Arte bizantino

Mientras el decadente Bajo Imperio trata de subsistir ante los continuos acosos germánicos en sus territorios occidentales, el imperio de Oriente aparece más estable. El arte persa, ya en el período sasánida influirá notablemente, al igual que los grandes focos helenísticos como Alejandría y Efeso en las actividades artísticas del Cristianismo oriental: Hasta el siglo VI en que aparece el auténtico arte bizantino, la arquitectura paleocristiana va fijando sus normas, que se extenderán por todas las regiones del Asia Menor.

Estas edificaciones se nos presentan formalmente más rítmicas que en Occidente. La adopción de la planta de cruz griega, la cúpula sobre pechinas y las fachadas basilicales ornamentadas mediante arquerías ciegas son muy características. Otro tipo de construcciones son de forma circular u octogonal. Interiormente, estos templos aparecen decorados con pinturas murales y mosaicos que extienden sobre el pavimento muros y bóvedas. De especial interés son las basílicas que se erigen en Siria entre los siglos V y VI de las que cabe diferenciar tres tipos: la de tres naves, las iglesias monasterio, cuya obra cumbre es la de San Simeón, y las basílicas de pilares.

Iglesia monasterio de San Simeón (Kalat Siman, Siria) edificada entre los  años 460 y 490. 1) Reconstrucción del edificio. 2) Planta de cruz griega.
Iglesia monasterio de San Simeón (Kalat Siman, Siria) edificada entre los años 460 y 490. 1) Reconstrucción del edificio. 2) Planta de cruz griega.

En el Imperio de Oriente la escultura paleocristiana es escasa, siendo prácticamente el trabajo de encargo cortesano la única manifestación: figuras del Emperador y demás dignatarios alternan con motivos conmemorativos. De las tallas, típicamente cristianas, apenas se pueden citar algunos sarcófagos infantiles y el famoso sarcófago de Berlín que presenta a Cristo entre los apóstoles.

El influjo de este arte prebizantino en Occidente, cuya capital imperial ya se ha trasladado de Milán a Rávena (405), es un hecho reconocido y así lo demuestran no sólo la edificación de igle sias de planta de cruz griega como la de Gala Placidia, en Rávena, sino también la asimilación en la corte -de forma similar que en Constantinopla (Bizancio)- del arte como distinción social.

Historia del arte bizantino

En el siglo V la parte occidental del legendario Imperio Romano sucumbe definitivamente ante las invasiones eslavas, fancas y anglosajonas. Flómulo Augusto -el último emperador-, es depuesto (476), produciéndose simultáneamente la disgregación del territorio al crearse una serie de nacionalidades cuyo escaso afán cultural, y la falta de infraestructura política, contrastaría fuertemente con el gran esplendor que se respiraba en Oriente. Precisamente en Oriente se iniciaría, durante el reinado del Emperador Justiniano (527-565) el fastuoso Imperio Bizantino, que durante mil años -hasta el siglo XV- habría de mantener un gran florecimiento artístico y cultural.

La fusión de los ideales helenísticos romanos y cristianos y la gran estabilidad económica e institucional de un gobierno teocrático son las razones fundamentales que permitieron la pureza estilística de este arte Bizantino.

Período de Justiniano en el arte bizantino

La pintura, el mosaico y la escultura se subordinan a una arquitectura que supo conjugar magistralmente los elementos orientales y helenísticos al servicio de la Cristiandad. Al constante empleo de la cúpula sobre pechinas y las columnas -en forma cúbica o de tronco de pirámide invertida- ricamente decoradas se une la polícroma decoración interior, produciendo iglesias tan hermosas como la de Santa Sofía de Constantinopla, máxima obra del período Justiniano. Edificada en el tiempo récord de cinco años (532-537) por los arquitectos Artemio de Tralles e Isidoro de Mileto, la cúpula central de Santa Sofía, de proporciones colosales (31 metros de diámetro y 56 de altura) se equilibra por el atrio y el ábside con dos exedras y lateralmente con un par de estribos, lo que
produce un conjunto altamente armonioso.

También de la época de Justiniano son muy significativas las iglesias de Santa Irene, con dos cúpulas alineadas y, sobre todo, la de Sergio y Baco, construida entre los años 527 y 536, también en Constantinopla, y que se corresponde en su planta octogonal y estructura general con la iglesia de San Vital (526-546), en Rávena, aunque ésta ofrece un aspecto más airoso, como también su cede en la Capilla Palatina de Aquisgrán.

En estas regiones occidentales del Imperio Bizantino se mantiene el uso de la planta basilical con tres naves, ábside, cubierta plana y torres flanqueando la entrada. San Apolinar el Nuevo y San Apolinar in Classe son, en Rávena, magníficos ejemplos que decoran su interior con extraordinarios mosaicos. Entre los mosaicos más famosos cabe destacar el célebre de San Vital, representando al Emperador y a su esposa la emperatriz Teodora, que utiliza incluso teselas de oro para acentuar la vistosísima riqueza de colorido, y los de San Apolinar el Nuevo, ofreciendo una iconografía de exaltación de la Virgen.

Renacimiento bizantino

Tanto la pintura, como el mosaico y la escasa escultura se vieron afectados durante la fuerte lucha dogmática que los emperadores y altos cortesanos iconoclastas mantuvieron entre los años 725 y 843 contra las tendencias de los iconódulos; todo esto, unido a la presión islámica que amenazaba a partir del siglo VII el Imperio, determinó un período de escasa representación plástica. En el siglo IX se restaura el culto a las imágenes y comienza una nueva época, un auténtico Renacimiento Bizantino, que se extenderá hasta el siglo XII y que vendrá caracterizado en el arte por la creación y enriquecimiento de los conceptos iconográficos. Nuevas formas de representar a la Virgen -la Hodigitria, la Blaquernitissa, la Kiriotissa, la Eleousa y la Deesis y la típica forma Pantocrática, apoyada por la simbología de los evangelistas-constituyen las constantes iconográficas que, bajo la técnica del mosaico o de la pintura mural, decoran las importantes iglesias bizantinas de este segundo período. Entre las iglesias más interesantes en Oriente citaremos las de Agia-Theotokos, en Constantinopla, y la de Kazandjilar-Dyami (1028), en Salónica, ambas con planta de cruz griega.

Construida en forma basilical con cúpula sobre trompas, se debe mencionar la iglesia monacal de Dafne, en Atenas, y en Rusia Santa Sofía de Kiev. Italia también recibe las influencias de Bizancio y, así, se erige en el siglo XI, en Venecia, la iglesia de San Marcos, y en el XII en Palermo (Sicilia) la capilla Palatina, que presenta una combinación muy equilibrada entre tendencias arquitectónicas de origen árabe, normando y bizantino.

Arquitectura bizantina
Arquitectura bizantina

La escultura es escasa, ocupándose principalmente de la técnica del relieve sobre materiales preciosos -oro y marfil- y acogiendo los tipos iconográficos característicos.

Epoca de los Paleólogos

El último período del arte bizantino, antes de la caída de Constantinopla por parte de los turcos en 1453 se le ha dado en llamar la época de los Paleólogos (siglos XIII-XV), que aparece definido por la intrusión de los cruzados occidentales que, aliados con Bizancio en la lucha contra los pueblos islámicos, terminaron por adueñarse y destruir el centro cultural más importante de Oriente: Constantinopla. El arte, por consiguiente, perdió la pureza de sus formas al mezclarse con los elementos típicos que imperaban en la Europa Medieval. El mosaico prácticamente desaparece, siendo sustituida la decoración arquitectónica por medio de la pintura mural, que en las iglesias de Serbia y Rusia se hace algo más realista. Los templos de la región de Novgorod -que presentan las típicas cúpulas bulbosas rusas- y de Servia -como la iglesia de Gratchanitsa con cinco cúpulas- son junto con el recinto religioso de los Santos Apóstoles, en Salónica, albergues de interesantes pinturas murales. Es, pues, el arte pictórico, tanto subordinado a la arquitectura como en la típica forma de iconos, la manifestación artística más característica del último renacer del arte Bizantino.

La pintura de iconos

La pintura de iconos, tanto en su forma de miniatura como en la más conocida manifestación sobre tabla, tiene sin duda su origen en el arte pictórico del Bajo Imperio Romano que tanto gusta ba de la
representación hierática en el retrato, influido seguramente por las imágenes egipcias de el-Fayum, que en los siglos II, III y IV se realizaron a la encáustica también sobre tabla.

Abandonando el grácil impresionismo pompeyano, se adopta para la representación gráfica de la figura humana la frontalidad, que pronto, mediante la estricta metodología canónica de los tres círculos y la magnífica combinación de la pintura al temple sobre fondo de oro o plata, daría lugar a la personalísima pintura bizantina de iconos, que ya en el siglo VII nos muestra unos interesantes trabajos.

Esquema canónico de los tres circulos en una cabeza de icono bizantino.
Esquema canónico de los tres circulos en una cabeza de icono bizantino.

La técnica al temple de huevo aglutinaba unos colores brillantes a base de cola y cera con la yema de huevo, lo que permite, al frotar la superficie, la obtención de gran brillantez. Los pigmentos, básicamente rojo y verde, se armonizaban posteriormente con el concurso de barnices grasos coloreados, que tendían a oscurecer la imagen (los iconos rusos del siglo XV que muestran los rostros casi negros son un ejemplo de esa técnica de veladuras grasas). Estas obras, que se extienden por los territorios de Kiev, Novgorod y Moscú desde el siglo XII, son sin duda las más representativas, junto con los trabajos de la escuela Cretense del siglo XV, que tuvieron en la
figura de Teófanes el griego su máximo exponente.

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