Antiguas creencias populares

En nuestros días enciendes la tele y ves las imágenes al instante; puedes ver películas, noticias o el tiempo que hace en cualquier parte del mundo. Incluso puedes aprender muchas cosas viendo documentales de animales que jamás has contemplado directamente. Hoy sabemos que los tsunamis son fenómenos de la naturaleza, o que los demonios de Tasmania no son monstruos malignos, sino pequeños animales, pero hace cientos de años este tipo de información no estaba al alcance de cualquiera. Como respuesta surgían las creencias populares.

Mucha gente creía que los truenos o los huracanes eran producidos por la magia, y que una mirada podía causar “mal de ojo” con el consiguiente efecto de que un niño dejara de crecer o que alguien tuviera un accidente. Os ofrecemos algunos ejemplos de creencias populares y antiguas que, posteriormente se han demostrado falsas, y otras que parecían pura fantasía y eran auténticas historias reales. Disfrutad de estas curiosidades históricas.

Hace cientos de años, con el auge de las ciencias naturales y de la geología se empezaron a estudiar minerales hasta entonces desconocidos. Algunos de ellos, al ser partidos, ofrecían un extraño espectáculo: pequeñas rocas dentro de otras mayores. La opinión pública no tardó en hacer saltar la alarma: ¡las rocas se reproducían! Incluso se llegó a extender el rumor de que algunas de estas rocas se abrían espontáneamente y formaban rocas “hijas” de esta manera.

Ni que decir tiene que actualmente estas creencias populares ha caído por su propio peso. Lo que hace años creían que era una reproducción se conoce hoy día con el nombre de concreciones. Cuando varias capas de sedimento cubren un objeto y se endurecen rápidamente se forma un nódulo duro. Algunas veces las capas internas de la concreción se erosionan por diferentes factores, por lo que, si se rompen las capas externas, parece que la piedra contenía otra piedra más pequeña dentro.

un dust devil en plena acción, creencias populares

En 1845 apareció una noticia en la revista Scientific American en la que se narraban unos hechos extraños ocurridos en un pueblo llamado Moulton. Delante de multitud de testigos una gran cantidad de heno se elevó en el cielo desde el campo en el que estaba agrupado en montones. Aparentemente no había la más leve brisa en ese momento, sin embargo, el heno ascendió hasta que pareció traspasar las nubes, que estaban muy altas ese día. Tras unos minutos reapareció el heno en forma de pequeña veta negra en las nubes que quedó ahí durante diez o quince minutos, tras los cuales volvió a descender hasta el suelo.

Extraño, ¿verdad? Siento decepcionaros: no es magia. Se trata de un fenómeno atmosférico llamado remolinos (en inglés tiene un nombre muchísimo más sonoro: dust devils). Es muy parecido a un tornado, pero se diferencia de este en que no requiere la participación de las nubes. Si en el suelo la temperatura es elevada, entonces la energía calorífica hace que el aire caliente ascienda y deja que ocupe su lugar el aire frío, que pesa más. En este movimiento aéreo se producen corrientes de convección que suponen una rotación del aire y producen remolinos, llevándose todo lo que esté en el suelo que pese poco: tierra, hierba cortada, hojas, etc. En tiempos pasados las gentes creían que era el mismísimo demonio que subía desde el infierno.

Creencias populares recientes

Una historia que se contaba cuando los colonos comenzaron a asentarse en Australia era la de un animal fantástico que podía nadar bajo el agua, ponía huevos, tenía pelo cubriendo su cuerpo, pico de pato, patas palmeadas, y una cola similar a la de los castores. Para darle mayor emoción, se decía que, a pesar de poner huevos, era un mamífero. Mucha gente no creía en su existencia, pues parecía de todo menos un animal real. De hecho, cuando un ejemplar se llevó a Inglaterra para su estudio y demostración de su existencia, los científicos pensaron que era un trabajo de taxidermia burdo y desastrosamente mal realizado tomando partes de animales de distintas especies, es decir, lo tomaron por un fraude. Hasta 1802 no se pudo hacer llegar un ornitorrinco vivo al viejo continente.

Cada vez hay más estudios y documentales sobre esta especie animal, sin embargo, debido a los problemas para observarlos en su hábitat natural, hasta hace poco no se conocía mucho más de este animal tan extraordinario.

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