Arte en Mesopotamia

En la gran extensión territorial comprendida entre los ríos Tigris y Eufrates surge la civilización mesopotámica, que contempo rizando con Egipto se desarrolla con independencia a partir de una prehistoria muy rica en actividades artisticas. Esta cultura del Antiguo Oriente adolece, al contrario que la del Valle del Nilo, de la unidad étnica, que provocó el férreo hermetismo de la cultura egipcia. En el espacio mesopotámico habitan dos culturas opuestas: los sumerios y acadios, en la región de Caldea, al sur, y en el norte el pueblo asirio. La unificación de ambos (1830 a. C.) desembocará en el Gran Imperio Babilónico.

Los numerosos hallazgos prehistóricos, que se enclavan a lo largo de los distintos períodos arqueológicos, nos muestran los principios iconográficos, tan importantes en la temática artística de esta civilización. Las etapas precerámicas de Jarmo y Hassuna en el Neolítico y el período Eneolítico, con la alfarería típica de Tell-Halaf, nos ofrecen la evidencia del poderío del arte del barro sobre las manifestaciones pétreas. Mesopotamia es región de pocos recursos en cuanto a la piedra, por lo que resulta constante la utilización del ladrillo o el barro cocido, tanto en las edificaciones como en la técnica del bajorrelieve.

Leones entrelazados. Uruk. Impresión de un sello-cilindro.

Leones entrelazados. Uruk. Impresión de un sello-cilindro.

El arte sumerio-acadio

La dualidad arte-culto está presente en las primeras civilizaciones. La explicación de la vida, de la humanidad, ya en la cultura protosumeria, se acoge a la creación de mitos, que desembocarán en la necesidad de visualizarlos, por un lado a través de las artes plásticas y, por otro, mediante el recurso literario, que especialmente en Mesopotamia tuvo un elevado sentido poético.

Durante los dos primeros períodos (Uruk y Djemdet-Nars) el templo comenzó a establecer sus normas, la cella o largo pasillo estrecho, en el que aparezca al fondo el altar, y el recinto amurallado fueron las primeras introducciones. Mencionaremos por su interés el templo de Tell-Agrab, que ya en la época de Mesilim (2600 a. C.) fue dedicado al dios Shara utilizando varias cellas.

La escultura, aunque escasa, y el relieve, muy abundante, se sirvieron de la temática mitológica para desarrollar una iconografía reiterativa, como el típico águila con cabeza de león, el mito de Inanna y Dumuzi, de connotaciones bucólicas, o la frecuente imagen del Arbol de la Vida. La interpretación escultórica se caracteriza por una constante actitud de sumisión, utilizando normas y poses estandarizadas.

Un mayor simbolismo se adueña del arte en la época de la I Dinastía de Ur (2500-2350 a. C.). De especial relieve es el llamado Estandarte de Ur; en él representan escenas bélicas, consiguiendo una policromía original al utilizar la técnica de la taracea en madera. A lo largo de todo el arte de Sumer y Acad se emplea un procedimiento artístico de enorme interés: la Glíptica.

Esta técnica consiste en la utilización de sellos cilíndricos -de piedra, madera o metal- que, al hacerlos rodar sobre una superficie blanda, transfieren el grabado que contienen, obteniendose un re lieve continuo. En ocasiones, este relieve se utilizaba para crear las franjas conmemorativas que constituían las estelas que surgen en el período Acadio (2350-2160 a. C.).

En el colosal palacio de Narasim se encuentran los relieves monumentales, que podemos considerar la obra cumbre de este ciclo acadio. Los nuevos conceptos arquitectónicos del templo-vivienda o del palaciofortaleza producen monumentales construcciones en el tiempo del reysacerdote Gudea. Aunque la aportación más sobresaliente es el Zigurat, edificación constituida por superposición de terrazas con acceso a base de rampas y que nos recuerda la estructura de la bíblica torre de Babel.

El Imperio Babilónico (1830-1530 a. C.)

La unificación del territorio mesopotámico a cargo del rey Hammurabi tuvo como consecuencia un período de relativa tranquilidad, muy propicio para el desarrollo de las artes y la cultura en general. Y así debió ser, aunque por desgracia los restos en contrados son muy escasos. No obstante, nos sugieren un gran esplendor artístico. Los grandes palacios, tanto el de Zimrilim de Mari, con infinidad de salas y pinturas murales de profusa policromía, como el del propio Hammurabi, se destruyeron. Los vestigios de la fachada muestran la combinación de los ladrillos en relieve con los huecos rectangulares que ya se utilizaban en la época sumeria, que, como el Zigurat, son caracteres típicos de esta arquitectura. La iconografía en esta época de la I Dinastía Babilónica añade a los motivos tradicionales nuevos engendros: el toro androcéfalo y el sol alado potencia la constanterepresentación del encuentro del soberano con el dios, que en este período se interpreta, a veces, con una simbología abstracta, como es frecuente observar, en los Kudurrus, o en las estelas.

En 1531 antes de Cristo, Babilonia, ya bajo la dominación de los casitas, es destruida por el pueblo Hittita, que poseyendo una interesante tradición artística asumirá las influencias del arte mesopotámico y producirá obras de un indudable interés, anticipando muchos de los conceptos plásticos que manejarán no sólo los artistas asirios y persas, sino también los cretenses y etruscos.

Arte Asirio

A lo largo de los dos grandes períodos del Imperio asirio (Medio, 1356- 1078 a. C., y Nuevo, 935-612 a. C.) se desarrolla un arte imperial, que podemos calificar como el más característico de toda la civilización mesopotámica. Este arte, derivado en un principio de la cultura sumeroacadia, recibe, como ya hemos dicho, la influencia Hittita. La personalidad bélica y cruel del pueblo asirio desemboca en una interpretación mucho más realista, cargada de fuerza expresiva y que tiene en el procedimiento del bajorrelieve su máximo exponente. Escenas de victoria o agresivas cacerías de leones constituyen una temática habitual que siempre se alterna con la creación de seres fabulosos, genios alados, leones y toros androcéfalos, que protagonizan las decoraciones de los suntuosos palacios. Las representaciones animales son impresionantes y alcanzan su manifestación más sobrecogedora en los bajorrelieves del palacio de Assurbanipal II: la caza del león y la leona herida.

La colosal edificación que el rey Sargón II construyó en Khorsabad es un complejo amurallado con gran número de dependencias. Se trata, sin duda, del ejemplo arquitectónico más interesante del arte asirio. Esta fortaleza, situada en las proximidades de Ninive, decora sus puertas de entrada con dos bajorrelieves simétricos que representan toros alados con cabeza humana.

Reconstrucción gráfica del palacio de Khorsabad.

Reconstrucción gráfica del palacio de Khorsabad.

Arte neobabilónico

La destrucción de las principales ciudades asirias, entre los años 612 y 609 a. C., por parte de Nabopolasar (príncipe caldeo) y sus aliados, los medos, produjo el fin de ese arte imperial asirio cargado de enérgicos fundamentos mitológicos. El regreso a una Iínea más espiritual tuvo en Nabucodonosor II, hijo del victorioso caldeo, el gran impulsor.

Hablar de arte Neobabilónico supone centrar toda la atención en torno a la edificación de la gran ciudad, la majestuosa Babilonia, que como tributo al dios Marduk construyera Nabucodonosor II, orientada a los cuatro puntos cardinales. El amplísimo recin to, protegido por dos murallas, contenía, además de la fortaleza real, rica en bajorrelieves de ladrillo esmaltado, un colosal palacio, probablemente residencia veraniega del monarca. Esta técnica del esmalte (mediante la que se interpretan motivos vegetales y representaciones zoomórficas de imponente realismo) es, junto con la profunda justificación religiosa de todas las obras, la innovación más esencial del Imperio Neobabilónico.

La escultura debió ser muy numerosa y de alta calidad si nos atenemos a las descripciones bíblicas y a los relatos de Herodoto.

Persia: el arte ecléctico

El establecimiento de los medos y los persas en la meseta del Irán a lo largo del segundo milenio antes de Cristo evidencia el retraso que, con respecto a las civilizaciones egipcias y mesopotámica nos lleva a considerar la cultura iraní como la gran asimiladora de los postulados artísticos que en los territorios adyacentes se venían practicando.

Alrededor de cuatro siglos antes de la creación del Gran Imperio Persa, por obra de Ciro el Grande (550 a. C.), Ias diversas incursiones que durante la hegemonía elamita realizaron medos y persas por los territorios de Asia Menor, Grecia, Mesopotamia y Egipto, fueron proporcionando botines de tesoros y obras artísticas que iban engrosando el patrimonio de Susa, capital de Elam. El arte autóctono elamita abarcaba dos actividades básicas que le otorgaban bastante originalidad: la cerámica y la escultura en bronce, de la que es un soberbio ejemplo la estatua de la reina Napirasu. La simbiosis entre este arte propio y la admiración por el ajeno desarrollaba una cultura artística en la que destaca una perfecta armonía basada en la gran preocupación compositiva.

El Imperio Medo (650-560 a. C.)

La soberanía médica sobre los persas en el siglo VII a. C. produjo la constitución de la primera etapa en que se divide este Imperio Persa. El arte en el tiempo de los medos es escaso, pero sumamente original si admiramos las curiosas formas y decoraciones de su cerámica, que, como en casi todas las manifestaciones artísticas, poseían connotaciones funerarias. Los curiosos bronces de Luristan, que remataban estandartes o instrumentos bélicos, poseen una armoniosa elegancia.

Completarían este exiguo conjunto de manifestaciones artísticas las tumbas reales y las representaciones glípticas, tan habituales en el Oriente Antiguo.

El Imperio Aqueménida (560-331 a. C.)

Ciro II fue el gran creador del Imperio Persa, su victorioso dominio sobre los medos le llevó a extender su hegemonía a través de sus conquistas por los territorios de Asia Menor, llegando el poder del Irán, en tiempos de Darío I (521-486 a. C.), a contar entre sus posesiones con Egipto y Grecia Oriental. No debe extrañar, por tanto, el gran esplendor que el arte persa alcanzara en esta época, en la que tenía a su alcance las realizaciones culturales más importantes del mundo civilizado.

Aunque en todas las obras de arte persas se descubre con mayor o menor evidencia la huella de alguno de los pueblos conquistados, existen algunas innovaciones propias que, tanto en la arquitectura como en la escultura, descollan interesantes.
Los palacios aqueménidas de Pasagarda y Persépolis, los más característicos, poseen cierta afinidad con las edificaciones asirias, aunque se crean dos nuevos espacios arquitectónicos: la Apadana, o habitación destinada a las recepciones, y la residencia o Tatchara, ambos con esbeltas columnas rematadas con el típico capitel persa sobre los que reposan las cubiertas, que en estos casos son de madera. La rica ornamentación cargada de armoniosos relieves de gran tamaño, en los que las escenas cinegéticas y bélicas se repiten a veces con insistencia, decoran tanto el exterior como el interior de estos bellos edificios. La técnica del ladrillo esmaltado, base de la decoración palaciega, adquiere aquí un florecimiento magistral. Basta citar el conocidísimo friso de los Arqueros el palacio de Artajerjes, en Susa, obra maestra de la cerámica vidriada.

La época de los Partos (250 a. C.-224 d. C.)

La sublevación de los griegos en contra del dominio persa inició la decadencia de las dinastías aqueménidas, que culminó con la Helenización total del territorio, tras su conquista en el año 330 a. C. por Alejandro Magno.

A lo largo de más de cien años se adoptaron en la meseta iraní las formas helenísticas, que, tras la aparición de los Partos, reaccionando en contra de la dominación griega, se transformaron en un arte que, de alguna forma, perdió el sentido de la armonía. El arte de los Partos, calificado alguna vez de bárbaro, presenta en sus obras pictóricas y escultóricas la constante de la frontalidad. La vuelta a la tradición religiosa mesopotámica, que rendía culto a la diosa Inanna, renueva la presencia de la mujer, tan ignorada en el mundo aqueménida, en las representaciones artísticas. Especialmente interesante son las pinturas murales que aportan el procedimiento del sgrafitto, como las de Dura-Europs. La aparición del mosaico, subordinado a una arquitectura en la que ya se utilizan las bóvedas y las estructuras cupuliformes, constituye con todo lo anterior el prólogo para una época sumamente interesante que devolverá a Persia nuevos vientos de esplendor.

Capitel persa.

Capitel persa.

La época Sasánida (224-651)

Desmembrado el pueblo parto, se renueva la tradición al constituirse un nuevo ciclo representado por monarcas que, como Ardashir I, tienen su origen en las dinastías aqueménidas. Los reyes sasánidas potenciaron un arte que, aunque mantendrá ciertas influencias partas, producirá magistrales obras.

La arquitectura utiliza los recursos abovedados y los arcos. Los palacios de Firuzabad, con su pórtico en bóveda de cañón; de Ctesifonte, cuya fachada, compuesta por fajas de arcos que enmarcan en el centro una de las arcadas más grandes del mundo, junto al de Sarwistan, son pruebas ineludibles de la gran influencia que las edificaciones sasánidas tuvieron en el arte bizantino e islámico. Resulta curioso observar que en esos palacios la estatuaria está ausente.

Ésta aparece, sin embargo, en forma rupestre, esto es tallada en la roca, como se puede observar en la cueva de Taq-i-bostan o en Naqsh-irustam y Naqsh-i-redjeb, donde se al zan grandes relieves que interpretan, con gran delicadeza y ajustada composición, las formas características de la escultura sasánida.

La importancia de esta etapa es trascendental, ya que se erigió como la potencia exportadora de obras artísticas, más destacada en todo el mundo paleocristiano y árabe.

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