Arte en Egipto

En el vasto territorio que se extiende desde el Oriente Próximo hasta Asia Menor se forjaron las primeras civilizaciones que aportarían un progreso real para el hombre. Arte en Egipto.

La aparición de la escritura y la ciencia, junto a los avances técnicos y comerciales, constituyen un hecho de tal magnitud que, desde entonces hasta hoy, siguen marcando el quehacer diario del ser humano.

Mapa de Egipto. Mesopotamia Antigua
Mapa de Egipto. Mesopotamia Antigua

Arte en Egipto: una cultura original

Egipto, como el resto de las grandes culturas orientales, emergió de la Prehistoria y se formó al cobijo de un gran río, el Nilo, que con sus crecidas anuales creaba el marco idóneo para que arraigara una de las civilizaciones más esplendorosas y férreas de todo el Oriente antiguo.

La escasa relación con otros pueblos, gracias sobre todo a su autoabastecimiento, provoca la gran personalidad y originalidad de su arte, que no recibe influencias ajenas.

El arte egipcio, así como su cultura, constituyeron un verdadero problema de interpretación hasta bien entrado el siglo XVIII en que se empezó a investigar; pero no sería hasta el siglo XIX cuando Jean-Françoise Champollion, con su descubrimiento de la piedra Rossetta, consiguió descifrar la escritura jeroglífica gracias al texto allí grabado en tres caracteres (jeroglífico, demótico y griego). En este momento nació una nueva ciencia: la Egiptología.

La prehistoria egipcia

Los vestigios más antiguos hallados a lo largo del valle del Nilo hasta Libia se sitúan en el Paleolítico Superior. Sin embargo, el arte prehistórico más característico de esta región se localiza en las épocas mesolítica y neolítica.

En estas etapas, un arte parietal, formado por grabados en piedra, y un arte pictórico polícromo despuntan por la anticipación de algunos conceptos básicos del arte egipcio: la interpretación combinada del perfil y la frontalidad.

El período Neolítico se centraba, sobre todo, en la alfarería,de la que son características la cerámica negra de Tasa y la cerámica roja de Badás.

El Calcolítico (Edad del Cobre) tuvo especial relevancia en sus decoraciones; se empieza a anticipar toda la iconografía típica egipcia que, mediante simbologías y creaciones de bestias fabulosas, compone la base de todo el politeísmo egipcio.

Dos culturas destacan en esta época: la de Amrah (Alto Egipto) y la de Gerzeh (Bajo Egipto). Si en la primera sobresale la cerámica pulida en rojo combinando ornamentaciones figurativas con formas geométricas, y las figuras talladas en marfil; la segunda, la Gerzeense, aporta una cerámica cargada de motivos exóticos que se extenderán hasta los albores predinásticos.

La época Thinita (3300-2900 a. C.)

La unificación del Estado, dominado tanto política, social como religiosamente por la figura divina del Faraón, dio lugar al período predinástico o época Thinita, que transcurre durante cuatrocientos años y en la que gobernaron los reyes de la I y II Dinastías.

La aparición de la escritura jeroglífica en este ciclo coincide con el desarrollo del auténtico estilo egipcio.

Si tuviéramos que nombrar con una sola palabra el quehacer de los artistas del valle del Nilo no cabría otro término que el de método. La gran sistematización de los trabajos, tanto técnica como plásticamente, es la norma general del arte oficial egipcio, que ya en esta etapa Thinita adopta el concepto cúbico como estructura básica en todas sus realizaciones, tanto plásticas como arquitectónicas.

La escultura tiene un carácter de apoyo a la arquitectura, la planificación cúbica -la concepción previa, basada en las distintas vistas ortogonales de la figura- ya es un hecho, y ello lo podemos advertir en la estatua sedente del rey Khasekhem (II Dinastía).

La escultura egipcia se basa en la estructura cúbica; el artista se plantea un diseño previo, dibujando las vistas ortogonales (alzado, planta y perfil) de la figura.
La escultura egipcia se basa en la estructura cúbica; el artista se plantea un diseño previo, dibujando las vistas ortogonales (alzado, planta y perfil) de la figura.

Un tipo de trabajo muy frecuente en la época que nos ocupa son las paletas de tocador, muy interesantes por la rica y exuberante decoración realista cargada de simbolismos y divinidades. Destacan especialmente la paleta de Nekhem y la del rey Namer.

La arquitectura es eminentemente religiosa. Templos y edificios funerarios constituyen las más frecuentes construcciones de esta época. Los palacios reales, de cuya existencia hay constancia, desgraciadamente han desaparecido debido al uso del adobe y la madera, aunque es casi seguro que fueran muy similares a los templos.

El Imperio Antiguo (2900-2060 a. C.)

Coincidiendo con el despertar del comercio marítimo, Egipto, ya consolidada su unificación, comenzó a ampliar su territorio como fruto de las ofensivas militares contra los pueblos colindantes: libios y nubios fueron el objetivo de las victoriosas campañas. Entre la III y la VI Dinastía el arte vivió en un continuo esplendor. La fusión de los conceptos arquitectónicos del Alto y Bajo Egipto en un complejo recinto sagrado, que rodea a la pirámide escalonada, es un hecho fundamental que gracias al faraón Zoser de la III Dinastía, se pudo llevar a cabo en Sakkara.

A partir de aquí el concepto geométrico en la edificación fue perfeccionándose, y desde la primitiva mastaba (que constituía el módulo elemental para crear la pirámide escalonada) se llega en la IV Dinastía -la de los conocidos faraones Keops, Kefren y Micerinos- a la forma piramidal de caras lisas, que tiene su máxima expresión en el conjunto de Gizeh.

La aparición, en la V Dinastía, de las formas vegetales en las columnas de los templos, aportaría una renovadora concepción al estricto geometrismo de arquitrabada estructura, tan habitual en las edificaciones.

Este monumentalismo es extensible a la escultura de la que se debe significar el aspecto hierático de sus figuras tratadas con gran delicadeza. Es de destacar el conjunto de Rahotep y su esposa Nofret en piedra caliza policromada previamente estucada. (Este mismo procedimiento es el que se empleaba en la pintura mural, que decoraba mediante escenas costumbristas las paredes de las cámaras mortuorias. El arte egipcio, pese a estar muy encerrado en la norma, permite en el lmperio Antiguo cierto naturalismo que se manifiesta sobre todo en la representación de sirvientes o ciudadanos de cierta alcurnia. En este aspecto resulta muy descriptiva la talla en madera de Cheikl-Beled.

Estructura básica del templo egipcio. A) Pórtico y patio interior, B) Sala Hipóstila y C) Santuario.
Estructura básica del templo egipcio. A) Pórtico y patio interior, B) Sala Hipóstila y C) Santuario.

El Imperio Medio (2060-1700 a. C.)

El ciclo histórico comprendido entre la VII y X Dinastías se ve asolado por la lucha entre familias rivales. En este Primer Período Intermedio es patente la decadencia de las artes, aunque se ve compensada con un auge de la literatura y la técnica.

Mentuhotep, príncipe de Tebas, consigue unificar el reino de volviendo el esplendor artístico que había desaparecido, y lo hace construyendo el impresionante conjunto funerario de Der-el-Bahari, cerca de Tebas, en el que sobre una plataforma soportada por 140 columnas, se erige la pirámide majestuosa que sirve como símbolo de eternidad a la profunda cámara sepulcral excavada en la roca, como se hacía en los primeros tiempos.

La cierta flexibilidad que la escultura pudo conseguir al final del Imperio Antiguo, se ve aprisionada de nuevo en la estructura cúbica, aunque los avances técnicos permiten afrontar la creación de figuras monumentales, como las grandiosas estatuas que emergen a lo largo del templo de Sesostris III. Las imágenes son trágicas, el cansancio espiritual del pueblo egipcio provoca una disminución del aspecto divino de los monarcas y aunque la calidad plástica es extraordinaria, da la sensación de que la mayor preocupación se centra en mantener un carácter conmemorativo, en dejar, en suma, una huella histórica. Esta interpretación, asimismo, es extensible a las realizaciones murales; pintura y bajorrelieves se resienten de ese alejamiento religioso y centran su temática en la descripción de hechos sociales, políticos o laborales.

Con la invasión de los hicsos, durante la Dinastía XIV, desaparece el Imperio Medio.

El Imperio Nuevo (1580-1085 a. C.)

Al paréntesis ocupado por la invasión de los hicsos y la guerra para su expulsión, por parte de los herederos tebanos, se le considera como el Segundo Período Intermedio, que durante más de cien años protagonizó la historia de Egipto. La introducción, por parte de los invasores, del caballo y el carro de guerra y caza, fue pronto asimilada por los egipcios, lo que constituyó un nuevo motivo para la representación plástica, sobre todo en el terreno de la pintura, de la que cabe citar las hermosas representaciones que aparecen en la tumba de Ahmose, el libertador, o de Ramsés III en Medinet Habu, incorporando el nuevo elemento iconográfico.

El Imperio Nuevo (XVIII-XX Dinastías) es, sin duda, el más floreciente. Las construcciones colosales que se inician en Der-el-Bahari con el templo de los Difuntos, construido por la reina Hatshepsut, culminan al edificarse los de Karnac por Tutmosis III y Luxora instancias de Amenofis III ya en la XVIII Dinastía. Se vuelve a incorporar la columna vegetal, creando además un conjunto absolutamente unitario, al extender la policromía a todos los rincones del santuario, incluidos los suelos. El exotismo, profusamente realzado por infinidad de alusiones pictóricas a la naturaleza, sólo se vio superado en el Gran Templo al Sol que Amenofis IV, en su reforma monoteísta, mandó construir y decorar con un sinfín de frescos de exuberante colorido. Más gigantesca aún es la arquitectura ramésida, aunque no supera en belleza a los templos citados.

El carácter decorativo de la escultura crea obras de gran elegancia. Especialmente innovadora es la época de Tell-Amarna (Amenofis IV), en la que la estilización de la figura raya a veces la concepción expresionista, como podemos advertir en la famosa cabeza de Nefertiti, de piedra caliza policromada.

El arte del Imperio Nuevo es irrepetible; en él se conjugaron las máximas aspiraciones humanas en busca del ideal estético.

Canon egipcio en la Baja Epoca.
Canon egipcio en la Baja Epoca.

La Baja Época (1085-332 a. C.)

La decadencia del último período dinástico apunta a la ruptu ra definitiva del gran imperio egipcio, que tras la conquista de su territorio por los persas (525 a. C.) y la posterior ocupación por parte de Alejandro Magno (332 a. C.) terminaría siendo anexionado al Imperio Romano, después de la muerte de Cleopatra (XXX Dinastía), treinta años antes de la era cristiana.

La intrusión de dinastías extranjeras, libios, etíopes y persas (XXII-XXX Dinastías), acabó con el estado divino. La ausencia de una teocracia que motivara nuevas aportaciones al arte produjo una regresión a los estilos arcaizantes, aferrándose a las tradicionales formas. La incorporación de nuevos elementos, como la columna saíta o algún edificio anexo, no altera la estructura del templo, que mantiene sus secciones habituales.

En la época Tolemaica (322-30 a. C.) se construyen los templos de Philae, Aendera y el dedicado a Horus en Edfú, decorados con colosales relieves embutidos.

La escultura presenta, en esta Baja Época, trabajos muy interesantes. La técnica del damasquinado y la taracea metálica alcanza su esplendor en la época bubástida (libia); la pequeña estatua de la reina Karomana, nos ofrece una perfecta muestra de este procedimiento que consiste en incrustar en el bronce diversos metales. El regreso a la interpretación idealizada durante el imperio saíta, poco antes de la conquista persa, produjo formas escultóricas de una calidad extraordinaria; es impresionante la Gran Cabeza Verde de Berlín, con la que el artista egipcio parece querer despedirse, dejando una obra que, por su dignidad, superara todas las circunstancias adversas de la decadencia del Gran Imperio egipcio.

El canon de las proporciones en el arte en Egipto

El arte egipcio posee un estricto método de trabajo, que lo hace inconfundible incluso para el espectador más profano. Tanto en la pintura y relieve como en la escultura, las representaciones humanas y también las de los animales, se ciñen a una configuración canónica, que poco variaría en el transcurso de los casi tres mil años en que el Imperio mantuvo su esplendor.

La figura humana se diseña siempre sobre una cuadrícula que en altura se divide en 18 partes en las épocas Antigua y Media y en 22 a partir del Imperio Nuevo. Estas divisiones no corresponden a una modulación, sino a un soporte del que cada parte del cuerpo utilizaba divisiones fijas: así, la cabeza siempre ocupaba, desde el cuello, tres divisiones y media; el brazo, diez; la anchura de hombros, seis, etc. Todo ello con independencia del movimiento, que en Egipto sólo producía variaciones de posición sin contemplar las modificaciones objeto del escorzo o la perspectiva, no olvidemos la constante imagen que nos presenta la cabeza y piernas de perfil y brazos y pecho de frente.

Los artistas egipcios no disponen de mucho margen, por tanto, que les permitiera desarrollar aportaciones nuevas, aunque gracias a esa imposición oficial han volcado su arte, no en la forma exterior, sino en el fondo interior de la obra.

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