¿Qué es la industria cultural?

El término “Industria Cultural” (del alemán, Kulturindustrie) fue desarrollado por los intelectuales de la Escuela de Frankfurt, especialmente Max Horkheimer (1895-1973) y Theodor Adorno (1903-1969), para designar el hacer artístico y cultural bajo la lógica de la producción industrial capitalista, que tiene como corolarios de la ganancia por encima de todo y a la elaboración de productos adaptados para el consumo de las masas.

De partida, cabe destacar la influencia marxistas de esta interpretación, la cual presupone la economía como “resorte propulsor” de la realidad social.

Por lo tanto, la expresión “Industria Cultural” surge en la década de 1940, en el libro “Dialéctica de la ilustración: Fragmentos Filosóficos“, escrito en 1942 y publicado en 1972.

Sin asombro, en la Industria Cultural, se fabrican ilusiones estándar y las extraídas del manantial cultural y artístico, los cuales se mercantilizan bajo el aspecto de los productos culturales dirigidos a obtener beneficios y reproducir los intereses de las clases dominantes, legitimando y perpetuando las socialmente.

Imagen para industria cultural

Imagen para industria cultural

Así, al presentar a los consumidores a la lógica de la Industria Cultural, la clase dominante comprometerse en las dominadas, lo que las convierte en incapaces de elaborar un pensamiento crítico que impida la reproducción ideológica del sistema capitalista.

Por otro lado, el perfeccionamiento tecnológico de la Industria Cultural ha permitido que se perpetuase el deseo de posesión por la renovación técnico-científica. Además, cualquier comportamiento que se desvía de las necesidades del consumo es combatido y tratado como anormal por la Industria Cultural.

Por fin, la cultura popular y erudita son simplificadas y falsas para transformarse en productos consumibles, lo que provoca la decadencia de las formas más originales y creativas de hacer cultura y el arte.

Para saber más: Max Horkheimer y Theodor Adorno.

Definición de industria cultural

En el cambio del siglo XIX al siglo XX, el mundo occidental conoció una nueva forma de producción cultural. El método de producción en gran escala, difundido por Henry Ford, comenzó a extenderse. Los avances tecnológicos posibilitaron el surgimiento de nuevas formas de expresiones artísticas y el establecimiento de nuevas relaciones entre el público y el arte.

El cine, por ejemplo, es una de esas expresiones. La grabación de secuencia de escenas puede ser copiada y la película puede ser visto por varias personas en distintos lugares del mundo. Es cierto que esta posibilidad de llegar a muchas personas es buena. Sin embargo, algunos filósofos se dieron cuenta de que había algo no tan positivo de esta nueva realidad. Los filósofos alemanes, Max Horkheimer (1895-1973) y Theodor Adorno (1903-1969), observando de este nuevo momento del hacer artístico, acuñaron el término “industria cultural“.

La industria cultural es el término utilizado para designar a este modo de hacer cultura, a partir de la lógica de la producción industrial. Significa que se ha llegado a producir arte con la finalidad del beneficio. Para obtener beneficios con el cine, por ejemplo, es preciso hacer una película que guste al mayor número de personas. De esta forma, se crean algunas normas, como el villano y el héroe, las historias de amor, los finales felices. En el fondo, toda la producción artística se encuentra estandarizada y no hay espacio para el nuevo.

Todo este proceso de estandarización se produce también en el universo de la música. Un ritmo o un artista de éxito insignia es “copiado”, no permitiendo a los oyentes de la elección, ya que es todo muy parecido. Otro problema es que no hay más espacio para la libertad de creación. En el caso de la música, la composición debe estar de acuerdo con el productor, con el empresario, con el dueño de la discográfica. En el fondo, la lógica de la producción artística es la misma que la de la producción industrial, donde cada uno de “aprieta un tornillo” sin conocer todo el proceso. Lo importante es siempre vender muchos discos, no importa mucho la calidad musical.

Esta industria de la cultura, produciendo esa cultura para las masas, hace que se entre en un círculo vicioso. La industria define qué tipo de arte puede ser consumido; y parte del público, que no se rebeló con los estándares impuestos pasa a perder su capacidad de juzgar y de darse cuenta de algo bueno. Con esto, la industria cultural pasa a producir más arte de mala calidad y el público que consume este arte. De ello resulta arte siempre con calidad inferior y público siempre con gusto inferior.

Sin embargo, del mismo grupo de amigos de Adorno y Horkheimer, el filósofo Walter Benjamin (1892-1940) a través de algo bueno en el hecho de este arte alcanzar varias personas. Para Benjamin hace una democratización del arte. La posibilidad de copiar lo que se produce es la posibilidad de llevar la cultura a un mayor número de personas. La fotografía permite que se observe un cuadro de un museo lejano, sin la necesidad de que el observador tenga que desplazarse. El cine permite el mismo. Incluso la fotografía y el cine siendo un fragmento de la mirada de quién estaba detrás de la cámara es posible llevar este pedazo del mundo para otras personas.

Además, con el avance tecnológico, es posible que más personas tengan acceso a las herramientas para la producción cultural. Walter Benjamin no ha visto el mundo tecnológico que tenemos hoy en día, pero lo que él pensaba puede ser observado. El abaratamiento de la tecnología ha permitido que muchos artistas grabar en estudios improvisados en sus garajes y habitaciones. El equipo es una de esas herramientas que permiten una apertura al mundo, democratizando el acceso a la cultura.

Ilusionismos de la industria cultural

Inicialmente, debemos destacar que la Industria Cultural y los medios de comunicación de masas, así como las herramientas de publicidad (publicidad, marketing), son inseparables y indistintos.

Serán estos vehículos y herramientas a los responsables de la creación y el mantenimiento de la creencia de la “libertad individual”, libre de cualquier tipo de estandarización y que dan la sensación de satisfacción por el consumo, como si la felicidad pudiera ser comprada.

De tal manera, en la mayoría de las veces, los productos adquiridos no ofrecen lo que prometen (alegría, éxito, juventud) y engaña fácilmente el consumidor, llevando a cabo un ciclo vicioso de conformismo.

Aspectos positivos de la industria cultural

No todo es negativo en la acción capitalista de la Industria Cultural. Bajo este respecto, Walter Benjamin (1892-1940) cree que esta sea también una vía de democratización para el arte, una vez que los mismos mecanismos que alienan, son capaces de llevar la cultura a un mayor número de personas, así como permite a la empresa no comercial, ya que posibilita el acceso a las herramientas para la producción cultural.

Ya Adorno afirmaba que la Industria Cultural se desempeñaba como formadora de las mentalidades; sin embargo, no eran utilizadas de modo significativo, lo que también es una posibilidad virtual de este sistema.

Por lo tanto, si la Industria Cultural ha sido la principal responsable de la enajenación promovida por la destitución del arte de su papel transformador, también puede ser ella la única capaz de difundir y resignificar el arte como factor de transformación social.

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