El siglo XIX

El motín de Aranjuez motivó la abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando, pero ambos cedieron sus derechos en favor de Napoleón, quien en la Constitución de Bayona proclama rey a su hermano José Bonaparte. La reacción del pueblo español no se hizo esperar, levantándose en armas el 2 de mayo de 1808. El movimiento que se inició en Madrid y fue brutalmente reprimido, tuvo gran repercusión en toda España, organizándose las Juntas de Defensa, asoc iaciones independientes que, unificadas en la Junta Suprema Central, organizan un ejército al mando del general Castaños y derrotan a los franceses en la batalla de Bailén.

Napoleón cuenta con un ejército bien organizado, pero los españoles son prácticamente invencibles en las guerrillas encabezadas por patriotas como Espoz y Mina, el cura Merino o Juan Martín el Empecinado. En 1812 se pone fin a la guerra contra Napoleón, con la ayuda de Inglaterra, venciendo a los franceses en las batallas de los Arapiles y de Vitoria.

La guerra tuvo grandes repercusiones en la economía, pues la tierra quedó sin cultivar, la ganadería apenas existía y en demografía se experimentó un fuerte frenazo poblacional.

Las Cortes de Cádiz

En 1812 comienzan a reunirse en Cádiz las Cortes, convocadas por la Junta Suprema Central, que legislarán en España hasta la llegada del nuevo rey, en 1814. El 19 de marzo de 1812 declaran la Primera Constitución Española. Esta constitución es la más avanzada y revolucionaria de todo el siglo XIX. Se inspira en el racionalismo francés, pero contiene rasgos típicamente español es, como la declaración de la religión católica como oficial y el reconocimiento de la monarquía.

Estas Cortes se reúnen en una sola Cámara que declara abolida la monarquía absolutista, proclama la soberanía nacional y el sufragio universal, la igualdad tributaria de todos los españoles y el derecho a la enseñanza, al tiempo que suprime el tribunal de la Inquisición y los derechos señoriales.

Consecuencias de la guerra

La guerra de la independencia deja exhausto al país. Supuso un frenazo en el ascenso económico del siglo XVIII, que muy pronto se convertirá en desastre nacional con la independencia de las colonias americanas. Demográficamente, el crecimiento español será el más bajo del continente, con un gran desequilibrio interno entre las zonas interiores y la periferia.

Por otro lado, se rompen los esquemas organizativos del antiguo régimen, lo que dará lugar a la aparición de diversas ideologías: los viejos ilustrados, partidarios del despotismo borbónico; los afrancesados, al lado de José Bonaparte y las ideas napoleónicas que tendrá una intensa participación en política con frecuentes pronunciamientos.

La independencia hispanoamericana

Debido a la mentalidad ilustrada, y siguiendo el ejemplo de Estados Unidos, prenden muy pronto las ideas separatistas y liberales en las colonias, y podemos afirmar que su independencia, además de un proceso de descolonización, es una guerra civil e ideológica.

En 1811, Simón Bolívar proclama la independencia de Veneuela. En 1816, el Congreso de Tucumán declara la independencia de Argentina, y en Chacabuco y Maipú, San Martín libera Chile, mientras Colombia es acaudillada por Bolívar. Estados Unidos reconoce a las nuevas repúblicas, continuando las victorias sudamericanas en Carabobo en 1821 y la definitiva ie Ayacucho en 1824, que declara la libertad americana. Los últimos vestigios del imperio colonial español son: Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

Fernando VII

Terminada la guerra, las Cortes se trasladan a Madrid para esperar al nuevo rey, al que piden algunas reformas en el llamado Manifiesto de los Persas. Pero Fernando VII suprime la Constitu ción y restaura el absolutismo, al tiempo que detiene a algunos liberales, grupo que irá exilándose a Inglaterra y Francia.

fernando vii

Fernando VII suprime la Constitución revolucionaria de 1812 y restaura el absolutismo.

Pero la falta de hombres importantes en la política y el desastre económico provocan el descontento general, circunstancias que son aprovechadas por el comandante Riego para alzarse en armas en 1820, y obligar a Fernando VII a jurar la Constitución de Cádiz.

Trieno liberal (1820-1823)

Ante el asombro europeo, los liberales suben al poder intentando cumplir los objetivos de 1812. Pero la debilidad de este grupo pronto se pone de manifiesto ante su escisión: doceañistas, viejos liberales de Cádiz y exaltados, rama formada por las nuevas generaciones liberales.

Las potencias de la Santa Alianza (Rusia, Prusia, Austria y Francia) apoyan a Fernando VII y envían a España un ejército, los Cien Mil Hijos de San Luis, que restablece el absolutismo fernandino.

Década absolutista (1823-1833)

Una vez restablecido en el trono, Fernando VII gobierna ahora como un auténtico rey absoluto, provocando el exilio de los liberales a Inglaterra, aunque tuvo el acierto de rodearse de buenos ministros, como Cea Bermúdez, Calomarde o López Ballesteros.

La pérdida de las colonias americanas obliga a una reestructuración económica, iniciándose una tímida expansión a partir de 1825 con una revitalización de la industria catalana. Pero el descontento por la política real provoca constantes conspiraciones reales que acabarán en ajusticiamientos: Riego, “El Empecinado”, Mariana Pineda… Por otro lado, las indulgencias con ellos conducen a los absolutistas a agruparse en torno al hermano del rey, el príncipe don Carlos, quien pensaba ocupar el trono, ya que Ferndo VII no tenía descendencia masculina. Por ello, Fernando publica la pragmática de 1789, restableciendo el derecho de las hembras al trono español. La reacción de don Carlos no se hizo esperar, reagrupando a los absolutistas frente a los liberales, defensores de los derechos de la princesa Isabel.

En 1833 muere Fernando VII, siendo proclamada reina Isabel, bajo la tutela de su madre María Cristina, al tiempo que estalla primera guerra carlista.

Isabel II

El período de minoría de edad de Isabel II está ocupado por dos regencias: la de la reina María Cristina y la de Espartero.

Regencia de María Cristina

Al morir el rey y estallar la guerra carlista, la reina llama al liberal Cea Bermúdez al gobierno, quien pronto será sustituido por Martínez de la Rosa, autor del Estatuto Real de 1834. Ese mismo año sube al poder el progresista Mendizábal, que intenta una desamortización eclesiástica. En 1836 se amotinan los sargentos de la Granja y obligan a la reina a jurar la Constitución de Cádiz, lo que produce el malestar de los moderados, enfrentándose sus líderes Narváez y Espartero. La Constitución de 1837, lejos de resultar conciliadora, agrava los problemas entre ambos bandos.

Mientras tanto, la guerra carlista continúa, obteniendo don Carlos resonantes victorias entre los años de 1833 y 1835, a cargo del general Zumalacárregui. A pesar de que logra llegar a Madrid, el líder carlista, comienza su retirada firmando con Maroto y Espartero el Convenio de Vergara.

Regencia de Espartero

Ante los triunfos del general Espartero, María Cristina le nombra primer ministro, y éste forma un gabinete totalmente progresista y obliga a la reina a exiliarse. Ésta desde París organiza conspiraciones contra Espartero, que actúa como dictador y cuenta ya con numerosos enemigos: Martínez de la Rosa, Narváez, Prim… que acaban sublevándose, hacen huir a Espartero hacia Inglaterra y declaran mayor de edad a Isabel II en 1843, a la edad trece años.

Década moderada

Entre 1843 y 1853 Narváez es el dueño absoluto del gobierno en España, actuando como un auténtico dictador. En 1845 publica una Constitución de signo conservador y reaccionario que durará hasta 1868.

En 1851 firma el Concordato con la Santa Sede, mediante el que la Iglesia reconoce la desamortización a cambio de un sueldo para el clero por parte del Estado. Éste le concede la censura de libros y el derecho a la educación. Económicamente se experimenta cierta expansión gracias a las medidas de Bravo Murillo, pero su reforma constitucional antidemócrata provoca malestar general.

Bienio progresista

En 1854 estalla una sublevación dirigida por O’Donnell, Ros de Olano, Narváez y una figura clave en la política del siglo XIX: Cánovas del Castillo. La reina llama de nuevo al general Espartero, que expulsa a los jesuítas y dicta una ley de desamortización. El descontento que provocó su política le hace dejar el poder, alzándose O’Donnell como nuevo jefe de un partido moderado: La Unión Liberal.

La Unión Liberal

Entre 1857 y 1858, Narváez deroga las disposiciones de Espartero y dicta la Ley Moyano que regula la enseñanza en España hasta 1969. En 1858, O’Donnell ocupa el poder, caracterizándose su gobierno, hasta 1863, por la paz interior, la estabilidad política y el auge económico.

En política exterior Cuba, apoyada por Estados Unidos, intenta su separación, pero la guerra de Secesión norteamericana interrumpe el proceso. Ante la presión marroquí, O’Donnell conquista Tetuán y obliga a Marruecos a firmar la paz.

En 1860 hay una nueva intentona carlista que es sofocada rápidamente. Pero la radicalización del partido demócrata, el malestar progresista por no acceder al poder de forma duradera, la constante presencia militar en política por el temor carlista y el cansancio del propio O’Donnell, hacen urgente un cambio. Por ello, Isabel II disuelve las Cortes y nombra un nuevo gobierno moderado al mando de Narváez, en 1864. Con él comienza una etapa de crisis en la que el progresismo se plantea la toma de las armas.

El gobierno de Narváez expulsa al republicano Castelar de su cátedra, lo que provoca la manifestación de estudiantes en la Noche de San Daniel, que tuvo fuertes repercusiones políticas: la reina Isabel II vuelve a llamar a O’Donnell, que repone a Castelar en su cátedra. Pero su fracaso en política exterior y la sublevación del cuartel de San Gil obligan a la reina a reponer a Narváez, que en un intento desesperado por salvar la monarquía lleva a cabo una intensa labor policial.

El sexenio revolucionario

Ante la muerte de Narváez y O’Donnell, los generales Serrano y Prim se sublevan y destronan a Isabel II, que se refugia en Francia. Había estallado la Gloriosa Revolución del 68. Unionistas y progresistas elaboran una Constitución democrática y liberal, pero sin el carácter revolucionario de la de 1812. La revolución y las Cortes de 1868, formadas en gran parte por monárquicos, descartaban al hijo de Isabel II como sucesor al trono, triunfando la candidatura de Amadeo de Saboya. Nombrado rey en 1870, el nue vo rey pierde el respaldo popular tras el asesinato de Prim, al tiempo que estalla la guerra carlista. Todo ello le hace presentar su abdicación en 1870, por lo que se proclama la Primera República española.

La Primera República

Entre los republicanos existían grandes diferencias ideológicas: Pi y Margall pretendía una república federal, Castelar se decidía por el conservadurismo, Salmerón era radicalista y Pavía quería una república autoritaria y militar. Sus cuatro presidentes: Figueras, Pi y Margall, Salmerón y Castelar hubieron de hacer frente a la guerra carlista, la situación en Cuba y el enfrentamiento con Estados Unidos. Por último, Pavía disuelve las Cortes y encarga el gobierno al general Serrano.

El derrocamiento de la Primera República y la acción del nuevo gobernante hacen fracasar a los carlistas en su intento de tomar Bilbao.

El año 1874, Cánovas prepara la única solución posible: la retauración de la monarquía y la abdicación de Isabel II en su hijo Alfonso.

La Restauración

Alfonso XII es proclamado rey en Sagunto en 1875. Su mandato se divide en dos etapas:
– 1875-1885, bajo la dirección de Sagasta.
– 1885-1902, regencia de su esposa María Cristina.
Cánovas prepara las bases de esta restauración proclamando una Constitución, aparentemente democrática. Finaliza la guerra carlista y elabora un gran centro político formado por dos partidos: el conservador, bajo su propia dirección, y el liberal, bajo la de Sagasta, estableciendo un riguroso turno de gobierno, es el llamado sistema canivista, firmado en El Pardo por ambos líderes. Este sistema anula los pequeños partidos, lo que supone un gran desgaste político, al tiempo que favorece la corrupción administrativa.

A la muerte de Alfonso XII, María Cristina se hace cargo del gobierno, apoyada por Cánovas y Sagasta.

Durante este período estalla la guerra de independencia de Cuba, apoyada por Estados Unidos. Cánovas elabora un proyecto de autonomía bajo la soberanía, pero Estados Unidos, utilizando el pretexto del hundimiento del barco El Maine, declara la guerra a España. El fin del conflicto vendrá dado por la Paz de París, que reconoce la independencia cubana y cede Filipinas y Puerto Rico a Estados Unidos. España pierde totalmente su imperio colonial: el desastre del 98.

movimiento obrero

El movimiento obrero

Frente al socialismo científico marxista, las ideas anarquistas prenden con rapidez en el campesinado andaluz y los obreros industriales catalanes.

La miseria y el hambre convierten las reivindicaciones obreras en lucha por la supervivencia, lo que da a España un tinte liberal y revolucionario.

En 1868 la llegada del anarquista italiano Fanelli provoca la inscripción masiva de obreros catalanes y andaluces en la Internacional. El marxismo prende en las zonas industriales de Madrid y el País Vasco. El líder socialista será Pablo Iglesias, que en 1875 funda el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), unificando a sus trabajadores en el sindicato UGT. En 1881 se funda en Barcelona la Federación de Trabajadores de carácter anarquista y partidaria de la acción directa.

Economía

Las ideas desamortizadoras de Carlos III son puestas en práctica por Mendizábal, quien suprime las órdenes religiosas y declara propiedad estatal los bienes eclesiásticos, sacándolos a pública subasta. Pretendía con ello crear una clase de propietarios campesinos, pero fueron los nobles quienes acrecentaron sus posesiones, perdiéndose las posibilidades de una reestructuración agraria.

Al perder su imperio colonial, España carece de materias prias y de mercados para sus productos, lo que produce enormes desequilibrios estructurales en la economía y la industria, concentrada en Cataluña y el País Vasco, que reclaman una política proteccionista.

A pesar del retraso que supone la guerra de la independencia y el final del reinado de Carlos IV, respecto a Europa, durante gobierno de la Unión Liberal, asistimos a un auge industrial, con desarrollo del ferrocarril y el crecimiento urbano de Madrid, Barcelona y Bilbao.

En 1844 se ponen los cimientos del Banco de España con la creación del Banco de Isabel II. Las exportaciones catalanas y vascas de 1869 harán nacer otros bancos: el de Santander, el de Bilbao y el Banco Español de Crédito. A pesar de ello, el capital de financiación seguía siendo extranjero, sobre todo en la minería.

Comienza el desarrollo de la industria de la construcción y de la industria eléctrica y aparecen las compañías tabaqueras.

Sociedad

El aumento de la población española, al no ir acompañado de un desarrollo social y económico, empuja a los españoles a la emigración, que se dirige principalmente a América, mientras otro sector de la población, los exilados, van hacia Francia e Inglaterra, principalmente.

La miseria económica y social hará de los motines populares una faceta más de la política del siglo XIX. Son movimientos urbanos que se producen con anterioridad a las asociaciones obreras. Característica del siglo XIX será la constante presencia militar en la vida política del país. A mediados de siglo el ejército se profesionaliza nutriéndose de las clases medias.

La alta burguesía y la alta aristocracia forman una alianza, intentando entrar en política, mientras que la baja burguesía, formada por intelectuales, funcionarios, etc., forma el bando progresista. En la España de la Restauración, el caciquismo pervive en una sociedad agraria y acentúa su desigualdad. El funcionariado, cambiante con cada nuevo gobierno, dará origen a una figura típica del siglo XIX: el cesante.

Cultura

En la primera mitad del siglo XIX España conoce el movimiento romántico, que encajará perfectamente con el espíritu liberal español, por sus ideales individualistas, apasionados y nacionalistas, y dará escritores de la talla de Bécquer, Espronceda, el duque de Rivas, Hartzenbusch o Zorrilla.

La exaltación por el sentimiento nacionalista tendrá como consecuencia el movimiento intelectual de la Renaixença catalana, representada por Aribau, Maragall, Jacinto Verdaguer, Fontanals, Ors… La restauración abre paso a actitudes intelectuales más profundas, apareciendo el naturalismo de Fernán Caballero, Valera, Pereda, Valdés o Leopoldo Alas Clarín.

La reacción al espíritu romántico vendrá canalizada por la ación de la Institución Libre de Enseñanza, escuela laica, con conceptos éticos y renovadores de la sociedad, que fue fundada por Giner de los Ríos y será la formadora de grandes personalidades como Antonio Machado. Es un siglo de gran esplendor y brillo literario, Galdós, Ganivet o Joaquín Costa plasmarán en sus obras la problemática española.

El desastre de 1898 formará y canalizará la amargura y el criticismo de toda una generación, la del 98: Unamuno, Baroja, Valle Inclán, J. R. Jiménez, Maéztu, Ortega y Gasset, Azorín. Es la generación ensayista, teórica y virtuosista.