Arte rupestre y arquitectura prehistórica

Generalmente se designa con el término de Prehistoria al ciclo que se cierra con la aparición de la escritura. Es, por tanto, un período oscuro y cargado de continuas conjeturas, pues no existe documentación testimonial que ratifique o desmienta las múltiples suposiciones que se plantean los investigadores. Así, en la mayoría de los casos, se construyen teorías a partir de hallazgos materiales ocultos en las distintas estratificaciones del terreno, y esto permite valorar con bastante seguridad los datos cronológicos y geográficos, tan necesarios para reconstruir las crónicas protohistóricas.

El arte de aquel tiempo no sólo nos permite el deleite visual, sino que es, básicamente, el único medio que conduce al esclarecimiento de los hechos acaecidos antes de la escritura.

Podemos dividir el arte prehistórico en dos grandes eras: la Edad de Piedra, que a su vez se reparte en tres períodos llamados Paleolítico, Mesolítico y Neolítico, y la Edad de los Metales, que comprende las civilizaciones del Cobre (Calcolítico), Bronce e Hierro. Pasemos, pues, a describir los aspectos más notables del arte que a lo largo de cincuenta milenios realizaron esos anónimos artistas a los que injustamente se les ha dado en llamar primitivos.

Mapa arte paleolítico y mesolítico
Mapa arte paleolítico y mesolítico

Arte paleolítico

La cultura paleolítica es el marco en que se producen las primeras manifestaciones del hombre como artista.

Esta etapa de la Prehistoria aparece distribuida en varios períodos que se agrupan en dos grandes épocas: el Paleolítico Inferior, en el que se incluyen el Prechelense, Chelense, Achelense y Musteriense, y el Paleolítico Superior, del que forman parte el Auriñaciense, Solutrense y Magdaleniense.

Del Paleolítico Inferior, época en la que habitaba el hombre de Neanderthal, no existen vestigios que hagan suponer que éste tuviera actividades artísticas al margen de la talla de herramientas de caza. Sólo será a partir del período Auriñaciense, ya en el Paleolítico Superior, cuando el hombre primitivo (Cro-Magnon) dejará huella de su arte.

Reno grabado en un colmillo de mamut. Cueva de Kesslerloch (Lago Constanza).
Reno grabado en un colmillo de mamut. Cueva de Kesslerloch (Lago Constanza).

La lucha por la supervivencia en un medio tan hostil, en el que la caza era la única fuente de alimento, hacía que su existencia fuera realmente dramática; esto justifica, de alguna forma, el carácter mágico de sus representaciones plásticas, centradas básicamente en dos temas: la mujer y la caza.

El hombre paleolitico no tiene, por tanto, voluntad artística. Su arte no es ocioso ni decorativo, sino necesario, ya que para el artista prehistórico la posesión de la imagen conlleva el dominio de la realidad representada.

La escultura primitiva

Aunque en el Paleolítico se conocen ya todas las formas de expresión plástica, el grado de abstracción que se precisa para interpretar los objetos en dos dimensiones supone una seria dificultad para el artista. Por ello, serán la escultura de bulto redondo y más tarde el relieve las manifestaciones más primitivas.

La representación femenina, dentro de un ideal de belleza de acusada voluptuosidad, es frecuente en los primeros tiempos. Las venus de Willendorf y Lespugne -a veces consideradas como símbolos de la fecundidad-son, junto a otras estatuillas de inferior calidad, los ejemplos más representativos de la estatuaria del Auriñaciense. Esta forma de interpretar la femineidad irá sintetizándose lentamente hasta esquematizar su representación al máximo en el período Magdaleniense y, en general, a lo largo del Neolítico.

Es curioso observar la escasísima representación varonil, así como la del rostro humano, de las que habría que citar por su belleza la cabeza de marfil encontrada en Wistemitz (Checoslovaquia), de apenas cinco centímetros de altura, y la figura masculina de Lausell (Francia).

La plasmación animal, como escultura exenta, no es habitual. Pequeños utensilios en marfil, asta o piedra calcárea rematados con imágenes zoomórficas son significativas en el período Solutrense y Magdaleniense.

Es importante ratificar que el fin de estas figurillas sigue teniendo un marcado carácter fetichista, por encima del aspecto decorativo que pudieran sugerir. A medida que la representación humana va escaseando crece la imaginería animal, perfeccionándose, sobre todo, la técnica del relieve. Grandes frisos como el de Le Roc, la interesantísima escena que reproduce un apareamiento de bisontes hallada en Tuc d’Audoubert o el bajorrelieve de los caballos de Cap-Blanc (Dordogne), demuestran la indudable utilidad de estas obras como objetos centrales en las ceremonias mágicas.

Pintura y dibujo en la Prehistoria

La perfección que alcanza el arte gráfico en la Edad Paleolítica es sorprendente. El artista supera barreras que exigen una profunda observación del natural, tales como las alteraciones perspectivas, la reproducción del color, la intencionalidad lineal y las texturas.

El dibujo debió ser muy frecuente debido a la facilidad de trazado sobre superficies arcillosas, aunque desgraciadamente la mayoría se ha perdido. Quedan, no obstante, ejemplos magistrales como la trucha de Niaux o la cabeza de caballo de Montespan. El dibujo grabado sobre un colmillo de mamut, que representa un reno paciendo, es la obra más hermosa hallada en este período y fue descubierta en Kesslerloch (Lago Constanza).

El arte pictórico prehistórico, conocido como Arte Rupestre tuvo en el Magdaleniense una zona de manifestación que se reparte entre el norte de España y el mediodía francés, siendo las cuevas de Altamira (Santander) y Lascaux (Dordogne) las más importantes. Los motivos que aparecen en las más de doscientas cuevas repartidas por esta cornisa franco-cantábrica muestran animales en diferentes actitudes, aunque el denominador común es la imagen relativa al combate previo o a la herida de caza. La interpretación es sumamente interesante, pues se alternan imágenes con marcado modelado y escuetas representaciones lineales que hacen dudar si son dibujos preparatorios o verdaderas síntesis gráficas. El aspecto cromático se reduce a la utilización de dos pigmentos opuestos: el negro (frío) y el rojo (cálido), que hábilmen te utilizados y aprovechando en ocasiones los colores propios de la pared, permiten imitar una amplísima gama de sensaciones de color.

Cabe resaltar, asimismo, otro valor plástico muy utilizado en este arte rupestre: las texturas, es decir, la imitación de las calidades superficiales que las imágenes reales poseen, unas veces aprovechando las rugosidades propias del soporte y otras raspando o punteando la propia pared.

El Arte Paleolítico debe entenderse como un arte naturalista, y aunque en ocasiones presente una intencionalidad sintetizadora, siempre se nos ofrece como un auténtico exponente del realismo.

El Mesolítico

El Mesolítico es un período posglaciar que se sitúa alrededor de 8.000 años a. C., y puede interpretarse como una etapa de transición antes de producirse la gran revolución neolítica.

La civilización se traslada de la franja franco-cantábrica a las regiones sudorientales, siendo el Levante español la zona en la que se concentra la mayor cantidad de manifestaciones plásticas y rarísimos los hallazgos en el Norte (apenas algunos instrumentos domésticos con dibujos geométricos).

Mapa arte neolítico
Mapa arte neolítico

La pintura rupestre levantina es muy distinta a la del Paleolítico Superior. La forma, más impresionista, prescinde de la valoración cromática, presentando una estilización cargada de grafis mos bellísimos. El animal no se representa solo, sino relacionado con el hombre, que, agrupado en escenas de caza o rituales, protagoniza esta pintura.

La gran dinámica y ritmo de estas obras nos deben convencer de que el artista primitivo no surge casualmente. Es importante señalar que éste sale de las cuevas para pintar en lugares más visibles, abrigos o rocas exteriores, como podemos comprobar en Ares de Maestre y La Valltorta en Castellón, en Cogull (Lérida), en Navazo (Albarracín) y en Alpera (Albacete).

Mujeres de Cogull (Lérida)
Mujeres de Cogull (Lérida)

La revolución neolítica

El período neolítico constituye una auténtica revolución. En él se produce, probablemente, el cambio más radical que el hombre haya podido sufrir a lo largo de toda la historia de la civilización. El descubrimiento de la agricultura y la ganadería provoca el sedentarismo y consecuentemente aparecen los poblados y las viviendas organizadas; asimismo la mujer adquiere un protagonismo que no tenía. Por todo ello, el aspecto mágico del arte, centrado en las actividades depredadoras del hombre, da paso a unas creaciones más decorativas.

Arte Rupestre desaparece, y sólo en algunos casos se encuentran pinturas muy esquematizadas. Por el contrario surge, lógicamente, la cerámica y, sobre todo, las construcciones arquitectónicas megalíticas. Así como en el Paleolítico la civilización y el arte presentaban gran similitud en todo el mundo, en el Neolítico se personaliza según las regiones e incluso se diferencia notablemente en territorios colindantes. No obstante, podemos destacar tres grandes zonas artísticas: Europa Central, región básicamente ceramista. Europa Mediterránea, zona de gran influencia oriental. Europa Occidental y Nórdica, en la que destaca el megalitismo por su cantidad y calidad.

Diversidad cerámica

El hecho de habitar en aldeas estables implica la necesidad de disponer de utensilios, recipientes y herramientas domésticas; sin embargo, la cerámica neolítica no es solamente profana, sino que cabe destacar otro tipo de alfarería fundamental, la funeraria, que curiosamente es la más ornamentada.

Europa Central, y Alemania fundamentalmente, nos ofrece ejemplares muy interesantes,tales como la cerámica de Rossen, de clara influencia nórdica, que presenta una decoración a base de incisiones profundas; la de Havelland, en la que se imita una decoración textil y la cerámica de cuerdas.

El arte cerámico ibérico invadió Europa a finales del Neolítico. La península en aquellos tiempos constituía una fuente inagotable de materias primas, por lo que los alfareros, que habitualmente eran mujeres, pudieron conseguir piezas de gran variedad. No obstante, será la cerámica campaniforme la más característica. (La peculiar forma de estas piezas no es original, sino que es el resultado de adaptar al barro el aspecto de los vasos de esparto.)

De este período de plenitud datan también las vasijas pinta das encontradas alrededor del Mar Negro, que se suponen anteriores del arcaísmo griego.

Incipiente escultura

La escultura está muy relacionada con la cerámica pues, aparte de ciertas hachas de guerra decoradas, la mayor parte del trabajo en relieve está realizado en arcilla. Vasijas zoomórficas que están a caballo entre la alfarería y la escultura y las pequeñas figurillas de arcilla que muestran aún la femineidad como opulentos y adiposos símbolos de la maternidad son las manifestaciones más características, sin olvidar la decoración y talla escultórica de los grandes bloques megalíticos, entre los que hay que destacar por su originalidad y sintetismo las estatuas menhires de Gaurinis (Morbihan, Bretaña).

Variedad arquitectónica

Hasta que no se produjo la revolución neolítica la arquitectura había estado ausente, el nomadismo del hombre paleolítico no necesitaba la creación de habitáculos artificiales, ni siquiera de construcciones funerarias.

Es, pues, a partir de aquí cuando el hombre se manifestó como arquitecto. Debemos distinguir dos tipos de arquitectura: la vivienda y las construcciones funerarias (arquitectura megalítica).

La gran religiosidad del hombre primitivo desembocaba en una prioridad de los monumentos funerarios sobre la arquitectura cotidiana. Así, las viviendas neolíticas eran simples chozas agru padas en poblados, ligeramente por debajo del nivel del suelo. En muchas ocasiones estas aldeas estaban rodeadas de un foso defensivo, como en Lindenthal (Renania). Otro tipo de construcción muy extendida por la región suiza son los palafitos, edificaciones hechas a base de madera sobre el agua. La arquitectura megalítica tenía, como hemos dicho, una finalidad religiosa, la mayoría de las veces, funeraria, conmemorativa o, en ocasiones, mágica.

Son varias las formas de construcción:

El dolmen

El dolmen o mesa de piedra es la más extendi da. Consiste, en general, de cuatro piedras erguidas y cubiertas por una losa. Es un monumento funerario.

El sepulcro de corredor

Especie de pasadizo que conduce hasta el dolmen. Consta de parejas de piedras verticales cubiertas por una losa. Un caso particular son los Hunenbetten (norte de Alemania), que contienen varias sepulturas.

La tumba de falsa cúpula

En este caso se sustituye la piedra que tapa el sepulcro de corredor por una serie de losas apiladas en disminución, creando una cúpula. La del Romeral (Antequera), es la más interesante.

La cista

Son formas más reducidas de enterramientos, similares a los sepulcros de corredor, pero con estructura de paralelogramo.

Los menhires

Son columnas un poco labradas y clavadas en el suelo. El mayor de los menhires conocidos tiene 23,5 metros y está en Locmariaques (Morbihan, Bretaña), aunque partido en cuatro trozos.

Los cromlechs y alineamientos

Los menhires aparecen muchas veces formando cromlechs o alineamientos con alturas irregulares, como sucede en Camac (Bretaña). Al igual que los menhires, tienen un carácter conmemorativo, aunque su finalidad real es muy oscura.

Construcciones megaliticas: a) dolmen; b) sepulcro de corredor c) galería  cubierta; d) cista; e) reconstrucción del santuario de Stonehenge.
Construcciones megaliticas: a) dolmen; b) sepulcro de corredor c) galería cubierta; d) cista; e) reconstrucción del santuario de Stonehenge.

Stonehenge (Gran Bretaña) es el monumento megalítico más importante, y aunque su realización se enclava ya en la Edad del Bronce, no podemos obviarlo. Consta de cuatro cromlechs concéntricos, formados con 110 bloques de piedra. Las connotaciones astronómicas del conjunto son indudables, pues se han comprobado curiosas coincidencias entre la disposición de los trilitos y las variaciones solares.

La Edad de los Metales

La denominación Edad de los Metales se aplica al período comprendido entre el año 2500 a. C. hasta bien entrada la época romana. No se puede decir que el tránsito del Neolítico al descubri miento del metal produjeran una fuerte conmoción cultural. Las bases sociales estaban ya establecidas y la adaptación de la nueva tecnología se fue asimilando lentamente, permaneciendo en muchos casos los procedimientos artísticos de la Edad de Piedra.

La Edad del Bronce

Las primeras representaciones metálicas utilizan el cobre como materia prima. Nos encontramos ya en el período Calcolítico: el hombre sabe extraer el metal y lo moldea con facilidad creando sugestivas ornamentaciones tanto en objetos domésticos como en las armas.

En el segundo milenio antes de Cristo el bronce protagoniza el arte. El nuevo material no se talla con facilidad, pero permite la creación de piezas seriadas gracias a la fundición a través de moldes, técnica muy útil, sobre todo, para la fabricación de objetos bélicos.

Los países nórdicos, e incluso la región ártica, constituyen el centro más importante en la Edad del Bronce. La gran religiosidad de estos pueblos, dirigiendo sus cultos más sagrados al sol, produjo bastantes obras que, partiendo de la estructura circular, decoraban con gran profusión de motivos geométricos. El arte es muy esquemático y sólo en contadas ocasiones se hallan representaciones figurativas, aunque siempre cargadas de un profundo simbolismo, debemos citar como ejemplo relevante el carro del sol de Trundholm (Dinamarca).

El arte rupestre es escaso, sólo algunas esculturas representando animales domésticos muy sintetizados y ciertas interpretaciones geometrizadas del círculo solar destacan en este tiempo. Muy distinta es la suerte de la cerámica que, aunque continuamente presente, se ve relegada por el uso del metal, que la sustituye en la confección de los diferentes recipientes, en algu nos casos, y en otros intenta imitar las calidades del nuevo elemento como en el caso de las piezas de Aunjetitz (Centro Europa), las vasijas de Lusacia que copian en el barro las abolladuras del bronce y la recargada alfarería húngara a base de grafismos enrevesados, espirales y otros motivos. En cualquier caso, tanto la cerámica como la ornamentación de armas y objetos domésticos, en especial las fíbulas (hebillas), relegaron las manifestaciones escultóricas a un plano menos frecuente.

La Edad del Hierro

Si el Neolítico y la Edad del Bronce se caracterizaron por ser etapas más o menos sedentarias en las que el aislamiento de los pueblos desembocó en una gran variedad de estilos, los mil últimos años que antecedieron al comienzo de la era cristiana están marcados por las grandes migraciones y, por tanto, por la unificación de estilos. El poderío de Egipto y la plenitud de las culturas clásicas culminaron en el estallido de continuos enfrentamientos bélicos, tanto en Oriente como en Europa, marco éste no muy propicio para el desarrollo artístico.

El hierro, el nuevo material, es demasiado difícil de trabajar como para permitir las ricas y ostentosas decoraciones que el bronce admitía, por lo que la Edad de Hierro se caracteriza por la estilización y el escueto trazado geométrico.

Habitualmente esta época histórica se divide en dos grandes culturas sucesivas: la de Hallstat o primera Edad de Hierro, y la de La Tène o período céltico.

La cultura de Hallstat, que se desarrolla en Centro-Europa, presenta dos grupos bien diferenciados, incluso étnicamente: el grupo oriental (ilirio), que utiliza formas escultóricas figurativas con frecuencia destinadas al culto.

También la fabricación de fíbulas es característica del grupo del Este; cabe destacar el toro de Byciskála (Moravia) como obra muy representativa.

El otro grupo, el occidental (céltico), no tiene vestigios escultóricos. La ausencia de figuración y la práctica de la cerámica polícroma, compartida con el grupo oriental, serán los datos más significativos del arte en la región Oeste en la primera Edad del Hierro.

La gran expansión céltica a partir del siglo V a. C. al invadir las regiones mediterráneas -sur de Francia, España, Italia y los países Balcánicos provocó el nacimiento de una nueva cultura cargada de influencias. La cultura de La Tène demuestra la facilidad del pueblo celta para asimilar los conceptos plásticos de otras civilizaciones. En las grandes tumbas descubiertas en la región alpina se han hallado hermosas piezas metálicas y de cerámica que, sin duda, fueron traídas desde Grecia, aunque también se tiene la certeza de que el alfarero celta trabajaba, en ocasiones, sobre modelos griegos. La gran afición por la artesanía, que desarrollaba en forma de brazaletes, fíbulas y demás objetos de adorno les hizo buscar los materiales preciosos: oro, plata…; es, pues, lógico que el establecimiento en España de los artesanos celtas no fuera casual. La península Ibérica ofrecía grandes recursos en este tipo de productos minerales, por lo que es fácil entender la enorme singularidad que el arte ibérico tuvo en el tiempo de La Tène.

Obsérvese la concepción similar en las formas rupestres de la región levantina-a) Cueva Remigia, Ares del Maestre (Castellón)-y las pinturas africanas-b) Basurto, Africa del Sur.
Obsérvese la concepción similar en las formas rupestres de la región levantina-a) Cueva Remigia, Ares del Maestre (Castellón)-y las pinturas africanas-b) Basurto, Africa del Sur.

Dos zonas se reparten el quehacer artístico de los celtas: el Noroeste y el litoral Mediterráneo, que con indudables influencias griegas, nos ofrece, amén de unos restos arquitectónicos ciertamente curiosos, una escultura de excelente calidad, como lo prueba la Bicha de Balazote o la extraordinaria Dama de Elche.
El noroeste peninsular, Galicia, y Extremadura, se caracterizan tanto por la arquitectura popular (citanias y castros), como por la rica orfebrería, de la que el Museo de Pontevedra posee una magnífica colección.

Arte prehistórico en el mundo

No podríamos concluir este capítulo sin referirnos a las mani festaciones artísticas que en el resto del mundo coincidieron con la civilización europea. Oceanía, el sudeste asiático, Africa y América desarrollaron un arte sumamente interesante.

Estos pueblos que, debido a su aislamiento geográfico, han conservado unas tradiciones muy cercanas a las del Neolítico, aportaron obras que extrañamente recuerdan, tanto por la temática como por la interpretación, los trabajos del arte prehistórico europeo. Ciertamente cabe pensar que tal aislamiento no fue completo y que las relaciones con otros pueblos resultan bastante seguras.

El arte africano, durante muchos siglos infravalorado, ha visto la luz, sobre todo gracias al interés que artistas como Picasso, Matisse y Modigliani han demostrado por sus valores plásticos.

Los procedimientos artísticos son muy variados. Sin duda, el arte rupestre y la escultura en madera priman sobre todos los demás. Los hallazgos pictóricos se extienden por las zonas norte, este y sur del continente.

Es difícil establecer cronologías, pero las primeras manifesta ciones se pueden situar en el comienzo del Neolítico. El arte parietal, en el que coexisten, a diferencia de Europa, las representaciones dinámicas y estáticas, se manifiesta en lugares abiertos y de fácil acceso. Destacan especialmente las escenas de caza en el Sáhara, que testimonian la fertilidad que en otro tiempo tuvo el hoy desértico territorio, y sobre todo la bella Dama Blanca de Brandberg.

La escultura se presenta en distintos materiales, pero la más importante es la realizada en madera. Por lo general se lleva a cabo la talla mediante facetas, sin pulir la superficie y aprovechando las sugerencias formales del tronco virgen. Las incisiones y rayados sobre la escultura, previamente ahumada, permite extraer el color original de la madera y producir sugestivas calidades. La zona oeste de Africa, y particularmente el Congo y Guinea, son los lugares más pródigos en este tipo de trabajos.

La terracota, la fundición en bronce (Nigeria), los tejidos y las esteras (bajo Congo), y la arquitectura megalítica, son otras muestras del extraordinario arte prehistórico africano.

Oceanía,a lo largo de sus numerosas islas, ofrece también muestras interesantes. Las grandes pinturas rupestres, paralelas a las del resto del mundo, reproduciendo episodios mitológicos cuyos personajes son los Wondjina (genios), aparecen en Australia y en el noroeste de Nueva Guinea. La misteriosa talla en piedra, también en Nueva Guinea y, sobre todo, en la isla de Pascua y Polinesia, constituyen, junto a la cerámica de Ramú y la de Nueva Caledonia e islas Salomón, los ejemplos más sobresalientes del prehistoricismo oceánico.

Tampoco Indonesia y el sudeste asiático carecen de restos primitivos. Aun sin poseer un arte autóctono, estas regiones presentan una cultura megalítica que alude al culto a los muertos y a las ceremonias funerarias.

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