¿Se convertirán los virus en los antibióticos del futuro?

Frente a la creciente resistencia de las bacterias a los medicamentos, los investigadores están explorando otras opciones. Una de ellas es el uso de bacteriófagos, virus que infectan bacterias pero no las células humanas. Una pista prometedora…

La Organización Mundial de la Salud parece muy preocupada. La resistencia a los medicamentos es cada vez mayor, y la necesidad de ofrecer nuevas opciones de tratamiento cada vez más urgente. ¿Y si los antibióticos fueron reemplazados por virus?

La idea no es nueva. En 1915, un grupo de investigadores había descubierto la presencia de los asesinos de bacterias, llamados bacteriófagos. Estos virus fueron estudiados con el fin de luchar contra ciertas enfermedades. Las dificultades en la comprensión de su modo de acción y el advenimiento de los antibióticos tuvo que ver con el abandono de las investigaciones.

Sin embargo, la rueda parece haber girado. Los antibióticos actualmente en el mercado comienzan a mostrar sus limitaciones, y estos virus ubicuos (que se encuentra en todos los ambientes) son candidatos potencialmente interesantes. Esta es al menos la idea que ha defendido David Harper, científico de la firma británica AmpliPhi Bioscience en la conferencia de primavera de la Sociedad de Microbiología General, que se celebró en Dublín.

En esta foto se puede ver la bacteria Mycobacterium tuberculosis, causante de la tuberculosis, ampliada 15549 veces en un microscopio electrónico de barrido. Algunas cepas se han vuelto resistentes a múltiples antibióticos, lo que ha alarmado a la comunidad científica. ¿Se volverán también resistentes a los bacteriófagos? © Janice Haney Carr, Centers for Disease Control and Prevention, DP

Las terapias basadas en bacteriófagos son eficaces

En su discurso, recordó que cada bacteriófago es muy específico para un determinado tipo de bacterias. Además, es imperativo que se trate de un buen hospedador para multiplicar y comenzar su ciclo lítico, resultando en la muerte del ser unicelular. Sin embargo, cuanto mayor es la cantidad, mayor es el crecimiento viral. En consecuencia, la mortalidad de las bacterias también aumenta considerablemente.

Los bacteriófagos se plantean en buenos candidatos para luchar contra las enfermedades de origen bacteriano, incluyendo infecciones crónicas en los oídos, pulmones, o producidas tras una lesión. En estos casos, David Harper, dijo que una pequeña dosis del virus – hablaba de un nanogramo – aplicado en el sitio de la infección con un aerosol o una crema bien podría ser suficiente para combatir y eliminar las bacterias patógenas en las que la medicina moderna está comenzando a experimentar dificultades.

Por ahora, los ensayos clínicos están en curso. En 2005, la primera fase mostró la ausencia de peligro para la salud humana. En 2009, la efectividad de la terapia ha sido probada. Ahora, David Harper y su equipo se centran en enfermedades contra las que los tratamientos antibacterianos ya no son suficientes, a fin de evitar que nos encontremos sin posibilidad de responder ante bacterias super-resistentes.

bacteriófagos

Los bacteriófagos se alternan entre dos fases: el ciclo lítico, durante el cual la bacteria huésped lee el ADN o ARN y se multiplican hasta que explota, a sabiendas de que cada nueva partícula se forma tras infectar a otra bacteria. La otra fase se llama lisogenia: consiste en que el virus integra el ADN de su huésped, permaneciendo silente y difundiéndose entre sus descendientes, antes de iniciar el ciclo lítico y matar las bacterias . © Wellcome Images, Flickr, creative commons by nc nd 2.0

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