Diferencia entre Humanismo y Renacimiento

Los siglos XV y XVI fueron un período de transición entre la Edad Media Y los tiempos modernos. Este período, llamado Renacimiento, se caracteriza por una serie de cambios políticos, económicos, sociales e intelectuales. En aquella época existía también el Movimiento Humanista: una filosofía que situaba a los seres humanos y a los valores humanos en el centro del pensamiento. El humanismo se caracteriza por un retorno a los textos antiguos, y por la modificación de los modelos de vida, escritura y pensamiento. Esta es la principal diferencia entre humanismo y renacimiento.

¿Cuál es la diferencia entre Humanismo y Renacimiento?

Renacimiento: movimiento artístico europeo entre los siglos XIV y XVI que marca una ruptura y que introduce a Europa en la modernidad.

Humanismo: movimiento intelectual Europeo entre los siglos XIV y XVI que cuestiona el lugar del Hombre en el mundo y crea una nueva visión del Hombre.

Origen del Renacimiento

Diferencia entre humanismo y Renacimiento
Diferencia entre el humanismo y el Renacimiento

El fin del Imperio Bizantino

El Imperio Bizantino había entrado hace mucho en decaimiento. El comienzo de la crisis se remonta a la conquista de Constantinopla por los Cruzados en 1204. Los barones latinos arruinaron la ciudad, que nunca se levantó completamente de este saqueo.

Además, la brecha entre los ricos y los pobres es cada vez mayor, mientras que los recursos del estado disminuyen peligrosamente. Incapaz de defender sus propias fronteras, el emperador tuvo que comprar la paz a otros soberanos. Tuvo que entregarse a los mercenarios. Pronto los Turcos amenazaban la ciudad. Sitiada desde 1394 hasta 1402, Constantinopla fue milagrosamente salvada por la invasión mongola de Tamerlán. El respiro duró poco.

El advenimiento de un enérgic sultán Mehmet II, a la cabeza del ejército turco, que precipitó el desenlace. En 1453, un poderoso ejército otomano se estableció bajo las murallas de la ciudad. Constantinopla finalmente cayó bajo la presión de los jenízaros. La caída de Constantinopla, al parecer, no trastornó a Occidente: los soberanos cristianos permitieron que el viejo Imperio Oriental se derrumbara. Sin embargo, este acontecimiento tuvo importantes consecuencias para los países de Europa.

Muchos prelados bizantinos, artistas y científicos se refugian en Occidente, especialmente en Italia. Trajeron sus conocimientos, sus ideas y sus bibliotecas de manuscritos antiguos. La espiritualidad y los artistas italianos se beneficiaron de los conocimientos acumulados en Oriente. Así, la caída del Imperio bizantino aceleró el renacimiento cultural de Occidente.

El Humanismo en el Renacimiento

Paralelamente, y en contraposición a este fervor religioso, se desarrolla en el siglo XV una corriente cultural denominada Humanismo. Arranca de las transformaciones sociales del siglo XIII, cuando en Europa comienza a prevalecer el interés por la filosofía clásica, hallándose ligado a la cultura mercantilista y capitalista.

Se caracteriza esta corriente cultural por hacer del hombre su punto de referencia; surge un poderoso individualismo idealizante de lo humano, frente al teocentrismo medieval, que ansía la perfección como meta. Sin embargo, tiene ciertos elementos contradictorios, ya que posee rasgos conservadores con suficientes elementos cristianos como para no poder hablar de descristianización cultural, al tiem po que se renuncia al ideal ascético y se proclama el goce existencial.

El Humanismo venera el mundo clásico y se considera portador de un nuevo espíritu. Contribuye a su difusión la invención de la imprenta -debido al apoyo de alemanes y holandeses y creada por J. Guttenberg en 1455- con la impresión de la Biblia Nazarina. Se difunde el gusto por la forma y la estética y se hacen numerosos adelantos técnicos. El arte corporativista queda superado en Italia ante el encargo de obras por burgueses y príncipes, con lo que surge la secularización y el individualismo, que dará paso al retrato.

El Humanismo italiano tiene una fase de inspiración romana y otra helénica, y en ambas fue decisiva la aparición de la imprenta y de las Academias: la de Nápoles constituyó el primer círculo humanista y en ella destacaron personalidades como Lorenzo Valla, Petrarca, etc. La Academia florentina fue creada por los Médicis, y la integraron Marsilio Ficino, Pico della Mirandola, etc., quienes hicieron de ella un centro de estudios platónicos. En la Academia romana destaca Pomponio Leto; en la veneciana, Aldus, y en la de Padua, Pomponazzi. En Francia la Universidad de París fue centro de estudios escolásticos. Su figura principal es Lefevre d’Etaples. En Inglaterra, los centros de Oxford y Cambridge, sobresaliendo Collet y Tomás Moro. En los Países Bajos, Tomás Kempis, y en España, Valdés, Garcilaso, Nebrija o Luis Vives.

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