La Reconquista

El poder musulmán extendido por todo el territorio hispano no pudo con algunos pueblos del norte: astures, cántabros y vascones, que, protegidos por la montaña y dada su desvinculación del estado visigodo, lograron mantener su independencia frente Al-Andalus.

La fecha del 718 señala el inicio de la Reconquista cristiana en la batalla de Covadonga, aunque parece ser que para los cronistas árabes no tuvo tanta importancia. El núcleo astur extendía su influencia desde Galicia hasta el Ebro y fue consolidado por Alfonso II. Posteriormente, Alfonso III el Magno logró poner la frontera cristiana en el Duero, unificó los reinos de León y Asturias y trasladó a la capital leonesa la corte. Más al este, navarros, aragoneses y catalanes, aliados a los muladíes rebeldes a Córdoba o apoyados por los carolingios, crearon hacia el ano 800 reinos o condados en los que la autoridad árabe era prácticamente nula.

mapa de la reconquista

Los reinos occidentales

En el siglo X Castilla logra su independencia bajo el mandato de Fernán González. A principios del XI. a raíz de la muerte de Almanzor y la desaparición del califato cordobés, aparecen los primeros reinos de Taifas. con los que el poder musulmán se halla sensiblemente disminuido. En cambio, los reinos cristianos inician una ofensiva militar con un doble sentido: de reconquista de los territorios perdidos y religioso o de cruzada contra el infiel.

El condado de Castilla se unió al reino de León el año 1037 bajo la persona de Fernando I. Su sucesor, Alfonso VI, conquistó Toledo en 1085 y la frontera cristiana avanzó hasta el Tajo. La expansión castellano-leonesa fue detenida por los almorávides derrotando a Alfonso VI en Uclés en 1108. Es en estos años cuando aparece la figura del Cid Campeador, que, enfrentado a su monarca, se convirtió en un personaje mítico.

Los reinos orientales

Hacia el año 800 los carolingios invaden el noreste peninsular y llegan a Barcelona. A la frontera del imperio carolingio se le denominó Marca Hispánica. El territorio conquistado fue, en realidad un mosaico de condados que dependían de los reyes francos. A lo largo del siglo IX los lazos de unión con el imperio de Carlomagno se van debilitando y los diferentes condados se fueron unificando en torno al conde de Barcelona, proceso que culminará en tiempos de Vifredo, que se declaró independiente y avanzó hasta los ríos Llobregat, Cardoner y Segre.

En el siglo X, apoyados por los reyes astures, la dinastía Jimena forma el reino de Navarra que detentaría la autoridad pirenaica hasta Sancho III en el siglo XI, fecha en la que el protagonismo reconquistador lo llevaría Aragón, que había surgido en 1037 bajo Ramiro I, ocupando Barbastro y Huesca.

La Reconquista española

A principios del siglo XII Alfonso I conquistó Zaragoza, en 1118 y estableció la frontera en el Ebro. Los condes catalanes prosiguen su conquista hacia el sur, anexionándose Aragón en tiempos de Ramón Berenguer IV y ocuparon Tortosa y Lérida.

alfonso vi

Alfonso VI, rey de Castilla y León, se proclamó emperador de cristianos, judios y musulmanes.

A mediados de siglo el fin del imperio almorávide permitió a cristianos ocupar Teruel, Lisboa, Santarem y Setúbal, declarándose Portugal reino independiente. Mientras, leoneses y castellanos, separados nuevamente, avanzaron por la meseta sur y recuperaron Cuenca.

En el siglo XIII la Reconquista experimenta un espectacular progreso. Los cristianos vencen a los almohades en la batalla de las Navas de Tolosa en el año 1212, bajo el mando de Alfonso VIII que suponía el fin del imperio almohade y la entrada cristiana en tierras andaluzas. Avanzado el siglo, los aragoneses, conducidos por Jaime I, conquistan Mallorca en 1229 y en 1238 Valencia.

Mientras, Castilla y León, primero independientemente y definitivamente unidos a partir de 1230, anexionan, bajo Alfonso IX, Cáceres y Badajoz, Murcia y la Andalucía bética durante el reinado de Fernando III, el unificador de ambos reinos. Así, tomaría Córdoba en 1236, Jaén en 1246 y Sevilla en 1248. Con la conquista de Cádiz en 1262 por Alfonso X la mayor parte del territorio peninsular se hallaba bajo dominio cristiano a finales del siglo XIII. El siglo siguiente supondrá una paralización de la actividad conquistadora, debido a la crisis política y social castellana. Sancho IV y Alfonso XI centraron sus objetivos en el control del estrecho de Gibraltar. Este último venció en la batalla del Salado en 1340 asegurando su dominio.

A principios del siglo XV el infante don Fernando ocuparía Antequera en 1410, y Enrique IV planeó destruir el reino de Granada, pero fracasó por las crisis internas de su gobierno.

El reino Castellano-leonés

Ya hemos visto cómo el núcleo de resistencia astur se funde con el reino de León en el siglo IX, reinando Alfonso III, y en el siglo X se une por primera vez al condado de Castilla con Fernando I. Durante este período se crean poderosos concejos -Salamanca. Segovia, Avila- que se convierten en ciudades-fronteras con una función básicamente militar.

Alfonso VI (1072-1109) fue protagonista de grandes campañas militares, proclamándose emperador de las tres religiones: cristiana, judía y musulmana. Su sucesor, Alfonso VII (1126157), tuvo que hacer frente a los musulmanes que serían vencidos por Alfonso VIII (1158-1240) en las Navas de Tolosa.

En el siglo XIII Fernando III unió definitivamente ambos reino s y realizó una expansión cristiana, continuada por Alfonso X. La monarquía era el eje de la vida política y el poder real se consideraba de origen divino. El rey estaba auxiliado por señores feudales, tanto laicos como eclesiásticos, en calidad de vasallos y eran los integrantes de la curia regia, de la que nacerían las Cortes a finales del siglo XII. El concejo era la célula básica de la actividad local y en él se elegían los jueces, alcaldes y jurados.

La clase nobiliaria recibió donaciones de señoríos y derechos jurídicos en pago a su afán conquistador, sobre todo en la época de Enrique II, en el siglo XIV, y de Enrique IV, en el siglo XV; son las llamadas mercedes. A medida que se afianza el poder real estas familias nobiliarias tuvieron que mantener encarnizadas luchas para mantener sus privilegios. El auge nobiliario, al no tener ningún contrapeso, chocaba directamente con el campesinado, que vivía en unas condiciones denigrantes. La reacción popular contra los nobles revistió caracteres diversos, protagonizando re vueltas sociales como la Hermandiña, en tiempos de Enrique IV. Estas crisis fueron más agudas en el siglo XIII en los reinados de Fernando IV y Alfonso XI.

En el siglo XIV la nobleza se sublevó contra el débil poder real derrocaron a Pedro I y en su lugar implantaron al Trastámara Enrique II. Juan I reforzó las instituciones políticas, pero la crisis alcanza sus más altas cotas en los reinados de Juan II y Enrique IV.

Nacen instituciones nuevas: El Consejo Real y la Audiencia; se impone el sistema municipal de regimiento y en el siglo XV surge la figura del corregidor. Las Cortes, órgano principal en la política del siglo XIV, entra en declive en el siglo siguiente ante el robustecimiento del poder real.

La corona de Aragón

En el primer tercio del siglo XI Navarra, dirigida por Sancho III, mantenía su independencia, pero al surgir el reino aragones con Ramiro I ambos reinos se unificaron temporalmente.

A la muerte de Alfonso I (1104-1134) se planteó un problema sucesorio, resuelto en la persona de Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, lo que señala el inicio de la futura corona de Aragón, que integraría los reinos de Cataluña, Valencia, Baleares y Aragón. Cada uno de ellos conservaría sus peculiaridades propias dentro de la confederación.

La ausencia del poder político en cada centro dio lugar a la aparición de delegados reales. El rey gobernaba en la curia. En el siglo XIII se desarrolla el municipio, creándose en 1265 el Consell de Cent, órgano asesor de los cosellers. En el siglo XIV la alta nobleza ocupaba un primer plano social, pero al contrario que en Castilla, se oponía a ella una poderosa burguesía; sobre todo en Barcelona. El nacimiento de esta nueva clase social que se separaba del campesinado y que estaba supeditada a la nobleza se debió a la expansión económica y comercial de fines del siglo XI y al crecimiento de las ciudades.

Pronto se dividió en una clase dirigente o patriciado y en pequeños artesanos y mercaderes. En el siglo XII tuvieron lugar varias revueltas antifeudales, alcanzando su máximo desarrollo en Cataluña.

En los siglos XIV y XV se agudiza el problema social campesino: los payeses de remensa se sublevan contra sus señores por la implantación de los malos usos, conflicto que durará todo el siglo XV y será resuelto por Fernando el Católico en la sentencia arbitral de Guadalupe. En las ciudades las masas se enfrentaban a las oligarquías urbanas. En Barcelona se formaron dos grupos: la Biga (patricios) y la Busca (partido popular). En Mallorca estalló la revuelta de los Forans, en tiempos de Alfonso V. Los forans eran campesinos sujetos al pago de foros. Pedro IV se enfrentó a la crisis final del reino y la dinastía se extinguió con Martín I (1395-1410). El problema se resolvió en el Compromiso de Caspe en 1412, siendo nombrado rey Fernando I de Trastámara. El descontento social estalló de nuevo con Juan II, desembocando en una guerra civil que duraría hasta 1472.

Institucionalmente surgió el Consejo Real y la Cancillería Regia y en el siglo XIV se crea la figura del virrey. En este siglo y en el siguiente las Cortes tienen un gran funcionamiento de manera independiente en cada reino; estaban formadas por tres brazos: el nobiliario, el eclesiástico y el popular, excepto en Aragón, en donde el estamento nobiliario se dividía en dos grupos: alta y baja nobleza. De estas Cortes surgió la Diputación como órgano representativo permanente.

La repoblación

Las anexiones cristianas de los siglos IX y X eran terrenos prácticamente desiertos y urgía repoblarlos y ponerlos en explotación para asegurar su dominio. Para ello se reclutaron montañeses del norte y mozárabes huidos de Al-Andalus. Estos últimos repoblaron la región meridional de Aragón mientras que las tierras de Andalucía se ocuparon con gentes procedentes de la meseta norte.

En teoría los repobladores sólo tenían las tierras en usufructo pero en la práctica se convirtieron en auténticos propietarios de los terrenos que ocupaban. Esto dio lugar a la aparición de pequeñas propiedades, excepto en Galicia, en donde se crearon grandes latifundios.

Economía y sociedad

Desde los siglos VIII al X la España cristiana tuvo una economía agraria y autárquica. La moneda apenas se utilizaba y el comercio se realizaba en base a cambios o trueques.

La sociedad evolucionaba hacia una estructura feudal, dividida en dos clases: nobles y campesinos. Los primeros se subdividían en milites, infanzones y caballeros, mientras que los campesi nos se diferenciaban en libres o payeses y siervos.

catedral de santiago de compostelaEntre los siglos XI y XIII, la población cristiana aumentó debido al proceso repoblador y al desarrollo urbano, aunque la densidad era baja y se repartía desigualmente.

La fuente básica de riqueza era el campo y los cultivos de viñedo y olivo, aunque el progreso de la conquista permitió otro tipo de cultivo con la recuperación de las tierras fértiles del valle del Ebro y la huerta valenciana.

En este período la ganadería castellano-leonesa alcanzó gran desarrollo. La aclimatación de la oveja merina a España convirtió a Castilla en un centro productor de lana de gran calidad. Su expansión provocó la creación del Concejo de La Mesta en 1273 bajo Alfonso X, controlado por propietarios de grandes rebaños.

La artesanía no tenía mucha importancia si exceptuamos la de los telares de Zamora, Cuenca, Toledo o Córdoba.

El comercio floreció gracias a la agricultura: en el interior existía un eje formado por Medina del Campo – Burgos. En la primera se celebraban ferias de ganado. Burgos era un importante centro lanero y las costas del Cantábrico daban salida a los productos castellanos: lana, miel o hierro. En el sur toda la actividad comercial se desarrollaba en torno a Sevilla, orientada hacia el norte de Africa, donde exportaba lana, cuero y aceite.

Las ciudades conocen un gran auge en torno al camino de Santiago y debido a la incorporación de ciudades árabes, por lo que la artesanía se vio incapaz de atender las nuevas demandas.

El comercio fue la actividad más pujante de la corona de Aragón en los siglos XIV y XV. El comercio catalán fue muy intenso en los reinos hispánicos y europeos; su campo de acción era el Mediterráneo: sur de Francia, Cerdeña, Italia, norte de Africa, Bizancio, Egipto y Siria. Importaban alumbre, especias, trigo, algodón y exportaban paños, coral, cueros y azafrán. En Valencia había cultivos de regadío: arroz y agrios.

El comercio tenía buenas bases técnicas con la construcción de navíos en Cataluña y las atarazanas de Sevilla, las lonjas y el Consulado del Mar. Hacia el año 1300 el comercio se dedicaba, por completo, a la exportación: vidrio, cerámica, curtidos, jabón y la industria papelera de Valencia conocería ahora su esplendor.

Minorías étnicas

En la comunidad cristiana convivían tres religiones: judíos, mudéjares, musulmanes en territorio cristiano y cristianos. Los dos primeros se aglutinaban en torno al Valle del Ebro y el sur de Valencia y se dedicaban al cultivo de la tierra, mientras que los judíos vivían en ciudades grandes, con barrios propios y se centraban en actividades comerciales y científicas. Su preponderante papel social les convirtió en centro de atención cristiana, acusándolos de causantes de las revueltas sociales. Esto, unido a un alto nivel económico, fue el inicio de un acusado sentido antijudaico, que llegará a sus últimas consecuencias a partir del siglo XV.

Iglesia y religión

La Iglesia representó un papel vital en la historia de los reinos Cristianos, ya que monopolizó la cultura y puso su ideología al servicio de los poderes establecidos. Toda la España cristiana estaba impregnada de ritos y usos arabes, pero a partir de Sancho III de Navarra los contactos con Europa se intensifican, lo que supone la llegada de la regla benedictina, la reforma gregoriana y con ello los monjes cluniacenses. Los reformistas luchan por asegurar la jerarquía eclesiástica peninsular y la obediencia al papado. Uno de los puntos claves de contacto entre España y Europa es el camino de Santiago, organizado a finales del siglo XI, a través de Roncesvalles, Pamplona, Burgos, León, etc., convirtiéndose en lugar de peregrinación de tal magnitud que su significado religioso pasó a un segundo plano y fue la vía económica, cultural y artística más importante de toda España.

El siglo XII sufrió profundas transformaciones eclesiásticas: se desarrolla el derecho canónico y surgen nuevas órdernes que exaltan la pobreza frente al lujo benedictino, entre las que destaca la orden Cisterciense.

La expansión cristiana y la ofensiva contra el Islam se canalizó en las Cruzadas, que impulsaron el nacimiento de las órdenes militares, conjugando el espíritu religioso y militar. En el siglo XII aparecen las primeras órdenes militares, exclusivamente hispanas: la de Calatrava, Santiago, etc.

En el siglo XIII, con el desarrollo de las ciudades y la aparición de corrientes heréticas, nacen las órdenes mendicantes: dominicos y franciscanos. A finales de la Edad Media la Iglesia española recibe la influencia del Cisma de Occidente, manteniéndose fiel a Avignon, dada su alianza con Francia. Las secuelas del Cisma hacen necesaria una reforma eclesiástica, ya que el alto clero se había constituido en una poderosa oligarquía política y el bajo clero tenía un alto grado de relajación y estaba falto de preparación. Para llevar a cabo la reforma aparece la orden de los Jerónimos, y se reformaron algunos conventos benedictinos mediante la regla de San Benito.

La crisis espiritual creó un clima favorable al desarrollo de una religión popular y de la superchería, por lo que el antijudaísmo prendió con facilidad.

Auge cultural

Los comienzos culturales de la España cristiana fueron muy pobres. Toda la época medieval se caracterizó por un fuerte sentido religioso; el siglo IX desarrolla la vida monacal, con destaca dos centros culturales en San Salvador de Leyre, San Pedro de Cardeña o Santa María de Ripoll, en los que se hace una
recopilación de los textos cristianos y paganos.

En los siglos XI y XII se lleva a cabo una auténtica revolución lingüística: el avance de las lenguas romances frente al latín que quedó como lengua de iglesia y cancillerías. La labor más importante de difusión de estas lenguas romances la hicieron los juglares, con sus narraciones populares y los trovadores en el terreno de la lírica.

La conquista estableció contactos culturales entre los dos mundos hispánicos, con centros como Tarazona y Toledo, el mayor punto de confluencia de científicos de las religiones árabe, cristiana y judía. La atracción que ejerció sobre personalidades culturales y científicas de otros países, ha dado lugar a la creencia de que existió en Toledo una escuela de traductores, que nunca funciono como tal escuela, sino como centro de reunión de estudiosos extranjeros. Se traducen obras griegas o árabes, se estudian las teorías de Aristóteles y Ptolomeo, y llegan a destacar personajes como Gundisalvo, Juan Hispalense, Abelardo de Bath o Gerardo e Cremona.

En el siglo XIII se fundaron las primeras universidades procedentes de las antiguas escuelas catedralicias. El primer centro fue el de Palencia, trasladado posteriormente a Valladolid. Salamanca sería la universidad de mayor prestigio. Se basaban en el método escolástico y estaban regidas por las órdenes mendicantes, que impartían teología, derecho o medicina. Bajo Alfonso X el Sabio hubo un momento de esplendor cultural, patente en algunas de sus obras: Cantigas, Crónica general, etc. En Aragón este período estuvo representado por Ramón Llull y Arnau Vilanova en el siglo XIII.

En el siglo XIV se crean las universidades aragonesas de Lérida y Huesca, pero las actividades innovadoras se llevan a cabo fuera de la universidad, que ha perdido su papel cultural debido a su anquilosamiento.

En literatura destacan en Castilla don Juan Manuel y López de Ayala y en el siglo XV el marqués de Santillana, Jorge Manrique y el Arcipreste de Hita. En Aragón existe una corriente humanística, representada por Bernal Metge y el valenciano Ausias March.

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