Las guerras de religión. El Protestantismo

El siglo XV fue una época de libertad religiosa, lo que dio lugar al florecimiento de diversas tendencias humanistas más o menos cristianas, con cierto fondo místico y apocalíptico de las que emanará el movimiento protestante. A este ferviente sentimentalismo se une la necesidad de reformas de la Iglesia católica y surge el luteranismo, ante el que los intelectuales adoptan una actitud más intimista, definida por Erasmo de Rotterdam.

Alemania y la reforma luterana

Erasmo de Rotterdam

Lutero fue el ideólogo del protestantismo alemán, frente a la ortodoxia alemana

El Protestantismo aparece en Alemania debido a la falta de un poder central fuerte las crisis de campesinos y nobles y la oposición a Roma. Ello preparó el camino a Martín Lutero cuyas teorías sobre la fe y la gracia rayan en la herejía y son publicadas en la Universidad de Wittemberg en 1571 en la obra Tesis contra las indulgencias. En 1520, León X excomulgó a Lutero, y éste rompe con Roma quemando la bula de excomunión.

Carlos V le obliga a presentarse ante la Dieta de Worms en 1521, pero Lutero se niega a retractarse y es condenado, refugiándose en el castillo de Federico de Sajonia, enemigo del emperador. Lutero convoca a los príncipes hostiles al establecimiento de un poder imperial fuerte, a un concilio nacional que procede a efectuar las reformas.

Proclaman el sacerdocio universal, consideran la fe como único elemento de salvación, niegan el valor de la tradición, ateniéndose sólo a la lectura de las Sagradas Escrituras. Rechazan la soberanía pontificia, las jerarquías episcopales y las órdenes religiosas. Suprimen las imágenes y el celibato. Reconocen únicamente dos sacramentos: el bautismo y la eucaristía. La difusión del Luteranismo suscita el apoyo de intelectuales como Melanchton, Huttem, Buccero o Lucas Cranach.

La Reforma luterana desencadena una de las mayores revoluciones políticas y sociales de Alemania. Los caballeros, pertenecientes a la baja nobleza alemana, mandados por Francisco de Sickingen, intentan derrocar a la alta nobleza, pero son aplastados en 1523. En 1524 y 1525 se produce la guerra de campesinos, que acogen la Reforma de Lutero como salvación estrictamente so cial. Paulatinamente se le unen algunas ciudades del Imperio, y va formando un programa concreto: abolición de la servidumbre, elección de los sacerdotes y abaratamiento de los arrendamientos. Lutero, que en un principio los había apoyado, viendo peligrar el orden establecido, los condena en su escrito Contra las turbas de campesinos asesinos y saqueadores. Los campesinos son de rrotados por la nobleza en 1525. El pueblo acoge las ideas radicales de los anabaptistas.

Los grandes príncipes salvan este caos en 1529; en la Dieta de Spira protestan por el respeto de que es objeto el culto católico. La confiscación de algunos bienes eclesiásticos por parte de los príncipes alemanes es la primera implicación política de la Reforma.

En 1530, en la Dieta de Augsburgo, Carlos V intenta lograr la unidad religiosa y ratifica el Edicto de Worms, intento que es respondido por los protestantes, en 1531, con la formación de la Liga de Smalkalda, dotada de un ejército permanente y apoyada por Francia y Gran Brataña. Los problemas del emperador con Francia y con los turcos son aprovechados por la Liga, que en 1545 se niega a asistir al Concilio de Trento, pero son derrotados por Carlos V, aliado al Papa, en Baviera, e incluso a algunos príncipes protestantes, en 1547, en Muhlberg. Tras esta victoria intenta la centralización del poder.

Los príncipes alemanes, viendo peligrar sus posiciones, se alían con Enrique II de Francia, quien les promete ayuda a cambio de la cesión de Metz, Toul y Verdún. Acaudillados por Mauricio de Sajonia, obligan al emperador a abandonar Alemania, y ratifican su triunfo en 1552, en Passau, en la que derogan el interim de Augsburgo. En 1555 Fernando I de Austria, hermano de Carlos V, en quien éste había legado sus posesiones imperiales, dicta la Paz de Augsburgo, concediéndose la libertad religiosa para cada esta do, lo que equivale al reconocimiento del Protestantismo. Esta concesión, unida al fracaso por recuperar Metz, obliga al emperador a abdicar.

Suiza

La reforma protestante se extiende a Suiza, predicada por Ulrico Zwinglio, formado en Basilea y Viena, y que desde 1516 venía oponiéndose a los dogmas y los abusos eclesiásticos, añadiéndole grandes dosis de radicalismo y patriotismo.

Sus teorías se desarrollan a partir de 1528 y chocan con los cantones católicos suizos. Entre él y Lutero surgen controversias, sobre todo respecto a la eucaristía. Su reforma se limita a Zurich, extinguiéndose con su muerte en Kappel. Su obra es continuada por Bullinger, que en 1539 se une a la Iglesia ginebrina de Calvino, en la Confesión Helvética.

El Calvinismo

El Calvinismo es desarrollado por Juan Calvino, convertido por Guillermo de Farel. En 1536 publica en Basilea sus tesis doctrinales, basadas en la predestinación y la falta de libertad humana y en las Escrituras como único reconocimiento dogmático.

Frente a Zwinglio y Lutero preconiza la separación entre Iglesia y Estado, estableciendo un dominio de la primera. El Calvinismo se extiende entre ciertas minorías de Francia y Escocia. Hace de Ginebra el núcleo de su doctrina, y en 1541 establece un Consistorio y un Sínodo que asumiría la vigilancia ciudadana, creando un cierto régimen teocrático. Impone una férrea disciplina moral: prohíbe el juego, el baile y el culto a las imágenes. Para el Calvinismo el éxito y las ganancias son símbolos de predestinación.

Guerras de religión en Francia. El auge del protestantismo

Durante el reinado de Francisco I, protector de los humanistas, se produjo en Francia un gran desarrollo del Luteranismo, sobre todo en Meaux, bajo la inspiración de Lefevre d’Etaples; tanto es así, que el propio rey hubo de reprimir esta doctrina. Su hijo, Enrique II, no pudo impedir la propagación del Calvinismo, y en 1559 se celebra el Primer Sínodo de protestantes franceses, conocidos como Hugonotes.

A la muerte de Enrique II, Carlos IX, bajo la regencia de su madre, Catalina de Médicis, y con ayuda del canciller L’Hopital, intenta salvar el trono reduciendo la influencia religiosa, ya que católicos y protestantes se habían constituido en partidos políticos que ambicionaban el poder. Esta pugna desemboca en una guerra civil: los Guisa encabezan el Catolicismo, y los Borbones el bando protestante. Catalina de Médicis expulsa a los Guisa del poder y favorece a los hugonotes mediante el edicto de San Germán de 1562. Estas medidas provocan la reacción católica, que al mando del Duque Francisco de Guisa efectúa la Matanza de Vassy, en la que mueren ambos líderes: F. de Guisa y Luis Condé. En 1563 se llega a la plaza de Amboise, que restringe las libertades concedidas a los hugonotes en San Germán.

La lucha prosigue en las personas de Enrique de Guisa por el bando católico, y Coligny por el bando protestante. Este último pretendía el hundimiento de Felipe II de España, para lo que casa a Margarita, hermana del rey, con el protestante Enrique de Borbón, rey de Navarra. Este acontecimiento provoca una conspiración católica con el consentimiento de la reina Catalina y del rey: la noche de San Bartolomé, en la que mueren asesinados Coligny y miles de protestantes.

Enrique III, sucesor de Carlos IX, intenta imponerse a ambos bandos, encabezados por Enrique de Guisa y Enrique de Navarra por el lado protestante. El rey, débil de carácter, reconoce las prerrogativas de los bandos en litigio, y en 1576, en Beaulieu, concede a los calvinistas ocho plazas de seguridad y completa libertad de culto. Francia, católica en su mayoría, reacciona formando la Liga Católica alrededor del Duque de Guisa. La muerte en 1584 del Duque de Alençon, hermano del rey, reanuda la contienda, pues el sucesor legítimo de Enrique III era el protestante Enrique de Borbón, rey de Navarra, aliado de Inglaterra.

En 1586 estalla el conflicto más importante de las ocho guerras de religión, la Guerra de los tres Enriques, el de Navarra, el de Guisa y Enrique III. Este últmo asesina al de Guisa, en Blois, en 1588, y a su vez es asesinado en 1589, quedando únicamente Enrique de Navarra bajo el nombre de Enrique IV. En 1593, ante el rechazo de París, ciudad católica, reniega del Calvinismo, entrando en dicha ciudad en 1594.

Enrique IV intenta rehacer el estado y pacifica el país con el Edicto de Nantes de 1598, por el que se concedía libertad religio sa y algunas plazas de seguridad, entre ellas La Rochela, para los protestantes.

Inglaterra y el Cisma anglicano

En Inglaterra el Protestantismo se introduce desde la corte, ya que Enrique VIII, casado con Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos, pretendió divorciarse de ella para casarse con Ana Bolena. A pesar de las advertencias de Tomás Moro acerca del peligro de su ruptura con Roma, el rey, guiado por los consejos de Tomás Cromwell y Tomás Crammer, ante la negativa papal, rompe con el Parlamento y se declara superior al Papa en 1531. Roma le excomulga en 1533 y se produce el Cisma británico.

Introduce varias reformas: secularización de los bienes eclesiásticos y supresión del celibato, aunque, esencialmente, mantiene el dogma católico y la jerarquía. En 1531 el rey se reconoce como cabeza suprema de la Iglesia. En 1534 se dicta el Acta de Supremacía del rey, y en 1539 se suprimen los monasterios y se enuncian los seis artículos bases del anglicanismo.

El sucesor de Enrique VIII, Eduardo VI, menor de edad, es regentado por Somerset y Warwick, bajo el que se desarrolla el Protestantismo, pero ante la mayoría católica del país, en 1553, María Tudor, hija de Catalina de Aragón, restaura el Catolicismo, surgiendo la oposición entre burgueses y nobles, que María reprimió con dureza.

María es sucedida por Isabel I, hija de Ana Bolena, bajo cuyo reinado se inicia la pugna por el dominio marítimo con navegantes como Drake y Hawkins. Favorece a la Iglesia anglicana y restaura el Acta de Supremacía de 1539, y en 1562, el Acta de uniformidad. Apoyó a hugonotes y calvinistas franceses, con lo que suscitó la enemistad de Felipe II, a quien derrotó en 1588 en Calais: el desastre de la Armada Invencible.

Escocia

Jacobo IV es sucedido por Jacobo V, cuya hija, María, casó con Enrique Estuardo, lord Darnley. Su gobierno tropezó con la secta presbiteriana organizada por el calvinista Juan Knos, momento que es aprovechado por el marido de María, Enrique Estuardo, para intentar hacerse con el poder, pero es asesinado por el protestante Bothwell, quien se casa con la reina, que debe refugiarse en Inglaterra, provocando las simpatías de la nobleza católica, motivo por el que su prima Isabel I la hace decapitar en 1587.

Reacción católica

Desde el siglo XVI había comenzado a oírse una voz reformista dentro del propio seno de la Iglesia: el Oratorio del Amor Divino. La reacción contra el Protestantismo fomentó la creación de nuevas órdenes religiosas como la de los Teatinos. El gran impulso llega de España con la anterior reforma del Císter y las universidades de Alcalá y de Salamanca, el Santo Oficio y la fundación de la Compañía de Jesús en 1534 por Ignacio de Loyola. Esta recibió la aprobación romana en 1540, convirtiéndose en aliada del Pa pado y propagadora de la fe en el Nuevo Mundo. Toda esta reacción católica se conoce con el nombre de Contrarreforma y coincide con la política de Felipe II, que hará de ella su bandera política.

Para la defensa del dogma, la Contrarreforma convoca el Concilio de Trento (1545-1563), influenciado por la política internacional. Es inaugurado por Paulo III y clausurado por Pío IV. Ratifica el texto de la Biblia Vulgata y el valor de la Tradición. Mantiene el dogma, define los sacramentos y condena el Luteranismo por sus doctrinas sobre la fe y la predestinación. Se reaviva el valor episcopal y las jerarquías eclesiásticas; se extirpan los abusos y fomentan la educación del clero y su formación en los seminarios. Sobresalen los teólogos jesuitas españoles. En la segunda mitad del siglo XVI, el Papado resurge con papas como Pío V (1566-1572), que lleva a la práctica los decretos de Trento; Gregorio XIII, difusor de la enseñanza religiosa, y Sixto V, que desarrolló una gran política internacional.

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