Biografía de Dante Alighieri

Hay episodios de la vida de Dante que sólo se conocen gracias a sus escritos, a medio camino entre la poesía y la autobiografía. Tal es el caso de su nacimiento. Con certeza se sabe que nació en Florencia, en el año de 1265; pero si se quiere contar con una fecha un poco más exacta, es preciso acudir a la declaración del poeta en el “Paraíso” – tercer libro de su Comedia – donde afirma que vino al mundo cuando el sol estaba en Géminis. De ser cierto, este dato ubica la fecha de nacimiento de Dante, entre el 18 de mayo y el 17 de junio.

Sus padres fueron Alhighiero di Bellicione Alighieri y Gabriela degli Abati, quien murió cuando Dante apenas tenía 5 o 6 años. No existen datos precisos que confieran una ascendencia noble a cualquiera de ellos; sin embargo, también en la Comedia (Paraíso XV), Dante se traza un vínculo familiar con Cacciaguida, quien fuese armado caballero, por el emperador Conrado III de Suabia, esto hacia el año 1100. Lo cierto es que la familia era parte de un núcleo pequeño-aristocrático, militaba en el partido Güelfo y participaba en el “Commune” o gobierno municipal de la ciudad. Así, Dante creció en un ambiente de profunda conciencia política, en el que lo normal era estar al tanto de los asuntos del gobierno y tomar postura frente a ellos.

En aquel entonces (finales del siglo XIII), la mayoría de los ciudadanos de Florencia se adherían a la facción Güelfa, partido integrado por aristócratas y burgueses, que apoyaban al papado y reconocían su derecho para intervenir en los asuntos terrenales. El grupo de oposición era el Gibelino, formado por nobles que apoyaban al imperio romano y querían restringir el poder del papa exclusivamente a los asuntos religiosos.

Dante fue un güelfo, y permaneció fiel a la ideología del partido, sin cuestionar ni rebatir sus postulados, durante casi toda su juventud. Incluso participó en dos batallas para defender la bandera güelfa; la de Caprona (1284) y la de Campaldino (1289); y en 1295 se unió al gremio de doctores y farmacéuticos, pues cualquier hombre florentino que deseara participar en el “Commune”, debía practicar oficialmente algún arte u oficio. No obstante, hacia el año 1300 el clima político de Florencia comenzó a enrarecerse y el partido Güelfo sufriría una división, misma que obligaría a Dante a reconsiderar su postura.

En medio de una vida política más o menos activa, despertaron las dos grandes pasiones de Dante. Por una parte, su amor por Beatriz, la figura femenina que inspiró buena parte de la obra del poeta y que se convirtió en la imagen de la dama ideal, la mujer virtuosa, capaz de ganar la salvación de su amado. La Beatriz real, a quien Dante vio por primera vez a la edad de nueve años, era la hija de Folco Portinari. Es probable que el encuentro de infancia entre Beatriz y Dante fuera el primero y el último de sus vidas, aunque tampoco sería raro que se hubiesen topado algunas veces más; pero lo cierto es que Beatriz Portinari nunca correspondió al amor del poeta; ella se casó con Simone di Bardi y murió en 1290. Dante, por su parte, ya tenía una esposa y había comenzado una familia, cinco años antes de la muerte de Beatriz. Sin embargo, quedaba la configuración de un nuevo estilo de amor, uno en el que la fidelidad y adhesión a una imagen que representara la virtud y la belleza (en el caso de Dante, la imagen idealizada de Beatriz), era suficiente para ser feliz y así disponer al ánimo para la creación poética.

El otro gran amor de Dante fue la poesía. Respecto a su educación tampoco hay datos precisos, particularmente en lo que se refiere a las escuelas donde estudió. Tenía conocimientos de poesía toscana y es posible que los adquiriera de la Scuola poetica siciliana. Algunos biógrafos postulan que los clásicos grecolatinos, influencia determinante para su obra, los estudió con Brunetto Latini, en Bolonia. De hecho, Dante reconoce a Brunetto como su maestro en la Comedia (Infierno, XV, 82). Virgilio fue su favorito entre los poetas clásicos, tanto que confió en el autor de la Eneida para que lo guiara en su viaje por el Infierno.

Cuando tenía 18 años de edad y poco antes de conocer a Latini, entró en contacto con Guido Cavalcanti, Lapo Gianni y Cino da Pistoia. Los cinco jóvenes poetas se convirtieron en precursores del Dolce Stil Nouvo, la corriente literaria más importante de la Italia del siglo XIII. Los principales temas del Dolce Stil son el amor (Amore) y la gentileza (Gentilezza); amor a un ser casi divino, cuya belleza simboliza la felicidad y el bien.

Dante

Dante

Estos temas son los que integran la primer obra de Dante, la Vita Nouva, que comenzó a escribir en 1293. La Vita Nouva se compone de una serie de episodios en verso, seguidos por su respectivo comentario en prosa. En ellos Dante cuenta la historia de su amor por Beatriz y va revistiendo a su amada con las virtudes que alcanzarán su máxima expresión en la Comedia; una belleza casi divina, gracia y gentileza de tipo angelical y una pureza tal que le autoriza ser mediadora entre un amor sensible y otro mucho más espiritual. Éste último es el tipo de amor que triunfa en Dante, para el cual no parece necesaria la correspondencia de la amada, al menos no en el plano terrenal.

En el año 1300 comenzaron las divisiones políticas que desatarían numerosos cambios en la vida de Florencia y, por supuesto, en la de Dante. Primero, se suscitó una división del partido Güelfo en dos facciones, que recordaban la oposición Güelfos-Gibelinos. Las dos familias güelfas más importantes de Florencia se postularon, respectivamente, por el Papa, y por el gobierno de la burguesía. Quienes apoyaban al Papa, Bonifacio VIII, fueron conocidos como Güelfos Negros, y como Blancos, quienes buscaban un gobierno libre de influencias religiosas. Dante fue un güelfo blanco y ello le acarrearía un buen número de problemas.
El 1 de mayo del 1300 los dos partidos tuvieron un serio enfrentamiento, que culminó con varias muertes; así comenzó el caos para la política florentina. Dante, mientras tanto, ganaba una presencia cada vez mayor dentro de la dirigencia de los Güelfos Blancos. El 7 de mayo fue enviado como embajador a San Gemignano y a su regreso fue nombrado como uno de los seis priores que integrarían la Signoria, la primera magistratura de la naciente república.

Bonifacio VIII sentía una razonable preocupación por el poder que alcanzaban los güelfos blancos en Florencia, así que pensó tomar la ciudad, o bien, enviar una embajada de aliados para que diesen su apoyo a la facción negra. Comenzó con esta última opción y en 1301 comisionó a Charles de Valois, hermano del entonces rey de Francia, para que fuese a Florencia y, en primer lugar, hiciera un reporte de la situación.

Los güelfos blancos tenían ampliamente dominada la ciudad de Florencia cuando llegó Valois, así que, como era de esperarse, el emisario del Papa no fue bien recibido. La Signoria reaccionó, entonces, como lo había hecho Bonifacio VIII y envió un grupo de representantes de la república a Roma, para que se mantuviesen al tanto de las intenciones del Papa. Encabezando ese grupo iba Dante Alighieri.

Bonifacio VIII aprovechó la decisión un tanto imprudente de los güelfos blancos y retuvo al grupo de representantes en Roma. Mientras ellos pretendían llegar a un acuerdo con el Papa, Florencia, su ciudad, caía bajo el dominio de Corso Donati, dirigente de los güelfos negros. Era noviembre de 1301, cuando Dante partía con la embajada rumbo a Roma; entonces no lo imaginaba, pero dejaba su ciudad para nunca más regresar a ella. Con el bando negro en el poder, los güelfos blancos fueron condenados al exilio bajo pena de muerte, si se les veía en Florencia. La condena contra Dante fue expedida el 2 de enero de 1302.

No obstante, fue durante aquellos años de turbulencia cuando germinaron las ideas que culminarían en las grandes obras políticas, filosóficas y poéticas de Dante. En el primer año de su exilio encontró hospitalidad en Verona, en el hogar de Bartolommeo della Scala. Ahí conoció al entonces joven Can Grande della Scala, por quien desarrollaría una gran admiración. En 1304 abandonó Verona y residió un tiempo en Bolonia, donde comenzó a escribir su Tratado sobre la lengua vulgar, una defensa de la lengua italiana. Hacia 1306 llegó a Padua y unas semanas después fue a Lunigiana. En ese tiempo empezó a escribir su Convivio o Banquete, una exposición de filosofía escolástica, escrita en prosa italiana.

Es en esta obra, y en otro escrito posterior, el De Monarchia, donde Dante empieza a reflexionar sobre ideas que después serán centrales en la Resumen de la Divina Comedia, el pecado, la virtud y la separación de los poderes divino y terreno.

Su vida errante continuaba. Después de Lunigiana fue a Lucca; entre 1308 y 1310 se le ubica en París, e incluso en Oxford. Y, a pesar de todo, aún no abandonaba la esperanza de volver a su ciudad. En 1310, el rey Henry VII, de Luxemburgo, dirigía una invasión a Italia. Dante vio por fin una posibilidad de regresar a Florencia, e incitó a Henry VII contra los güelfos negros. El rey obtuvo la victoria y ganó Florencia; muchos güelfos blancos que vivían en el exilio fueron perdonados, pero Dante no corrió con esta suerte; las cartas que dirigió a Henry VII, en las cuales proponía violentos ataques contra el partido negro, fueron descubiertas, así que su nombre no apareció en las listas de indultos.

En 1313 Henry VII murió y con él se fueron gran parte de las esperanzas de Dante. Regresó, entonces, a Verona, donde halló la hospitalidad de Can Grande della Scalla. Dante jamás dejaría de agradecer este gesto, por el cual Can Grande, lord de Verona es digno de ingresar al Paraíso, en la Comedia. Por cierto, es muy probable que las primicias de esta gran obra comenzaran a desarrollarse bajo el amparo de Can Grande.

En 1315, el Consejo de Florencia hizo una oferta a todos los desterrados que aún no conseguían indulto. Debían pagar una elevada suma de dinero y aceptar, en una ceremonia pública, que habían comprado su regreso a la patria. No hace falta decir que Dante encontró la propuesta sumamente indigna, así que la rechazó, pese al amor que nunca dejó de sentir por la ciudad. En su Epístola IX, Dante confía estos sentimientos “A un amigo florentino”:

No es este el camino de regresar a la patria, padre mío; pero si vos u otros, ahora o más tarde, hallaren un modo de retornar que no derogue la fama y el honor de Dante, lo aceptaré sin demora alguna; pero si Florencia no acepta tales medios, nunca volveré a Florencia.

¿Y qué? ¿Acaso no podré contemplar el brillo del Sol y de los astros en cualquier lugar? ¿Acaso no podré meditar las dulcísimas verdades en cualquier lugar bajo el cielo, sin antes entregarme a la ciudad, sin gloria, aún más, con afrenta ante el pueblo florentino?

Estas palabras dejarían pensar que el destierro no hacía una gran mella en el alma del poeta, pero una declaración puesta en voz de Cacciaguida, en el canto XVII del Paraíso, permite ver el auténtico sentir de Dante, frente al hecho de vivir fuera de su patria:

Tú habrás de abandonar las cosas más entrañables,
éste es el primer dardo que arroja el destierro.
Probarás la amargura del pan ajeno
y la dureza que supone
subir y bajar las escaleras de otros.

En todo caso, lo más admirable en la vida de Dante es el triunfo de la vocación poética, pues en medio del dolor, la angustia y los numerosos peligros, nunca dejó de crear. En 1318, cerca ya del final de sus días, fue invitado por el príncipe de Ravena, Guido Novello da Polenta, para residir en su ciudad. Para entonces, el Infierno y el Purgatorio de la Divina Comedia ya estaban terminados y el Paraíso, en pleno desarrollo. En Ravena concluyó su Paraíso y ahí murió, en 1321, probablemente víctima de la malaria. Sus restos fueron enterrados en la iglesia de San Pier Maggiore, después llamada de San Francisco.

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