Tejidos vegetales

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Existen ciertas estructuras semejantes a los tejidos (pseudotejidos) que provienen de la división de varias células en una o en dos direcciones del espacio, dando lugar a láminas o filamentos, respectivamente. Otra característica fundamental de los verdaderos tejidos es que las células no viven independientes, sino que todo el conjunto está adaptado a la realización de una determinada función en la planta.

Switchgrass

Si la industria de los biocarburantes utiliza los residuos vegetales, se puede hablar de combustible verde. Por ahora, los ensayos incluyen una planta entera: el switchgrass o pasto varilla. © eXtension Ag Energy, Flickr, licencia Creative Commons by sa 2.0

División de los tejidos

Según las características generales que presenten los distintos tejidos, se pueden encuadrar en alguno de los grupos siguientes:

Tejidos embrionarios o meristemos
Están formados por células que conservan durante mucho tiempo la facultad de dividirse.

La primera célula que se divide es la oosfera o zigoto, transformándose entonces en embrión. El tejido de éste es el meristemo, en el que algunas células conservan durante mucho tiempo la facultad de dividirse, provocando así el crecimiento de la planta.

Algunos meristemos se sitúan en los ápices de las plantas y son los responsables del crecimiento en longitud y de la formación de nuevas ramas; se denominan meristemos primarios. Otros se sitúan en la periferia de la planta y determinan el crecimiento en grosor; son los llamados meristemos secundarios.

Tejidos adultos o definitivos
Sus células pierden pronto la facultad de dividirse, adquieren una forma definitiva y se especializan en una función determinada.

Dentro de este grupo se pueden distinguir cinco tipos distintos de tejidos, cada uno de ellos con diferente función: parenquimáticos, mecánicos o de sostén. conductores o vasculares, secretores y protectores o tegumentarios.

Tejidos parenquimáticos
Son los tejidos adultos más primitivos, pudiéndose localizar en cualquier parte de la planta. Están formados por células isodiamétricas o algo alargadas, con abundante protoplasma, membrana fina y núcleo activo.

Según su función, los tejidos parenquimáticos se dividen en:

Clorofílicos
Se encargan de la fijación del carbono a partir del anhídrido carbónico del aire, sintetizando los hidratos de carbono que la planta necesita para su nutrición (función de la que están encargados los cloroplastos).

Las células que forman el parénquima clorofílico poseen una membrana fina, abundante protoplasma y muchas vacuolas. Este tejido se dispone en estratos localizados en las partes más externas de la planta y profundizan únicamente hasta los lugares a los que llegue la mínima cantidad de luz necesaria para llevar a cabo la fotosíntesis. Abundan, sobre todo, en la hoja, pero también se encuentran en el tallo y en los órganos subterráneos que accidentalmente quedan expuestos a la luz.

De reserva
Su función es la de acumular sustancias de reserva, como féculas, granos de aleurona, grasas y aceites. Se pueden localizar en cualquier parte de la planta, pero son especialmente abundantes en los cotiledones de las semillas y en las zonas profundas de los tallos subterráneos.

Aeríferos
Se forman en las plantas que viven en un medio acuático. Las células, generalmente de forma estrellada, dejan entre sí grandes huecos, llamados lagunas, cuya función es la de conducir gases. En este parénquima aerífero aparecen de vez en cuando células estrelladas y duras (idioblastos), que contienen cristales de oxalato cálcico y cuya función es la de sostén, haciendo más indeformable el tejido.

Acuíferos
Su función es la acumulación de agua, capacidad que aumentan recubriendo las células de mucílago. Este parénquima es muy abundante en las plantas desérticas.

De función diversa
Son parénquimas generalmente de función secundaria, como la de rellenar huecos entre otros tejidos. Por ello, su localización es muy diversa.

Tejidos mecánicos o de sostén

Como bien indica su nombre, la función de estos tejidos es mecánica y de sostén, sobre todo en plantas inferiores como algas y hongos. La llevan a cabo por turgencia celular. Normalmente sus células se encuentran impregnadas de sustancias duras, como lignina o celulosa, que dan la robustez y elasticidad necesarias a la planta.

Este tejido se puede encontrar en dos formas distintas:
Colénquima
Formado por células isodiamétricas o alargadas, con membrana fina, íntimamente unidas y sin meatos. En los puntos de unión de tres o más células se acumulan las capas de celulosa.

Este tejido se encuentra en zonas que están empezando a crecer, ya que a pesar de que las células son rígidas, pueden crecer un poco por la parte de la membrana que queda libre. El colénquima deriva del tejido parenquimático al intensificarse el depósito de celulosa.

Esclerénquima

Formado por células que engrosan toda la membrana por depósito de celulosa y lignina, lo que les proporciona una consistencia pétrea. Se diferencia del colénquima por este acúmulo a lo largo de toda la membrana celular y porque el protoplasma termina por reabsorberse (la célula muere).

Las células de este tejido pueden tener forma isodiamétrica (esclereidas) o muy alargada (fibras). Las primeras suelen aparecer en grupos y las segundas poseen una longitud variable entre 1 mm. y 35 cm. Cuando son jóvenes están vivas y poseen unos canales que intercomunican sus citoplasmas. Estos canales se conservan al morir el protoplasma.

Tejidos conductores o vasculares

Se encargan de repartir por todos los órganos vegetales los productos disueltos que captan las raíces y los productos elaborados por las hojas.

Existen dos tipos de tejidos vasculares:
Leñoso o xilema
Las células, muy alargadas, engrosan su membrana con lignina y acaban por reabsorber su protoplasma (mueren). Se originan a partir de un tejido meristemático en el que las células sufren un proceso de alargamiento y posterior vacuolización, con lo que el protoplasma se va uniendo poco a poco a la pared celular y es el que primero contribuye a su engrosamiento.

Posteriormente se impregnan de lignina y, según el tipo de células, el tabique intercelular se reabsorbe o simplemente aparecen perforaciones.

Existen dos tipos de vasos leñosos: las tráqueas o vasos, sin tabique entre las células adyacentes, y las traqueidas, con perforaciones en ese tabique. El engrosamiento por lignina de la membrana no se realiza de manera uniforme, sino que la acumulación es discontinua, dando lugar a unos dibujos típicos. Así, puede presentarse formando anillos (vasos anillados), hélices (vasos helicados), anillos y hélices a la vez (vasos anulohelicados), bandas (vasos escalariformes) o de forma irregular (vasos punteados). Estos dibujos se aprecian tanto en tráqueas como en traqueidas. En estas últimas, y sobre todo en coníferas y ciertas fanerógamas, se observan unos agujeros en forma de punteaduras (punteaduras areoladas), que tienen como misión el transporte transversal de líquidos. Por tanto, en las traqueidas se produce un transporte vertical y otro transversal.

La punteadura areolada presenta en su centro una especie de membrana media de celulosa, con un ensanchamiento denominado toro.

El tejido leñoso también recibe los nombres de leño o hadroma.

Criboso o floema
Está formado por células muy alargadas, sin lignificar y que conservan su protoplasma (células vivas). El tabique de separación entre ellas aparece perforado por grandes agujeros que dejan entre sí unas placas cribosas formadas por acúmulos de celulosa.

Las placas cribosas se presentan como orificios libres durante la época de desarrollo de la planta, pero en los períodos de reposo se recubren de una capa de calosa (calo o callo) que tapona la placa. Cuando de nuevo llega el período de actividad, se disuelve la calosa y los productos formados durante el reposo de la planta se distribuyen por toda ella. La mayoría de las plantas únicamente conservan la capacidad de disolver el calor durante dos períodos vegetativos, siendo muy pocas las que pueden hacerlo durante toda su vida.

Los vasos cribosos se sitúan contiguos a los leñosos, dando lugar al llamado tejido cribovasal o liberoleñoso. Entre ambos existe una capa de tejido meristemático o cambium que produce hacia dentro leño y hacia fuera líber.

El tejido criboso también recibe los nombres de líber o leptoma.

Tejidos secretores

Formados por células que expulsan gran cantidad de sustancias o una sola. El tejido secretor puede estar formado por células aisladas o agrupadas, dando lugar a masas, bolsas o canales secretores.

Este tejido se localiza en cualquier parte de la planta. Puede ser epidérmico, y entonces las glándulas secretan aceites esenciales mayoritariamente, o bien subepidérmico.

Dependiendo de la forma en que las glándulas viertan su secreción, se pueden distinguir:

Glándulas esquizógenas
Las células se reúnen y dejan un espacio en el centro, en el cual vierten sus secreciones.

Glándulas esquizolisígenas
Las células se destruyen y constituyen un producto más de la secreción.

Tubos laticíferos

Es un tipo especial de tejido secretor formado por tubos que recorren el interior de la planta y que secretan látex. Esta sustancia, de la que aún no se conoce la función con total precisión, es una emulsión de agua con goma, resinas, granos de féculas, proteínas, enzimas, etc. Debido a que algunas de estas sustancias se oxidan, cuando el látex sale al exterior cambia su color blanco por otro más pardo.

El tejido laticífero puede tener dos orígenes distintos:
- Tejido laticífero apocítico: Se origina en el embrión a partir de unas pocas células que crecen mucho, se ramifican y se introducen en la planta sin anastomosarse.
Las células poseen muchos núcleos.
- Tejido laticífero simplástico: Proviene de parénquimas en las que las células disuelven sus membranas. se comunican y dan lugar a los tubos.

Tejidos protectores o tegumentarios

Todos ellos se forman a partir de un tejido meristemático denominado dermatógeno. Existen varios tipos de tejidos protectores:
Epidérmico: Es el tejido más externo y está constituido por células de morfología regular (rectangulares), membrana fina con pocos meatos, protoplasma escaso y parietal, y un núcleo aparente incoloro, o bien coloreado por unas sustancias denominadas antocianos. En las plantas de zonas frías el tejido epidérmico posee cloroplastos y grandes vacuolas.

En los órganos epigeos (sobre tierra) la parte superior de las células epidérmicas se reviste de una sustancia impermeable denominada cutina. Esta cutícula falta en los órganos subterráneos y en las plantas acuáticas, ya que al ser casi completamente impermeable, su presencia dificulta el necesario intercambio de gases.

Externamente, además de la cutícula, se depositan compuestos del tipo de las ceras que se pueden disponer en forma de bastones arrollados en la parte superior, en forma de escamas, o como gránulos
formando una capa continua (pruina). El papel de estos depósitos cerosos es impedir las pérdidas de agua, constituir una defensa contra los animales o contra las radiaciones luminosas.

Estas capas de revestimiento no son continuas, sino que en ellas aparecen huecos o estomas cuya función es el intercambio de gases y agua entre el interior de la planta y la atmósfera.

Los estomas son células de tejido epidérmico modificadas; la abertura que existe entre ellas se denomina ostiolo y debajo aparece una cámara subestomática. Los movimientos del estoma se encuentran condicionados por la cantidad de agua, de luz y de anhídrido carbónico.

Otra estructura de origen epidérmico son los tricomas o pelos. Pueden estar formados por una sola célula o por varias, ser de estructura simple o ramificada y también adoptar formas muy distintas. Algunos son estrellados (formados por una o varias células basales y con los tricomas propiamente dichos creciendo de forma paralela a la superficie), mientras que otros son de tipo glandular (producen unos compuestos químicos determinados). En estos últimos la parte ancha del pelo está calcificada, mientras que el cuello y la punta se encuentran solidificados. El líquido que expulsan se encuentra a presión en su interior y al menor roce se rompe el pelo y sale el líquido.

Súber: Es otro tejido con función protectora que se encuentra en la corteza del tallo de las plantas adultas (no existe en las jóvenes). Se forma a partir de un meristemo denominado
felógeno.

Está formado por células muy pequeñas, de forma rectangular, sin ningún meato y que, poco a poco, se
van impregnando de suberina, por lo que el citoplasma muere y la célula queda vacía.

El súber es un tejido impermeable con una función física: aislar a la planta de la temperatura externa. Generalmente forma una capa muy gruesa que con el tiempo se desprende (ritidoma). En su superficie existen huecos o lenticelas (formados por células ovaladas), que permiten el intercambio de gases en la planta.