Arte romano

Si en el caso de Grecia la civilización precedente, la Cretomicénica, no muestra excesivas influencias en el arte clásico, la cultura etrusca, por el contrario, aparece íntimamente ligada a la plástica romana.

Existen continuas dudas sobre la procedencia del pueblo etrusco, aunque las más recientes investigaciones le otorgan un origen preindoeuropeo.

En el siglo VIII a. C., afincados en el Valle del Arno, realizaron varias incursiones bélicas sobre sus vecinos en la península itálica, sometiendo a los latinos que ocupaban la pequeña región de las Siete Colinas, lo que permitió la fundación de Roma, creando un sistema monárquico de gobierno.

Resulta extrañamente coincidente el progreso de la cultura en Etruria con los distintos períodos de la evolución artística en Grecia, pues casi simultáneamente se producen manifestaciones de características similares en ambos escenarios. Ciertamente que la colonización griega ya había llegado a las costas meridio nales y sicilianas en este siglo; no obstante, el influjo del arte no se asimila en el acto, sino con el transcurso del tiempo.

Mapa del imperio romano en el siglo I después de Cristo
Mapa del imperio romano en el siglo I después de Cristo

A lo largo de los tres períodos en que se divide el arte etrusco-Primitivo (s. VII-VI) Medio (V-IV) y Tardío (III-I), la fusión del orientalismo con las ideas helénicas produce obras de un interés fascinante.

En la arquitectura aparece el uso del arco y la bóveda
, que, alternando con las arquitrabadas estructuras griegas, proporcionaba el fundamento de las edificaciones romanas. Templos de planta rectangular, elevadas sobre un zócalo o podium, son muy frecuentes, como el de Jupiter Capitolino, en Roma; una anticipación de los arcos conmemorativos también lo podemos encontrar en las puertas que, flanqueadas por torres, dan acceso a la ciudadla Puerta de Augusto es muy significativa.

La interesante arquitectura funeraria, con frecuencia, profusamente decorada con pinturas al fresco, presenta dos tipos: las tumbas excavadas en la roca y las tumbas circulares, de las que la Necrópolis de Cervetieri posee dos ejemplares.

Las urnas funerárias y los sarcófagos de arcilla encontrados en este cementerio nos muestran una escultura muy similar a la arcaica griega, pero más dinámica y realista, aunque la típica sonrisa, que caracterizaba las figuras de los siglos VIII-VI en el espacio jónico, aparece también en las terracotas y bronces etruscos.

Nuevos motivos se incorporan a la iconografía etrusca a finales del siglo VI a. C.: la representación de animales tiene en la Loba del Capitolio su máximo exponente. El marcado naturalismo de este famoso bronce dominará la escultura etrusca a lo largo de los siguientes siglos. En los siglos V y IV una clara tendencia clasicista impera en las obras, si bien al margen del canon de Polícleto. Esto es evidente, por ejemplo, en la figura conocida como el Marte de Todi, en la que el equilibrio en la pose no termina de disimular la imprecisión en el estudio de las proporciones.

De nuevo, y paralelamente a lo que ocurría en el terreno de las artes en Grecia, la decadencia de la cultura etrusca se produjo en el período comprendido entre los siglos III y I a. C. La monarquía etrusca terminó en el año 509 a. C., tras la rebelión del pueblo latino y la instauración de una república que se marcó como meta a corto plazo la conquista de todo el territorio italiano. Es el período helenístico, en el que el arte etrusco perdió toda originalidad; unas últimas obras de escaso valor histórico señalan el relevo que Roma tomaría en el arte que se desarrollaba en la península itálica.

La época republicana en el arte romano

Roma, consolidada ya como potencia mediterránea tras resultar victoriosa frente a Cartago en las Guerras Púnicas (264-201 a. C.), se plantea irradiar su poderío sobre el espacio europeo y norteafricano. En el año 146 a. C. Grecia es anexionada, y con ella su arte y sus artistas. La cultura etruscoromana, tan predispuesta a la admiración por los postulados clásicos, tuvo acceso directo al conocimiento de las técnicas griegas y abrió un nuevo horizonte para la continuidad y ampliación del arte. Esta evolución del estilo griego en el marco romano, llegará en la época republicana, durante los siglos III y I a. C., a modificar su esencia, y aunque las formas sigan evocando el esplendor clásico aparecen características que lo personalizan.

Tal vez la principal diferencia con el arte griego radique en la intención. La utilidad de las obras al servicio del hombre es la constante que identifica al arte romano, y es en la arquitectura donde este arte se vuelca magistralmente. La solidez y grandiosidad de las construcciones, con un severo sentido urbanístico, es la característica más importante de las edificaciones romanas. Es cierto que la época más floreciente, arquitectónicamente hablando, es el período Imperial, pero tampoco es menos cierto que la mayoría de los proyectos y diseños constructivos se deben a los arquitectos republicanos. El sistemático uso de la bóveda y el arco (herencia etrusca) se complementa con los órdenes clásicos: dórico, jónico y corintio, que pronto derivarían en formas propias: el toscano, evolución del dórico, y el orden compuesto, combinación del jónico y corintio. Como materiales de construcción la piedra de sillería y la mampostería eran utilizados siguiendo las técnicas de Grecia.

La arquitectura romana es muy compleja por la gran varied de edificios que, destinados a diferentes necesidades, se fueron creando. No obstante, la podemos clasificar en diferentes grupos.

Obras de ingeniería en el arte romano

Los proyectos y realizaciones de ingeniería son realmente originales en Roma. En un principio estrictamente técnicos, con el tiempo fueron buscando un equilibrio con la estética.

Las calzadas

Al servicio castrense, unían las distintas regiones del orbe romano, bajo una planificación radial, con punto de partida en Roma. La vía Apia (312 a. C.) es la más conocida.

Los puentes

Surgen por la necesidad de comunicar la ciudad con los barrios periféricos separados por el Tíber. Al principio fueron de madera, como el Pons Sublicius; posteriormente y utilizando el arco de medio punto, se realizaron en piedra, como el Pons Aemilius, construido en el siglo II.

Los acueductos

Son las obras de ingeniería hidráulica más importante. Edificados con la superposición de series de arcos sobre pilastras, su estructura formal será utilizada para realizar las fachadas de basílicas y teatros. Muy conocidos son los de Pont Du Gard, en Nimes, y el de Segovia, en España.

Los campamentos militares

Divididos en secciones bajo estructura cuadriculada fueron en muchos casos el origen de ciudades como Arlés (Francia).

Arquitectura urbana en el arte romano

Los edificios ciudadanos se levantan principalmente en las inmediaciones del Foro o gran centro urbano, en la confluencia de las calzadas más importantes.

La basílica

Aunque el nombre se asocia a las prácticas religiosas, en la Roma clásica su uso era profano; constituían centros públicos, judiciales o comerciales. A su planta rectangular, dividida en tres naves, se le incorpora un ábside en el período Imperial. En la época Republicana la Basilica Julia (s. I) es la más importante.

La casa romana

En el tiempo de la República amplía, por influencia helenística, la estructura axial de la primitiva vivienda itálica. Posee varias habitaciones que acceden a un atrio central (ater) abierto en su parte superior (compluvium), un salón de recibimientos (tablinium) aparecía al fondo, al igual que el comedor o triclinium.
Las casas romanas eran suntuosas y muy decoradas con pinturas murales y mármoles bellísimos. En Pompeya y Herculano se hallan restos que así lo atestiguan.

Las termas

Alcanzan en el siglo III d. C. su estructura definitiva. Forman un recinto complicado destinado al baño público. Distintas dependencias dedicadas a baños calientes (caldarium), fríos (frigidarium) y templados (tepidarium) alternan con salas para reuniones, vestuarios y estancias recreativas. Son, en suma, un conjunto al servicio del ocio para la burguesía romana.

Estructura del teatro romano
Estructura del teatro romano

Arquitectura espectacular en el arte romano

Partiendo del modelo griego de Teatro los romanos desarrollan nuevos edificios destinados a la representación y al espectáculo.

El Teatro

Estaba dividido en tres partes: la cavea o graderío para el público; la orquesta, superficie semicircular en la que se colocaba el coro, y la escena, donde se realizaba la actuación, y que presentaba una rica decoración. Los teatros de Pompeya y Marcelo, en Italia, y los de Sagunto y Mérida, en España, son muy característicos.

El Anfiteatro

Es de planta elíptica y su destino principal eran las competencias entre gladiadores. Es un doble teatro con cavea partida y arena en el centro. Una suerte de fosos y pasadizos surcaban el recinto por su parte inferior. El más grandioso es el Coliseo, construido en la época Imperial por Vespasiano.

El Circo

Derivado del estadio olímpico griego, era rectangular en su planta y posee las típicas gradas y una pista de arena separada en dos partes por la Spina, que señala el recorrido que los carros y atletas debían realizar en sus competiciones. Es muy significativo el Circo Máximo, en Roma.

Las Naumaquias

Eran similares a los anfiteatros, pero posibilitados para llenarse de agua y simular encuentros navales.

Arquitectura religiosa en el arte romano

La República romana, y posteriormente el Imperio Romano, era flexible con la religión, poco sólido en sus creencias y leyendas mitológicas y se conformaba con la utilización de las ideas griegas con alguna variación de clara influencia etrusca.

El Templo

Generalmente de planta rectangular, se eleva sobre un pódium. El acceso se realiza por una amplia escalinata. Al final de la República los órdenes clásicos se ven sustituidos por el ya citado orden toscano. El templo de Cori, de estilo jónico, y el de Vesta en Tivoli, de planta circular, caracterizan la arquitectura.

Las Tumbas

Ofrecen gran variedad de formas derivadas del concepto etrusco. Tumbas circulares, en forma de torre, como la de los Escipiones (Tarragona), o pirámides, como es el caso del sepulcro de Cayo Sestilo (Roma).

Arquitectura conmemorativa

Si los homenajes a los dioses no eran muy habituales entre los romanos, el culto a sí mismos era obsesivo. Numerosos monumentos que conmemoran hazañas bélicas o éxitos sociales inundan los Foros y los lugares más visibles a lo largo de todo el período Imperial.

El Arco de Triunfo

Son puertas aisladas que conmemoran victorias militares. Los hay de varios tipos según tengan uno, dos, tres o cuatro cuerpos. Los arcos de Tito y Constantino (en Roma), de Orange (Francia) y de Bará y Medinaceli (España), son muy interesantes.
Las columnas conmemorativas. Levantadas en los Foros, aparecían decoradas con complicados relieves, referentes al motivo que se conmemoraba, en su parte superior se remataban con la esfinge del emperador, siendo las más conocidas las de Trajano y Marco Aurelio, en Roma.

Manifestaciones escultóricas en el arte romano

Ante tal despliegue de imaginación arquitectónica, no cabe pensar otra cosa que el arte romano centra su oficialidad en la arquitectura. La escultura, que tanta gloria dio a Grecia en su época clásica, en Roma, no produce grandes figuras, ya que la necesidad de decorar los templos y lugares públicos se veía solucionada con el fruto de los saqueos que los romanos realizaron por el mundo helenístico, y en último caso, mediante la realización de copias de las estatuas clásicas que los mismos artistas griegos tallaban como servicio a Roma.

Los escultores romanos vuelcan, pues, su trabajo en actividades que fomentan el egocentrismo de la sociedad. Los relieves históricos aportan como novedad un especial gusto por el paisaje y en general por los motivos fitomorfos (guirnaldas, hojas, flores), explican en sus imágenes las victorias militares o descripciones ceremoniales que servirán, como el de Comelio Escipión Barbado (s. III a. C.), para decorar fundamentalmente los sarcófagos, aunque en la época imperial se extenderá su uso al ornato de los monumentos conmemorativos. Pero es el retrato la práctica más sobresaliente en la actividad escultórica romana.

La costumbre etrusca de incluir en las tumbas las efigies de los finados conlleva, en un afán de fidelidad con el parecido físico, a la práctica técnica de la obtención de mascarillas de cera, que, pasadas por medio del compás de puntos a la piedra, resuelven el retrato con infalible exactitud. El gusto por el retrato trasciende entonces la finalidad funeraria y se hace, apoyado por la tradición helenística, extensible a las personas vivas, inmortalizando así a los personajes más importantes de la vida burguesa y aristocrática romana.

El retrato en el período republicano nos presenta obras excepcionales, como es el caso de la efigie de Pompeyo el Grande. Extrana, sin embargo, la ausencia de un retrato oficial del que fuera el dictador republicano más conocido: Julio César.

Con la muerte de César y la ruptura del triunvirato que se formó tras su desaparición finaliza este período,dando paso a la gran época Imperial.

La época imperial en el arte romano

La proclamación de Octavio Augusto el año 27 a. C. como emperador de Roma senala el inicio del gran período Imperial, en el que las manifestaciones artísticas alcanzarían tal importancia que resulta difícil disociar los conceptos de arte y Estado. Dicho de otro modo: el arte representa al Estado.

Son varias las etapas que se suceden en esta época hasta la decadencia y división del Imperio en el siglo IV d. C. A la era Augusta (27 a. C.-14 d. C.)-período de marcado clasicismo en el que se tiende a la idealización en las representaciones-le sigue un espacio de transición protagonizado por las figuras de Tiberio (14-54) y Nerón (54-68) que, de algún modo, sobre todo en el caso del primero, continúan la labor de Augusto.

Una corriente más realista marcará la dinastía Flavia: Vespasiano, Tito y Domiciano entre los años 69-98 d. C. preceden el cambio de siglo que las personalidades de Trajano (98-117) y Adriano (117-138) efectuarán hacia un neoclasicismo, más cercano a Augusto que a Grecia, apoyados posteriormente por la dinastía de los Antoninos (Antonino Pío-138-161-y Marco Aurelio-161 -180-).

De una forma cíclica, el siglo III, cargado de turbulencias políticas, retoma a las corrientes realistas: es el tiempo de la Dinastía de Severo, innovadora en la técnica del retrato al que dotó de más movimiento. El emperador Diocleciano (284-305) emprende la reestructuración del Imperio organizando crueles persecuciones contra los cristianos, que van influyendo en el decadente paganismo romano, que en el siglo IV se verá abatido con la realidad de una nueva era.

Figura clave de este incipiente período será Constantino el Grande (306-335), personaje que, convertido ya al cristianismo, señalará la progresiva y lenta adaptación de los conceptos iconográficos y arquitectónicos romanos al servicio de la Cristiandad.

Innovaciones imperiales en el arte romano

El arte en la época imperial continúa utilizando tanto los modelos como las manifestaciones típicas repúblicanas: la arquitectura, el retrato y el relieve histórico. Como ya quedó expresado, muchos de los proyectos arquitectónicos de la República se llevaron a cabo en la época de esplendor de Augusto, por lo que los tipos de construcción y sus elementos siguen siendo básicamente los mismos. No obstante, algunas innovaciones se deben mencionar como aportes característicos del Imperio:

El Templo

Une a la renovadora planta circular una cúpula o lucernario que será bastante habitual, así como la discreta aparición del ábside que se aplicará también a la Basílica. La obra cumbre de la arquitectura religiosa imperial es el Panteón de Agripa (s. II).

La Tumba

Adopta la forma circular definitivamente, siendo el ejemplo más conocido el Mausoleo de Adriano.

La casa

Aumenta varios pisos, hasta cinco en ocasiones. Surge el Palacio Imperial como derivación del esquema republicano de vivienda. El Palacio de Augusto, que se anexionó al Gran Palacio de los Flavios, es muy significativo.

Las Termas

Adquieren su forma clásica con la intervención de Trajano, Caracalla (hijo de Severo) y Diocleciano. Asimismo se introduce el capitel compuesto, combinación de jónico y corintio, por primera vez en el Arco de Tito. Los órdenes clásicos que se
abandonaron en el período republicano aparecen extraordinariamente en la construcción de una de las obras más características de la Roma Imperial, el Coliseo, que superpone en su fachada los tres estilos griegos: dórico, jónico y corintio.

La figura del emperador

El arte escultórico en el tiempo de los emperadores se desarrolla, como ya sabemos, a través del retrato y el relieve. En la época de Augusto la estatuaria llega a su máxima idealización; los retratos of iciales del emperador presentan las distintas etapas de su vida, siendo el Augusto de Primaporta la máxima exaltación de su figura. La autoridad imperial se ve con frecuencia interpretada bajo tres tipos de imagen: como militar victorioso (imperator), como ciudadano (togatae) o bien divinizado (aposteósico).

A Octavio Augusto se debe una de las obras más importantes de la Roma clásica: el Ara Pacis o altar de la paz. Este mo numento presenta unos maravillosos relieves conmemorativos: con gran solemnidad expresan en mármol de Carrara las ceremonias de consagración de la pax romana, que consiguió estabilizar el estado durante dos siglos.

Los retratos en serie

El idealismo clasicista tendría su oposición en la época de los Flavios. En este ciclo el retrato se convierte en un objeto de consumo, hasta el punto de que existen talleres en los que se van añadiendo las cabezas encargadas a bustos estandarizados, lo que impide una aportación armónica en muchos de los casos. Los retratos femeninos son interesantes, pues nos explican la evolución de la moda y las costumbres, sobre todo en lo referente a los peinados; la figura de Livia, Agripina, Plotina… son magníficos ejemplos. La técnica del relieve a partir de la época Flavia empieza a decaer, volviéndose, en el siglo II-durante el periodo de los Antoninos-más narrativa pero menos plástica, perdiendo naturalidad. Sirva como ejemplo la decoración de la columna de Marco Aurelio (clara imitación de la famosa columna Trajana), que junto con los relieves del Arco de Títo constituyen los últimos grandes relieves que merecen el calificativo de obras maestras.

Ultimas evoluciones en el arte romano

Una nueva corriente de idealismo apunta en los retratos que se realizan en tiempos de Adriano; el célebre Antinoo nos muestra un acercamiento a la concepción clásica de la época de Augusto, que pronto se volvería nuevamente realista y barroca con el uso combinado de mármoles de diferentes colores, la inclusión de la barba en las figuras y la técnica del taladro y posterior incrustación de los ojos.

La aparición de la estatua ecuestre durante el mandato de Marco Aurelio marca ya una fuga de lo clásico, que no volverá a aparecer en la escena histórica hasta prácticamente el Renacimiento italiano.

Los últimos retratos y relieves del Imperio son decadentes. Los numerosos emperadores que se sucedieron en el siglo III no pudieron mantener un estilo definido, cabe destacar, sin embargo, como un hecho interesante, la disminución, durante el poder de Caracalla (211-217) de la Dinastía de Severo, de los llamados gustos de taller y la introducción, por tanto, de una dinámica más acentuada en el movimiento de las efigies.

Las gigantescas cabezas, los rostros desproporcionados, trágicos, definen la decadencia artística de Roma. Con el traslado de la capital a Bizancio (Constantinopla) y la definitiva división del imperio, tras la muerte de Teodosio (395), ya no se puede hablar de arte romano. Estamos en la incipiente cultura Paleocristiana.

La pintura clásica en el arte romano

La perfección en las realizaciones artísticas que han llegado hasta nosotros desde la antigua Grecia nos hacen sospechar que el arte pictórico alcanzó un grado de madurez extraordinario. Unicamente las referencias literarias, fundamentalmente el tratado de Marco Vitruvio (s. I a. C.) y las supuestas copias romanas a través de mosaicos, o bien sirviéndose de la técnica mural, sugieren el esplendor que tuviera la pintura griega. También la numerosa alfarería helénica nos presenta el grado de excelencia que en la expresión gráfica lograron aquellos pintores, aunque tanto en la cerámica melanográfica (figuras negras sobre fondo rojo), como en la entográfica (figuras rojas sobre fondo negro), el claroscuro y la perspectiva están ausentes, por lo que las imágenes que allí aparecen no nos pueden dar idea del aspecto que tendría la pintura de caballete que Apeles, Parrasios, Zeuxis o Polignoto realizaron utilizando la técnica del encausto (colores a la cera aplicados en caliente).

Nos tendremos que conformar con la admiración de la pintura romana, de la que tampoco existen restos de trabajos encáusticos sobre tabla, pero sí numerosas muestras de una rica pintura mural, como en las casas de Pompeya y Herculano.

Utilizando una técnica al fresco, que gracias a las seis capas de cal y arena de diferente grosor y al paciente alisamiento de las tres últimas, se conseguía un característico brillo que más de un estudioso ha confundido con un procedimiento a la cera o al estuco.

Durante los siglos II a. C. y I d. C se suceden en Pompeya distintos estilos pictóricos. Un primer sistema, llamado de incrustación, imita distintas calidades dividiendo el paramento en tres partes. El segundo estilo es el arquitectónico, que consigue engañar al ojo pintando elementos constructivos, columnas, arquitrabes, ventanas, dejando ver a través de ellos bonitos paisajes o escenas bucólicas. Otro estilo, el ornamental, presenta construcciones imaginarias, decoradas con orlas y exóticas guirnaldas. Por último, una cuarta escuela funde en un mismo mural los conceptos del estilo arquitectónico y del ornamental, resultando un producto sumamente atractivo, en el que figuras humanas, pintadas según la tradicional forma neoática, juegan eróticamente en un ambiente marcado por una cuidada perspectiva dentro del más estricto canon alejandrino, y utilizando una descripción pictórica sumamente impresionista.

Este breve panorama del arte gráfico clásico se cierra con la alusión a otra técnica muy frecuente en la plástica romana: el mosaico. Procedente del Oriente, se utiliza en el Imperio sobre todo en la decoración de pavimentos. Las primeras técnicas, que se reducen a la incrustación de trocitos de barro cocido en cemento, evolucionarían tanto hacia una auténtica taracea en mármol (Opus sectile), de la que es magnífico ejemplo el Tigre de la Rasilica de Giunio Basso (s. IV d. C.), como hacia el típico opus Tessellatum, que combinando pequeñas teselas de colores,como en la célebre Batalla de Issos (Pompeya),anticipan el extraordinario arte del mosaico bizantino.

Discussion

  1. WALBERTTO
  2. lunita

Leave a Reply

  • Responsable: Octavio Ortega Esteban
  • Fin del tratamiento: Controlar el spam, gestión de comentarios
  • Legitimación: Tu consentimiento
  • Comunicación de datos: No se comunicarán los datos a terceros salvo por obligación legal
  • Derechos: Acceso, rectificación, portabilidad, olvido.
  • Contacto: Octavio[arroba]kerchak.com
  • Información adicional: Más información en nuestra política de privacidad