Ser caníbal en el paleolítico tenía pocas ventajas

Una investigación muestra que, para nuestros antepasados, comer humanos no era una solución para evitar el hambre. Servía más como una forma de control social.

El consumo de carne humana por nuestros antepasados paleolíticos no tiene relación directa con la falta de alimento. Aunque el hambre hiciera al hombre primitivo ver en sus semejantes una salida para cubrir su cuota diaria de proteínas, el esfuerzo que suponía no compensaría el retorno nutricional. Es lo que afirma un estudio realizado en la Universidad de Brighton, en el reino unido, y publicado en la revista científica Science Reports.

Un hombre adulto de 66 kg podría proporcionar alrededor de 144.000 calorías. El problema que sólo alrededor de 32.000 de ellas están en las partes más, digamos, comestibles. Este total corresponde a la energía proporcionada por los músculos alrededor de los huesos, partes que probablemente serían las más cotizadas en un banquete caníbal.

Al derribar un antílope o un jabalí, por ejemplo, se obtendría el mismo aumento energético, con la ventaja de que estas “delicias” serían mucho más fáciles de obtener. Y además del antílope o del jabalí, existían otras opciones de animales en la época que podrían suponer una alternativa respecto a la dificultad de ser cazados y la energía que proporciona su ingesta. Según el estudio, la carne de un caballo, por ejemplo, sería una ganancia nutricional de unas 200.000 calorías. Los más atrevidos se podrían arriesgar en “batallas” aún más rentables, como la de los osos (600.000 calorías) o mamuts, cuya carne sería suficiente para alimentar a 25 hombres durante todo un mes.

El problema de las presas humanas en comparación con estos animales es que antes de convertirse en la cena de algún cavernoso, ofrecerían resistencia aún mayor, lo que implica, por sí solo, en un enorme gasto de energía y un mayor riesgo. En caso de que tuviera éxito la lucha cuerpo a cuerpo, al mejor estilo salvaje, el ganador obtendría para sí suministros que no le durarían por norma más de una semana. Este esfuerzo, según James Cole, arqueólogo responsable del estudio, no justificaría el canibalismo. “Tendrías que desplegar una trampa para cazar estas presas, que no te estarían esperando tranquilamente a que las pinches con una lanza”, dijo en una entrevista con la National Geographic.

Pintura del Paleolítico

Pintura del Paleolítico

Sin embargo, la práctica ha existido. Hay evidencias encontradas en las excavaciones analizadas por el estudio que permiten señalar que, sin duda, los homínidos más antiguos se alimentaban de sus semejantes hace por lo menos medio millón de años.

La hipótesis más aceptada, incluso debatida por estudios anteriores, es que la práctica de comer carne humana era cultural e integraba rituales comunes realizados entre grupos de la época. Cole, sin embargo, sugiere que el canibalismo del período paleolítico había tenido un componente más social, y menos ritualístico, es decir, como si de una colección de huesos dentro de una cueva pudiera servir de advertencia a otros que estuvieran con ganas de buscar problemas. “Podría ser algo como: ‘Este es nuestro territorio, estas personas eran invasoras, y no nos respetaron. De esta manera resolvemos aquí estos problemas'”, explicó en una entrevista al sitio Motherboard.

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