Arte románico

La paz que reina en Europa, acogida al régimen feudal ya desde el siglo IX, invita a la expansión. Las cruzadas, como ofensiva hacia la revolución islámica, serán el hilo conductor que mantendrá viva la presencia cultural bizantina en Occidente. Todo ello, como un ingrediente más, debe sumarse a la gestación del primer gran estilo artístico europeo: el románico.

Mucho se ha debatido sobre el origen de este arte, pero es evidente que su desarrollo debe adjudicarse a las instituciones cenobíticas, que ya desde el siglo VI se organizaron mediante re glas muy estrictas. San Benito (s. VI) constituye la orden benedictina creando su primer monasterio en Montecassino. Desde entonces dos reformas fundamentales se hicieron en la orden, la Cluniacense y la Cisterciense, que contemporizan con los momentos más importantes del arte de la Edad Media: el florecimiento del románico y la transición al gótico.

arte, catedral, arquitectura románica

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Francia: cuna del románico

Fue fundada la orden cluniacense en el año 910 por Guillermo el Piadoso, duque de Aquitania, erigiéndose el primer monasterio en Cluny (Borgoña). A partir de este momento la reforma benedictina se expande imparable por todo Occidente. Las nove dades litúrgicas que aporta el renovador monacato necesitarán acomodar la arquitectura del templo carolingio, desarrollando un estilo sobrio y altamente armónico que -basado en la estructura cúbica y conjugando elementos germánicos, romanos y bizantinos- habrá de materializarse en edificios compactos y muy equilibrados estéticamente.

De este modo surge el arte románico en un marco histórico ideal, pues la paz que reina en Europa a partir del año 1000 protege incondicionalmente la irradiación reformista de Cluny que, una vez confirmados sus privilegios e inmunidades por el Papa Juan XIX (1024-1032), se alza como bastión del cristianismo en Occidente. La organización de constantes peregrinaciones a Jerusalén, Roma y, sobre todo, Santiago de Compostela, desembocará en la erección de numerosas iglesias en los diferentes itinerarios religiosos.

Es, pues, Francia, y concretamente sus provincias de Borgoña y Provenza, el lugar donde se forja el uniforme estilo románico. Su florecimiento, paralelo al de la Arquitectura Sálica alemana, permutará con ésta algunos conceptos característicos, al acomodar en los templos reformistas germanos el aspecto ascensional típico de las construcciones sálicas a los nuevos criterios románicos.

Si bien en Alemania el estilo románico-sálico aparece muy unificado, Francia, a partir de la mitad del siglo XI, empieza a desarrollar unos tipos arquitectónicos regionales notablemente diferenciados.

Variantes del románico francés

Estudiemos el arte románico francés en cada una de sus regiones:

Normandía

El esplendor de la escuela normanda culmina a finales del siglo XI. Su estilo original se distingue por la longitud y estrechez de las plantas, careciendo de girola, mientras su fachada se flanquea con dos torres de sección cuadrada.

En el románico normando se ha querido ver el antecedente directo del arte gótico. Las iglesias de San Esteban y Santa Trinidad de Caen, y, sobre todo la de Jumiéges (1040-1067), son las más representativas.

Provenza

Las iglesias de esta región se caracterizan por carecer de triforio o tribunas en las naves laterales, presentando bóveda de cañón o aristas. Hay dos tipos de plantas: de una nave (sin crucero) o de tres naves, como la iglesia de San Trófimo de Arlés, el edificio más importante del románico francés. La escultura románica, absolutamente subordinada a la arquitectura, aparece muy tardíamente en la escuela provenzal. Sus figuras constituyen un caso aislado dentro del arte escultórico románico. La ornamentación de la fachada y claustro de San Trófimo ofrecen una hermosa combinación entre el relieve descriptivo y las figuras de pilares.

Poitou

San Martin de Tours ofrece ya la ordenación típica de esta escuela del noroeste francés: tres naves con crucero y girola con capillas radiales, creando la auténtica iglesia de salón. Nôtre Dame de Poitiers (comienzos del siglo XII) es la construcción más grandiosa en esta región. Su exterior aparece decorado con motivos escultóricos geométricos en la portada, carente de tímpano y con figuras exentas enmarcadas en bandas divididas por arquerías ciegas en el resto de la fachada.

Auvernia-Languedoc

Presentan las iglesias auvernesas triforios sobre las naves laterales, bóvedas de cañón y girola. El interés de esta comarca estriba, primero, en la influencia sobre el románico español, al ser ruta obligada en las peregrinaciones a Santiago, y, segundo, en constituir el núcleo originario de la escultura románica. Las principales escuelas del arte de la talla se en cuentran en esta zona. Moissac, Agen y, sobre todo, Toulouse ofrecen obras soberbias. Los bajorrelieves de Moissac y las escenas del Juicio Final en el tímpano de la iglesia de Beaulieu dan fe del expresivo sentido de la plasticidad de los escultores románicos en el sudoeste francés.

Aquitania

Sin duda es el grupo más original, pues se apropia de los elementos bizantinos y crea iglesias en las que el uso de la cúpula sobre pechinas y la planta de cruz griega es constante, en templos como Saint-Front-de Perigueux y la catedral de Angulema.

Borgoña

Siendo en principio el núcleo de irradiación de las corrientes cluniacenses, no crearía escuela hasta finales del siglo XI, coincidiendo con la edificación por el abad Hugo de Semur (1049-1109) del tercer monasterio de Cluny. Al parecer, este monasterio tenía cinco naves, dos cruceros con ábsides en los extremos, cabecera con girola y cinco capillas. También en Borgoña, la iglesia de Santa Magdalena de Vézelay, con tres naves sin triforio, representa magistralmente el románico del siglo XII.

Una gran escuela escultórica se asienta en esta comarca; imágenes más realistas, con ritmo y movimiento, constituyen la decoración de los capiteles de Cluny y del tímpano de Santa Magdalena de Vézelay.

La orden cluniacense llegó a dominar de tal manera el orbe católico que su intervención en la elección de Papas, la ostentación de sus propiedades y la gran acumulación de tesoros, fruto de donaciones aristocráticas, desató en el siglo XII la ira de San Bemardo de Claraval, que atajó los desmanes de Cluny promoviendo una nueva reforma -la cisterciense- que abogaba por el reencuentro de la perdida regla benedictina, y que influirá notablemente en el arte románico del siglo XII.

En las portadas románicas se centran los elementos decorativos más significativos. A) Arquivoltas, suelen aparecer ornamentadas con diferentes motivos: arquillos ciegos, dientes de sierra, puntas de diamante, almenillas, zigzags, ajedrezados...  B) Timpano, que a menudo contiene la representación pantocrática.  C) Parteluz.  D) Jambas, que se adornan con las efigies de los apóstoles.

En las portadas románicas se centran los elementos decorativos más significativos.
A) Arquivoltas, suelen aparecer ornamentadas con diferentes motivos: arquillos ciegos, dientes de sierra, puntas de diamante, almenillas, zigzags, ajedrezados…
B) Timpano, que a menudo contiene la representación pantocrática.
C) Parteluz.
D) Jambas, que se adornan con las efigies de los apóstoles.

Inglaterra: reflejo del románico normando

Guillermo el Conquistador, duque de Normandía, conquista Inglaterra en 1066, imponiendo en la arquitectura aquel estilo original que en el norte de Francia se quiere ver como antecedente primitivo del gótico. Iglesias de gran altura, habitualmente con tres naves y ábside rectangular en la cabecera rematado por dos absidiolos, se repiten a lo largo del territorio invadido. Las abadías de Westminster, York y Saint Albans, y fundamentalmente la catedral de Durham, comenzada en 1093 y la más singular del románico inglés, son las edificaciones más descollantes.

La escultura anglo-normanda de los siglos XI y XII dista mucho de la calidad plástica continental. Sólo la gran afición decorativa inglesa nos ofrece signos de originalidad por la profusa ornamentación geométrica de los edificios.

Italia: el arte románico sin unidad

Así como en el resto de Europa, la estabilidad política constituía la circunstancia más favorable para el normal desarrollo del estilo románico, Italia ofrece una indudable desunión. Las regiones el norte, asimiladas por el Imperio germánico, y los territorios coloniales normandos en el sur,
quedaban aislados por la franja toscana que, bajo el influjo bizantino, sería la comarca que desarrollaría un estilo románico más independiente.

Lombardía

La arquitectura lombarda presenta un estilo recio. Las fachadas de las iglesias, articuladas con los típicos arquillos ciegos, son muy características.

El arte medieval en esta región del norte tiene en la escultura la manifestación más destacable. Al Maestro de Módena se debe la autoría de las portadas de la catedral de Módena, en las que curiosas figuras de concepción cilíndrica expresan escenas del Génesis. Pero será Benedetto Antelami el escultor más preciado en la Italia del siglo XII. Sus obras en la catedral y el baptisterio de Parma son célebres, siendo el Descendimiento de la citada catedral un extraordinario ejemplo de su trabajo.

Toscana

El conjunto de Pisa -catedral, torre y baptisterio- constituye una exposición muy característica del románico italiano. La fusión de los elementos romanos (arquerías en fachada) y bizantinos (cubiertas a dos aguas y cúpula en el crucero) se combinan magistralmente en la catedral con una planta de evidente estructura románica. El púlpito catedralicio y la pila del baptisterio presentan un interesante trabajo escultórico.

Si el grupo de Pisa representa excelentemente al románico italiano, la basílica de San Miniato de Florencia es sin duda el monumento más bello del esplendor toscano del siglo XII y no sólo por su armoniosa arquitectura, sino por la maravillosa decoración que muestran sus muros.

Sicilia

Las provincias normandas en la Italia meridional ofrecen una arquitectura notable, sobre todo por su originalidad. A los elementos típicos del románico del norte francés se suman aquí aspectos de tradición musulmana: la rica decoración musivaria de la catedral de Cefalú (Sicilia), o el exotismo exterior de la iglesia de la abadía de Monreale, o la catedral de Palermo. (Una vez más, al mencionar la huella normanda, la asociación de ésta con el futuro estilo gótico parece ineludible; las iglesias elevadas y la presencia de arcos apuntados aparecen también en estas edificaciones meridionales.)

Esta breve descripción de las tres provincias italianas, en las que se dejó sentir el ímpetu severo del estilo románico, no podría completarse sin hacer mención del fenómeno artístico que se produce en la zona del Lacio. En esta región se desarrolla una muy singular decoración que, con el nombre de corriente comasca o estilo comatesco, sistematiza la combinación decorativa, en fachadas y columnas, de taraceas de mármol y teselas de varios colores. El estilo acabó transcendiendo el territorio originario y se extendió a numerosas regiones: España, Alemania, Alsacia… La llamada Puerta de los Escoceses, en Ratisbona (Alemania), es un ejemplo magistral de esta tendencia ornamental.

España: un arte románico diferente

La acogida que España hace al estilo románico no sólo supone una renovación estética sobre las ya tradicionales bases visigótica, asturiana y mozárabe, sino que abre un camino sociocultu ral de extraordinaria importancia como es la europeización de su territorio.

Si bien el nuevo estilo no se hace oficial hasta que el rey Sancho III (1000-1035) ampara y promociona la orden cluniacense en España, protegiendo las peregrinaciones Jacobeas, se entiende que su irrupción en la Península, y en concreto en Cataluña (se debe tener presente que Cataluña, en el siglo X incluía las regiones, hoy francesas, de Cerdeña y Rosellón), ya era un hecho desde finales del siglo X. El estilo Lombardo con sus recias for mas asentó bien en el oriente hispánico donde aparecen ya las primeras iglesias abovedadas.

San Martín de Canigó (Rosellón) y San Pedro de Roda (Gerona) pueden interpretarse como los antecedentes más directos de la forma arquitectónica procedente del norte italiano, que pronto aportará en las edificaciones la presencia de las típicas altas torres de sección cuadrada y varios pisos, decoradas con arquillos ciegos, constituyendo las características bandas lombardas. San Climent y Santa María de Tahull son dos templos ejemplares de esta arquitectura románica, aunque la obra más soberbia de este período la constituye, sin duda, la abadía de Santa María de Ripoll con sus cinco naves y siete ábsides.

Escultóricamente hablando, la España románica presenta realizaciones extraordinarias, siendo junto con Francia el núcleo más notable de toda Europa. No obstante, en la época románica catalana de la primera mitad del siglo XI la escultura se limita a la imitación de los trabajos de orfebrería, basta citar como ejemplo los relieves que decoran el dintel de la iglesia de San Genís Les Fonts (Rosellón).

Arquitectura románica en España

La arquitectura románica se caracteriza por el empleo sistem ático de la planta de cruz latina, el arco de medio punto y la bóveda de cañón. La bóveda de arista -resultado del cruce de dos bóvedas de cañón- se utiliza en las naves laterales.

El siglo XI

Dos hechos decisivos acontecen a poco de iniciarse el siglo XI en España; por un lado, la muerte de Almanzor, en 1002, con lo que se agudiza la crisis musulmana, y, por otro, la presencia de la figura del rey Sancho III el Mayor que, al unificar Nava rra, Aragón y Castilla y formar alianza con León y Cataluña, afianzará el poder de los reinos cristianos dando vía libre y protección a las corrientes románicas que desde Francia recorrían el camino de Santiago.

En Jaca, capital del reino de Aragón, se finaliza, en el último tercio del siglo, la gran catedral cuya influencia artística en el románico castellano-leonés es decisiva. El edificio presenta planta basilical, cúpula sobre el crucero y cabecera con tres ábsides. Las tres naves interiores se separan mediante una alternancia de columnas exentas y pilares con fustes muy interesantes por la ornamentación de sus capiteles. La escultura se presenta en la catedral con una rica muestra iconográfica, representando en su portada oeste el Crismón, flanqueado por dos leones, ofreciendo una perfecta solución compositiva en el formato semicircular de los tímpanos románicos, que se repetirá en otras iglesias navarras, como las de Santa Cruz de la Serós y San Pedro el Viejo, en Huesca.

Los reinos de Castilla y León muestran también una sobresaliente arquitectura románica, aunque las aportaciones de la catedral de Jaca son tan evidentes que había que distinguir entre los edificios anteriores y posteriores a su construcción. Del primer grupo destacaremos sobre todos el Panteón de los Reyes (León), que entre 1057 y 1067 construyera el rey Fernando I como capilla para albergar los restos de San Isidoro.

El segundo grupo de iglesias lo protagoniza la de San Martin de Frómista (Palencia), fundada bajo el mecenazgo de la viuda del rey Sancho III y que imita claramente la planta jacetana, influencia que se extiende también a la decoración de los capiteles. La iglesia de Frómista es quizá la más
armónica y unitaria de todo el románico español.

Acometidas las obras de ampliación de San Isidoro (1090) por el arquitecto Petrus Deustambem a las órdenes de Doña Urraca, vuelve a aparecer en los capiteles leoneses el estilo ornamental de Aragón.

Pero el máximo florecimiento del arte románico en España lo debemos asociar a la figura de Alfonso VI (1072-1109), que promueve la construcción de la catedral de Santiago de Compostela (1075), aglutinando en un solo edificio todo lo que el estilo puede dar de sí. La planta evoca el románico francés: tres naves con crucero asimismo tripartito, girola con cinco capillas rematando la cruz con sendos ábsides. La obra, interrumpida en varias ocasio nes, se finaliza en 1128 tras haber pasado por ella varios arquitectos: los maestros Roberto y Bernardo el Viejo, en el inicio, y Bernardo el Joven y el maestro Esteban en su conclusión. El maestro Esteban, también conocido como el maestro de Platerías, era sobre todo un magnífico escultor, autor de la Puerta del Perdón en San Isidoro (León) y de la Puerta de las Platerías en Santiago de Compostela.

La visión del románico español en el siglo XI debería completarse con dos últimas referencias al arte escultórico. Por un lado, los interesantes relieves y capiteles del claustro del monasterio de Silos y, por otro, la justa alusión a las dos escuelas de escultura exenta que se establecieron en la España cristiana: el taller de León, que creó formas de características bizantinizantes, como el famoso crucifijo de marfil o el arca de San Juan Bautista, y el taller de San Millán de la Cogolla, del que salieron obras muy bellas, como el arca de San Millán.

El siglo XII

La primera mitad del siglo XII viene definida por una popularización del orden románico, erigiéndose gran cantidad de pequeñas iglesias que no aportan novedades arquitectónicas. En la escultura, mientras Francia produce obras ya claramente góticas, España sigue afirmando su posición destacada en la ejecución de formas románicas. A partir de la segunda mitad del siglo, estas formas se verán renovadas a través de la presencia de tres grandes escultores: el Maestro de la Cámara Santa (Oviedo), autor del célebre grupo de apóstoles emparejados de estilizado naturalismo; el Maestro de Avila, que trabajó la decoración de la basílica de San Vicente, y el Maestro Mateo, que tiene la autoría del espectacular pórtico de la Gloria de la catedral compostelana (1188), joya del románico y anticipo del gótico.

La arquitectura románica ofrece un mapa regional muy diver sificadola nueva orden religiosa de San Bernardo, el Cister, aparece en la escena española aportando el uso del arco ojival, que en los diferentes grupos provinciales pronto se generalizaría.

Diversidad provincial en el arte románico en España

El grupo segoviano
Ofrece gran atención a los claustros con los que rodea al edificio hasta por tres de sus lados, utilizando los arcos de medio punto sobre columnas, con frecuencia dobles. Iglesias notables de este grupo son la de San Millán, San Martín y San Lorenzo. También una importante arquitectura civil se desarrolla en esta región: el castillo de Turégano y las diversas casas románicas que surgen en el barrio de San Esteban son características.

El grupo de Avila

La iglesia de San Andrés, familiarizada con San Isidoro de León, y la famosa muralla que rodea la ciudad, son las construcciones más características del románico en la segunda mitad del siglo XII.
La cuenca del Duero En esta región se utiliza con cierta regularidad la cúpula sobre pechinas, lo que nos hace relacionar la influencia aquitana que gustaba del empleo de este elemento bizantino.

La catedral de Zamora y la Colegiata de Toro, muestran estos caracteres orientalizantes. La catedral de Salamanca con su torre del Gallo, es otro clarísimo ejemplo.

El grupo soriano

También presenta algunos rasgos bizan tinizantes en la iglesia de San Juan de Rabanera, de planta griega y en los arcos de herradura apuntados del claustro de San Juan de Duero ya en los albores del siglo XIII.

La fachada occidental de la iglesia de Santo Domingo pre senta una muy equilibrada articulación a base de arcadas ciegas, siendo una de las iglesias más representativas del románico soriano.

El grupo catalán

Es el que presenta menos novedades en este siglo XII. Se continúan los tipos de tradición lombarda, aunque quizá con una cierta presencia de elementos franceses. La catedral de la Seo de Urgel es la obra más destacable, ofreciendo, además, una funcionalidad defensiva, sobre todo en
la estructuración del macizo ábside. Pero más significativos en la Cataluña románica de este siglo son los claustros, maravillosamente orna mentados con las tallas de sus capiteles, que como los que esculpiera el maestro Arnaldo Gatell en San Cugat del Vallés (Barcelona) despliegan un
esplendoroso labrado del mármol. Otros magníficos claustros son los de las catedrales de Gerona y Elna.

La “modernidad” de la pintura románica

La tradición pictórica bizantina, tras su desarrollo a través de las miniaturas de los códices anglosajones, carolingios y mozárabes, se sublima durante los siglos XI y XII en la realización artística más moderna de todo el medievo: la pintura románica.

Las obras de los grandes y anónimos maestros, que cubrieron los ábsides y frontales de las iglesias románicas, deben entenderse no sólo como rutinarias ornamentaciones, sino como verdaderas obras pictóricas dentro del concepto más actual del arte: partiendo de una temática iconográfica impuesta, el pintor recurre a los elementos plástios para comunicarse con el espectador por vía interna.

Los procedimientos técnicos empleados son dos: la pintura mural -realizada al fresco- y la pintura sobre tabla -al temple de huevo-. En el primer procedimiento se prosigue la tradición bizantina en lo referente a la ubicación y a la iconografía. El ábside del templo actúa como soporte del fresco y suele organizarse del siguiente modo: centrado, el pantócrator o la Virgen entronizada, en la parte inferior aparecen dos frisos con figuras de santos y escenas bíblicas, rematándose con una cortina pintada muy sintetizadamente. Sin duda, la obra cumbre de la pintura al fresco sobre ábside la constituye el mural de San Climent de Tahull (Lérida). (En ocasiones estos trabajos pictóricos se encuentran decorando techos, como los magníficos del panteón de San Isidoro de León.)

El segundo procedimiento, el temple, se utiliza en las pinturas que decoran los frontales de los altares que con una composición similar a la de los códices, estructuran en compartimentos la superficie.

En la representación de la figura humana se sigue utilizando, para la construcción de la cabeza, el método bizantino de los tres círculos, el resto del cuerpo se articula de una forma modular tra bajando sobre la medida base de la cabeza. La perspectiva ausente, la tendencia a la frontalidad, el recreo gráfico en la interpretación de los pliegues, el compromiso estricto en la composición y la gran calidad cromática -interpretada mediante tintas planas y contraste de color-, son calificativos que bien podrían ser aplicados, tanto a la pintura románica como al arte que mil años más tarde han desarrollado artistas como Picasso, Matisse o Jawlensky.

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