Resumen de Inteligencias múltiples de Howard Gardner

La teoría de las inteligencias múltiples

Habla de la escuela uniforme, basada en la medición de la inteligencia por medio del tradicional test de Coeficiente Intelectual (IQ). Gardner propone un esquema de escuela polifacética basada en distintos tipos y niveles de inteligencia que se concentre en el individuo y toma como base la ciencia cognitiva (estudio de la mente) y la neurociencia (estudio del cerebro). La fusión da como resultado la “teoría de las inteligencias múltiples”

Howard Gardner propone en esta obra siete inteligencias:

Inteligencia Musical

Pone como ejemplo al violinista Yehudi Menuhin quien, a los tres años acompañaba a sus padres a los conciertos de la Orquesta Sinfónica de San Francisco. Menuhin pidió un violín como regalo de cumpleaños y que Louis Persinger, a quien había escuchado en estos conciertos, fuera su maestro. A los diez años, Menuhin era un violinista de fama internacional.

Gardner asegura que el joven violinista contaba con las características biológicas aptas para desarrollar la inteligencia musical y que el escuchar el violín activó el instinto biológico.

La inteligencia musical, en el ámbito de la producción y percepción, se sitúa generalmente en el hemisferio derecho, aunque -asegura- la capacidad musical no está localizada con claridad o situada en un área específica, como el caso de lenguaje.

Inteligencia Cinético – corporal

Babe Ruth, a sus 15 años, jugaba como tercera base. Durante un partido, el lanzador de su equipo lo estaba haciendo mal y Ruth lo criticó en voz alta. Su entrenador le contestó: “¡Ruth, si sabes tanto, lanza tu!”. Babe se sorprendió ya que nunca había lanzado. Más tarde aseguró que al subir al montículo sabía que estaba destinado a ser un lanzador y que le resultaba natural conseguir el strike. Babe Ruth llegó a ser un gran lanzador, además de extraordinario bateador.

Gardner compara a Menuhin con Ruth ya que el segundo, como el primero, encontró su “instrumento” desde el primer momento.

El control del movimiento corporal se localiza en la corteza motora y cada hemisferio controla los movimientos del lado contrario. El ejemplo de Ruth apoya la tesis de que la existencia de la apraxia específica constituye una línea de evidencia a favor de una inteligencia cinético – corporal.

Inteligencia Lógico – matemática

En 1983 Barbara McClintock ganó el premio Nobel de medicina y fisiología por su trabajo en microbiología. Sus capacidades intelectuales de deducción y observación demuestran su inteligencia lógico – matemática, conocida también como “pensamiento científico”. Cuando trabajaba en Cornell, McClintock se enfrentó a un problema: la teoría decía que el 50% del polen del maíz era estéril y su ayudante estaba encontrando plantas con tan solo 25 o 30%. Ella volvió a su despacho a meditar.

La meditación la hizo correr al campo donde grito “¡Eureka, lo tengo!” y desarrolló una explicación sobre un papel sin haberla analizado previamente. Cuando volvió a su laboratorio y realizó los procedimientos científicos el resultado fue el mismo. McClintock se preguntaba: ¿Cómo lo supe sin haberlo hecho previamente en el papel? ¿Por qué estaba tan segura?

Sobre este ejemplo, Gardner encuentra dos hechos esenciales de la inteligencia lógica – matemática. En primer lugar destaca que en los individuos dotados el proceso de resolución de problemas es extremadamente rápido y que son capaces de manejar un mayor número de variables en su mente para crear hipótesis que son evaluadas y posteriormente aceptadas o rechazadas.

El ejemplo también demuestra la naturaleza no verbal de la inteligencia ya que la solución proviene únicamente de procesos mentales antes de ser articulada. Jean Piaget, comenta Gardner se dedicó principalmente al estudio de esta inteligencia.

Inteligencia Lingüística

A la edad de diez años T.S. Elliot creó una revista llamada Fireside a la que sólo él aportaba artículos. En un periodo de tres días, durante sus vacaciones de invierno, creó ocho números completos. Cada uno incluía poemas, historias de aventuras, una columna de chismorreos y una sección de humor. Parte de ese material ha sobrevivido y muestra el talento del poeta.

La inteligencia lingüística, asegura Gardner, es coherente con la postura de la psicología tradicional. El área específica del cerebro dedicada a la construcción gramatical se denomina “área de Brocca”, localizada en el hemisferio izquierdo del cerebro. Una persona con esta área del cerebro dañada, es capaz de entender palabras y frases perfectamente, sin embargo tiene dificultades incluso para crear las frases más sencillas.

Howard Gardner

Howard Gardner

Inteligencia Espacial

La navegación en las Islas Carolinas de los Mares del Sur se consigue sin instrumentos. La posición de las estrellas, tal y como se ven desde las diferentes islas, los esquemas climáticos y el color de las aguas son las únicas señalizaciones. Durante el viaje, el navegante debe visionar mentalmente una isla de referencia cuando pasa bajo una determinada estrella y a partir de aquí calcula el número de segmentos completados y la porción del viaje restante y cualquier tipo de corrección de rumbo que haya que tomar. El navegante no puede ver las islas mientras navega; en vez de eso proyecta sus posiciones en su “mapa” mental del trayecto.

Como ejemplos del uso de la inteligencia espacial, Gardner propone el ajedrez y las artes visuales. El hemisferio derecho del cerebro es el que aloja la inteligencia espacial. Las lesiones en la región posterior derecha provocan daños en la habilidad para orientarse. Las personas con este tipo de lesiones tratarán de compensar la deficiencia por medio de la inteligencia lingüística, razonando en voz alta o incluso inventando respuestas; pero dichas estrategias no espaciales rara vez tienen éxito.

Gardner asegura que son pocos los casos de niños prodigio entre los artistas visuales, pero llaman la atención algunos casos de niños autistas con una gran inteligencia espacial.

Inteligencia Interpersonal

Anne Sullivan, con escasa preparación formal en educación y casi ciega, se dio a la tarea de educar a una niña de siete años, ciega y sorda, Helen Keller. Los esfuerzos de Sullivan por comunicarse con ella se complicaban por los conflictos emocionales que la niña sostenía con el mundo que la rodeaba. En su primera comida juntas, tuvo lugar la siguiente escena:

Annie no permitió a Helen poner la mano en su plato y tomar lo que quería, como se había acostumbrado a hacer con su familia. Se convirtió en una pugna de voluntades: la mano se metía en el plato, la mano era apartada con firmeza. La familia, muy trastornada, salió del comedor. Annie echó la llave a la puerta y empezó a comer mientras Helen se tiraba por el suelo pataleando y chillando, empujando y tirando la silla de Annie. Media hora después, Helen fue recorriendo la mesa buscando a su familia. Descubrió que no había nadie más y esto la sacó de sus casillas. Finalmente, se sentó y empezó a comer el desayuno, pero con las manos, Annie le dio una cuchara. Fue a parar inmediatamente al suelo, y la lucha comenzó de nuevo.

Anne Sullivan -comenta Gardner- respondió con sensibilidad al comportamiento de la niña. Escribió una carta a la familia Keller donde comenta que lo más difícil será solucionar el problema disciplinario sin destruir su espíritu. Después de dos semanas de luchas similares, la actitud de Helen cambió y comenzó a ser gentil. Posterior a ese contacto, los avances en comunicación entre Annie y Helen avanzaron rápidamente.

Gardner asegura que la inteligencia interpersonal se basa en la capacidad nuclear para sentir distinciones entre los demás: en particular, contrastes en sus estados de ánimo, temperamentos, motivaciones e intenciones. En grados avanzados, esta inteligencia permite a las personas saber las intenciones y deseos de los demás aunque se traten de ocultar. La capacidad, comenta Gardner, es común entre líderes religiosos, políticos, maestros, terapeutas y padres.

Las investigaciones sugieren que los lóbulos frontales del cerebro desempeñan un papel importante en el conocimiento interpersonal. Los daños en esta área provocan cambios en la personalidad, un individuo “ya no es la misma persona”. La enfermedad de Alzheimer, expone Gardner, parece atacar las zonas posteriores del cerebro, por lo tanto se ven alteradas las inteligencias espacial, lógica y lingüística; sin embargo los enfermos conservan su personalidad intacta.

Inteligencia Intrapersonal

En un ensayo titulado “A Sketch of the Past”, Virginia Wolf discute sobre “la existencia algodonosa”, los diversos acontecimientos mundanos de la vida. Este algodón contrasta con tres hechos de su infancia: una pelea con su hermano, la contemplación de una flor en el jardín y la noticia del suicidio de un conocido de la familia.

“La sensación de horror (al oír hablar del suicidio) me dejó impotente. Pero en el caso de la flor, encontré un motivo; y así fui capaz de enfrentarme a la sensación. No me sentía impotente.”

La cita, asegura Gardner, demuestra una forma vívida de inteligencia interpersonal, el conocimiento de los aspectos internos de una persona: el acceso a la propia vida emocional, a la propia gama de sentimientos, la capacidad de efectuar discriminaciones entre estas emociones y finalmente ponerles un nombre y recurrir a ellas como medio de interpretar y orientar la propia conducta.

Esta inteligencia, como la interpersonal, depende en gran medida de los lóbulos frontales. Los daños en el área inferior de estos lóbulos pueden producir irritabilidad o euforia; mientras que los daños en el área superior producen indiferencia, languidez, lentitud y apatía.

Gardner, Howard. Inteligencias múltiples. La teoría en la práctica. Paidos, 1995.

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