Arte paleocristiano

El arte cristiano, heredero directo del mundo de las formas helenísticas y romanas, constituye en los primeros siglos una etapa importantísima, como precedente del arte de la Edad Media en Europa. La universalidad de la religión cristiana, apoyada en sus inicios en la sincera búsqueda de la perfección del comportamiento humano, contrasta con el politeísmo romano, despótico y dictatorial, que no acepta la igualdad entre las personas. Por esta razón, a pesar de las divergencias dogmáticas que se irían sucediendo dentro del orbe cristiano, la evangelización fue aceptada sin restricción en un amplio marco geográfico, desde Escocia hasta Mesopotamia, incluyendo España, norte de Africa y por supuesto todas las regiones mediterráneas.

Fue precisamente en la parte oriental del Mediterráneo donde se afincaron de tal manera los dogmas de la Cristiandad, que floreció imperialmente durante el milenio que ocupó el magnífico arte bizantino.

Mapa de la división del imperio romano
Mapa de la división del imperio romano

Historia del arte paleocristiano

El emperador Constantino el Grande, con el Edicto de Milán (313) abrió las barreras políticas y sociales para que la práctica del Cristianismo dispusiera de libertad. El desenlace ya estaba previsto: Teodosio, antes de dividir el Imperio, reconoce en el año 380 (Edicto de Tesalónica) la religión cristiana como oficial en el territorio de Roma. Pero el arte cristiano no aparece cuando se admiten públicamente los cultos, sino que desde los primeros tiempos de la expansión evangelizadora existe ya un arte oculto que, al carecer de tradición, tiene que desarrollar una nueva iconografía, acomodando los modelos romanos y helenísticos al uso religioso.

La arquitectura era subterránea: las catacumbas, excavadas en las proximidades de los núcleos urbanos, poseen laberínticas galerías, asimismo disponen de recintos de reunión o cubículos que albergan los nichos funerarios. Estos cementerios ocultos aparecen ornamentados con interesantes pinturas murales. Enmarcados mediante líneas rojas y verdes, una serie de motivos simbólicos -el pez, la paloma, el Buen Pastor o el cordero y ciertos anagramas como el crismón- constituían un auténtico código secreto, entre los primeros cristianos. Las catacumbas próximas a Roma, como la de Domitila, San Calixto o San Sebastián son las más importantes; no obstante, también existen en Nápoles, Alejandría o Siracusa. En las regiones más alejadas de la persecución imperial, el arte paleocristiano ofrece manifestaciones de más plasticidad, con un mayor recreo en la estilización de las formas, como se observa en los murales de Dura-Europs encuadrables en la época de los Partos, en la meseta irania.

Innovaciones paleocristianas

Las comunidades cristianas a partir del año 313 salen al exterior con una gran fuerza contenida. La necesidad de un edificio para desarrollar los cultos les lleva a adoptar la tradicional forma basilical, que en épocas anteriores había tenido una función absolutamente profana. Algunas variaciones se van introduciendo para acomodar esta arquitectura a las obligaciones ceremoniales: la aparición del triforio o galería elevada sobre las naves laterales, la utilización del ábside para disponer el altar y la innovación del crucero, resultado de atravesar la nave central con otra ortogonal. Estas transformaciones constituyen interesantes anticipos, en Occidente, de la típica iglesia protomedieval.

Basílica  paleocristiana (Santa Inés de Extramuros). 1) Sección. 2) Planta: a) sitial del obispo, b) altar, c) coro, d) nartex, e) atrio, f) fuente, g) pórtico.
Basílica paleocristiana (Santa Inés de Extramuros). 1) Sección. 2) Planta: a) sitial del obispo, b) altar, c) coro, d) nartex, e) atrio, f) fuente, g) pórtico.

De gran interés son también las pinturas murales que decoran estas primeras basilicas, como las de Santa María la Mayor, San Pablo y Santa Inés, de Extramuros, o la de San Pedro, de Roma.

Otras construcciones frecuentes en los primeros siglos del cristianismo son las capillas funerarias y los recintos bautismales, que presentan plantas variadas -circulares, cruciformes u octogonales-, siempre coronadas con cúpula. Del siglo IV destaca Santa Constanza y el baptisterio de San Juan de Letrán, en Roma. La escultura, después del Edicto de Milán, se limita en el arte paleocristiano a la talla de sarcófagos y la decoración de capiteles. Con gran similitud a las imágenes arcaicas griegas, las urnas funerarias presentan tres tipos de soluciones: el díptico o tríptico, el friso continuo y el anagrama en forma rectangular o circular (medallones). La obra cumbre de este arte del relieve es el sarcófago de Giunio Basso, en Roma.

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