Arte prerrománico

Tras la violenta invasión de los territorios del Imperio Romano por parte de los pueblos germánicos (s. V) que se ven empujados por el acoso de los Hunos -expulsados del Asia Oriental- se forman las diferentes provincias europeas. Precisamente en estas provincias, y durante el período que se extiende hasta el siglo X, se gestará el primer estilo verdaderamente unitario de Europa: el arte románico.

Pese a la diversidad de razas que ocupan estas regiones, se debe destacar la gran influencia que tuvo la iglesia católica en el proceso de unificación cultural, fundiendo los conceptos romanos y germánicos, sin oponerse a los influjos provenientes, en primer lugar de Bizancio y más tarde del mundo islámico.

La reorganización del Imperio Romano Occidental, durante la primera mitad del siglo IX, gracias a la figura de Carlomagno, fructifica en un renacimiento de la cultura y las artes. Sin embargo, tras el tratado de Verdún (843) este orden se verá sensiblemente amenazado por el proceso de división territorial. La instauración del Sacro Imperio Romano Germánico por Otón I retoma la obra carolingia, y el esplendor cultural se estabilizará, hasta el siglo XII, en la Europa germánica.

Mapa de Europa en el siglo IX
Mapa de Europa en el siglo IX

El arte en los reinos germánicos

Ostrogodos, Merovingios, Anglosajones y Visigodos sólo practicaban tradicionalmente un arte decorativo antes de invadir las provincias romanas.

La orfebrería y otras actividades artesanas caracterizaban el quehacer plástico de estos pueblos del norte que, tras afincarse en los territorios conquistados, adoptaron las formas estéticas regionales, produciendo obras de extraordinaria calidad.

Los Ostrogodos

Acaudillados por Teodorico, fijan la capital de su reino en Rávena. Intimamente relacionados con el Imperio Bizantino desarrollan una arquitectura de clara influencia orien tal. El Mausoleo de Teodorico (Rávena) y la ya citada basílica de San Apolinar el Nuevo son las obras más destacables del período ostrogodo en Italia.

Los Merovingios

Aposentados en la Galia, fusionan en sus realizaciones las tendencias germanas con las galorromanas. Sus edificios imitan también algunos elementos bizantinos, las iglesias y, sobre todo, los baptisterios de planta cuadrada -como el de San Juan de Poitiers, del siglo VII- y de planta octogonal -como el de Aix- son muy significativos. Las artes decorativas son especialmente abundantes en este reino de los Francos o merovingios: armas, fíbulas, esmaltes y joyas constituyen los objetos típicos de su artesanía.

Los Anglosajones

Conjugan en Inglaterra las culturas celtas y romanas. Tras el proceso de cristianización, llevado a cabo por los monjes benedictinos, las islas Británicas se vieron pobladas por monasterios. Los monasterios de York y Canterbury, en Gran Bretaña, son los más conocidos, constituyendo auténticas cajas de seguridad del saber y la cultura. Esto provocó, sin duda, el desarrollo de un arte pictórico ilustrativo de códices y manuscristos, de una extraordinaria calidad. Irlanda produce en esta época las miniaturas más importantes: los Evangeliarios de Durrow y Kells, de Dublín, servirán de modelo a los posteriores iluminadores carolingios, que tanta influencia tuvieron en la pintura románica.

Los Visigodos

Reinan en España desde el siglo VI tras ser expulsados por los merovingios del territorio Franco. La experiencia cultural del pueblo visigodo es grande: su arte está profunda mente romanizado, aunque -como vemos en sus iglesias- la planta de cruz griega resulta más habitual que la estructura basilical latina, lo que no nos hace dudar sobre el influjo bizantino de su arte. El arco de herradura, las ventanas geminadas, los ábsides rectangulares y la bóveda de cañón son elementos típicos en las construcciones de planta cruciforme, de las que las iglesias de Santa Comba de Bande (Orense) y San Pedro de la Nave (Zamora) son características. De todas ellas, San Juan de Baños (Palencia) es la más interesante: de tipo basilical, con planta dividida en tres naves, fue construida a instancias de Recesvinto en 661 y muestra una decoración muy sintetizada, evidente sobre todo en los capiteles.

La pintura está fundamentalmente orientada hacia la ilustración de códices, siendo el Pentateuco de Ashburnham un perfecto muestrario de la capacidad descriptiva de los artistas visigodos de la miniatura. Pero tal vez sea la orfebrería no sólo la actividad más vistosa de este período, sino la que presenta de manera más pura la verdadera tradición artística de este pueblo germánico: maravillosas joyas, de trabajo minucioso, y piedras preciosas enriquecen las típicas coronas votivas que constituyen el Tesoro de Guarrazar (Toledo).

En el año 711 la España visigótica cae bajo el dominio musulmán y sólo una pequeña región al norte permanecerá intacta al influjo árabe. Esta zona constituirá el foco donde se erigirá el antecedente inmediato del románico español: el arte asturiano.

El renacimiento carolingio

Carlomagno, rey de los francos (conocidos antes como merovingios) desde el 768, es coronado en el año 800 emperador de Occidente. Su incondicional apoyo a las artes, y a la cultura en general, se resume en la creación de la Gran Escuela Palatina de Aquisgrán, centro de enseñanza de todas las artes liberales.

Las manifestaciones artísticas que se desarrollan en la época carolingia son ya inconfundiblemente medievales. La arquitectura religiosa -crisol en el que se funden elementos galos, germano rromanos y cristianobizantinosproduce edificios según la tradicional forma basilical; sin embargo, serán las iglesias de planta octogonal las más características de este período: la Capilla Palatina de Aquisgrán es fiel reflejo del arte bizantino ravenés; la aparición de la girola y los arcos de medio punto resultan muy interesantes en este templo que corona su planta con una hermosa cúpula ornamentada interiormente con magníficos mosaicos, hoy muy restaurados.

Las iglesias de planta griega también son frecuentes en la Francia carolingia, como la de Germigny-Les-Prés (806), que remata los brazos de la cruz con cuatro ábsides semicirculares. Pero la verdadera renovación arquitectónica aparece en la estructura del gran monasterio de San Gall (de principios del siglo IX) en Suiza; la iglesia, ya de planta de cruz latina, flanquea su entrada con dos torres; la importancia del crucero sobre el que se fija una linterna y la utilización de pilares, sustituyendo a las tradicionales columnas romanas, anuncian ya un edificio de características propias del románico-cluniacense.

Las artes decorativas y pictóricas se desarrollaban magistralmente a través de las técnicas murales del mosaico polícromo, de la vidriera y prioritariamente mediante el arte de la miniatura que encontró en el marco cultural creado por Carlomagno un lugar de auténtica veneración. El emperador, conocedor de las luchas iconoclastas que se producían en el Imperio Bizantino, no dejó de impulsar la producción de los grandes ilustradores de textos sagrados. Así, varias escuelas florecieron durante su reinado: las de Aquisgrán y Reims con sus Evangeliarios de Cleve y Ebo, respectivamente, y la de Tours, con su famosa Biblia de Carlos el Calvo.

Todas estas escuelas muestran la concepción volumétrica de las imágenes que ya anticiparía el gran iluminador Gondescalco en el manuscrito de Ada a finales del siglo VIII.

El año 843 señala el fin de la unidad carolingia, el territorio imperial se divide en tres partes: Francia, Lotaringia y Alemania. En esta última, y gracias a la figura de Otón 1(936-973), se restaurará la obra de Carlomagno y el arte verá un nuevo ciclo de esplendor.

Arte otoniano

A lo largo de los sesenta y cuatro años de poderío otoniano (960-1024), tras la creación del Sacro Imperio Romano Germánico, la arquitectura desarrollará el estilo tan deseado por Carlomagno. Si bien ya en el monasterio de San Gall los elementos y la estructura responden al tipo románico, hasta que la capitalidad artística se traslade de Aquisgrán a Sajonia los arquitectos no se empezarán a plantear problemas armónicos para la configuración arquitectónica. Abandonada ya la cúpula, los edificios aumentan sus alturas y sus proporciones empiezan a regirse mediante cánones modulares que facilitarán la armonización del conjunto.

El ejemplo más destacable de arquitectura otoniana es la iglesia benedictina de San Miguel de Hildesheim, construida en 1022 durante el reinado de Enrique II. Presenta un recinto perfec tamente equilibrado con tres naves, dos cruceros cuadrados y dos coros; además, sus muros se hallan prácticamente lisos, entendiendo así la belleza del conjunto, no por la profusión ornamental, sino por la estética distribución de sus elementos. La catedral de Magdeburgo y el monasterio de Gernode son otras importantes construcciones otonianas.

La pintura se sintetiza; la tendencia a las tintas planas, tanto en los grandes ciclos monumentales como en las ilustraciones de códices, anticipa ya la gran escuela pictórica de la Alemania medieval. La temática, estrictamente bíblica, se interpreta gráficamente con magistral intemporalidad. El Evangeliario de Otón III y el Códice de Egberto de Tréveris son significativos ejemplos.

En 1024 desaparece la Casa de Sajonia y con ella el arte otoniano. En el siguiente período imperial germánico, la época Sálica (1024-1125), la arquitectura alemana se mantendrá en la vanguardia del arte occidental.

Prerrománico español

Europa, al margen del acoso árabe, evoluciona hacia la creación del gran estilo románico. España, sin embargo, bajo la dominación islámica desde comienzos del siglo VIII, ve truncado este avance. Sólo el núcleo asturiano desarrollará un arte auténticamente prerrománico que, junto con las obras de los artistas mozárabes (los cristianos que han asimilado el arte musulmán), constituirá el más claro exponente de la cultura cristiana durante los siglos IX y X en España.

Arte asturiano

La fusión de los conceptos artísticos visigóticos con las corrientes procedentes de Europa se manifestará en una serie de edificaciones de gran originalidad. La iglesia más antigua aparece en Satianes de Pavia, capital del reino asturiano en tiempos del rey Silo (a finales del s. VIII), y aunque su estructura parte aún del esquema romano-visigótico, ya presenta la cabecera dividida en tres partes.

Sección transversal de la iglesia de Santa María del Naranco.
Sección transversal de la iglesia de Santa María del Naranco.

Pronto la verticalidad y la construcción abovedada aparecerán como rasgos estables en la arquitectura asturiana. Durante el reinado de Alfonso II (792-842) se erige San Julián de los Prados, que, con sus tres naves y tres ábsides, es el edificio más grande de este período. Presenta interesantes pinturas murales, que a pesar de su escaso colorido ofrecen curiosos motivos geométricos e interpretaciones arquitectónicas que engañan al ojo, como ocurría en las pinturas murales pompeyanas.

La figura cumbre del prerrománico español es el rey Ramiro I (842-850), sucesor de Alfonso II en el trono de Oviedo. Sus cons trucciones eclesiales son el resultado de adaptar las residencias palaciegas al uso religioso. Estas obras arquitectónicas ofrecen elementos muy característicos: bóvedas de cañón apoyadas en arcos de medio punto, contrafuertes exteriores, columnas de fuste estriado rematadas con capiteles ornamentados o poliédricos y ventanas geminadas con celosías. Todo ello forma un conjunto de planta basilical con cubierta de madera según el tipo romano.

Santa María del Naranco, con sus dos pisos y planta de una nave, y San Miguel de Lillo, consagrada hacia el año 857 como capilla del palacio de Santa María, presenta el verticalismo característico del arte ramirense.

Estilo asturiano: aspecto exterior de la iglesia de Santa María del Naranco.
Estilo asturiano: aspecto exterior de la iglesia de Santa María del Naranco.

Arte mozárabe

El arte cristiano que se desarrolla en territorio musulmán o en los incipientes reinos que se van formando en el norte de España por artistas huidos de las regiones dominadas por el Califato, reci be el nombre de arte mozárabe. Tanto en la arquitectura como en la miniatura las ideas visigóticas, sumadas a los conceptos musulmanes de representación plástica, desembocan no en un estilo simbiótico, sino en un orden sumamente armónico.

La arquitectura mozárabe maneja básicamente el arco de herradura y la bóveda de nervios sobre plantas basilicales o de cruz griega que a menudo se ven coronadas en su cabecera con tres capillas. En la zona sur de la Península aparecen dos interesantes iglesias, la rupestre de Bobastro, en Málaga, y la de Santa Maríá de Melque, en Toledo, ambas de aspecto macizo y muy sólido. Sin embargo, los mejores templos mozárabes se encuentran en la España reconquistada, siendo la más significativa la iglesia de San Miguel de la Escalada, en León, de planta basilical con tres naves, pórtico lateral, crucero y cabecera con tres ábsides de planta de herradura.

La miniatura mozárabe es sumamente peculiar, las ilustraciones de Biblias y Beatos (comentarios apocalípticos) revelan un auténtico expresionismo pictórico.

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