Tópicos de la literatura latina

En la literatura etnográfica latina o literatura latina encontramos muchos tópicos que suelen servir al autor para argumentar que la vida sencilla de los pueblos bárbaros es más pura, sana y auténtica que la de los ciudadanos del imperio romano. El determinismo geográfico presente en los escritos etnográficos supone una gran influencia del medio ambiente (orografía, clima, fauna y flora, etc.) en el modo de vida de los bárbaros, en su manera de enfrentarse a los acontecimientos del día a día y en la propia psicología de la comunidad de la que se habla.

Algunos de estos tópicos son, por ejemplo, la pureza racial que se supone a las poblaciones citadas. Las características más evidentes para realizar tal afirmación eran, sobre todo, los rasgos físicos, pero no se puede determinar con rotundidad que todas las poblaciones eran puras, pues la mezcla de comunidades con rasgos similares podría haber resultado en una “falsa” raza pura aparente.

Rómulo y Remo, un par de protagonistas de la literatura latina

Si estudiamos los tópicos de la literatura latina veremos que el beatus ille era el elogio a la vida sencilla que se lleva en el campo; bien, pues siguiendo con la etnografía latina, encontramos este mismo tópico: los autores resaltan las bondades de la vida rural y pobre que llevan los pueblos bárbaros, según los latinos, la civilización infecta con una serie de “vicios” al ciudadano de los que se ven libres los pueblos de vida sencilla como los germanos, galos, aquitanos o belgas, por ejemplo.

Tópicos de la literatura latina que sobrevivieron a la civilización romana

Estos tópicos han pervivido en la literatura posterior de la mano de escritores como el famoso Rousseau en El Buen Salvaje, donde se enfatizaba que la verdadera y benevolente naturaleza humana asomaba únicamente cuando el hombre estaba desvinculado de los vicios y costumbres de la vida en la sociedad de la época.

Otro ejemplo puede ser Henry David Thoreau, escritor norteamericano del siglo XIX también consideró las bondades de la vida sencilla en contacto con la naturaleza en su libro El Elogio de la Vida Salvaje.

También se citar a muchos de los viajeros de los siglos XVIII y XIX que entraron en contacto con los nativos de las islas del Pacífico Sur o de otros lugares en los que existían aún comunidades “primitivas”, pues escribieron relatos y libros en los que se elogiaba la vida de esos pueblos como algo perdido por las sociedades que ellos habían dejado atrás en Europa o América.

Por último nombraremos a Irving Wallace, quien en su obra La Isla de las Tres Sirenas presenta un supuesto estudio etnográfico de una isla del Pacífico Sur a la que viajan varias personas de diferentes ámbitos sociales y culturales para los que descubrir el modo de vida de los nativos será toda una experiencia que cambiará su percepción del mundo.

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