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Manipulación mental: un parásito hace que las ratas se enamoren de los gatos

En las ratas, el olor de los gatos induce un comportamiento rápido de defensa, innato y estereotipado. Suficientes generaciones de ratas que han pagado con sus vidas una mala interpretación de la señal olfativa hace que el olor esté anclado en las profundidades de la especie. Sin embargo, los roedores infectados con toxoplasmosis (Toxoplasma gondii), un parásito unicelular que se instala en el cerebro, parecen ser atraídos por lo contrario, sus depredadores naturales.

Los investigadores de la Universidad de Stanford han estudiado este comportamiento extraño, y los resultados de su estudio han sido publicados en la revista PLoS ONE, unas conclusiones que me parecen escalofriantes. A diferencia de sus homólogos sanos, la presencia de orina de gato les hace permanecer en el lugar en vez de adoptar una actitud de defensa y huir de inmediato.

Para el equipo del doctor (Patrick) House, quien dirigió el estudio, la explicación radica en el cerebro. El trabajo previo ha demostrado que el parásito se fija preferentemente en las áreas del cerebro límbico que controla las emociones asociadas a los estímulos depredadores (miedo) y la atracción sexual. Los investigadores estudiaron la actividad de estas regiones en el hipotálamo y la amígdala en los individuos sanos e infectados en o no del el olor de una hembra, o de la orina de un gato.

¿Confusión? No, ¡sabotaje fruto de la manipulación mental!

En las ratas, dos vías neurales que subyacen a la conducta independiente de la atracción sexual y a la escapar de los depredadores. Llevan dos respuestas diferentes, cada una adaptada a diferentes estímulos: el olor detectado en el bulbo olfatorio se transforma en señales nerviosas enviadas a la amígdala y el hipotálamo. Estos centros cerebrales se activan en dos formas diferentes desencadenando la respuesta correcta rápidamente, para evitar el olor del gato y para acercarse ante el olor de la hembra.

En las ratas infectadas con el protozoo, la respuesta es parcial: ante el olor de la orina del gato se activarán las áreas que ponen en funcionamiento la atracción sexual, como si se tratara de ¡una rata hembra!

Para los investigadores, el culpable es, obviamente, el parásito, que necesita el intestino de un gato para reproducirse sexualmente y continuar su complejo ciclo vital. Para ello confundirá dos emociones incompatibles: el miedo y la atracción sexual, con lo que facilita el encuentro entre presa y depredador. La modificación del comportamiento del huésped también es utilizada frecuentemente por parásitos, especialmente los insectos.

Que una rata llegue a enamorarse de un gato parece difícil… a menos que el roedor tenga toxoplasmosis © Koreus

El mecanismo fisiológico de la acción del parásito queda por explicar. Los biólogos siguen la pista de una producción excesiva de dopamina, causada por el parásito. El bloqueo de los neurotransmisores químicos eliminaría el extraño comportamiento de la rata. También saben de la existencia de un gen que codifica una enzima similar a la que regula la producción de dopamina que se encuentra en el Toxoplasma gondii. Pero siguen siendo solo pistas…

Más allá de la relación entre ratas y gatos, la toxoplasmosis también es un parásito humano, cuya infección suele ser asintomática. En España, dos de cada tres personas de la población está infectada, generalmente debido al consumo de embutidos y al contacto con la caja de arena para gatos. Si bien, los efectos en los seres humanos son muy graves para el feto y la mujer embarazada, varios estudios recientes sugieren que el parásito puede jugar un papel en la adopción de conductas de riesgo, la aparición de la esquizofrenia o el trastorno obsesivo-compulsivo. Entender en detalle cómo actúa la toxoplasmosis en el cerebro, sin embargo, requiere un trabajo de investigación a largo plazo. Mientras tanto, aquí hay una buena razón para lavarse las manos, lavar las verduras y hacer la carne bien hecha.

Verde, protozoos parásitos de la toxoplasmosis instalados en neuronas (rojo) cultivadas in vitro. El núcleo de las células nerviosas se tiñe de azul. © I-Ping-Lee/Universidad de Standford

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