la intervención de la Comisión Europea) que se extiende desde Valencia hasta Milán, es el llamado Arco Mediterráneo.

Ejes del sistema urbano español

Se basa en un núcleo central y varios ejes periféricos que coinciden a grandes sacada con la localización de las principales actividades económicas y con las redes de transportes:
Área de Madrid: Aglomeración urbana más grande, en el centro de la Meseta, relacionada por una red radial decimonónica con las ciudades más importantes de España.
Eje mediterráneo: Va de la frontera francesa en Cartagena (pasando por Barcelona y Valencia, las dos ciudades con mayor peso demográfico después de la capital del Estado) con autopistas de pago, puertos de mar y ferrocarril con tramos de AVE, pero también de vía única que, debido a la presión demográfico, industrial, turística y de la gran edificación litoral necesita, urgentemente, una modernización y mejora que puede repercutir en la mejora general de la exportación y la economía española (es la gran asignatura pendiente de las infraestructuras viarias desde hace décadas).
Eje Cantábrico: Frontera francesa – Oviedo-Gijón. Se trata de un eje discontinuo, donde destacan Bilbao y Vitoria como zonas altamente urbanizadas que han perdido peso industrial.
Eje del valle del Ebro: Une los ejes del mediterráneo y del cantábrico, a través de Logroño y Zaragoza, seguido el trazado del valle del río Ebro.
Eje atlántico gallego: Ferrol – Vigo (A Coruña y Pontevedra).
Eje andaluz: con dos partes, una va del valle del Guadalquivir hacia Sevilla y Córdoba, y la segunda es la litoral que va hasta Málaga y Granada.
Archipiélagos balear y canario: integrados por su función turística.

Transformaciones en la morfología de las ciudades

Ciudad y polarización social

Debemos considerar la ciudad como un territorio integrado, no homogéneo, donde se combinan zonas de prosperidad y zonas de marginalidad. La crisis de la sociedad del bienestar da lugar a una polarización social (los ricos cada vez son más ricos y los pobres cada vez lo son más también) que origina una ciudad dual.

Los espacios de la ciudad dual

La polarización da lugar a una fuerte desigualdad interna visualizada en forma de segregación o guetización, con:
Áreas de sobrecentralización: donde se ubican las sedes de grandes empresas financieras e industriales, instituciones públicas, etc. que a menudo coincide con los centros históricos (con su carácter simbólico, prestigio e infraestructuras adecuadas).
Comunidades cerradas: zonas residenciales exclusivas, separadas con muros y vallas, que cuentan con servicios propios (sobre todo en Madrid y Barcelona).
Ennoblecimiento o gentrificación: Gente con buenos recursos, actividades comerciales, artísticas, etc. optan por instalarse en barrios degradados donde, en ocasiones, se dan posibles casos de mobbing inmobiliario (los tiempos de la burbuja urbanística): Malasaña (Madrid), Ribera (Barcelona), San Bernardo (Sevilla), etc.
Periferias degradadas: situadas en los extrarradios, son las que sufren el abandono de las administraciones públicas y se degradan cuando se acumula el problema del paro generalizado de los vecinos, la desestructuración social y las consecuencias que conlleva, no sólo para la personas mayores, sino para los más pequeños que crecen en un entorno poco saludable en todos los sentidos.

El impacto ambiental de la urbanización

La mayoría de la población española 77 (%) vive concentrada en ciudades que se han expandido, hasta la llegada de la crisis en 2008, y ha visto crecer, por tanto, el aumento de los problemas medioambientales que genera el crecimiento de los residuos urbanos de todo tipo.

El medio ambiente urbano y la UE

La Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) alertó sobre la expansión urbana descontrolada. La tasa del aumento del suelo urbano ha sido superior a la tasa de crecimiento demográfico, lo que conlleva un aumento del consumo energético, así como un número mayor de transportes (aumenta la huella ecológica urbana). Para combatir estas problemáticas, la Unión Europea creó (2006) la Estrategia temática para el medio ambiente urbano con el objetivo de lograr una mejor aplicación de las leyes comunitarias al respecto.

El impacto del modelo urbano disperso

La dispersión urbana ha provocado una aceleración en la ocupación del espacio y la exacerbación de la movilidad individual (viajes pendulares cotidianos) que, desde el punto de vista ecológico, resulta muy costosa para todos (consumo energético, emisión de contaminantes, etc.).

La contaminación atmosférica y el clima urbano

La contaminación del aire por las emisiones de dióxido de carbono de automóviles y fábricas, entre otros, provocan la Isla de calor (la temperatura de la ciudad siempre suele situarse entre 1ºC-4ºC por encima de la del campo), lo que genera un microclima o efecto invernadero local. De todos modos, la reducción del consumo de carbón, el cierre de fábricas por la crisis y la aplicación de una ley más estricta la han hecho menguar.

Los residuos urbanos

La generalización del modelo de vida consumista también ha conllevado el aumento continuado de residuos, es decir, una vida incrementalista en cuanto al consumo ya la generación de desechos. Además de aplicar una legislación rigurosa por la falta de conciencia ciudadana, hay que insistir en las principales actuaciones que sintetizan las tres R (Reducir, Reutilizar, Reciclar) para lo cual es imprescindible la implicación entre consumidores y poderes públicos.

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