DERIVA CONTINENTAL: explicación y evolución de la teoría

El concepto de Deriva Continental existe desde finales del siglo XVI y del siglo XVII, cuando científicos europeos notaron el perfecto encaje entre las líneas costeras a ambos lados del Atlántico, como si las Américas, Europa y África hubieran estado juntas en un momento determinado, y luego se alejaron a la deriva.

Pero fue sólo en el siglo XX cuando el científico Alfred Wegener escribió sobre la fragmentación y la deriva de los continentes, presentando datos sobre las notables similitudes entre las rocas, las estructuras geológicas y los fósiles de los lados opuestos del Atlántico, y postuló sobre un megacontinente, que lo denominó Pangea (del griego «todas las tierras»).

Evolución de Pangea y Deriva Continental
Evolución de Pangea. Imagen: Wikipedia

Sin embargo, sus hipótesis sobre la rapidez del movimiento de los continentes y las fuerzas que los movían se mostraron erróneas, lo que redujo su credibilidad en el medio científico.

Las investigaciones que defendían la teoría de la deriva continental continuaron, mostrando que no sólo había similitudes geográficas, sino similitudes geológicas entre las edades de las rocas y las orientaciones de las estructuras geológicas en los lados opuestos del Atlántico.

Otras pruebas de la deriva continental, como fósiles y datos climáticos, también se han presentado como datos válidos, y apoyan la teoría hasta hoy.

Fósiles idénticos del reptil Mesosaurio, de aproximadamente 300 millones de años, solo se encontraron en África y Sudamérica, lo que sugiere que estos continentes estaban unidos en ese tiempo. Lo mismo ocurre con los fósiles de la flora de Glosopteris, de aproximadamente 300 millones de años. Los animales y las plantas fósiles de los distintos continentes mostraron similitudes en la evolución hasta el período de fragmentación de los continentes.

También se encontraron depósitos asociados con glaciares que existían hace unos 300 millones de años en Sudamérica, África, India y Australia.

Explicación de la Deriva Continental

A pesar de toda la evidencia, aún faltaba la explicación de la fuerza motriz que movía los continentes para convencer a la comunidad científica.

Esa explicación sólo ocurrió cuando los científicos se dieron cuenta de que la convección del manto de la Tierra podría empujar y arrastrar los continentes separados, formando una nueva corteza oceánica, a través del proceso de expansión del suelo oceánico.

Las pruebas convincentes comenzaron a emerger como resultado de la intensa exploración del fondo oceánico después de la Segunda Guerra Mundial, con la cartografía de la dorsal mesoatlántica submarina y el descubrimiento del valle profundo en forma de fisura, o rifte, tectónicamente activo, extendiéndose a lo largo del centro del Océano Atlántico.

La hipótesis de la expansión del suelo oceánico fue presentada en la década de 1960 por los científicos Hess y Dietz, donde propusieron que la corteza se separa a lo largo de riftes en las dorsales mesoceánicas y que el nuevo fondo oceánico se forma por el ascenso de una nueva corteza caliente en esas fracturas.

El nuevo suelo oceánico, que sería la parte superior de la nueva litosfera creada, se expande lateralmente a partir del rifte y es sustituido por una corteza aún más joven en un proceso de formación continua de placa.

En consecuencia, se describió la tectónica alrededor del globo en forma de «placas» rígidas que se movían sobre la superficie de la Tierra, proponiendo la teoría de la tectónica de tlacas, que finalmente subvencionó las cuestiones que faltaban para confirmar las pruebas utilizadas para la teoría de la Deriva Continental.

Placas tectónicas y deriva continental
Placas tectónicas mayores. Imagen: Wikipedia

La teoría de las placas tectónicas

La teoría de las placas tectónicas generó una gran polémica por parte de la clase científica de la época de Wegener, que despreciaba su teoría por no tener explicaciones sobre cuáles serían las fuerzas que tendría la capacidad de mover un continente. Así que la teoría de las placas tectónicas fue totalmente ignorada y sucumbió.

A finales de los años 50, después de tres décadas de muerte del creador de la teoría, es que sus estudios y afirmaciones fueron entendidos y aceptados por los científicos, y éstos introdujeron algunos cambios en ellos.

Hoy en día se sabe que no sólo los continentes se mueven, sino también los océanos, esta afirmación ha sido posible por medio de la teoría de las placas tectónicas, en la que la totalidad de la corteza terrestre no es completa, sino que se forma por un conjunto de pequeñas placas, además, los movimientos no se realizan sólo en los continentes, sino también en los océanos. Sin embargo, los movimientos de las placas se realizan lentamente sobre el manto terrestre, fomentando la aproximación, la distancia y la colisión entre ellas.

La mejor prueba de los movimientos de los continentes se ha hecho posible mediante la utilización de instrumentos modernos como satélites artificiales equipados con láser que son capaces de medir la cantidad de centímetros que los continentes se mueven cada año.

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