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Europa en el siglo XVII

Tras la muerte de Felipe II, en 1598, se inicia en Europa un nuevo período pacifista internacional que prepara el inmediato resurgir de Francia como nueva potencia que pretenderá arrebatar a Austria su supremacía, al tiempo que la grandiosa monarquía española comienza su decadencia y ocaso con el reinado de Felipe III.

Las Meninas

Francia

Tras el próspero reinado de Enrique IV, los nobles y protestantes hacen peligrar la estabilidad conseguida durante la minoría de edad de Luis XIII y la regencia de su madre, María de Médicis. Su valido, Alberto de Luynes, tampoco supo hacer frente a los protestantes y a las intrigas de la reina madre.

A través de estas luchas llega al poder el cardenal Richelieu (1585-1642), que se alía a María de Médicis, apaciguando las rivalidades entre el partido de ésta y el del rey Luis XIII. En 1624 es nombrado presidente del Consejo Real. Su idea fue asegurar la grandeza dinástica francesa, anteponiendo la razón y el interés de Estado a cualquier otro. Aumenta el poder del rey y favorece el desarrollo económico. En 1628 aniquila el poder de los hugonotes con la toma de la plaza de La Rochela y anula las concesiones del Edicto de Nantes en la promulgación de la gracia de Alais, de 1629. Para dominar a la nobleza la hizo partícipe de una gran empresa nacional: la guerra contra los Austrias españoles. En 1630 deshace una confabulación de la reina madre, María de Médicis, y la esposa de Luis XIII, Ana de Austria, para desbancarle del poder.

Alemania en la primera mitad del siglo XVII

El auge del Protestantismo y del poder de los príncipes tras la Paz de Augsburgo sume a Alemania en una descentralización y debilidad que explica que los emperadores se desentendieran de los asuntos imperiales y se concentraran en sus estados de Bohemia y Hungría, logrados por Fernando I tras su matrimonio con Ana de Jagellón. Maximiliano II favoreció a los protestantes, lo que hizo que el reinado de su sucesor, Rodolfo II, fuera violento y con una fuerte oposición entre católicos y protestantes. Éstos, amenazados por la Contrarreforma comenzada en Austria y Hungría, se unen en 1608 en la Unión Evangélica, mientras que los católicos lo hacen en la Liga, al mando de Maximiliano de Baviera. Mientras, Rodolfo II cede a las peticiones de Bohemia y les otorga la Carta Majestad, por lo que es depuesto y sucedido por su hermano Matías. La reacción católica e imperial de Bohemia es respondida por la nobleza con la Defenestación de Praga en 1618, arrojando a los consejeros reales por los balcones del Ayuntamiento. Este motivo da lugar a la Guerra de los Treinta Años.

Guerra de los Treinta Años

El nuevo emperador, Fernando II (1619-1637), con la Liga católica mandada por Tilly, derrota a los checos de Bohemia, y al rey elegido por éstos, Federico V del Palatinado, en la batalla de Montaña Blanca, en 1620. Los triunfos imperiales obligan a los protestantes alemanes a aliarse con Cristián IV de Dinamarca, que unido a Noruega había comenzado una expansión por el Báltico. Los daneses prometen ayudar a los alemanes y al cardenal Richelieu contra el emperador y la Liga católica, pero Cristián IV es derrotado por Tilly y Wallenstein en Dessau y Luther en 1626, llegándose a la paz de Lubeck en 1629, en la que Fernando II restaura el Protestantismo alemán.

Mientras, Suecia, que en el reinado de Gustavo I acogió el Luteranismo como religión oficial, crea una poderosa monarquía y se extiende por Finlandia y Estonia hasta el reinado de Carlos IX. Su sucesor, Gustavo II Adolfo, convierte la monarquía en hereditaria y crea el primer ejército nacional. Receloso del poder impe rial, se une a Richelieu, y en 1631 Gustavo Adolfo derrota a los ejércitos imperiales en Breitenfeld, y en 1632, en Lutzen. La muerte del rey sueco proporciona un leve respiro a los católicos austríacos, que, unidos a los españoles, vencen en Nordlingen a los protestantes, hecho que motivó la acción directa de Francia y el cambio de signo de la guerra, ya que ahora se convertirá en un conflicto exclusivamente político.

En 1635 Richelieu declara la guerra a España y al Imperio, implicando con ello a toda Europa, excepto a Inglaterra, Rusia y Turquía. Los Austrias pierden terreno ya que España, además del frente francés, hubo de atender a la secesión de Portugal y Cataluña en 1640, lo que produjo la caída de Olivares y la definitiva decadencia española.

En 1639 Holanda vence a España en Las Dunas, y en 1643 en Rocroi. El sucesor de Richelieu, Mazarino, continúa la línea política de su antecesor, y en 1648 Turena vence a los españoles en Lens, y los suecos a los austríacos en Susmarshausen, lo que decidió al emperador a firmar la Paz de Westfalia, paz que será el eje de la política internacional moderna. Alemania quedaba dividida en estados independientes al emperador. Suecia obtuvo la Pomerania occidental, Brema y los obispados de Werden y Wismar. Francia se adueña de Alsacia, y el imperio alemán queda arruinado y seccionado, aunque la alianza de potencias extranjeras, como Francia y Suecia, con príncipes alemanes, constituyen ducados como el de Baviera, el de Sajonia o el electorado de Brandeburgo.

A pesar de la paz de Westfalia, España continúa la guerra con Francia, que, aliada con Inglaterra, vence en 1658 en la batalla de Las Dunas. La paz se firma en 1659, Paz de los Pirineos, por la que España cede a Francia el Rosellón y la Cerdaña, el Artois, algunas plazas de Flandes y Luxemburgo. La hija de Felipe IV María Teresa contrae matrimonio con Luis XIV, renunciando al trono español por una fuerte suma de dinero.

La Francia de Luis XIV

En la segunda mitad del siglo XVII y comienzos del XVIII, Luis XIV intenta hacer de Francia la primera potencia europea tras la derrota de Austria y de España. Muerto Richelieu, los estamentos privilegiados intentan recobrar su posición política valiéndose de la debilidad de la regente, Ana de Austria, quien entrega el poder al cardenal Mazarino (1602-1661). El cardenal reprime con dureza el movimiento revolucionario La Fronda (1648-1653), iniciado tras el intento de supresión del Parlamento de París. En 1661 muere Mazarino, y Luis XIV asume el poder.

Desarrolla al máximo el absolutismo. Su política queda resumida en la frase: El Estado soy yo. Practica una política imperialista con el fin de so meter a Europa, ayudado por grandes ministros y colaboradores como Colbert, Louvois, Lionne o Vauban. Somete a la nobleza y deroga la libertad religiosa.

El imperialismo francés se hace patente en las dos guerras mantenidas durante su reinado: la guerra de Devolución y la de Holanda. La primera surge cuando Luis XVI, en 1665, a la muerte de Felipe IV, reclama los derechos de su esposa, María Teresa, al trono español por incumplimiento de pago de la dote de ésta, estipulada en el Tratado de los Pirineos. Exige la devolución del Franco Condado, Luxemburgo y Brabante. Pero la regente española, Mariana de Austria, madre de Carlos II, no acepta y la guerra comienza en 1667 con la invasión de Flandes y el Franco Condado. Ante el creciente poder francés, Holanda, Inglaterra y Suecia se unen en la Triple Alianza en 1668. Francia firma la paz en el Tratado de Aquisgrán, cediendo Lille y otras plazas flamencas.

La segunda guerra viene motivada por la participación holandesa en la Triple Alianza y la rivalidad económica. Francia se une a Carlos II de Inglaterra, y en 1672 ocupa Holanda. Ésta, al mando de Guillermo III de Orange, abre sus diques e inunda el suelo. Leopoldo I de Austria, España y algunos príncipes alemanes corren en su ayuda formando la Gran Alianza. Pero los franceses hacen valer su poderío, y en 1678, en la paz de Nimega, se apoderan del Franco Condado y algunas plazas de Flandes.

Europa contra Luis XIV

La política imperialista de Luis XIV hizo reaccionar a Europa. Guillermo III de Orange, estatúder de Holanda, sube al trono inglés en 1688, y, junto a Austria, el Imperio, España y Saboya, for ma la Liga de Augsburgo. A esta Liga Francia le arrebata las plazas de Flandes, el Palatinado, Saboya y Barcelona, pero en 1692 es vencida por Inglaterra en La Hogue. En 1697 se firma la paz de Ryswick y Luis XIV devuelve sus conquistas.

Tras el establecimiento de su nieto Felipe V en España, y la posibilidad de formar un gran imperio franco-español, se unen de nuevo, en 1701, en la Gran Alianza de La Haya, Holanda, Inglaterra, Prusia, Portugal y Saboya, y derrotan a Francia en 1704 en Alemania, y en 1705 en Italia, y en 1706 La Coalición entra en Francia.

Pero la coronación del archiduque austríaco Carlos, en Aragón, y su posterior proclamación como emperador tras la muerte de su hermano, hace que Europa deje de apoyar a Austria debido al peligro de restaurar el imperio hispanogermánico.

Ello consolida a Felipe V como rey de España. La paz se firma en Utrech, en 1713, y en Rastatt, en 1714, y supone una nueva ordenación europea. Luis XIV renuncia a sus derechos al trono español y cede los Países Bajos, Milán, Nápoles y Cerdeña a Austria, y Sicilia a Saboya. Inglaterra, la gran ganadora, obtiene de España: Terranova, Acadia, la bahía de Hudson, Gibraltar, Menorca y el navío de permiso (permiso para comerciar) con las colonias españolas.

Holanda

Lograda la independencia de las siete provincias, Holanda se convierte en una rica potencia marítima de navegantes y burgueses, existiendo una fuerte dualidad entre éstos, pacifistas y tolerantes, y los orangistas, belicosos y calvinistas. En 1619, Mauricio de Nassau se alza contra Oldenbarneveldt, y se inicia la Guerra de los Treinta Años y la contienda con España tras la Tregua de los Doce Años. Guillermo II da un golpe de Estado y entrega el poder a Witt, burgués que entre 1625 y 1670 lleva a Holanda a su maximo esplendor.

La expansión marítima de Holanda llega hasta Oceanía, Brasil y las Antillas. Sin rival en el mar, derrota a la flota española en el Mar del Norte en 1636, pero no pudo evitar el avance inglés durante la etapa de gobierno de Cromwell y fue derrotada por ella en 1652-54, firmando la paz en Westminster. En la segunda guerra con Inglaterra, entre 1655 y 1667, la escuadra holandesa, mandada por Ruyter, llega hasta el Támesis, pero en la paz de Breda cede a Inglaterra Nueva Amsterdam, la actual Nueva York.

En 1667 los republicanos promulgan el Edicto Perpetuo, excluyendo a los Orange del estatuderato de Holanda, pero los orangistas, aprovechando el ataque de Luis XIV de 1672, asesinan a Juan de Witt, y Guillermo III de Orange asume el poder. Su política contra Luis XIV le lleva en 1688 al trono inglés.

Inglaterra

En 1603 Jacobo I, hijo de María Estuardo, sucede a Isabel I, iniciando la dinastía Estuardo en Inglaterra, que hubo de enfrentarse con la enemistad escocesa y sus deseos absolutistas frente al funcionamiento del Parlamento, y, por último, la religión, ya que se oponían el presbiterianismo escocés y el puritanismo inglés en contra de la Iglesia anglicana. Jacobo I, pacifista en el exterior, firma la paz con España en 1604, y persigue a los católicos, y tras la Conspiración de la Pólvora reduce a ingleses y escoceses a Irlanda en el Ulster.

En 1625 es sucedido por Carlos I, absolutista, que cede el poder al duque de Buckingham, asesinado en 1627, y el rey presenta al Parlamento una petición de derechos. Ante la oposición parlamentaria, Carlos I decide gobernar sin él, y ayudado por Lord Strafford y el arzobispo Laud, implanta una monarquía absoluta. Burgueses y puritanos se rebelan. En Escocia la revolución es encabezada por Covenant. El Parlamento en 1641 condena a Laud y Strafford, y presenta en la Grand Remonstrance una crítica a la Corona, por la que Carlos I intenta un fallido golpe de Estado en 1642 que desencadena una guerra civil.

Londres y todo el sur apoya al Parlamento, y el norte al rey. El ejército parlamentario, acaudillado por Cromwell, vence en Marston Moor en 1644 y Naseby en 1645. Carlos I se refugia en Escocia, quien lo entrega al Parlamento. El ejército da un golpe de Estado en 1647, depura el Parlamento y ajusticia al rey en 1649. Cromwell se hace con el poder y proclama la república inglesa. Instaura una dictadura militar y puritana; une las islas. Somete a los irlandeses católicos y aniquila el ejército escocés en Worcester. Protege el comercio y derrota a Holanda. Tras la derrota española adquiere Dunkerque y Jamaica. Pero la dictadura y el espíritu puritano no cuajaron en Inglaterra, lo que favorece la restauración monárquica de los Estuardo en la persona de Carlos II (1660-1685), quien, apoyado por Luis XIV, prescinde del Parlamento. Durante su gobierno se forman los dos partidos ingleses tradicionales: el Tory y el de los Whig, conservador y liberal, respectivamente. Este último triunfa en 1679 y vota el Habeas Corpus. Los parlamentarios votan el Acta de Test en 1672, y de Exclusión en 1681, el cual impedía a los católicos acceder a los cargos públicos.

Jacobo II, católico y absolutista, se enfrentó con ambos partidos, y es derrocado en la Revolución de 1688, siendo sustituido por el estatúder holandés Guillermo III. Durante su reinado estab lece el sistema parlamentario con el Acta de derechos y el Acta de establecimiento de 1701, fijando la sucesión en la casa Hannover. Su sucesora, Ana de Estuardo, hija de Jacobo II, constituye 1607 el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda.

Inglaterra constituye la Compañía de las Indias Orientales. En 1640 adquiere Madrás, y en 1661, Bombay, seguidas de Virginia, Massachussets, Connecticut, Pennsylvania, etc.

Austria

Tras la derrota austríaca en la guerra de los Treinta Años y la pérdida de su dominio en Alemania, Austria se dedica a ampliar sus dominios hacia el Danubio durante el reinado de Leopoldo I (1657-1705). Mientras, Turquía comienza una nueva ofensiva, y en 1683 pone sitio a Viena, sitio que es levantado gracias a la ayuda de Juan Sobiesky, de Polonia.

Para contrarrestar el nuevo avance turco, el emperador Leopoldo se une a Polonia, Rusia, Venecia y al Papado en la Santa Liga. La guerra durará de 1683 a 1699, período en el que conquis tan Budapest. Las derrotas de Salankemen y Zento obligan a Turquía a pedir la paz de Carlowitz, por la que cede a Austria, Hungría y Transilvania.

Polonia

Polonia se había hecho fuerte con los Jagellón en el siglo XVI, pero la muerte de Segismundo II, en 1572, da paso a una Dieta electoral que redacta la Pacta Conventa y anula el poder real. En 1587, Segismundo III entroniza la dinastía de los Vasa de Suecia y se dedica a la lucha contra los protestantes y los rusos.

Después de su reinado la monarquía decae debido a las luchas nobiliarias. Su sucesor, Ladislao IV (1631-1648), acentúa la decadencia polaca, y en 1668, con Juan Casimiro, acaba la dinastía sueca. Durante su reinado, en 1650 se sublevan los cosacos del Dnieper, apoyados por Rusia, pretexto utilizado por Carlos X de Suecia para invadir Polonia. La ayuda prestada a ésta por Dinamarca, Brandeburgo y el Imperio da lugar al comienzo de la primera Gran Guerra del Norte. La conquista de Esmolensko origina una guerra civil y la abdicación de Juan Casimiro. Los nobles eligen a Miguel Wisnowieski (1669-1673). Su ineptitud es salvada por Juan Sobiesky, que derrota a los otomanos en Khoczim en 1673, libera Viena en 1697 y mete a Polonia en la Santa Liga contra Turquía.

Suecia

Gustavo Adolfo es sucedido por Cristina de Suecia (1634-1654), que participó en la Guerra de los Treinta Años aliada a Francia, y hacia 1646 dominó todas las costas del Báltico, excepto las de Polonia. En 1654, Cristina abdicó en Carlos X, que invade Polonia, declarando la Primera Guerra del Norte, terminada con la Paz de Oliva en 1660.

Durante la minoría de edad de Carlos XI la nobleza se adueña del poder, y la política exterior, dirigida por La Gardie, constituye un rotundo fracaso ante el gran Elector de Brandeburgo. En su gobierno personal, Carlos XI instaura el absolutismo. Su hijo, Carlos XII (1697-1718), hubo de afrontar la alianza de Dinamarca, Rusia y Polonia de 1699. Carlos XII se lanza a la Segunda Guerra del Norte, que durará de 1700 a 1709, y obliga a Dinamarca a firmar la paz, derrota a Pedro I de Rusia y se apodera de Polonia, obligando a Augusto II a renunciar al trono. Pero su avance hacia Ucrania le hizo sufrir una derrota en Poltava en 1709, perdiendo el papel de árbitro de Europa.

Rusia

Basilio III, en el siglo anterior, había robustecido la autoridad del principado de Moscú. Precede a Iván el Terrible, que en 1547 toma el título de zar. Su política violenta pone freno a los boyardos y a los campesinos adscritos a la tierra.

Conquista el este, tomando toda la cuenca del Volga. A su muerte se desencadena la crisis durante los reinados de Dedor y Demetrio, siendo elegido zar el noble Boris Godunov, en 1598, que será asesinado en 1605, y coronado Basilio Chuisky.

Estos disturbios prosiguen hasta que en 1613 Miguel Romanov toma el poder, funda la dinastía Romanov y establece la autocracia zarista. Su hijo Alejo extiende el poder nobiliario y somete la insurrección del cosaco Razin. Aprovechando la debilidad de Polonia, a la que vence en Esmolensko en 1667, amplía sus fronteras a costa de ésta. Mantiene un equilibrio entre los partidarios de un mayor contacto con Occidente y los conservadores, contrarios a esta medida.

En 1672 sube al poder Pedro I, introductor en Rusia de las modas y usos europeos. Deshace el viejo estado e implanta una nueva Administración y Ejército. Inicia la etapa imperialista rusa, ya que intenta conseguir una salida al Báltico, motivo por el que choca con Suecia. Por ello se alía con Polonia y Dinamarca, siendo derrotado en Narva en 1700. En 1703 funda la ciudad de San Petersburgo, apoderándose del golfo de Finlandia, y en 1709 derrota a Suecia en Poltava. Firmada la paz en 1721, Pedro I devuelve Estonia, Livonia, Ingria y Carella y se convierte en la primera potencia del norte de Europa.

Mapa de Europa en el siglo XVII

El Barroco

El Renacimiento entra en crisis hacia 1560, dando lugar a un movimiento opuesto, el Barroco, que convertirá al siglo XVII en un período totalmente diferente al anterior: un siglo de falsa grandiosidad, complejidad y exaltación irracional. El arte Barroco es el arte de la Contrarreforma, y tuvo su origen en los países católicos como Austria y España. Proclama el absolutismo monárquico y el capitalismo, intentando mantener el esplendor del siglo XVI.

El siglo XVII es un siglo de decadencia económica y demográfica con paralización del comercio colonial, coincidente con la depresión de envíos de metales preciosos de la América española hacia 1630, y con un nuevo brote de peste entre 1650 y 1670, exceptuando a Holanda e Inglaterra, que continúan su línea expansiva comercial, sobre todo por Asia.

Los holandeses dominan el Indico y el Atlántico y trafican en el Báltico y en el Mediterráneo. En 1611 crean el Banco de Amsterdam y la Compañía de las Indias Orientales, al tiempo que se produce un comienzo de revolución agraria.

Inglaterra, en 1694, crea el Banco de Londres e inicia la revolución industrial, sobre todo minera, textil y metalúrgica, bajo los reinados de Jacobo I y Carlos I. Francia, el país más poblado de Europa, que había comenzado una política mercantilista durante el reinado de Luis XIV, busca mercados de expansión e instala nuevas industrias.

Mientras, en el centro y este europeo prosigue un proceso feudal, en tanto que Occidente asiste a una explosión revolucionaria, social y política de la burguesía capitalista como reacción contra el absolutismo y fruto de la contracción económica tras la inflación de precios de la centuria anterior.

Esta crisis termina en Francia con el triunfo completo del absolutismo, modelo que será imitado por toda Europa. El inglés Hobbes y el francés Bossuet proclaman el origen divino del rey, justificando su política. El Barroco es una exaltación del sentimiento religioso, lo que explica el nacimiento de corrientes espirituales: libertinos, pietistas, checos, cuaquerismo inglés, misticismo español o quietismo.

La ciencia conoce un gran desarrollo con los progresos de las matemáticas, el álgebra y el cálculo infinitesimal, que darán pie a las teorías de Copérnico, Descartes y Newton. Galileo afirma las tesis de Copérnico; Harvey descubre la circulación de la sangre; Bacon, Malebranche, Boyle, Torricelli, Pascal, etc., formulan en este siglo sus doctrinas.