Rin y Danubio, los pueblos germánicos

Los germanos que habitaban la Germania, la región de Europa comprendida entre los ríos Rin y Danubio, situada al norte del Imperio romano. Estaban divididos en varios grupos: Alamanes, burgundios, francos, godos, jutos, ostrogodos, sajones, suevos, vándalos, visigodos, entre otros.

Los romanos solían llamar a los germanos bárbaros, pueblos que vivían fuera de sus fronteras y no hablaban latín, en un principio, la palabra era sinónimo de extranjero. Pero había en ella, desde el principio, una cierta connotación peyorativa. O sea, el bárbaro era todo aquel que no pertenecía al mundo romano, ni a la cultura romana.

La gran excepción a esta regla eran los griegos, cuya cultura, pensamiento y manifestaciones artísticas los romanos copiaban sin la menor ceremonia.

Los pueblos germánicos eran nómadas, es decir, no estaban organizados en un estado territorial duradero, ellos desconocían la empresa privada y la escritura. Estos pueblos estaban organizados en clanes, esto es, en grandes grupos de familias que reunían todos los parientes más próximos. Los clanes a su vez, formaban tribus y estas se reunían en grandes grupos que actuaban bajo la dirección de jefes militares en el momento de pelear o de conquistar nuevos territorios.

Los germanos dedicaban la mayor parte de su tiempo a la guerra y a la agricultura. Antes de 280 muchas personas de estos pueblos cruzaron la frontera de forma individual o en pequeños grupos y comenzaron a cultivar la tierra en los lugares menos poblados de la periferia del Imperio romano. Otras de estas personas ingresaron en el ejército romano como mercenarios. En cambio, los misioneros cristianos venidos del Imperio cruzaron la frontera en sentido contrario y se han introducido en la religión cristiana entre los pueblos germanos.

El hacha, un objeto característico de estos pueblos, era, al mismo tiempo, un arma y una herramienta agrícola. En la guerra servía como una lanza y en la agricultura se utiliza para revolver la tierra en el momento de la plantación.

Ellos vivían en regiones de pobreza de suelos. Así que cuando la tierra se agotaba, eran obligados a mudarse. Esto explica, al menos en parte, el hecho de no haber formado un gobierno centralizado o construido ciudades.

Los pueblos germanos se asentaron en los territorios del Imperio Romano de Occidente

Los pueblos germanos se asentaron en los territorios del Imperio Romano de Occidente

El “azote de Dios”

Había, en el este de Europa un pueblo temido por todos. Era un pueblo procedente de Asia central, un grupo de tribus de origen mongola formada por caballeros y pastores: los Hunos. Alrededor de 375, ellos se establecieron en el norte del mar Negro, donde derrotaron a los ostrogodos. Más tarde, se desplazaron para la Panonia, en la región de Europa central bañada por el río Danubio. Sintiéndose amenazados, los visigodos se establecieron en la república de Macedonia, dentro de las fronteras del Imperio romano.

En 395, el emperador Teodosio había dividido el Imperio en dos partes, la que entregó a sus hijos. Honorio se quedó con el Imperio romano de occidente, con capital en Milán; Arcadio heredó el Imperio romano de oriente con capital en Constantinopla.

En el 406, vándalos, suevos, alanos y cuados cruzaron el Rin liderados por Radagásio. En la secuencia, los vándalos llegaron a la Galia y la península Ibérica y se instalaron en el norte de África, donde crearon el Reino de los vándalos, con capital en la antigua ciudad de Cartago.

En el 410 los visigodos, dirigidos por Alarico, saquearon Roma, obligando al emperador a refugiarse en Rávena. Alarico era casado con Gala Placidia, hermana del emperador Honorio, y su gran aspiración era gobernar una provincia romana. Permaneció seis días en Roma y se dirigió hacia el sur de la península Itálica. Murió poco después. Le sucedió su cuñado, Ataulfo, que condujo a los visigodos a la península Ibérica. Ahí fue fundado, en el 418, el Reino de los visigodos, que abarcaba también el sur de la Galia.

Algunas décadas después, en el 451, los hunos, dirigidos por Atila, invadieron la Galia, donde fueron vencidos por Flavio Aecio, el general romano que comandaba las tropas romanas ayudados por los visigodos.

Vencido por Aecio, Atila, el rey de los hunos, invadió con sus hombres en la península Itálica. Temido por todos los pueblos que lo llamaban de “azote de Dios”, avanzó hasta las puertas de Roma, donde fue recibido por el papa León I, que le pagó un rescate para que no saqueasse la ciudad. Atila volvió a la región de donde había venido (Europa Central), donde murió poco después.

En el 476, los hérulos, otro pueblo germánico, ocuparon Rávena. Su jefe, Odoacro, depuso al emperador Rómulo Augústulo y se declaró rey de la península Itálica. Era el fin del Imperio romano de occidente.

Poco menos de veinte años después, en el año 493, los godos invadieron la región, expulsaron a los hérulos y fundaron el Reino de los ostrogodos.

Los germanos y la guerra contra los romanos

Los germanos y la guerra contra los romanos

Guerra: la razón de ser de los pueblos germanos

La sociedad germana era militarista. El germano debía estar siempre preparado para el ataque. Sus armas eran principalmente ofensivas: lanzas, espadas largas, con doble corte y hachas. La organización de los ejércitos alemanes, que incluía el servicio de todos los hombres libres en estado de combatir, equipar y alimentarse, por lo menos para una corta expedición. Las mujeres también contribuyen, animando a los guerreros. Estos si eran vencidos, se mataban en el campo de batalla o se escondían en el bosque, esperando una nueva ocasión. Los hallazgos arqueológicos han confirmado este espíritu guerrero ya que en las tumbas se encuentran grandes cantidades de armas.

Fuente: (GUERRAS, María Sonsoles. Los pueblos bárbaros. p. 16-7. Adaptado.)

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